sábado, 17 de marzo de 2012

ETNIAS DE URUGUAY: LA IDENTIDAD MESTIZA EN URUGUAY (I)


A pesar de que durante más de un siglo el sistema educativo nacional, organizado por José Pedro Varela durante el régimen de Lorenzo Latorre (1876-1880), instrumento de "homogeneización" (en lo declarativo, claro), nos embutió en la cabeza que en el Uruguay somos todos descendientes de "blancos" europeos venidos en barcos (salvo algunas pocas excepciones) lo cierto es que las complejas realidades étnicas subyacentes bajo la tiranía cultural "blancofílica" rioplatense pugnaron siempre por hacerse notar. La modernización iniciada en el siglo XIX con el régimen autoritario de Lorenzo Latorre (1876-1880) se esforzó por apresurar el proceso de "europeización" iniciado mucho antes por las élites patricias criollas. Amparados en concepciones fundamentalmente "racistas", en pleno auge del "positivismo" científico, se pretendía mejorar la "raza" autóctona ("patricia" fundamentalmente) a través del mestizaje con colonos venidos de Europa. Aquellos elementos díscolos a toda asimilación en semejante sociedad eran lisa y llanamente reprimidos y suprimidos. En 1831 el primer presidente del Estado Oriental independiente, el General Fructuoso Rivera, había iniciado el exterminio de indios y gauchos matreros. El alambramiento de los campos impulsado por el General Lorenzo Latorre en el Código Rural de 1879, significó el golpe de gracia para aquellos restos del gauchaje que aún resistían el avance arrollador del "progreso". La mayoría terminó en los centros de detención sometidos a trabajos forzados. El resto fué desapareciendo en las guerras civiles que, periódicamente, sacudían al naciente Estado uruguayo. De paso la ley de medianería forzosa incluída en el Código Rural de Latorre acabó con el minifundio y provocó desocupación rural y una emigración masiva de peones, "paisanos", agregados y puesteros a los suburbios de las ciudades (rancheríos) o a los "pueblos de ratas" que empezaron a surgir como hongos. Fueron la raíz del proletariado urbano que sería una de las bases del batllismo, y también el fermento del movimiento sindical tan perseguido por el establishment conservador.
Esos grupos socialmente sumergidos y maltratados eran, por cierto, los descendientes del antiguo Uruguay criollo-mestizo-indio-negro-mulato que el "progreso" pretendía borrar como si de un error histórico se tratase. Pero la invisibilización de tales sectores empezó mucho antes. Comenzó en las Misiones jesuíticas. Especialmente en los Siete Pueblos de las Misiones Orientales, manzana de la discordia entre los Imperios Español y Portugués.
En 1607 a instancias del padre jesuita Diego de Torres se crea la Provincia de Misiones del Paraguay.  Entre 1609 y 1610 comenzaron a fundarse las primeras reducciones, pero las malocas o bandeiras paulistas ocurridas entre los años 1612 y 1632 destruyeron varias de ellas o las obligaron a relocalizarse. En 1641 el triunfo de las milicias guaraníes sobre los bandeirantes en Mbororé permitió la ocupación misionera del territorio al oriente del río Uruguay. Finalmente se construyeron un total de 34 misiones jesuíticas hasta el año 1762: diez al oeste del Paraná, diecisiete entre el Paraná y el Uruguay y siete al este del Uruguay. Las misiones jesuíticas se conformaron mayormente con guaraníes, si bien se integraron (siempre de manera forzosa) pequeños grupos pertenecientes a otras naciones indígenas: charrúas en Santo Ángel, minuanos en Jesús María y guenoas en San Borja. Dedicadas a la agricultura y a la ganadería las reducciones jesuíticas del oriente del río Uruguay fueron poseedoras de extensos latifundios en la región al norte del río Negro, donde se dedicaban al arreo de ganado suelto de las vaquerías. En esta primera etapa tanto de las misiones jesuíticas como de las reducciones y encomiendas guaraníticas de los franciscanos se produjo un constante número de deserciones que pasaron a engrosar la población de vagabundos, changadores, peones de estancia y contrabandistas que poblaron el territorio de la Banda Oriental. Durante un tiempo la Colonia do Sacramento (1680-1777), fundada por los portugueses en el Río de la Plata, fué un polo aglutinador de esta clase de elementos que vivían del comercio y el contrabando que se canalizaba por esa plaza. Esta población heterogénea es el germen del elemento "gaucho", un término que aparece utilizado por vez primera en 1771, y que define a la población marginal (asociada con delincuentes, contrabandistas, vagabundos, ladrones y salteadores), muchas veces vinculada a los indios minuanos, que venía siendo perseguida al menos desde 1747 según una orden dictada al Cabildo de Montevideo por el entonces gobernador del Río de la Plata José de Andonaegui. Precisamente los "camiluchos" guaraníes evadidos de las reducciones contribuyeron en gran medida, junto a fugitivos "blancos" y "negros" de las ciudades e indios renegados, a la gestación de ese tipo social de la campaña rioplatense. Las batidas de las autoridades hispánicas contra los gauchos estaban enmarcadas en las campañas de represión contra minuanos (1730-1764) y charrúas (1702 y1749-50), que se sumaban a la Guerra Guaranítica (1753-56) que enfrentó a los colonizadores con sus principales tropas de asalto. El resultado de tales campañas fué que los "indios" y los "gauchos" fueron expulsados al norte del río Negro. Pero el resultado de la desastrosa Guerra Guaranítica fue aún más terrible y marca el inicio de la agonía de un pueblo condenado a ser invisible.
Desde el momento mismo de la fundación de la Colonia do Sacramento por Manuel de Lobo en 1680 se convocó a las milicias guaraníes de las Misiones por parte del entonces gobernador de Buenos Aires, José de Garro, para sitiar la plaza. Los guaraníes misioneros no solamente debieron presentarse como soldados al servicio de las autoridades hispanoamericanas en cada una de las batallas contra Portugal que eran ganadas en el campo y luego perdidas en las negociaciones diplomáticas, sino que fueron utilizadas como tropas de guarnición en Montevideo y otras plazas en territorio oriental. Además debieron participar en todas las campañas contra los indios y gauchos. Y no sólo como guerreros: debieron también prestar ayuda en los tareas de construcción y manuales, ya que se trataba de la única fuerza de trabajo calificada en toda la región. De hecho los guaraníes demostraron ser mejores trabajadores y artistas que guerreros.
La proverbialmente desastrosa diplomacia española, empeñada en recuperar la Colonia, aceptó permutarla por el territorio de las Misiones Orientales en el Tratado de Madrid de 1750. La historia del conflicto hispano-portugués por el control de la región fronteriza de la Banda Oriental marca una clara diferencia de visión geopolítica entre ambos Imperios. Portugal buscaba controlar la cuenca del Plata en su totalidad, pero España, por alguna razón, se contentaba con defender la zona del estuario platense. Si los monarcas de España hubieran tenido un ápice de visión estratégica les habría bastado con reforzar la frontera misionera para defender aquellos territorios. Sin embargo, con el Tratado de Madrid de 1750 aceptaban el desmantelamiento de aquella línea defensiva. Y no sólo eso, también se arriesgaban a desmantelar un ejército organizado -si bien, quizá, no especialmente efectivo- como era el de los guaraníes.
En efecto, la órden de Fernando VI (1746-1759) de evacuar los siete pueblos de San Borja, San Nicolás, San Miguel, San Lorenzo, Santo Ángel, San Luis Gonzaga y San Juan Bautista, junto a sus respectivas estancias y las pertenecientes a Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé, Apóstoles y Concepción, llegó a Buenos Aires oficialmente en 1751. El superior de las Misiones, Bernardo Nusdorffer, comunicó la noticia a los cabildos de los siete pueblos entre marzo y abril de 1752. Inmediatamente el cabildo y caciques de San Juan Bautista se declararon en rebeldía. Para mayo de 1573 todos los pueblos de las Misiones Orientales estaban en pie de guerra. En 1754 llegó una órden directa de España al gobernador Andonaegui de que debía tomar por la fuerza los siete pueblos misioneros rebeldes y entregarlos a las autoridades portuguesas. En mayo, Andonaegui concentró 1500 hombres procedentes de Buenos Aires, Santa Fé, Corrientes y Montevideo en Santo Domingo Soriano. Los portugueses hicieron lo propio, al mando de Gomes Freire de Andrade, gobernador de San Pablo y Río de Janeiro, en el Fuerte Jesús María José de Río Pardo. Los guaraníes recibieron refuerzos de tribus charrúas, guenoas y minuanas. Las operaciones fueron dificultadas por la estrategia de guerrillas de la enconada resistencia guaraní que obligó a la retirada de las tropas coaligadas, pero los dos cabecillas misioneros Rafael Paracatú y José Sepé Tiarayú fueron capturados. En noviembre de 1754 se firmó un armisticio en el Yacuí.
En diciembre de 1755 se reanudaron las hostilidades con la inclusión del gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana, en la guerra contra los guaraníes. Éstos eran comandados por José Sepé Tiarayú, quien se había escapado de sus captores portugueses. En febrero de 1756 se unieron a los coligados anti-misioneros 150 soldados enviados desde España. Los guaraníes opusieron una tenaz guerra de guerrillas al imponente ejército que se le oponía. En un enfrentamiento en Batoví Viana mata a Sepé. Lo sustituye en el mando de las fuerzas misioneras Nicolás Ñanguirú. Pero el 10 de febrero de 1756 el caudillo misionero y 1.511 de sus hombres son aniquilados en la Batalla de Caibaté. Luego del desastre la casi totalidad de los pueblos son ocupados. Los restos de la fuerzas guaraníes aún presentarán Batalla en Chumiebí el 22 de marzo y en San Miguel en mayo. Pero el 8 de junio, Andonaegui dió por terminada la guerra y supervisó la evacuación de 29.191 personas al occidente del río Uruguay. En noviembre Viana hace construir el Fuerte de San Antonio de Salto Chico (antecedente de la actual ciudad de Salto). El ejército aliado permaneció diez meses en las Misiones. Finalmente los portugueses se retiraron a Río Pardo, sin llegar a ningún acuerdo sobre los límites. Portugal retuvo la Colonia y España las Misiones hasta que el Tratado de El Pardo de 1761, a instancias del nuevo monarca Carlos III (1759-1788), anuló totalmente las disposiciones del Tratado de Madrid. Realmente aquella fue una guerra inútil que produjo un desastre humanitario del que, obviamente, nadie se hizo cargo.

