LA HUMANIDAD PERDIDA (IV): GIGANTES DE AUSTRALIA


En las tribus de Australia Occidental se nombra a un ser peludo, mitad bestia, mitad humano, de una altura superior a los 2 metros, habitante del Gran Desierto de Victoria. Le llaman Tjangara y se dice que ataca a los humanos para comerselos; habita en cuevas y utiliza enormes garrotes de piedra. En el Sur de Australia se cuenta de otras razas de gigantes: los Noocoonan, los Yurrawarra, los Narragun y los Goolagah (también Doolagarl o Thoolagarl). Estos últimos aparecen en las historias de las tribus de las Montañas Azules y suelen citarse como antecedentes del yowie. Se cuenta que eran semi-humanos peludos que utilizaban lanzas y piedras para cazar animales. Relatos similares aparecen en otras partes de Australia. En el Territorio del Norte se habla del Pankalanka, en Yarra Flats (Victoria) del Lo-an, en Australia Occidental del Jingra, Jimbra o Jinka, en Queensland Central del Illankanpanka o Barmi birgoo, en Queensland Norte del Turramulli, en Australia Meridional del Kraitbull, Yoser, Yay-ho o Koyoreowen. En distintas tradiciones australianas se repiten los relatos y leyendas sobre estas misteriosas criaturas a las que les dan distintos nombres, pero en todas se los describe como gigantescos seres semi-humanos, de alturas oscilantes entre los 2, 4 y 5 metros, que utilizaban herramientas de piedra, madera y hueso y eran capaces de atacar y devorar seres humanos, pero que preferían evitar el contacto con los mismos.
Estas tradiciones podrían significar que los humanos modernos ancestros de los actuales indígenas, se encontraron con otra población aborígen en Australia. Pero, ¿quiénes eran?. Algunos sospechan que podrían ser Gigantopithecus y se ha propuesto el nombre de Gigantopithecus australis para catalogarlos, pese a que no hay evidencias de que alguna vez estuvieron en Australia. Otros autores, como el muy controversial Rex Gilroy, creen que son representantes del tipo Meganthropus de Java. Sus afirmaciones están basadas en supuestas evidencias que la mayor parte de la comunidad académica contempla con mucho recelo.Precisamente uno de los argumentos que justifican la aproximación de los hombres gigantes o yowies a Homo erectus son las tradiciones indígenas. Entre los indígenas del Territorio del Norte, sobre todo los Warlpiri y los Pintubi, se dice que los hombres-bestia sabían utilizar el fuego. Por otro lado son extendidas las historias de raptos de mujeres por parte de los yowie, para aparearse con ellas. Se dice que muchas veces nacían niños viables de esas uniones forzadas. También existen muchas tradiciones que recuerdan auténticas guerras entre los gigantes peludos y los humanos, donde estos finalmente resultaron vencedores. Alan Thorne y Robert Raymond sugieren en "Man on the Rim-the Peopling of the Pacific" (Angus Pub. 1989) que el Homo erectus pobló Australia y luego fué desplazado por un tipo sapiens más grácil; pero que se produjo un mestizaje bastante intenso entre ambas especies. Thorne asegura que los 40 esqueletos del pantano Kow, en el Valle de Murray, datados en 10-13.000 años, encontrados por el mismo, pertenecen a la especie Homo erectus.
Rex Gilroy, director del Mount York Natural History Museum de Victoria, anunció en 1970 que había descubierto herramientas enormes de entre 4 y 12 kilos, y un molar de 67 mm. de largo por 50 mm. de ancho en Bathurst, Norte de Australia. Dató los hallazgos más antiguos entre 60 y 240.000 años, y los más recientes entre 10 y 35.000 años. Los más antiguos atribuyó a Meganthropus y los recientes a ancestros de los aborígenes australianos. De ser realidad el descubrimiento de Gilroy, el homínido dueño del molar podría haber tenido 7,62 m. de altura. Tal vez por esa razón los fósiles de Gilroy son vistos con desconfianza desde el academicismo antropológico. Por otro lado sus evidencias suelen ser utilizadas por los sectores creacionistas más recalcitrantes para defender sus "apriorismos".

Lo cierto es que la mayoría de estos hallazgos son considerados dudosos por la ciencia oficial. De hecho muchos de los supuestos rastros y huesos de gigantes econtrados en otras partes del mundo demostraron ser montajes o interpretaciones erróneas. Por ejemplo las famosas huellas humanas del río Paluxy (Formación Glen Rose) que aparecen junto a las de dinosaurios, finalmente fueron identificadas como hábiles falsificaciones del escultor George Adams usando como base impresiones metatasianas reales de un dinosaurio. También los restos de Gilroy, expuestos en Mount York están bajo sospecha.


En 1912 George Sommerell dijo haber visto un ser peludo de más de dos metros de altura bebiendo en un arroyo en alguna parte entre Bombala y Bemboka.

Los investigadores de este elusivo ser han recogido cerca de 3.200 informes de avistamientos y encuentros modernos. La criatura es descripta como de gran tamaño (entre 1,8 y más de 3 metros), cubierta de pelo negro (a veces rojizo, e incluso blanco), cabeza redondeada, nariz y cara aplanadas, grandes crestas sobre las cejas, afilados dientes y garras; emite un olor fuerte a basura en descomposición. También produce gritos parecidos a los de aves. Son bípedos, con un andar bamboleante, pero también se los ha visto correr en cuatro patas. Son omnívoros y a veces agresivos con los seres humanos. Hay casos de ataques con piedras y palos, pero la evidencia apunta a que el animal más bien evita el contacto con seres humanos. Hay relatos indígenas sobre mujeres estranguladas y niños secuestrados para ser devorados por estas criaturas. Hacen camas de hierbas bajo rocas salientes o también realizan túneles en los matorrales. Tiene hábitos nocturnos preferentemente.

Se han registrado algunos avistamientos de criaturas similares en Tasmania. En marzo de 1975 dos cazadores dijeron haber visto un ser de 8 pies de alto cubierto de pelo negro en los montes Poatina, en el centro de Tasmania. El hombre-mono huyó a la espesura al ver a los dos hombres. En las tradiciones que se han podido conservar de los extintos aborígenes tasmanios figuran leyendas sobre una raza de hombres peludos que habitaban la isla desde antes de su llegada. Les llamaban Moorram-goon o Marren-deetch o Makoron Koro o Poinglyenna Pugganna (pueblo peludo u hombre peludo), Kolin Bugaloo (hombre terrible), Koro Woon-duble (Hombre trueno), Moorram goo-lee (peludo hombre negro).
También en zonas selváticas de la cordillera Moheau en Nueva Zelanda y en zonas montañosas de Nueva Guinea, se registran informes sobre seres similares. El hombre-mono de Nueva Zelanda es conocido precisamente como Moheau. Los avistamientos del ser se remontan a principios del siglo XX, llegando a hacerse una verdadera psicosis hacia los años 30 y 40. En 1969 se organizó una expedición para capturarlo, pero no se llegó siquiera a recolectar alguna evidencia de la existencia del animal. Otros avistamientos en los 90 llevaron a que el controvertido Rex Gilroy realizara una expedición. Se informó del hallazgo de huellas hechas por un ser de tres metros de altura. En las leyendas maoríes se habla de una peluda criatura llamada Maeroro, que raptaba niños y mujeres.
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