domingo, 20 de marzo de 2011

ALEMANES DEL BRASIL

 Debido a las regiones de procedencia mayoritaria de la inmigración alemana a Brasil ( ciudad de Hunsrück, Renania, y región de Pomerania) la minoría germano-hablante local utiliza generalmente el dialecto hunsrückisch (en su variante local, el riograndenser hunsrückisch, influenciado por el guaraní, italiano, portugués y otros lenguajes) y el plattdütsch. También se usa el alemán culto (hochdeutsch). En la actualidad existen unos 500.000 germano-hablantes en Brasil, pero se considera que entre 9 y 18 millones de personas (casi un 10% del total de la población brasileña) son de origen alemán. De ellos unos 6 millones (3% de la población total) sería descendiente exclusivamente de alemanes. Según las estadísticas Brasil es el segundo país del mundo con mas germano-descendientes, sólo superado por Estados Unidos.
Las estadísticas de germano-descendientes en el mundo es la siguiente: Estados Unidos: 51 millones; Brasil: 18 millones; Canadá: 3 millones; Argentina: 2,8 millones; Francia: 1,5 millones (la mayoría alsaciano-loreneses); Kazajstán: 958.000; Rusia: 842.000; Australia: 742.212; Perú: 600.000; Países Bajos: 320.000; Italia: 290.000; Reino Unido: 266.136; España: 208.349; Paraguay: 200.000/450.000; Chile: 150/200.000; Suiza: 164.000; Polonia: 153.000; Venezuela: 110.000; Kirguizstán: 101.000; México: 100.000; Sudáfrica: 80.000/160.000; Austria: 74.000 (alemanes no austríacos); Bélgica: 70.000; Israel: 70.000; Hungría: 62.233/220.000; Rumania: 60.000; Uruguay: 46.000; República Checa: 40.000; Bolivia: 40.000; Ecuador: 33.000; República Dominicana: 25.000; Namibia: 20.000; Dinamarca: 15.000/20.000.
 Si bien hay antecedentes de inmigración alemana a Brasil que se remonta al 1817 con el arribo de la archiduquesa Leopoldina acompañada de artistas, científicos y artesanos, en 1818 con el asentamiento de colonos alemanes en las colonias agrícolas bahienses de Leopoldina y Sâo Jorge de Ilheus, y en 1820 con la fundación de Nova Friburgo en el Estado de Río de Janeiro, se suele tomar el año 1824 como punto de partida de la colonización germana local. Ese año, por iniciativa del emperador Pedro I, se crearon colonias extranjeras en Brasil. Las de orígen alemán se concentraron en los estados del sur: Río Grande do Sul, Paraná, Santa Catarina, Sao Paulo. Las ciudades de Blumenau, Joinville, Brusque y Pomerode son hasta hoy de mayoría poblacional germano-descendiente. La región del Valle de Itajaí, donde se encuentra Blumenau y otras 14 ciudades, contiene la mayor concentración de población de orígen alemán de Brasil.
Se ha señalado un caso paradigmático de ciudad exclusivamente alemana en Brasil en la figura de Cândido Godói, "el pueblo de los gemelos". La ciudad del sur de Brasil es famosa por la altísima proporción de gemelos en los partos (la mitad de los nacimientos son de gemelos). Tal fenómeno ha sido objeto de toda clase de especulaciones, entre ellas la de que se trataría de productos de los experimentos del físico nazi Josef Mengele. Recientes estudios genéticos en 2009, a cargo de Ursula Matte, genetista de Porto Alegre, han dado por resultado que la explicación de la altísima tasa de nacimientos de gemelos está en la tendencia local a los matrimonios endogámicos.
La política oficial del Estado brasileño de inicios del siglo XIX coincidía con la de varios Estados europeos respecto a incentivar la instalación de colonias europeas en territorios despoblados de Brasil. De hecho el proceso de colonización era íntegramente financiado por el Estado brasileño. Éste procuraba crear una clase media de pequeños agricultores capaces de abastecer el mercado interno, y los Estados europeos buscaban controlar el crecimiento poblacional y lograr mercados para introducir sus productos. Sin embargo las colonias alemanas del sur del Brasil fueron pronto desamparadas por el Estado brasileño. Muchas de ellas vegetaron en condiciones quasi medievales, mientras que otras consiguieron convertirse en emporios económicos a base de esfuerzos privados. Esta situación incentivó la célebre tendencia de los alemanes a conservar sus tradiciones y su lengua aún a pesar de las políticas de integracionismo forzoso llevadas a cabo por regímenes populistas como el de Getulio Vargas o las dictaduras militares.
Hacia 1840 y 50, con la abolición de la esclavitud y la expansión de los cultivos de café, la política colonial del Estado brasileño cambió de rumbo. Se orientó a la consecución de abundante mano de obra libre, pero también a un tipo de inmigración económicamente cualificada, capaz de invertir y solventarse el viaje y la adquisición de las tierras. Las compañías de colonización privadas o manejadas por los distintos Estados brasileños icentivaron la inmigración europea masiva. La gran cantidad de excesos ocurridos en el proceso de realización de este tráfico llevó a que el gobierno alemán prohibiera la emigración hacia Brasil en 1859. Hacia 1876 el régimen de Pedro II invitó a los alemanes rusos o alemanes del Volga a asentarse en Brasil. Estos se hallaban en proceso emigratorio hacia América desde 1872 debido a la pérdida de sus privilegios en 1864. Contingentes de alemanes del Volga de confesión católica se dirigieron masivamente a Brasil, Argentina y Uruguay, principalmente.
Con la instauración del Estado Novo de Getulio Vargas (1937-45) se implantó un modelo de integración forzosa de las colectividades en la cultura nacional brasileña. El idioma y los dialectos alemanes vernáculos (así como cualquier otro idioma que no fuera el portugués) fueron prohibidos. Las comunidades alemanas sufrieron particularmente la brutalidad de la persecución de las autoridades del gobierno brasileño. Esta política fué continuada durante la dictadura militar brasileña de 1964 a 1985.
Desde 2005 al menos el movimiento de reivindicación de la cultura germanodescendiente en Brasil ha ido en franco incremento, dando origen a escuelas alemanas y a una reactivación de fiestas tradicionales (Oktoberfest de Blumenau). A pesar de que el gobierno de Brasil se alinea en la política latinoamericana del "crisol de razas", favoreciendo la desintegración progresiva de las colectividades, los alemanes-brasileños siguen siendo los más reacios a olvidar sus tradiciones.
Muchas personalidades de la cultura y la política brasileños han sido descendientes de alemanes. Además las chicas descendientes de alemanes aportan un gran número de modelos y reinas de concursos de belleza  a la nacionalidad brasileña.