Difícil es estimar el número de indios misioneros que se escaparon de las reducciones a lo largo de la existencia de la Provincia de las Misiones. Se sabe que fue una sangría lenta y continua motivada por la resistencia al trabajo comunal y a la rutina diaria, la inadaptación a la estructura socio-económica misional,  el ofrecimiento de trabajo y altos salarios por parte de los hacendados criollos e, incluso, algunas crisis alimentarias motivadas por malas cosechas. Pero hubo períodos donde las emigraciones fueron más intensas. Uno de ellos fué durante las epidemias que asolaron las reducciones entre 1690 y 1732. El segundo período de más drástico drenaje poblacional fue entre 1751 y 1762, durante la crisis que desembocó en la Guerra Guaranítica. De los 29.191 pobladores de los siete pueblos de las Misiones Orientales existentes en 1750 sólo quedaban 14.018 en 1762. Únicamente San Nicolás, San Lorenzo y, en menor escala, San Borja, sufrieron menor despoblación. A este despoblamiento se suma la relocalización forzosa de la población por parte de las tropas de ocupación. Los españoles obligaron a 15.000 guaraníes misioneros a realojarse en rancheríos sobre el río Paraná y en campos junto al río Uruguay. Las tropas portuguesas de Gomes Freire de Andrada arrastraron a 1.000 familias guaraníes a Río Grande. La mayoría se utilizó para poblar el recientemente fundado pueblo de Nuestra Señora dos Anjos en Viamao (1756). En 1763 arribaron 3.500 indios a la aldea. El trato dispensado a los mismos motivó un descenso sostenido de la población por deserción desde 1780. De hecho a fines de siglo el pueblo virtualmente desapareció por el despoblamiento. La población guaraní de Viamao buscó refugio mayormente en la Banda Oriental, además de dispersarse en campos riograndenses.

Es necesario precisar que, si bien el masivo poblamiento guaraní del territorio oriental es parte de un proceso iniciado antes de la colonización europea, no es posible cuantificar la importancia de la emigración guaraní pre-hispánica en el Río de la Plata. Se sabe que muchos grupos indígenas, asentados en el área litoraleña estaban inmersos en un proceso de aculturación conocido como "guaranitización". Se trataba de la apropiación por parte de esas tribus de bienes culturales (incluído el idioma) de procedencia guaraní. Existe constancia de penetración guaraní masiva en el área misionero-correntina-chaquense y riograndense, y del asentamiento de grupos guaraníes en el Delta del Paraná (chandules). Esta corriente migratoria habría arribado a la Banda Oriental hacia el siglo XV-XVI desde el Delta hasta Colonia (región del río Santa Lucía) y desde Río Grande hacia el norte y este del actual territorio oriental (hay indicios de asentamientos guaraníes en Isla Larga 9, zona de San Miguel, Rocha). No obstante, básicamente, al menos hasta el río Yacuy al norte y la región de la laguna Merim al Este el territorio seguía siendo charrúa y de otras tribus no guaraníes. Lo mismo sucedía en Entre Ríos y Santa Fe, donde predominaban los chanás y otros grupos. Precisamente con un grupo de guaraníes de las islas (chandules) tuvo el piloto Juan Díaz de Solís su infortunado encuentro en 1516. Estas tribus desaparecen rápidamente de las crónicas españolas, suponiéndose que se extinguieron debido a múltiples causas (guerras, epidemias, mestizaje con los colonizadores) antes incluso que los chanás en el correr de los siglos XVII y XVIII. De modo que la más importante corriente migratoria guaraní a territorio oriental se produjo en pleno período colonial hispánico.

La expulsión de los jesuitas en 1767 marca una fase de despoblamiento terminal de las Misiones en general. La autoridades civiles se mostraron incapaces para detener la hemorragia que redujo dramáticamente la población de las otrora populosas ciudades jesuíticas. Privados de la organización misionera los indios se vieron sumidos en la anarquía. Tan es así que el muy odiado gobernador de Yapeyú Francisco de Rodrigo no pudo oponer resistencia a la invasión lusitana a las Misiones Orientales y la villa de Melo en octubre de1801 llevada a cabo por el bandeirante José Borges do Canto. La ocupación portuguesa, motivada por la pasividad indígena, motivó una nueva oleada de refugiados en Misiones Occidentales, Corrientes y la Banda Oriental. Esta sangría se acentuó durante el proceso artiguista (1810-1820), una de cuyas bases sociales la constituyó el "paisano" de orígen tape y mestizo. Artigas no pudo evitar un nuevo desastre humanitario en las Misiones Orientales durante la guerra de 1816-1820, que terminó con la ocupación portuguesa de la Provincia Oriental. Por otro lado el hostigamiento portugués en la frontera de la Banda oriental fué permanente durante todo el artiguismo. Por otro lado tras la derrota final de Artigas por el caudillo entrerriano Ramírez se produjo un éxodo de 4.000 indios tapes a lo largo de la década posterior a 1820 desde las provincias de Corrientes, Misiones y Entre Ríos huyendo de las persecuciones a las que fueron sometidos como parte de los sustentos populares y militares del artiguismo. La mayoría se estableció en los campos entre los ríos Daymán, Arapey y Queguay, bajo protección del gobierno portugués de Montevideo y de su entonces aliado como jefe de las milicias de campaña el general Fructuoso Rivera.


El último aporte masivo de guaraníes misioneros a la Banda Oriental se produjo en 1828. Ese año Rivera toma las Misiones Orientales, forzando un armisticio entre las Provincias Unidas, el gobierno de la Provincia Oriental y el Imperio del Brasil. Al retirarse Rivera lo siguió un número de guaraníes misioneros superior a 4.000 individuos (según algunas estimaciones pudieron llegar a ser unos 6 u 8.000). Con ellos se formó inicialmente el primer pueblo de Bella Unión o Colonia Santa Rosa de la Bella Unión del Cuareim, si bien luego fueron trasladados varias veces a distintos emplazamientos debido a que protagonizaron alzamientos contra el gobierno del recién creado Estado Oriental. Esto no quita que, de hecho, el presidente Don Fructuoso Rivera, utilizara escuadrones de milicianos misioneros (la mayorías procedente de Paysandú) para reprimir las revueltas indígenas y dirigir el exterminio sistemático de charrúas y gauchos matreros al norte del río Negro.

