SEPARACIÓN HUMANO-CHIMPANCÉ

 

SEPARACIÓN HUMANO-CHIMPANCÉ

Aproximadamente entre 13 Ma y 4 Ma.

Entre la Edad Serravaliense (Época Mioceno) y la Edad Zancliense (Época Plioceno).

Período Neógeno. Era Cenozoica

El proceso de especiación humana está mediatizado por eventos geoclimáticos significativos. El clima experimentaría un cambio importante en el Mioceno Medio (15.97 ± 0.05 Ma a 11.608 ± 0.005 Ma). Luego de la fase cálida llamada Óptimo Climático del Mioceno Medio (17 a 14,5 Ma), con temperaturas medias de hasta 6 grados por encima de la actual, comenzó una disminución de la temperatura a niveles de 1 o 2 grados por encima de la actual, sucedida por una abrupta caída de las temperaturas de hasta 6-7 grados motivada por los cambios en los niveles de CO2 de la atmósfera y perturbaciones en la circulación oceánica, asociado con fenómenos orogénicos masivos y posibles efectos orbitales terrestres (ciclos de Milankovich), conocida como Disrupción o Transición Climática del Mioceno Medio (14,2 a 13,8 Ma). En el Mioceno se agudiza la presión orogénica sobre el Himalaya y la Meseta Tibetana, que había iniciado en el Eoceno final con el encuentro de las placas india y euroasiática. La zona se elevó 5.000 metros por sobre el nivel del mar. Este evento incide significativamente en el proceso de enfriamiento subsiguiente debido a dos procesos sincrónicos. La severa erosión producto de las lluvias monzónicas conduce toneladas de sedimento, silicato y sustancias orgánicas que contienen carbono por los ríos Ganges, Indo, Brahmaputra, Yangtzé y Mekong hacia las cálidas aguas del Índico y el Pacífico. Allí se depositan en los fondos oceánicos, quedando fuera del ciclo del carbono. Esto contribuye a la reducción de CO2 atmosférico, aportando al proceso de enfriamiento climático. Por otro lado, el aumento del albedo (porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre ella) en una superficie de un millón de kilómetros cuadrados cubierta de hielo y nieve (las superficies claras tienen valores de albedo superiores a las oscuras, y las brillantes más que las mates) contribuye significativamente a la entrada de calor solar. El evento climático de 14 Ma determina un cambio en la vegetación, apareciendo pastizales -en especial, gramíneas- en reemplazo gradual de los bosques. No obstante, los bosques subtropicales predominaron aun en Europa hasta entrado el Plioceno. También en África centro occidental y austral. En África oriental, posiblemente como parte del fenómeno de formación del Valle de Rift (East African Rift System/EARS), iniciado hace entre 22-25 Ma, se produce un aumento relativo de los pastizales en detrimento de la selva tropical, aunque ésta continuó predominando. El resultado de la Disrupción es un evento de extinción significativo de especies animales y vegetales entre 14.8 y 14.5 Ma durante la edad Langhiense. No obstante, existió en Europa un evento de extinción posterior durante la Crisis Valleciana (por la Edad Valleciana, una de las Edades Europeas de los Mamíferos Terrestres, que se extiende entre 11,6 a 9,0 Ma) que afectó precisamente a una gran cantidad de taxones de mamíferos (incluyendo a la mayoría de los primates europeos Honinidae). Las nuevas especies adaptadas al clima seco de las raderas abiertas reemplazaron a las que estaban adaptadas a los bosques cálidos. Hace 8 Ma las temperaturas vuelven a descender significativamente.


En el Mioceno Medio ocurrió en 15,1 ± 0,1 Ma, en la actual Alemania meridional, el evento de impacto de un asteroide binario que dejó dos cráteres: Nördlinger Ries (de 24 km de diámetro) y Steinheim (3.8 km de diámetro). Se supone que el evento de impacto meteorítico de Karakul (Tayikistán), que dejó un cráter de 52 km de diámetro, pudo haber ocurrido a inicios del Mioceno (23 Ma) o entre fines del Mioceno e inicios del Plioceno (5.3-2.6 Ma). Este evento contribuyó al enfriamiento y formación de glaciares.