martes, 8 de marzo de 2011

ETNIAS DE URUGUAY: AFRODESCENDIENTES DEL URUGUAY






El negro étnico en realidad está compuesto de varias etnias de orígen africano. El fenómeno de la identidad afro es en realidad un producto o consecuencia de los movimientos anticoloniales del siglo XX, si bien tiene sus raíces en el movimiento anti-esclavista del siglo XIX. Antes de eso simplemente los individuos originarios de África y trasplantados por la fuerza a América sobre todo se identificaban con sus naciones de procedencia. Su nueva identidad se elaboró como reacción frente a una realidad que los relegaba como casta degradada o ciudadano de segunda categoría en sociedades dominadas por una mayoría cultural "blanca".
 En el Uruguay la raíz del elemento negro o afro hay que buscarlo, claro está, en la población importada como mano de obra esclava por los colonizadores españoles. Si bien cuando se funda Montevideo en 1726 no había negros en el núcleo original de 131 pobladores, no hay que olvidar la importancia que la Colonia do Sacramento había adquirido desde su fundación en 1680 por los portugueses como centro negrero. No obstante se cita el año 1743 como inicio de la introducción regular de esclavos vía Montevideo. La mayoría de ellos eran "ladinos" (es decir, negros bautizados y aculturados) traídos del Brasil por comerciantes portugueses.
 La población negra esclava en el Uruguay fué reducida en comparación a la de Brasil o Argentina. Y eso a pesar de que el Edicto Real del 28 de febrero de 1791 declaró a Montevideo único puerto de entrada de negros destinados al Río de la Plata y el Perú. Como sea a los negros se los destinaba sobre todo a actividades domésticas en las casas de los "patricios" o como aguateros (también la construcción o eran empleados en pequeñas industrias como la pastelería). La razón era que la principal actividad económica regional, la ganadería, exigía escasa mano de obra. Por esa causa los datos estadísticos que se poseen, citados por autores como Martínez Montero, Pereda Valdes y Rosenblatt, cifran hasta 1803 en un 19% para Montevideo y 26 % en toda la Banda Oriental la presencia de negros y libertos entre el total de la población. Algunos enfoques modernos han cambiado un tanto la imágen que hemos expuesto sobre el destino "doméstico" de los negros esclavos rioplatenses, y revalorizan su importancia como mano de obra fundamental en los establecimientos rurales patricios.
 La casta de los libertos se nutría no sólo de esclavos liberados sino también de mulatos (hijos de esclavas con sus patrones "blancos"), fenómeno nada infrecuente en el Río de la Plata y que introduce el fenotipo afro en una proporción importante dentro de la población "blanca" local.
 No obstante la población negra en Uruguay sigue una curva dramáticamente descendente. Para 1853, cuando se produce el fin del proceso abolicionista iniciado en 1813, la población negra y mulata sólo llega al 19 % del total. La mortandad debido a la utilización de los negros como reclutas militares en las guerras de la independencia y civiles, la absorción dentro de estructuras "blancas" (asimilación cultural y biológica) y el incremento de la inmigración europea explican este fenómeno. Rosenblatt estima que para 1954 la población total de mulatos y negros desciende al 2.3% del total (0.32 % son negros étnicos).  El trasvase de población negra a lo cinturones de ciudad contribuye a su asimilación dentro de contextos sociales marginales e híbridos: barrio Reus del Sur, en la calle Caracas (Barrio Buceo de Montevideo), Durazno, Melo, Artigas y Rivera. Estas concentraciones obedecen a la zona de procedencia de los contingentes negros uruguayos: tropas rurales en Montevideo y Durazno, y población afro-brasileña afincada en la frontera.