La historia de la Colonia Santa Rosa de la Bella Unión del Cuareim es todo un símbolo del trato dispensado por el Estado uruguayo a la población indígena que tan destacada participación tuvo durante el artiguismo y la primera fase de las luchas por la independencia. El 3 de noviembre de 1830 hubo festejos en la colonia debido al nombramiento de Rivera como presidente del nuevo Estado Oriental. Misioneros, charrúas y guaycurúes participaron en los festejos.  Sin embargo una de las primeras medidas del gobierno de Rivera fue decomisar las 100.000 cabezas de ganado propiedad de los jefes misioneros. Se les prometió un suministro periódico de carne que se hizo insuficiente. La colonia llegó a padecer tales hambrunas que, a los pedidos de los jefes indígenas se sumó el del comandante de la colonia Evaristo Carriego. Pero el gobierno estaba demasiado ocupado en las operaciones de exterminio de charrúas y gauchos para atender las demandas de la colonia. Muchos misioneros desertaron y se esparcieron por el litoral del Uruguay. Muchos se asentaron en Salto, Paysandú y Tacuarembó. Otros formaron rancheríos en zonas rurales. En 1832 los jefes Francisco Javier Sití, Agustín Comandiyú y Gaspar Tacuabé se rebelan instigados por Lavalleja (el rival de Rivera), lo que motiva el inmediato envío de tropas gubernamentales al mando de Bernabé Rivera a la colonia. El 6 de junio el brasileño riograndense Bentos Manuel, aliado de Rivera, arrasa la colonia. El día 8 Tacuabé y Comandiyú son derrotados en Belén por tropas conjuntas riveristas y riograndenses. Un gran número de misioneros encontró refugio en La Cruz y en Mandisoví, Entre Ríos. Uno de los episodios de esta guerra es la muerte de Bernabé por charrúas, que hacían causa común con los misioneros de Bella Unión,  en venganza de las matanzas de Salsipuedes y Mataojo de 1831. Tacuabé rsiste hasta octubre en Belén pero es finalmente derrotado. La colonia es disuelta definitivamente. Gaspar Tacuabé huye a Mandisoví, Entre Ríos. 860 pobladores, fueron asentados en marzo de 1833 en el paso de Durazno del Yí. El resto es enrolado en el ejército. Luego, a fines de setiembre, unas 350 familias fueron trasladadas a San Francisco de Borja del Yí, en el departamento de Florida. En enero de 1835 no quedaban más que 40 familias. En 1860 se disuelve la colonia y sus habitantes son distribuidos en tierras adjudicadas en Durazno y Florida.
Los guaraníes misioneros, sobre todo los pertenecientes a los "Siete Povos", constituyen una de las bases poblacionales de la nación uruguaya. Su aporte siguió siendo fundamental durante la migración riograndense que abrasileró gran parte del norte del país hasta su absorción dentro de la cultura nacional motorizada a partir de la reforma educativa vareliana de fines del siglo XIX. En efecto hacia 1850-60 la población de origen brasileño, distribuida en los departamentos fronterizos, era de unos 20.000 individuos, constituyéndose en la principal corriente migratoria seguida por españoles, italianos y franceses. Desde 1835 a 1842 entraron 1.218 brasileños al territorio oriental, todos ellos varones. De hecho salieron en ese período 680 brasileños. Pero en las décadas siguientes el aluvión tiende a aumentar, siendo tanto de varones como de mujeres, y sólo decae a partir de 1860-70. La migración riograndense está compuesta en su mayoría por elementos mestizos, indígenas y negros, siendo los blancos una minoría (en su mayoría hacendados). Dentro de esta corriente los individuos de origen guaraní misionero aportuguesados son un importante porcentaje.





Ahora bien, en un principio es posible rastrear la existencia de apellidos misioneros en la población uruguaya (por ejemplo, en 1797 se tiene constancia de que un tercio de los matrimonios en Melo está compuesto por varones guaraníes; también se sabe que en Salto, entre 1830 y 1835 el porcentaje de apellidos guaraníes oscila entre un 25 y un 56.3% de la población). No obstante desde mediados hacia fines del siglo XIX los porcentajes decaen abruptamente a niveles que oscilan entre un 10 y un 2 %. Tal hecho no sólo testimonia el final de la inmigración misionera, sino también el inicio de la invisibilización del descendiente de guaraníes en Uruguay.  La adopción sistemática de apellidos castellanos y la inclusión voluntaria dentro de la categoría de "blanco" terminó por hacer desaparecer todo vestigio de población misionera de los padrones. Se llegó al extremo de creerse que no hubo mestizaje en Uruguay, o que éste fue muy poco significativo. El hecho es que el actual resurgimiento de la identidad indígena en Uruguay se hace sobre la base del reconocimiento de la ascendencia charrúa más que de la guaranítica. Y lo cierto es que la población indo-descendiente uruguaya es un conglomerado de varios linajes absorbidos dentro de una población mayoritariamente identificada con lo europeo o "blanco".  En los padrones de los primeros poblados en territorio oriental aparecen mencionados no sólo misioneros y guaraníes no misioneros, sino también chanás, charrúas, minuanos, pampas, calchaquíes, collas y otros. Esa población tendió a mezclarse entre sí y también con blancos y negros, dando origen a un complejo conglomerado multi-étnico. Sin embargo no toda esa población "híbrida" fue absorbida en la sociedad de mayorías blancas. Un alto porcentaje conformó los sectores más marginales en la escala social, reforzando la tendencia a separarla de otros grupos sociales. Conocidos a veces como "negros" o "morochos", constituyen una categoría ambigua sin identidad ni pertenencia. Quizá la peor de las discriminaciones que sufren es la de ser considerados como parte de la población "blanca". Pero a pesar de su esfuerzo la mayoría de la población "mestiza" uruguaya no fue aceptada completamente por la mayoría "blanca". Siguieron siendo ciudadanos de segunda clase, siempre luchando por ser reconocidos como parte de una sociedad que los condenó a la invisibilidad.



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CRÉDITOS DE IMÁGENES, MAPAS Y FUENTES:



 
[[File:MISIONES ORIENTALES.png|thumb|Los siete pueblos de las Misiones Orientales.]] <p><a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:MISIONES_ORIENTALES.png#/media/File:MISIONES_ORIENTALES.png"><img alt="MISIONES ORIENTALES.png" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/62/MISIONES_ORIENTALES.png"></a><br>De No machine-readable author provided. <a title="User:Pruxo" href="//commons.wikimedia.org/wiki/User:Pruxo">Pruxo</a> assumed (based on copyright claims). - No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., <a title="Creative Commons Attribution 2.5" href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.5">CC BY 2.5</a>, <a href="https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1935911">https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1935911</a></p>












 





















miércoles, 14 de marzo de 2012

MALVINAS (III): LOS COLONOS ARGENTINOS VS LOS COLONOS MALVINENSES







La forma en que el actual régimen argentino manipula el tema Malvinas es denunciada afortunadamente por muchos autores. Remitimos al siguiente enlace: http://noticias.perfil.com/2012/01/una-dosis-de-fervor-malvinense%C2%A0%C2%A0%C2%A0/4/. El artículo pertenece a James Neilson, periodista y analista político de origen inglés, radicado en Argentina. Precisamente haremos hincapié en un aspecto señalado por el periodista en cuestión: la de cómo una sociedad "implantada" como la argentina, descendiente de colonos europeos mayoritariamente, que se apropiaron de tierras que, de hecho, no les pertenecían, se arroga el derecho de despreciar a los "kelpers" como "colonos". La cosa seguramente sería muy diferente si los susodichos "colonos" hubieran preferido la nacionalidad argentina. Pero su actitud díscola, en general pro-británica, los hace blanco de las iras de un gobierno que se ha especializado en combatir a sus "enemigos" de turno a través de una estrategia de sistemático ninguneo mediático y diplomático.
3.000 (3.140 en julio de 2008) personas componen el conglomerado poblacional habitante de las islas Malvinas o Falkland. El 85% viven en Port Stanley. Son descendientes, la mayoría de ellos, de colonos implantados en las islas a partir de 1833. Es bueno señalar que, si bien los primeros colonos del entonces Virreinato rioplatense datan del siglo XVI, los actuales argentinos descienden en su mayoría de inmigrantes llegados en masa entre 1850 y 1930 y otros arribados aún después. Muchos "argentinos" poseen una doble identidad ya que no han perdido sus lazos con la nación de origen. El grupo poblacional inicial en realidad no superaba la treintena, estando compuesto inclusive por parte del personal de las instalaciones del argentino Vernet (12 personas eran de origen rioplatense-argentino y permanecieron en las islas después de la ocupación británica). Entre la ocupación de John Onslow el 3 de enero de 1833 (cuando fué cesado el gobernador argentino Pinedo) y la intervención de Henry Smith el 9 de enero de 1834 (con ocasión de terminar con la revuelta de Rivero y sus secuaces) no hubo administración oficial en las islas. El mayordomo de Vernet, Matthew Brisbane (tras su asesinato por Rivero el 26 de agosto de 1833), actuaba como representante de la autoridad británica. Smith actuó como máxima autoridad restaurando el establecimiento de Port Louis al que rebautizó como Anson`s Harbour. Fué sucedido en abril de 1838 por Robert Lowcay y éste por John Tyssen en diciembre. Estas autoridades se negaron a reconocer los derechos de Vernet sobre sus propiedades (cambiando la política inicial).  En enero de 1841 arribó a Anson`s Harbour un grupo de colonos en dos barcos al mando de J. B. Whittington fletados por la Falkland Islands Commercial Fisherly and Agricultural Association (compañía fundada por G. T. Whittington en 1839 en Londres). En octubre de 1841, al arribo del primer gobernador británico teniente Richard Clement Moody con doce mineros y sus familias, había 50 habitantes en Anson`s Harbour. En julio de 1843 el gobernador Moody dispuso la construcción de la nueva ciudad de Por Stanley (bautizada el 18 de julio en honor de Lord Edward Smith Stanley, quien instruyó en 1842 a Moody para que investigara el potencial estratégico de la zona de Porth Williams y Porth Jackson, misión que fuera confiada al capitán James Clark Ross en 1843). Ese mismo año Port Stanley se convierte en capital del territorio en sustitución de Port Egmont.  En 1846 había 164 residentes en la nueva población. En 1849 llegaban a 200, aumentados por el arribo de treinta familias del personal de la guarnición permanente y el destacamento policial. En 1860 se forma la Falkland Islands Garrison Company con 35 marines destinados desde Londres.
En 1846 el comerciante británico que operaba desde Montevideo Samuel Lafone introdujo un grupo de colonos uruguayos de origen gaucho e indio en Hope Place, en la costa sur de Brenton Loch (isla Soledad o East Falkland). Allí se le había concedido a Lafone derechos de caza sobre el ganado silvestre. Desde 1847 el gobierno colonial incentivó la explotación agroganadera isleña. En 1850 Lafone funda The Falkland Islands Company Limited con el fin de instalar y explotar granjas ya que se había extinguido el ganado salvaje de isla Soledad. En 1857 trasladó su compañía de Hope Place a Darwin  (donde existía una barricada de su propiedad desde 1849). En 1860 el gobernador George Rennie, que había sido designado en 1847, modifica el contrato de Lafone reservándose el derecho de caza en las islas con excepción de los lotes otorgados a la compañía.
En 1867 comienza la colonización de la isla Gran Malvina (West Falkland). En 1869 todo su territorio es repartido entre ocho colonos. La isla es poblada con inmigrantes escoceses que suplantan a los gauchos de Lafone. 