El Langhiense se corresponde con la Edad de los Mamíferos Terrestres Europeos (European Land Mammal Ages/ELMA) Astarasiense (16.0 a 11.6 Ma). El Óptimo Climático del Mioceno continuó en este período hasta que en el 14-13.5 Ma ocurre la Transición Climática del Mioceno Medio y la Disrupción del Mioceno Medio, cuando un episodio de enfriamiento global produjo un evento de extinción masiva de especies animales. El evento afectó especialmente a especies de Crocodilia europeos: Gavialosuchus y Diplocynodon, así como a especies locales de Varanidae. Chamaeleonidae, Alligatoridae, Testudines y Cordylidae. El enfriamiento climático fue debido a la convergencia de varios fenómenos globales y, posiblemente, astronómicos. A los efectos orbitales, llamados ciclos de Milankovich, se suman las consecuencias de la deriva continental especialmente en la circulación oceánica (formación de la Corriente Circumpolar Antártica), posiblemente también en la afectación de patrones monzónicos por la orogenia del Himalaya y la disminución del CO2 atmosférico de 300 a 140 ppm debido a la formación miocénica de extensos depósitos de materia orgánica (como la Formación Monterrey de California, EUA). El enfriamiento global en las aguas oceánicas profundas y en la atmósfera contribuyeron a la expansión de la Capa de Hielo de la Antártida Oriental hace 23-15 Ma aproximadamente. La temperatura antártica cayó 8°. También hubo un descenso importante de temperaturas en Europa, aunque no lo suficiente para conformar glaciares. Desde entonces el clima tendió paulatinamente a hacerse más seco y frío, impactando en los ecosistemas boscosos hasta entonces predominantes.

A mediados del Langhiense (en la etapa de Paratethys, Badeniense temprano, de Europa central y oriental), aproximadamente entre 14.85 y 14.4 Ma, ocurre una inundación que reconecta el Parathetys con el Mediterráneo (Neotethys). El evento es motivado por el hundimiento de la cuenca de Panonia y el aumento global del nivel del mar. El puente de Gomphotherium se vio interrumpido hasta que al final del período las aguas volvieron a descender.


En esta época ocurre la segunda ola de migración faunística dese África y Asia: la del Astaraciense temprano (16 a 13.5 Ma). Desde África emigró el oso hormiguero Orycteropus y de Asia llegaron el hyracoideo Pliohyrav, el suido Listriodon y el cérvido Dicrocerus. En ese entonces aparecen en Europa los primates más estrechamente relacionados filogenéticamente con los Hominidae. Los Dryopithecini o Dryopithecinae se originan en África, presuntamente a partir de Equatorius africanus (Ward et al. 1999) datado en 15,58 Ma y 15,36 Ma o de Kenyapithecus wickeri (Leakey, 1961) datado en 14 Ma. El género europeo Griphopithecus, con sus dos especies, el Austriacopithecus Griphopithecus suessi o G. darwini (Abel, 1902) de Alemania, Austria y Eslovaquia y Griphopithecus alpani (Tekkaya, 1974) de Turquía, con una antigüedad de entre 17-16 Ma a 13.65-11.1 Ma, se considera muy vinculado a Kenyapithecus y quizás también Equatorius. De hecho, algunos los agrupan en una tribu de la familia Dryopithecinae, Homininae o Afropithecinae (en las familias Hominidae, Afropithecidae o Proconsulidae, dentro de las superfamilias Hominoidea o Proconsuloidea), bautizada Kenyapithecini. Según algunas teorías, los Dryopithecini europeos se habrían escindido desde hace 13 Ma, a partir de Kenyapithecini, de sus parientes africanos y serían los auténticos ancestros de los Hominini. Begun (2002) propuso la creación de la familia Griphopithecidae, conformada por Kenyapithecus y Griphopithecus (incluiría también a Equatorius), como ancestral de Dryopithecini. Estos géneros, de todos modos, parecen estar estrechamente vinculados con Afropithecidae, con Proconsulidae, con Pliopithecidae o con Dendropithecidae y algunos autores los consideran parte de algunos de estos grupos como ancestros de los Hominidae.