De hecho la población afrodescendiente en Artigas, Rivera, Montevideo y Rocha oscila entre el 15 y el 25%, siendo menor a este promedio en el resto del país. Proporcionalmente es más alto el promedio de afrodescendientes al norte del río Negro que al sur del mismo.
 Respecto al orígen étnico-racial de la población negra uruguaya realmente los investigadores no se ponen de acuerdo. Al parecer la mayoría proceden de Angola y Mozambique y una minoría de la región guineano-sudanesa. Según estos datos la mayoría sería de filiación bantú, pero al parecer el componente étnico Koisan (hotentote-bosquimano) es muy importante. En cambio el tipo sudanés, estilizado y muy apreciado por los esclavistas, sería más bien escaso. Pereda Valdes, basado en documentos oficiales de 1834, ha señalado la presencia de numerosas "salas" (centros de reunión) pertenecientes a las "naciones" congo (con "salas" para las seis provincias de Gunga, Guanda Angola, Muyolo, Basundi y Boima), angola (Benguela, Lubolo, Ambunda) y guineano-sudanesa (Min-nago o yoruba, Mina-carabori y Mina-mahyis).
 Respecto a la cultura afrouruguaya existen múltiples discusiones. Al parecer su elaboración es un producto más bien autóctono donde las pretendidas raíces culturales africanas exclusivas deben ser relativizadas. La aculturación de los negros desarraigados en esta parte del continente tuvo como efecto un subproducto marginal que sólo vagamente recordaba sus raíces. De hecho el "candombe" entró en decadencia y hasta se dejó de practicar en 1890. Luego sería revivido como emblema de la cultura nacional afro-uruguaya.
  Desde el momento mismo de la independencia y apelando a las comunidades mayoritarias antes mencionadas los afrodescendientes uruguayos desarrollaron una particular cultura. La consciencia de pertenecer a un grupo con características culturales propias lo convierte en uno de los tipos étnicos más compactos del continente americano. Según el Instituto Nacional de Estadística la comunidad afro-u costituye el 5,6 % del total de la población. No obstante se estima que entre un 9 y un 12 % del total sería afro-descendiente.
Estudios recientes basados en los datos de la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada 2006 realizados por el Instituto Nacional de Estadísticas (a cargo de su directora Alicia Melgart) con apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un 9,1% de la población se reconoce como afrodescendiente y un 2,9% como indígena. Los estudios sobre la ascendencia africana han logrado establecer en un 6% el promedio nacional de la misma, con valores bastante homogéneos por regiones: 15% en Tacuarembó, 10% en Cerro Largo y 7% en Montevideo. La mayoría es de ascendencia africana por línea materna, ya que la presencia de patrilinajes africanos es de 1% a nivel nacional. En este caso Montevideo presenta un alto porcentaje: entre 4 y 10%. En Tacuarembó se estableció un promedio de 8% de patrilinajes africanos.
La comunidad afro-u ascendería a unas 350.000 personas. Cifras del año 2010 señalan que la colectividad negra en Uruguay dista mucho de estar integrada equitativamente o en condiciones de igualdad con el sector predominante autodefinido como "blanco".
La conciencia étnica de los colectivos afodescendientes uruguayos ha dado origen a varias entidades que militan en pro de la salvaguardia de la cultura negra local: Asamblea Afrodescendiente, UAFRO, Asociación Afro-Iberoamericana, Grupo de Varones Afrodescendientes, UBUNTU, Asociación Mundo Afro, Agrupación Salvador Beterbide, Grupo de Mujeres Afrodescendientes, Atabaque, Centro Umbandista Reino da Mata.