Los linajes isleños se fundamentan en la escasa población inicial de variado origen y en la que arribó posteriormente. En su mayoría son ingleses, escoceses e irlandeses, pero también hay descendientes de alemanes, escandinavos (daneses, noruegos, suecos y finlandeses), franceses, gibraltareños, chilenos, uruguayos e inmigrantes de Santa Helena. Los británicos constituyen el 70% de la población (incluyendo a los "belongers", ciudadanos británicos radicados en las islas). Todo esto confiere a los isleños características propias. En lo idiomático el dialecto es próximo al australiano y posee varios términos de origen castellano. La expresión "kelper" es empleada sobre todo en Argentina para referirse a los isleños.  Tiene una connotación peyorativa y su raíz está en las algas (kelp) que rodean las islas. Se popularizó su uso a partir de 1960 y se hizo famoso tras la guerra de 1982. No obstante los habitantes de las islas prefieren que se los conozca como "Falkland Islanders".



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lunes, 5 de marzo de 2012

URUGUAYOS DERECHOS Y HUMANOS: LA DERECHA GANA LA BATALLA CULTURAL

Cierta vez un director de un encumbrado instituto educativo me sorprendió con una frase aparentemente "razonable": "Nadie puede reclamar derechos si antes no cumple con sus deberes". Sólo tras un instante de reflexión caí en la cuenta de que aquella frase me enrostraba una dura realidad: la de que el modo de "pensar" fascistoide forma parte íntimamente de las estructuras más enraizadas de nuestra sociedad. La naturalidad con la que se aceptan los postulados más reaccionarios en charlas de familia, de amigos en un bar, en la voz de los informativistas de los noticieros, en los políticos, en los comentaristas de fútbol, en los discursos de los maestros en las escuelas...es clara muestra de que casi una década de gobierno de "izquierdas" no ha logrado instalar una cultura de índole "social", basada en el respeto, el compromiso, la cooperación y la solidaridad.
Una red de interrelaciones sociales basadas en el autoritarismo, la discriminación, la intolerancia, la desconfianza, la competencia, la corrupción, la falta de compromiso "social", el amor exclusivo al lucro y la ostentación, el egoísmo materialista, se ha instalado en nuestro modo de pensar y se constituye en el éxito más evidente de la cultura instaurada por la dictadura militar con su reforma educativa y su concienzuda infiltración en todos los niveles de las instituciones. La falta absoluta de fé en los ideales incomprendidos de la democracia es el triunfo de un modo de pensar que postula el "no pensar", "no comprometerse", y dejar todo en manos de "expertos". La idea de la creación de una consciencia crítica es un cáncer peligroso para los "fascistoides" que aún son una mayoría alarmante en nuestra sociedad uruguaya. Se encargan de ahogar tal consciencia con un discurso desalentador, pesimista, llenando los noticieros con continuas citas a la "inseguridad" (sea en lo delictivo o en lo financiero, da igual). Piden todo el tiempo mano dura. Siempre me sorprende la forma con que los periodistas deportivos describen ciertos eventos dentro del ámbito futbolístico: "golpe de Estado", "pedir la cabeza", "hacer caer una directiva", "ejecutar", "fusilar", "respeto a la autoridad del Juez aunque se equivoque", "pagar justos por pecadores"...
En los institutos educativos se suele hablar del "curricum oculto". Con esa expresión se define al conjunto de simbolismos implícitos (y muchas veces explícitos) con el que se inoculan redes de significado casi de forma "subjetiva" en los educandos. La educación en manos de personas que apoyarían alegremente un gobierno de facto si éste volviera a ocurrir es una triste realidad, un secreto a voces. Pero lo peor es que la estructura educativa es un campo fértil para los "fascistoides", un medio donde éstos pueden desenvolverse "naturalmente": la discriminación, el principio de autoridad, la falta de respeto al subordinado, la jerarquización, la discrecionalidad, se desarrolllan casi que al amparo de las leyes internas de las instituciones. Para colmo se supone que la tendencia de la reciente "reforma educativa" es a aumentar el poder discrecional de esos soberanos absolutos o señores feudales que suelen ser los directores de las instituciones educativas. Desde hace un tiempo me pregunto cómo pueden inculcarse ideales democráticos a las nuevas generaciones en instituciones que funcionan de modo anti-democrático. No puedo resistir comparar los institutos educativos (en especial de Primaria, Secundaria, UTU y Formación Docente) con la institución militar, donde se dice defender la democracia...pero no practicarla.
Es claro que la cultura fascista empieza por casa. En los ámbitos privados es donde se incuba y desarrollla sin control alguno toda clase de discriminación, abuso de poder, violación de derechos elementales, agresión física y/o psicológica...todo con la absoluta aprobación o indiferencia de una sociedad hipócrita. Décadas de dictadura en el ámbito privado (allí se vivió lo peor de la cultura intolerante y autoritaria amparada por los militares) dejaron una secuela desastrosa y corrosiva en nuestra sociedad. Pocos parecen entender que los problemas de disgregación y anomia que experimenta nuestra sociedad son directa consecuencia de aquella cultura. Y sin embargo muchos que pretenden tener la receta para todo postulan...¡volver al autoritarismo patriarcalista y retrógrado como forma de solucionar el problema! "Una paliza bien dada a tiempo previene muchos males", se dice. De ahí a hacer desaparecer gente por cuestiones ideológicas hay un pequeño paso.


Una institución que ha colaborado decisivamente a la consolidación del modo de pensar fascistoide en nuestra sociedad es la Iglesia. De hecho la "Doctrina de Seguridad Nacional" que los militares adaptaron a los curriculums escolares, es esencialmente basada en la defensa de la "moral cristiana". Doble moral diría yo, aplicable a rajatabla al pueblo llano, pero absolutamente lábil al aplicarse a los poderosos. Una institución que se basa en una estructura rígida, muy jerarquizada y donde no se puede cuestionar el dogma es un buen modelo inspirador para los dictadores. Pero su trabajo "fino" está en la consolidación del modelo patriarcal, misógino y autoritario de familia, célula básica de la sociedad "fascistoide".
Quiero dejar algo bien claro: ni siquiera estamos hablando de una conspiración, de una especie de "Corporación" maligna de conservadores. No decimos tampoco que no haya grupos de presión más o menos organizados, pero en esencia apuntamos a que simplemente se trata de un modo de pensar que ha sido inoculado en nuestra sociedad durante décadas y ahora se ha convertido en una especie de "verdad incuestionable". Forma parte incluso de la "sabiduría popular", de esas cosas tradicionales que se aceptan sin más. Se encuentra tan arraigado en la cultura popular, no sólo en ciertas élites o en las clases medias conservadoras, que se hace necesario un verdadero trabajo desde la raíz para cambiarlo. No basta con declaraciones de buena intención ni maquillajes inoperantes. Los bastiones del autoritarismo vernáculo siguen intactos, realizando su nefasta y corrosiva tarea. Es a esos bastiones a los que hay que dotarlos de una organización estructural democrática. No vemos que se haya hecho nada en ese sentido. Es más, creo que se ha reforzado el sesgo autoritario en muchos aspectos. No nos sorprendamos si, pese a los esfuerzos de generaciones enteras por instalar un cambio cultural en nuestra sociedad, un día nos encontramos con que no se ha hecho otra cosa que dejar crecer al enano fascista que vive en cada uno de nosotros.