En el Mioceno Inferior y Medio ocurrió el choque de las placas africana, árabe, iraní, india y cimeria con la euroasiática-ibérica en la región turco-árabe entre los 19 y 12 Ma., acelerando la orogenia alpina (algo similar ocurría en el área del Himalaya), que había comenzado en el Oligoceno (34 a 23 Ma) y haciendo desaparecer la vía marítima del Neotethys. Desde inicios del Mioceno el mar de Tethys o Neotethys (ancestro del Mediterráneo) y su rama norte, Parathetys (ancestro de los mares Negro, Caspio y Aral, además de los actualmente desaparecidos mares de Panonia y Valaquia), sufrió un progresivo encogimiento y altibajos en su nivel de profundidad, debido principalmente al fenómeno orogénico propiciado por la convergencia de las placas tectónicas. Por esta razón se produjeron varios puentes terrestres entre África y Eurasia, que propiciaron migraciones de fauna africana principalmente: dos en el Orleaniano (20 a 16 Ma.) y tres en el Astraciano (16 a 11.6 Ma.), períodos correspondientes a Edades Europeas de los Mamíferos Terrestres. Luego ocurrió un intercambio faunístico durante la llamada Crisis de Salinidad Tortoniense (7,8-7,6 Ma.), en el Mioceno Tardío o Superior (11,63 Ma a 5.333 Ma) que produjo el parcial cierre del Corredor Bético-Rifeño, responsable, junto con la abrupta caída de las temperaturas de 8 Ma, de la Crisis Valleciana que determinó la extinción masiva de mamíferos europeos.

El fenómeno climático de 8 Ma es relacionado con la súper erupción Grey´s Landing de Yellowstone, en Norteamérica, con una magnitud de 8.8 y un volumen de cerca de 2.800 km3, ocurrida en 8.72 Ma. La capa de hielo antártica se acercó al tamaño y grosor actuales y aumentaron los glaciares en Groenlandia hacia el final de este período. La vegetación adaptada a un clima cada vez más seco y frío comenzó a suplantar a los bosques europeos y selvas asiáticas y africanas, que retroceden paulatinamente ante el avance de las praderas. Estos cambios configuran la Crisis Vallesiense, el evento de extinción de mamíferos europeos que caracteriza a la Edad Vallesiense (11,6–9,0 Ma) en la transición entre el Vallesiense Inferior y Superior. La dispersión en Eurasia, desde Norteamérica, del caballo Hipparion marca la avanzada de especies de mamíferos procedentes del este: los bóvidos Tragoportax y Graecoryx, los suidos Microstonyx y Schizochoerus, el múrido Progonomys, el félido Paramachairodus y el hiénido Adcrocuta. La extinción de mamíferos europeos afectó especialmente a los roedores Cricetidae, Eomyidae y Gliridae, los felinos Sansanosmilus y Pseudaelurus así como a la mayoría de los artiodáctilos: el ciervo almizclero Micromeryx, los bóvidos Protagocerus y Miotragocerus, los suidos Listriodon, Hyotherium y Parachleusastochoerus y la mayoría de primates Dryopithecini y Pliopithecus. Finalmente, en la Crisis de Salinidad Messiniense que comenzó con el nuevo cierre del Corredor Bético-Rifeño (estrecho de Gibraltar) en 5.96 Ma. y duró hasta la Inundación Zancliense de 5.33 Ma., África y Eurasia volvieron a estar unidas debido a la casi desecación del Mediterráneo.