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CRÉDITOS DE IMÁGENES Y FUENTES:




http://www5.ine.gub.uy/censos2011/resultadosfinales/mapastematicos/index.html


(Fuente: ENHA 2006)






lunes, 7 de marzo de 2011

¿RAZAS HUMANAS O RACISMO?

 ¿Es posible separar los conceptos de "razas humanas" y "racismo"?. A muchos antropólogos les hace ruido manejar el concepto de "raza" para aplicarlo a la especie a la que pertenecen y prefieren utilizar eufemismos como "etnia" o "población". Claro está que los antecedentes parecen estar a su favor: las nocivas tesis racistas de muchos autores (y no pocos clásicos) han obligado a ponerse en guardia a quienes abordan tal temática. Nos queda claro que la ciencia ha sido manipulada no pocas veces para servir a determinados intereses. La antropología, la historia y el resto de las ciencias sociales han sido víctimas demasiado dóciles de tal manipulación (de la que no se han escapado las otras ciencias "exactas" o "fácticas") y todo parece indicar que continúan siendo especialmente sensibles a tal manipulación. En el pasado inmediato las tesis sobre las diferencias entre las razas encontraban eco en un statu quo donde el concepto de "supremacía blanca" cuadraba perfectamente con el de "supremacía europea" o "supremacía anglosajona". Precisamente el consumo se orientaba a élites (no a masas) burguesas o aristocrático-burguesas.
  La cosa comenzó a cambiar cuando el consumo comienza a masificarse y la integración "efectiva" (no sólo declarativa) de las masas populares otrora denigradas como "bastardas", se hace perentoria. El fenómeno es bien conocido en nuestra América Latina. Las élites criollas, biológicamente mestizas, se equiparan a la alta burguesía "blanca" europea internacional no bien logran imponer la independencia de las nuevas repúblicas. Inicialmente se habían encargado de aliarse a las masas mestizas, negras e indígenas como modo de lograr sus propósitos. Por ejemplo en México se esforzaron en  exaltar el pasado azteca y no dudaron en declararse descendientes o herederos de él. Tras traicionar tal filiación en un período inicial, vuelven a identificarse con el pasado "americano" como forma de consolidar un modelo de Estado-Nación. Con la extensión del consumo a clases sociales llamadas "medias" se hace necesario integrar al circuito a elementos no sólo mestizos, sino aborígenes y negros. Durante los períodos militares se optó por integrarlos forzosamente a un tipo de sociedad donde todos eran considerados "blancos" (o en vías de serlo). Al volver las democracias se dió un paso más: ni blancos, ni negros, ni mestizos... somos todos mexicanos (o argentinos, o brasileños...). El concepto mismo de raza pasó a ser molesto dentro de estos vastos proyectos nacionales, englobados dentro del mito del "crisol de razas".
  El desastroso proyecto genocida de Hitler, basado en la manipulación de tesis racistas-nacionalistas, actuó como un catalizador de todas aquellas posturas ideológicas que buscaban eliminar de raíz el concepto de "razas humanas". La idea de una sola gran raza humana y una sola especie humana, el gran concepto de Humanidad, noble en sí mismo, terminó por condenar al ostracismo a quienes se atrevían a estudiar las diferencias somáticas entre los seres humanos.