jueves, 1 de marzo de 2012

EL ÚLTIMO CHANÁ


De los grupos indígenas que en primer lugar desaparecieron en el Río de la Plata con la colonización hispánica se encuentran los chanás. Víctimas del sistema de encomiendas, reducciones o la simple persecución armada, su cultura fué diezmada hasta la casi total desaparición en un lapso de 200 años. Asimilados dentro de la cultura predominante pasaron a formar parte de la población cristianizada o hispanizada como ciudadanos de segunda clase. Perdidos en una imprecisa categoría donde no se les consideraba ni indios ni criollos (en Uruguay se propagó la denominación de "paisano" para estos sectores mestizos o de indios cristianizados) su conciencia étnica se perdió casi por completo.
Los chanás descienden de la misma corriente pámpido-patagónica de la que derivan charrúas y guaycurúes. Se trata de una cultura de canoeros mesolíticos que absorbieron a la llamada "cultura de Serrano" (lágidos de economía recolectora-cazadora y que utilizaban la cerámica), a la vez que desde el siglo XVI habían comenzado a recibir influencias culturales de la corriente migratoria guaraní que se abatió sobre su territorio. Los chanás formaban parte del "Grupo del Litoral", una serie de tribus que ocupaban las riberas del río Paraná y las del río Uruguay. Respecto a su lugar de orígen se presume que se trató de una migración fluvial en canoas efectuada de sur a norte. Las tribus del Grupo Litoral son: chaná, mbeguá, chaná-mbeguá (o beguá), chaná-timbú (estos grupos  están presentes en la zona del delta del Paraná, llegando hasta la Banda Oriental), caracará, coronda, quiloaza, calchin, mepén y mocoretá. Algunos autores consideran a los mepén como de estirpe Káingang, emparentados con los yarós. Se los describe como más bien altos (más de 1,70 m., llegando fácilmente al metro ochenta), dolicocéfalos, nariz larga y delgada, pómulos y mentones salientes, pelo lacio y negro o castaño, ojos oscuros, tez rojizo-bronceada.
La mayoría de las tribus chanás, junto a otras tribus indígenas locales, fueron confinadas a reducciones en Concepción del Bermejo (Matará y Guacará); Corrientes (Santiago de Sánchez y Candelaria de Ohoma); Santa Fé: San Bartolomé (de chanás), San Miguel (calchines) y San Lorenzo (mocoretáes); Buenos Aires: San José (cacique Bagual), Santiago del Baradero, Isla Santiago (cacique Tubichaminí o Quendiopen), Santa Cruz de los Quilmes (básicamente de indios tucumanos); y la Banda Oriental: San Francisco de Olivares (charrúas), San Antonio (chanáes), San Miguel del Río Negro (guaraníes) y Santo Domingo Soriano (chanáes). La mayoría fundadas a fines del siglo XVI o inicios-mediados del XVII. Únicamente subsistieron Santo Domingo Soriano en Uruguay y Santa Cruz de Quilmes en Buenos Aires. El resto desapareció entre mediados del siglo XVII e inicios del XVIII. Desde 1582, Juan de Garay pactó con doce cacique chaná-mbeguá y repartió las comunidades indígenas en 20 encomiendas. Se conservan los nombres de esos doce caciques chanás: Capiguatin, Aguará, Yucá, Cura, Guardiya, Araquí, Delajan, Derdian, Macchun, Canisolo, Caraqua y Maguarí. En 1673 existían aún siete de esas encomiendas. Un sector de los mbeguás subsistió hasta el siglo XVIII en las tierras anegadizas del sur de Entre Ríos. Los indios terminaron huyendo e integrándose a otras comunidades indígenas o refugiados en poblados criollos. La nación chaná virtualmente desapareció como grupo étnico a fines del siglo XVIII.
Sin embargo los recientes estudios de población han localizado unos 2.500 descendientes de chanáes en Entre Ríos e, incluso, algunos posibles linajes descendientes de chanáes y guaraníes en Soriano, Uruguay. Es más se hizo famoso el caso de un ciudadano entrerriano oriundo de Nogoyá y residente en Paraná que conservaba tradiciones y hablaba en el antiguo lenguaje chaná. Descendiente por línea materna de chanás Blas Jaime conserva parte de los rasgos mestizados del pueblo desaparecido como etnia hacia 1750. Jaime es considerado el último depositario de la tradición chaná. Es un legítimo descendiente de, posiblemente, una de las últimas adá oyén nden (mujeres guarda-memoria), su propia abuela, muerta hace más de 50 años. Debido a que su madre no podía tener más hijos su abuela le confió las tradiciones y lengua del pueblo chaná. Al parecer esta estructura matrilineal de transmisión de un legado se deba a que las mujeres chanás estaban destinadas desde el momento de la colonización española a ser mujeres de españoles. Éstos solían transmitir el linaje patrilinealmente, por lo que las madres nombraban a su sucesora "guarda-memoria" entre sus hijas.

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miércoles, 29 de febrero de 2012

MALVINAS (II): LA FARSA DEL GAUCHO RIVERO


Lamentablemente el tenor de este artículo no será quizá del agrado de muchos lectores argentinos embaucados por la parafernalia nacionalista que recientemente viene agitando su gobierno, y que enraiza en tradiciones nacionalistas de raíz fascista que poco tendrían que ver con el supuesto sesgo ideológico progresista de la actual presidencia. Entendemos claramente que la tradición política argentina tiene una impronta particular, y que ciertos procesos cíclicos suelen estar dotados de una importante dosis de autoritarismo. Es el caso del período rosista (1829-1852); el ciclo urquizista (1852-62); el período liberal centralista signado por las presidencias de B. Mitre (1862-68), D. F. Sarmiento (1968-74) y Avellaneda (1874-80); el período oligárquico del Unicato o autonomista (por la hegemonía del Partido Autonomista Nacional, 1880-1916), donde la figura descollante fué Julio Argentino Roca (1880-86 y 1898-1904); el ciclo radical (1916-1930), signado por la figura de Hipólito Yrigoyen (1916-22 y 1928-30); la Concordancia de militares y oligarquías (1932-1943), el peronismo (1946-55 y 1973-76), las dictaduras militares (1930-32, 1943-46, 1955-58, 1962-63, 1966-1973, 1976-1983), el menemismo (1989-1999) y ahora el kirchnerismo (iniciado en 2003). Los breves ciclos radicales posteriores al gran ciclo personalista de Yrigoyen (Ortiz: 1938-43; Frondizi: 1958-62; Illia: 1962-66; Alfonsín: 1983-89 y de la Rúa: 1999-2001) están claramente determinados, limitados y frustrados por los ciclos autoritarios.
Surgido el kirchnerismo de la crisis de 2001 que sumergió en el caos al sistema político argentino, se construyó a partir de elementos surgidos del omnipresente peronismo-justicialismo. Arropado con un discurso progresista el presidente Nestor Kirchner se puso al frente de un movimiento contingente que pronto adoptó una postura ideológica nacionalista e intransigente. Tal postura se hacía en todo caso necesaria ya que se trataba de recuperar el poder del Estado, que había sido sistemáticamente desmantelado durante el anterior régimen (también peronista) de Carlos Saúl Menem. También era necesario construir una doctrina que sustituyera a la cultura neoliberal disgregadora instalada en la década de los `90. Por esa razón se adoptó un tono confrontativo, donde se individualizaba un enemigo (interno o externo) y se le cargaban todas las culpas. Una hábil política generadora de "chivos expiatorios" (Botnia, Tabaré, Uruguay, Duhalde, Magnetto, Clarín, la "Corpo", los "piratas" ingleses, Lanata...) consiguió consolidar en el poder a la actual clase dirigente argentina, que se constituye en uno de los más formidables ejemplos de lo mejor y lo peor de los fenómenos llamados "neopopulistas" que actualmente dominan la realidad latinoamericana.
Uno de los caballos de batalla del "kirchnerismo cultural" es el nacionalismo. Construído desde la "base", es decir desde el discurso de las clases desposeídas (en especial la clase obrera), confronta resueltamente a la cultura "conservadora" y a sus espacios corporativos de poder. En este sentido la estrategia fué magistral ya que consiguió dividir al frente conservador que apoyó en su momento al menemismo. Parte de los integrantes de ese sector apoyaron finalmente al proyecto kirchnerista y constituyen la base de su estructura de poder. Pero también dividió al propio frente "progresista", en especial aquellos sectores críticos del menemismo que desconfiaban de la concentración de poder y el excesivo personalismo de los nuevos dirigentes. Todos estos "enemigos" fueron atomizados y destruídos sin piedad ninguna.
El nacionalismo es de carácter visceral, con un alto componente de fanatismo. Y se convierte en bandera de muchos políticos inescrupulosos que agitan sus fantasmas cuando les es conveniente hacerlo. Uno de los peores fantasmas que actualmente agita el kirchnerismo es el fantasma de Malvinas. El retroceso en tal cuestión es muy notorio. Los medios afines al gobierno acusan sin más de agentes a sueldo del Foreign Office o la Corona británica, lacayos, piratas y otros epítetos semejantes a quienes se atreven a opinar en contrario de la postura oficial. Pero la avanzada de revisionismos históricos está haciendo verdaderos desaguisados en la historia de las islas Malvinas. En uno de tales revisionismos se retoma la vieja tesis de que el gaucho Rivero fué un héroe y un patriota (hasta se le dedicó la última Copa del Campeonato Argentino de Football-qué ironía-que lleva su nombre).