 

El proceso de separación humano-chimpancé ocurre durante un ciclo de cambio climático con tendencia al enfriamiento de la temperatura acentuado a partir de 8 Ma. La mayoría de los simios del Mioceno europeo se extinguieron, fenómeno conocido como Crisis Vallesiense, ocurrida entre 9,7 y 8,9 Ma (Garcés et al., 1996, Agustí et al., 1997). El desarrollo del bosque caducifolio, las praderas y zonas desérticas, fue arrinconando a los grandes simios en bolsones en Toscana (Oreopithecus bambolii), el Cáucaso (Udabnopithecus garedziensis), la región balcánica (Ouranopithecus macedoniensis, Ouranopithecus turkae y Graecopithecus freybergi), la región chadiana (Sahelanthropus tchadensis), y en el corredor keniano-etíope (Nakalipithecus nakayamai, Samburupithecus kiptalami, Chororapithecus abyssinicus, Orrorin tugenensis y Ardipithecus kaddaba). Todos estos simios fósiles han sido vinculados por algunos autores con la línea evolutiva que conduce al humano. Recientemente se agrega el hallazgo del Anadoluvius turkae (Sevim-Erol et al 2023) a la lista de grandes simios tardíos europeos de la región balcánica.

 

En base a estudios de genética comparativa Mann y Weiss (1996) propusieron la clasificación taxonómica más aceptada actualmente que ubica a los humanos en la subtribu Hominina, estrechamente emparentada con la tribu Panina donde se encontrarían los chimpancés. Ambas subtribus formarían parte de la tribu Hominini. La especiación humana habría sido, pues, el resultado de un proceso evolutivo a partir de un supuesto último ancestro común chimpancé-humano (ACMR o CHLCA, por Chimpanzee–human last common ancestor).

La especiación humana es parte de un fenómeno complejo que implicaría fases de hibridación que, otra vez según los estudios genéticos, habría comenzado hace 13 Ma (Ulfur Arnason et al, 1998), 12.1 Ma (Moorjani et al 2016) o 6.3 Ma (Patterson et al 2006) y se habría extendido hasta los 5.4 o 4 Ma (Patterson et al 2006).

La evidencia fósil apunta a tres posibles candidatos a ser el CHLCA: Graecopithecus freybergi (Von Koenigswald, 1972), Sahelanthropus tchadensis (Brunet et al., 2002) y Orrorin tugenensis (Senut et al., 2001). El primero se reconstruye a partir de una mandíbula hallada en Nikiti (Grecia) y un premolar encontrado en Azmaka (Bulgaria) datados en 7.2 Ma, a los que se les sumaría un rastro de pisadas hallado en Trachilos (Creta, Grecia) datadas en 5.7 millones de años. El Sahelanthropus es descripto a partir de restos craneales y poscraneales de unos seis individuos encontrados en Toros Menalla (desierto del Djurab, Chad), datados en 7-6 Ma. El Orrorin es reconstruido a partir de una veintena de fragmentos fósiles encontrados en Tugen (Kenia), estimados en 6,1 y 5,7 Ma. Algunos vinculan el rastro de Trachilos con Orrorin.

 

La estimación de la edad del ACMR (TCHLCA ) basadas en el reloj molecular parten del supuesto de que la separación Ponginae-Homininae ocurrió hace entre 12 y 16 Ma, agregando algunos la separación Hominoidea-Cercopithecoidea establecida en 29,2 a 34,5 millones de años (Steiper et al 2004). Existe un cálculo divergente que ubica dicha separación en más de 50 Ma (Arnason et al 1998). Por esta razón se establece un cálculo de separación Hominina-Panina en 10 a 13 Ma, llevando la separación Gorillini-Hominini a 17 Ma. Otro cálculo extremo basado en análisis de las transiciones en los sitios CpG (5'-C-fosfato-G-3’, es decir, citosina y guanina separadas por un solo grupo fosfato) del ADN arroja la cifra de 12,1 Ma para dicha separación (Moorjani et al 2016).