Una vez que el capitán John Onslow tomó posesión de las Malvinas el 3 de enero de 1833, el statu quo se mantuvo prácticamente intocado. No hubo tropas de ocupación ni señal alguna de soberanía británica hasta el arribo de Smith el 9 de enero de 1834. Según el relato del colono Thomas Helsby en Puerto Luis (Port Louis) había un pequeño grupo de residentes: el representante inglés Brisbane, el despensero William Dickson, Ventura Pasos, Charles Russler, Antonio Vehingar, Jean (o Juan) Simon, Faustin Martínez, Santiago López, Pascual Diego, Manuel Coronel, Antonio Rivero (gaucho de 27 años que había llegado a Puerto Luis en 1827), José María Luna, Juan Brasido, Manuel González, Luciano Pelores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Pascual Latorre, cinco charrúas enviados por el Gobernador de Montevideo, Antonina Roxa, Gregoria Madrid, Carmelita y sus dos niños, William Low, capitán de la goleta Unicorn y su tripulación (residentes temporales y únicos "colonos" dejados por Onslow), Henry Channen, Juan Alimenta, Daniel Mackay, Patrick Kermin, Samuel Pearce, George Hopkins, José Douglas, Francis Marchedo, José Manuel Prado, el negro Juan Honesto (parte de la tripulación del Unicorn) y el negro Antonio Manuel (de la tripulación de la goleta estadounidense Transport 1). De notar es que los únicos "foráneos" eran los tripulantes de las goletas británica y estadounidense. El resto eran gauchos, indios y personas de diverso orígen nacional (chileno, francés, irlandés, inglés, alemán) que estaban en las islas antes de la llegada de Onslow.
Vernet mantuvo sus propiedades y su personal en la isla. Pero se retiró a Buenos Aires y dejó todo en manos de sus representantes. El mayordomo de Vernet, capitán Matthew Brisbane, escocés nativo de Perth, actuaba como representante inglés. Jean Simon, un ciudadano francés capataz de Vernet, era el representante argentino designado por el depuesto gobernador Pinedo, y continuó en sus cargos. William Dickson, ciudadano irlandés originario de Dublin, continuó como administrador de los almacenes, era también parte del personal de Vernet.
Precisamente un diferendo entre Simon y Dickson desató la tragedia que sería tergiversada por cierta historiografía argentina como un acto de heroísmo patriótico. Simon pagaba a los peones con vales firmados por Vernet. Los peones cambiaban estos vales por insumos en los almacenes administrados por Dickson. Éste desconfiaba del valor de esos vales, ya que se suponía que Vernet estaba desvinculado de los establecimientos. Por esa razón se negó inicialmente a aceptarlos. Debido a que, para colmo, Simon había prohibido terminantemente la faena de animales mansos para consumo la situación de la peonada se hizo insostenible. Dickson, presionado por las circunstancias, aceptó los vales pero redujo considerablemente su valor. Eso significaba prácticamente la condena al hambre para los empleados. Las exigencias de que se les pagara en dinero y no con vales fué el motivo de la "revuelta".
El día lunes 26 de agosto de 1833, aprovechando que el capitán Low estaba en la Bahía Berkley, el gaucho de origen entrerriano Antonio Rivero ("Antook" para los ingleses), secundado por dos gauchos más (José María Luna y Juan Brasido) y cinco "indios" (Luciano Flores, Felipe Salazar, el chileno Pascual Latorre, Manuel Godoy y Manuel González), inició un motín. Fueron asesinados Brisbane, Simon, Dickson, Ventura Pasos y el alemán Antonio Vehingar (también conocido como Antonio Wagner). Los ocho sublevados se adueñaron del poblado y mantuvieron a trece colonos virtualmente prisioneros en el diminuto islote Peat mientras ellos disponían de las provisiones y controlaban el arsenal y las embarcaciones.
El 9 de enero de 1834 el teniente Henry Smith, al mando de la HMS Challenger y la HMS Hopeful, desembarcó en las islas, tomó el mando y persiguió a los revoltosos hasta su reducción definitiva a inicios de marzo. Luna se rindió automáticamente, el 11 de enero se entregaron los cinco indios y el resto se refugió en el interior de la isla. El 18 de marzo se rindió Rivero. Los revoltosos rehuyeron el combate y pidieron se les permita pasar a la Patagonia. Los reos fueron enviados a Londres y sometidos a un proceso en el buque de la Estación Naval Británica de Sudamérica HMS Spartiate. Curiosamente el tribunal los absolvió de los cargos con los que se los imputaba y fueron dejados en libertad en Montevideo. La razón de este obrar de los británicos no queda claro. Pero es seguro que no consideraron las acciones de los amotinados como una insubordinación a la Corona británica (en todo caso era una cuestión "interna" dentro de la empresa de Vernet y sus socios).
La sorprendente versión hoy abrazada por el kirchnerismo va en desmedro de la opinión de muchos autores, incluyendo argentinos, que no ven ninguna evidencia para catalogar las acciones de Rivero como patrióticas y reivindicativas de la soberanía "argentina" sobre las islas. La famosa versión de que los sublevados arriaron el pabellón británico e izaron el argentino carece de todo fundamento. En todo caso no se ven las razones para que un grupo de peones abandonados tanto por Buenos Aires como por los nuevos dueños de la situación reivindiquen algún tipo de soberanía. El móvil político difícilmente podría estar en la mente de Rivero y sus seguidores, obligados a pelear por su supervivencia en un desolado rincón del mundo. En todo caso sus acciones se dirigieron contra sus propios patrones, los mismos que estaban en funciones y actuaban exactamente igual desde los tiempos de Vernet.

domingo, 26 de febrero de 2012

LA HUMANIDAD PERDIDA (I): LA PEQUEÑA GENTE DE LOS BOSQUES



Este artículo quizá merecería estar en una sección dedicada a la criptozoología o a temas alternativos, pero resulta que, por un momento, los campos aparentemente separados de lo "científico" y de lo "pseudo-científico", se han tocado recientemente. En realidad, después de analizar la forma en que se ha intentado reconstruir científica y paleoantropológicamente la historia de nuestra especie, muchas dudas nos quedan respecto a la magnitud de la frontera separadora de los reinos "científico" y "no-científico". Remitimos simplemente, por toda justificación, a una frase de Einstein muy oportuna, a la vez que muy invocada por todo tipo de "investigadores": "El misterio es la cosa más bella que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia auténticos".

En 2004 sale a la luz el hallazgo de unos pequeños homínidos en la isla de Flores, en Indonesia. Se los llamó Homo floresiensis. Vivieron hasta hace 18.000 años y todo hace suponer que se trata de una forma de homínido muy primitiva que, milagrosamente, sobrevivió hasta casi el presente. La controversia no tardó en desatarse y parte de la comunidad científica se apresuró a impugnar los hallazgos. De hecho un sector de la comunidad académica continúa sosteniendo que los pequeños seres de la isla de Flores son solamente individuos patológicos.
Está claro que el floresiensis es un hallazgo incómodo. Las teorías más aceptadas de la paleoantropología oficial tambalean ante el mismo. Las series evolutivas cuidadosamente elaboradas deberían ser revisadas desde la raíz. Porque el hecho incontestable es que el floresiensis no es la única humanidad prehistórica que se escabulle ante las narices de los científicos. También recientemente los análisis de ADN mitocondrial de una falange hallada en la cueva siberiana de Denisova han sacado a relucir una línea de homínidos completamente nueva que también lllegó a ser contemporánea del Homo sapiens. Más aún, los análisis del ADN del Hombre de Mungo, en Australia, reveló que es diferente a cualquier ADN humano conocido, a pesar de que convivió con humanos modernos.
Tales evidencias de que grupos humanos diferentes a la línea genética que conduce al Homo sapiens actual, que incluso se han mezclado con nuestros ancestros, no se extinguieron completamente como se ha sugerido siempre, también podrían avalar las hipótesis que alientan sospechas de que no somos la única humanidad sobreviviente. En los mitos de todos los pueblos sobrevuela la idea de que convivimos con otros seres "humanoides" alguna vez, y que tales seres aún permanecen en las sombras, apartados de nosotros. Amenazándonos algunas veces. Protegiéndonos otras veces. Dioses, demonios, gigantes, duendes, gnomos, ogros, elfos, pequeña gente, trolls, hadas, ninfas, faunos, sátiros...¿Quiénes inspiraron las leyendas?.
La intuición de algunos observadores de que los diminutos homínidos de la isla de Flores pudieron llegar a convivir con inmigrantes Homo sapiens tiene una sorprendente corroboración en las leyendas de los nativos locales. Los descubridores de los fósiles de la cueva de Liang Bua, con los que se reconstruyó la posible nueva especie de homínido, aventuraron que no era probable que hubieran convivido con Homo sapiens. Se sospecha que una erupción volcánica hace 13-12.000 años acabó con los floresiensis y la peculiar fauna de Flores: varanos gigantes, ratas gigantes y elefantes enanos de la especie Stegodon. Sin embargo el mismo Richard Roberts, uno de los descubridores del floresiensis, se hizo eco de una leyenda local: la de los ebu gogo (literalmente: "abuela que se come todo").
A fines de los `90 el paleontólogo holandés Gert van der Bergh, del Instituto Real de Holanda para la Investigación Marina en Texel, recogió por vez primera los relatos de los aldeanos de Flores respecto a unas diminutas criaturas habitantes del bosque. También el antropólogo Gregory Forth, profesor de antropología de la Universidad de Alberta, recogió testimonios sobre el mito ebu gogo anteriores al descubrimiento de floresiensis en Liang Bua. En realidad se decía que habían sido exterminadas hacía un siglo. El relato era el siguiente: los aldeanos de la isla toleraban desde hacía siglos aquellas voraces criaturas que devoraban sus sembrados, pero a veces las perseguían por su afición a robar bebés para devorárselos. En una ocasión que ocurrió un incidente de este tipo, los aldeanos se resolvieron a exterminar a las criaturas. Utilizaron la siguiente estratagema: los sedujeron ofreciéndoles un fardo de paja en la cueva que usaban como guarida al pie del volcán Ebulobo, y al día siguiente llevaron más fardos a los que arrojaron fuego. Se dice que los supervivientes se escondieron...¡en la cueva Liang Bua, donde serían hallados los restos del floresiensis en 2004! Precisamente el hallazgo de pelos en la cueva podría llegar a ser evidencia de la supervivencia reciente de los floresiensis, siempre que se consiga analizar el ADN de los huesos de hace 18.000 años y compararlo con el que se pueda extraer de los cabellos recientes.
La descripción que hacen los nativos de los ebu gogo es sorprendentemente coincidente con lo que se sabe del floresiensis: rostro ancho y simiesco, nariz ancha y plana, boca grande, miden cerca del metro de estatura, tienen el cabello muy largo en cabeza y torso y bastante vello corporal,  barrigudos, con brazos y dedos muy largos, orejas algo despegadas, ágiles trepadores pero de andar torpe en el suelo (aunque podían correr velozmente). Las hembras tienen senos muy colgantes. Se dice que se comunican en un murmullo inentendible y que son capaces de imitar el lenguaje humano como los loros. Su voracidad era proverbial, no desdeñando ni siquiera la carroña y menos la carne humana. Los nativos de Flores aseguran que fueron progresivamente desplazados a la jungla hasta quedar muy reducidos en número, pero que aún había muchos de ellos cuando, hace 300 años, llegaron los primeros navegantes europeos a la isla.
No obstante el 6 de diciembre de 2004 el The Sidney Morney Herald, a través de la editora científica Deborah Smith, recogió el testimonio del Jefe de la aldea Boawae, Epiradus Dhoi Lewa, sobre la captura de una mujer ebu gogo en una cueva del volcán en octubre/noviembre de ese año. Se dijo que el pequeño ser de un metro de estatura, vientre prominente, senos muy colgantes y brazos largos fué llevado hasta la aldea pero consiguió escapar a sus captores. También el Daily Mail recogió otros testimonios sobre encuentros recientes con tales criaturas.
La idea de un resto de los homínidos de Liang Bua sobreviviendo en las cuevas del volcán Ebulobo de Flores no deja de ser una posibilidad fascinante. Pero también es posible que existan otros extraños homínidos en junglas inaccesibles, supervivientes de épocas remotas y que se mantuvieron a distancia del avasallante avance de los Homo sapiens.

En áreas selváticas del Parque Nacional de Kerinci Seblat, en Sumatra, Indonesia, se cuentan historias sobre una tribu de pequeños seres humanoides conocidos como Orang pendek ("hombre pequeño"). Desde hacía siglos se contaban relatos sobre dos especies de "hombres salvajes" en la región: el "Orang-hután" (hombre de los bosques) y otra especie diferente aún no identificada. En el dialecto local Kerinci se lo conoce como Uhang Pandak. Entre los pueblos nómadas Kubu de Sumatra meridional y Jambi las tradiciones sobre estas criaturas forman parte de su cultura. Se lo conoce con nombres sugestivos como Hantu Pendek (fantasma pequeño) y se lo considera una suerte de demonio de los bosques con capacidades mágicas y la habilidad de caminar con los pies vueltos hacia atrás. También es conocido como Atoe Pandak, Rimbo Atoe, Orang Gugu, Goegoeh, Sedapa, Sedabo, Orang Letjo, Ijaoe o Umang.
Descripta como de un metro de estatura (entre 80 cm. a 1,20 cm), andar bípedo, recubierta de pelo de color variable (generalmente rojizo, cobrizo, negro o gris claro), hombros anchos, patas cortas, cabeza redondeada, nariz muy chata aunque de aspecto humano, cejas largas, vientre abultado, brazos y dedos largos, boca grande, orejas sobresalientes. Un relato de marzo de 2010, recogido por varias agencias, de un testigo ocular de Pelompek (provincia de Jambi, Sumatra), de apellido Pak, agregaba detalles como el hecho de tener brillantes ojos azulados, el pelo corto y gris claro pero casi blanco en torno a los ojos ( más largo en lo que sería la zona del cuello), el andar un poco encorvado, con pasos cortos y brazos colgando por delante del cuerpo, el torso grande y redondo y la cabeza redonda sobre él (como si casi no existiera cuello). En líneas generales el relato de Pak parece describir un animal algo parecido a un chimpancé o gorila. Destaca la fuerza del animal, que arrrancó un pedazo de pared al huir hacia la selva desde el cobertizo en el que fué descubierto. Al parecer se alimenta exclusivamente de vegetales e insectos.
Otro investigador del Orang pendek, la criptozoóloga británica Debbie Martyr, aporta más datos sobre el aspecto físico del animal: ojos muy separados, espectacular fuerza física, hombros y pecho muy grandes, presenta cresta sagital en la cabeza como el gorila y cresta ósea sobre los ojos, incisivos muy grandes, dientes prominentes y caninos largos. Debbie Martyr estudia al Orang pendek desde inicios de los `80 y ha sido testigo de dos avistamientos de la criatura en 1989 en el Monte Tuju.
Una expedición efectuada en setiembre de 2011 por el criptozoólogo Adam Davies y el equipo del Centro de Zoología Fortean (Richard Freeman, Chris Clark, Andrew Sanderson, Keith Towley entre otros) obtuvo evidencias de la existencia de la criatura que aún están en análisis: una huella, muestras de cabello, un trozo de palma rattán mordido y el relato de algunos miembros del equipo que aseguraron haber visto uno de tales seres fugazmente. Pese a que algunos investigadores se muestran escépticos, otros como David Chivers, biólogo primatólogo de la Universidad de Cambridge, y Hans Brunner, zoólogo y experto en investigación forense en animales australiano, creen que las muestras son evidencias de la existencia de un primate desconocido en las selvas del sur de Sumatra. Por supuesto que algunos especulan con la posibilidad de que se trate de un homínido, relacionado con el Homo floresiensis.

En la selva vetnamita Kon Tum y en ciertas zonas de Laos han sido vistas unas criaturas de aspecto humanoide llamadas Nguoi Rung ("gente de la selva"). Se supone que se trata del mismo ser que en Borneo es conocido como Batutut. Es posible que también vivan en Malasia y Camboya. Sin embargo los Nguoi Rung son algo diferentes al Batutut de Borneo: son considerablemente más grandes (llegan a medir entre 1,5 y 1,8 metros, si bien muchos relatos los hacen más bien pequeños). Los Batutut son descriptos siempre como pequeños: rondan el metro de estatura y se asemejan mucho más a criaturas como Orang Pendek de Sumatra y Ebu Gogo de Flores. El zoólogo John Ramsay McKinnon, descubridor de varios mamíferos en la selva de Vu Quang en los `90, recogió relatos de avistamientos del Nguoi Rung que se remontan a 1947. En 1970 él mismo observó doce pares de pisadas de batutut o ujit en Sabah, estado malayo al norte de Borneo. Eran similares a las huellas humanas pero más cortas y anchas, además de tener el dedo gordo en el lado opuesto del arco del pie. Sugirió que podría ser un descendiente del Meganthropus (Homo palaeojavanicus sangirensis). En 1982 el profesor Tran Hong Viet, de la Universidad Pedagógica de Hanoi, encontró pisadas similares, aunque algo mayores (28 por 16 cm.), en el monte Chu Mo Ray, distrito vietnamita de Thay Sa, provincia fronteriza de Kon Tum. Precisamente en zonas póximas a Kon Tum pero del lado laosiano el profesor Vu Ngoc Than encontró relatos sobre un ser bípedo llamado Khi Trau ("mono grande" o "mono-búfalo"). Quizá se trate de dos tipos diferentes de homínidos o antropoides (las formas grandes son tradicionalmente asociadas a la casuística "Yeti-Bigfoot" en la jerga criptozoológica). Respecto al Batutut de Borneo existen registros de avistamientos que se remontan a 1918. McKinnon relata que los nativos lo creen una especie de fantasma y se refieren a él utilizando un lastimero sonido onomatopéyico (tootootooo...) del cual proviene el nombre "batutut". En realidad el hecho de que se lo considere un fantasma no implica que los indígenas lo crean un ser especialmente sobrenatural, ya que suelen utilizar el apelativo para referirse a todo ser que evita el contacto con el hombre. Se dice que los batutut están activos en horas crepusculares o en la madrugada. Suelen huir corriendo en dos pies, no braquiando o trepando a los árboles (si bien son ágiles trepadores). Los relatos sobre encuentros con batutut son frecuentes en todo Kalimantan (Borneo). McKinnon menciona relatos de unos seres similares entre los nativos de las islas Mentawai (Sumatra occidental), en este caso asociados al Orang pendek.
Estos seres son descriptos como de estatura promedio de un metro (hasta 1,5 m.), recubiertos de pelo largo (sobre todo en la cabeza, no presentan en las rodillas ni en la cara, ni en pies y manos) de color rojizo oscuro, gris, marrón o negro, bípedos de andar torpe en el suelo, ágiles trepadores de árboles, vientre protuberante, hombros y cuello grueso (de cuero muy sucio según los relatos). Las hembras presentan ubres muy colgantes. Además se señala que poseen capacidad de articular o murmurar en un lenguaje ininteligible. Si bien hay relatos de personas que se les han acercado, los batutut son considerados potencialmente agresivos. Se dice que atacan humanos y comen sus hígados, si bien su dieta principal es a base de caracoles y cangrejos de río, además de frutas y vegetales. No hay certeza, por otra parte, de que los ataques a humanos se deban a los batututs. Se dice también que estas criaturas no atacan jamás a niños. Los relatos sobre los nguoi de Nepal, en cambio son coincidentes en que estas criaturas no atacan a humanos y que, incluso, a veces se les acercan y tratan de comunicarse. También se cuenta que son capaces de manejar el fuego.