No obstante, no existe una razón concreta para cuestionar la separación Hominoidea-Cercopithecoidea a más de los 30 Ma. El registro fósil no va más allá de Rukwapithecus fleaglei (Nancy J Stevens, 2013) de Tanzania (25.2 Ma), apuntándose a especies como Aegyptopithecus zeuxis (Simons, 1965), perteneciente a la superfamilia Propliopithecoidea (38-35 Ma) y Saadanius hijazensis (Zalmout et al., 2010) de la superfamilia Saadanioidea (29-28 Ma), como posibles Catarrhini basales del grupo corona y estrechamente relacionados con los cecopithecoideos y hominoideos basales. Por esta razón las cifras de la edad del ACMR suelen ser más recientes. Los estudios pioneros en este campo (Sarich y Wilson, 1967) arrojaron cifras próximas a los 5 y 4 Ma. Luego se corrigió la estimación a entre 6 y 4 Ma (Dolhinow y Sarich, 1971). Teniendo en cuenta la evidencia fósil se sugirió la edad de la separación entre humanos y chimpancés entre 7 a 10 Ma (White et al, 2009) o entre 9,3 y 6,5 Ma (Almécija et al 2021). Otro estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Raleigh (Hobolth et al 2007) vuelve a establecer la edad del ACMR en 4,1 Ma. Se ha propuesto la idea de la especiación híbrida y un proceso de divergencia complejo durante un período de tiempo de hasta 4 Ma ubicado entre los 6,3 y 5, 4 Ma, basado en las similitudes del cromosoma X entre humanos y chimpancés (Patterson et al 2006). Específicamente establece dos eventos de separación entre dos poblaciones que habrían iniciado el proceso de diferenciación genética hace cerca de 9 Ma. La primera separación habría ocurrido hace 6,3 Ma y la segunda hace 5,4 Ma. Recién la segunda divergencia sería definitiva, pese a que los eventos de hibridación podrían haberse sucedido hasta hace 4 Ma. Esta teoría ha sido refutada por consideraciones alternativas como la presión selectiva del cromosoma X y cambios en la proporción de tasas de mutación genética en machos y hembras (Wakeley et al., 2008).

Respecto a los cálculos sobre el tiempo de divergencia o lapso de tiempo internodal (TIN) y tamaño efectivo de la población (N e) del ACMR, basados en el reloj molecular y alineamientos de secuencias de ADN, los resultados han sido los siguientes. Respecto al tiempo de divergencia, la separación Gorillini-Hominini se sitúa en 7,2 Ma y Panina-Hominina en 4.7 (Takahata et al., 1995); 6,2 y 8,4 Ma para Gorillini-Hominini y 4,6 y 6,2 Ma (entre 1,6 y 2,2 Ma después) para Panina-Hominina (Chen y Li, 2001). Respecto al cálculo del tamaño efectivo de la población los resultados fueron 100.000 (Takahata et al., 1995); ~52 000 a 96 000 (Chen y Li, 2001) y ~12.000 a 21.000 (Yang, 2002).

 

La evidencia fósil es presentada en dos modelos: el origen europeo de los homininos (basado en la inexistencia de fósiles africanos entre los 13 y 10 Ma, aunque abundan en Europa) y la hipótesis africana (basada en la presunta vinculación de los homininos africanos con Otavipithecus namibiensis que data de 13 Ma, pese a que es más probable que se trate de un posible Proconsulidae Afropithecinae (o Afropithecidae) tardío sin relación con Hominidae.