En Singapur desde 1805 existen relatos sobre una criatura parecida a un simio de andar bípedo que se esconde en la Reserva Natural de Bukit Timah. El caso fué estudiado en profundidad por el criptozoólogo Karl Shuker ("Animals Revisited", 2007). Existen relatos de soldados japoneses en la Segunda Guerra Mundial sobre este extraño ser. Los últimos informes de avistamientos datan de 2007 y fueron recogidos en el diario sensacionalista local The New Paper. Lo llaman el "hombre-mono" y se lo describe como una criatura cubierta de pelo gris o negro, rostro simiesco, y una estatura que quizá ronde el metro (aunque hay relatos que lo hacen de hasta dos metros). Su extrema elusividad y el hecho de que aparenta tener hábitos nocturnos dificulta los avistamientos y quizá explique las diferencias de tamaño que se le confiere. Todos los informes se centran en la pequeña región selvática de Bukit Timah, que cubre un área no mayor de 164 km2 rodeados de urbanizaciones. La mayoría de los autores cree que se trata de una confusión a partir de avistamientos de macacos cangrejeros grises de la zona. No obstante las historias sobre la criatura forman parte del folklore local.
Estos seres podrían ser parientes de unas criaturas que en Malasia son llamados Hantu Sakai, especie de pequeños "demonios", si bien los pigmeos sakai creen que son seres humanos que están allí desde antes que ellos llegaran. Se dice que son pequeños, de no más de un metro de estatura, de cuerpo cubierto de pelo rojizo; viven y se mueven en los árboles, siendo muy difíciles de localizar.

En las tradiciones de los weddas de Ceilán existe una leyenda relativa a unos pequeños humanoides llamados Nittaewo. Se supone que vivían en la región de Mahalenama (ahora en Yala oriental  y Tamankaduva) y que fueron exterminados hace 250 años (quizá en el siglo XVIII). El relato es sorprendentemente similar a lo que se cuenta de los ebu gogo en Flores. Hubo una suerte de conflicto entre los veddas y los pequeños nittaewo debido al robo de niños adjudicado a éstos, lo que llevó a que aquellos los acorralaran en una cueva y los incineraran allí durante tres días hasta asegurarse de que todos murieran. Luego se apoderaron del territorio de los Nittaewo para usarlo como zona de caza. Esta leyenda fué recogida por Frederick Lewis en 1914 en la Revista de la Real Sociedad Asiática de Ceilán ("Notas sobre una exploración en el este de Uva y el sur de Panama Pattu"). Por otro lado en "El Nittaewo de Ceilán" (La Taprobanian, 1886), Hugh Nevill se refiere a estos seres como "una raza cruel y salvaje de hombres" habitantes de Lenama, a los que asocia idiomáticamente con los negritos telugu, los hace descender de súbditos de los cingaleses Lambakanna y los compara con los Niadis (casta de impuros errantes de Cochin, que viven en viviendas arbóreas y comen tortugas y cocodrilos).
Sin embargo la descripción que lo weddas hacen de los nittaewo es de seres de menos de un metro de estatura (las hembras más pequeñas que los machos), habitantes de cuevas y hábiles trepadores de árboles, de brazos cortos y uñas largas como garras, de piel oscura y cuerpos desnudos completamente, se comunicaban a través de sonidos similares a los de los pájaros, y se alimentaban de pequeños animales, tortugas, lagartos. Se movían en grupos de una o dos decenas de individuos.
Muchos autores creen que la leyenda de los Nittaewo se basa en los negritos pigmeos. Algunas tribus hindúes como los Pulaiyans y los Kadars, así como los andamaneses, conservan rasgos de estas razas pigmoides. Pero resulta que los Nittaewo son más pequeños. También están aquellos como el explorador R. L. Spittel que, en 1963, sugirió que tan sólo se trataría de una población ahora extinta de osos llamada Rahu valaha (Ursus inornatus).
Pero ya en 1963 autores como A. T. Rambukwella sugerían que podrían tratarse de descendientes de Australopithecus. Sorprendentemente los recientes hallazgos en Luang Ba podrían constituirse en un espaldarazo a su teoría que, en su tiempo, fué duramente criticada.
Los Nittaewo aparecen mencionados ya por Plinio el Viejo como una tribu de pequeños y peludos humanos de Ceilán. En 1945 el primatólogo William Charles Osman Hill exploró las zonas de Ceilán donde habitaron los Nittaewo y recogió testimonios de avistamientos de estas criaturas, sugiriendo que podrían ser descendientes de Homo erectus. En 1984 el antropólogo español Salvador Martínez dijo haber visto fugazmente en Sri Lanka una criatura que emitía sonidos ininteligibles mientras corría hacia la jungla. No dudó que había visto un Nittaewo.

Finalmente, una criatura de alrededor de un metro (hasta 1,3 m.) de estatura también ha sido reportada desde 1863, aunque forma parte del folklore de Nepal desde tiempos inmemoriales: se trata del Pyar-them o Teh-lma ("parecido a un hombre"). Se han descripto ejemplares de 45 cm. de estatura, quizá niños, siendo uno de los más pequeños humanoides descriptos. Habita en las selvas de los valles bajos de Nepal, Sikkim, Bhután y Tibet sudoriental, donde se alimenta de insectos y ranas que caza en los ríos. Está cubierto de grueso pelo rojizo, tiene cabeza puntiaguda, frente inclinada, hombros caídos y presenta una cabellera breve. Es bípedo y presenta costumbres nocturnas. Se dice que huye inmediatamente ante la vista de humanos. Conocido en la jerga criptozoológica como el mini-yeti, algunos autores creen que sólo se trata de una especie de gibón.
No obstante se han documentado no sólo gran número de informes de lo que parece un pequeño homínido sino que también se han examinado heces y huellas de 12-13 cm. de la criatura, principalmente por parte del naturalista Gerald Russel, integrante de las expediciones de Edmond  Hillary y Desmond Doig (1953), y de Tom Slick y F. Kirk Jhonson (1958).
En "El Yowie: En busca de Bigfoot de Australia" ( Libros Anomalist. 2006) los criptozoólogos australianos, Tony Healy y Paul Krupper, han recogido testimonios de aborígenes australianos sobre una criatura pequeña, de no más de un metro de estatura, llamada Junjudee (o Littlefooth, en inglés). Si bien algunos los consideran como parte de la casuística Yowie (una supuesta criatura de más de 2 metros de altura), suponiendo que son individuos juveniles, los mencionados autores aseguran que los aborígenes los consideran una clase diferente de ser semi-humano. Han sido vistos en Queensland (sobre todo en la década del '70) y entre los Waka waka se los considera protectores de los enfermos. Suelen ser descriptos como pequeños seres traviesos, a veces agresivos, de no más de 1,20 m., cubiertos de pelo negro, ojos rojos, dientes afilados, cara plana y productores de un nausaebundo olor a podredumbre. Se dice que habitan en cuevas o huecos, viven en grupos y emiten una especie de canto o sonido musical para comunicarse.

Existe en la tradición nativa de Hawaii la creencia en que un pueblo de misteriosos y pequeños seres, dotados de poderes casi sobrenaturales, vivía en las islas antes de la llegada de los polinesios. Se los llamaba Menehune y se les atribuye la construcción de muchos templos heiau, estanques y caminos. Comedores de plátanos y peces, vivirían aún en valles profundos y muy boscosos, siendo casi invisibles al ojo humano. Los relatos recogidos por Martha Beckwith en su obra "Mitología Hawaiana" (University de Hawaii Press, Honolulú, 1970) apuntan a que los Menehune eran un pueblo que colonizó las islas desplazando a una raza de gigantes llamados Nawao (descendientes de Lua Nu'u). Sin embargo Katherine Luomala en su libro "The Menehune of Polinesia and other mithical Little People of Oceania" (1951) cree que los mitos hawaianos sobre Menehunes y Nawaos surgen por el contacto con los europeos, no existiendo referencia alguna antes de la llegada de los mismos. Los Menehune serían una versión hawaiana de los brownies escoceses (criaturas pequeñas similares a gnomos o duendes). Al parecer en su acepción original se trataba de un término para designar a "gente de baja condición social" o "plebeyos". En efecto en el censo de 1820 ordenado por el último Ali i Aimoku (rey) Kaumali i de Kauai, se contaban a 65 personas como menehune.


Hemos reseñado todos estos casos debido a que muchos autores los han vinculado con el hallazgo del Homo floresiensis de 2004. Por alguna razón en el folklore de muchos pueblos asiáticos se han conservado leyendas sobre pequeños seres casi humanos. Reales o no, se han sucedido historias sobre esos seres hasta llegar a nuestros días. Por alguna razón continúan viviendo en nuestros sueños o pesadillas, quizá como un recuerdo de que alguna vez convivimos con esos pequeños representantes de una humanidad perdida. Pero nada nos impide creer que, quizá, aún existen en recónditos valles, donde evitan sistemáticamente el contacto con el humano moderno a sabiendas de que no les espera un buen destino en caso de que los descubramos.

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