Las estimaciones de la edad del ACMR más tempranas son compatibles con las hipótesis North Side Story (M. Böhme et al. 2017), básicamente las que postulan el origen europeo de los homininos. Los fósiles atribuidos a la tribu Dryopithecini, estarían en el rango temporal para las estimaciones de edad de ACMR de 13 Ma.  La tribu está incluida en la subfamilia Homininae; aunque otros prefieren clasificarla en una familia aparte dentro de los Hominoideos, llamada Dryopithecidae (Gray, J.E. 1825; Gregory & Hellman, 1939) o en una subfamilia llamada Dryopithecinae (Cameron, DW 1997; Pilbeam et al. 1977; Simons y Chopra 1969), incluyendo la creación de nuevas familias: Oreopithecidae (Schwalbe, 1915), Griphopithecidae (Begun, 2002), Kenyapithecidae (Heizmann y Begun 2001; Böhme et al 2011) y al menos dos nuevas tribus: Hispanopithecini (Cameron 1997) y Graecopithecini (Fuss et al 2017) . Las especies europeas que estarían implicadas son: Danuvius guggenmosi (Böhme et al., 2019), Anoiapithecus brevirostris (Moyà-Solà et al., 2009), Hispanopithecus laietanus (Villalta & Crusafont, 1944), Hispanopithecus crusafonti (Begun, 1992), Pierolapithecus catalaunicus (Moyà-Solà et al., 2004), Rudapithecus hungaricus (Kretzoi, 1969), Dryopithecus fontani (Lartet, 1856), Dryopithecus carinthiacus (Mottl, 1957), Oreopithecus bambolii (Gervais, 1872), Udabnopithecus garedziensis (Burčak-Abramovič - Gabašvili, 1945), Ouranopithecus macedoniensis (Bonis y Melentis, 1977), Ouranopithecus turkae (Güleç, Sevim, Pehlevan y Kaya, 2007), Graecopithecus freybergi (Von Koenigswald, 1972) y Anadoluvius turkae (Sevim-Erol et al 2023).

La posición filogenética de Dryopithecini es ampliamente discutida por los expertos. Existe algún consenso para admitir que descenderían de ancestros africanos, incluidos generalmente en la misma tribu o en nuevas tribus (Griphopithecini, Kenyapithecini) de Homininae o Ponginae o familias (Griphothecidae, Kenyapithecidae) de Hominoidea o en otra familia (Afropithecidae). Los autores se dividen entre quienes tienden a vincularlos con Ponginae, ya que generalmente se considera a Griphopithecini/Kenyapithecini como basal de esta subfamilia y aquellos que los consideran basales dentro de Homininae. En este segundo caso existe la hipótesis de que la especiación humana comenzó en realidad en Europa, llegando al extremo de proponer que el ACMR es un hominino europeo: el Graecopithecus.

La hipótesis oficial y más aceptada es la del origen africano de los humanos. Se divide en dos posiciones no necesariamente contrapuestas: la East Side Story (Kortlandt, A. 1972; Yves Coppens 1981, 1994) y la West Side Story (Brunet 1997). La teoría de Coppens explica la separación humano-chimpancé al producirse a fines del Mioceno la formación del Gran Valle del Rift. La formación de una pantalla orográfica que interrumpió la llegada de los vientos húmedos del Atlántico al África Oriental redujo la precipitación en la región y propició la aparición de un ecosistema más seco, de sabanas y bosque abierto al que debieron adaptarse las poblaciones de simios allí asentadas. De ese modo evolucionaron hacia el humano moderno. Las poblaciones de grandes simios en el lado occidental permanecieron en un ambiente selvático y evolucionaron de forma diferente hacia el chimpancé actual. Sin embargo, el hallazgo del Sahelanthropus tchadensis (Brunet, 2002) en Chad puso en entredicho esta hipótesis. El Sahelanthropus aun cuenta con muchos detractores, pero ha logrado posicionarse como un serio candidato a ser el ACMR de los humanos. Si tal fuera el caso, la humanidad habría iniciado en Chad, al oeste del Gran Rift, contrariando la hipótesis original de Coppens. 

 

FUENTES:

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https://paleo-co2.org/paleomap

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