jueves, 28 de marzo de 2013

ETNIAS DE URUGUAY: ITALIANOS DE URUGUAY



Uruguay posee actualmente 111.356 ciudadanos italianos (2010), unos 7.000 de ellos nacidos en Italia y el resto nacido en territorio nacional, constituyéndose en el país (junto con Argentina) con mayor proporción de los mismos en comparación con su población total. Argentina posee la colectividad residente italiana fuera de Italia más grande del mundo en cifras brutas (500.000 personas).
Según los datos oficiales la población ítalo-uruguaya asciende a 1:500.000 personas (el 43% del total de la población nacional), la mayoría concentrada en Montevideo (1:095.000). El 27% de los ítalo-uruguayos reside en el interior (unos 405.000), sobre todo en Paysandú donde el 65% de la población (80.000 habitantes en total) es de ascendencia italiana (unos 52.000).

Estos datos bastan para entender la dimensión cultural y étnica que adquiere la comunidad de origen italiano en la conformación de la población uruguaya. De hecho, junto con la aportación étnico-cultural de origen español, constituye la columna vertebral de la civilización uruguaya e impacta profundamente en la identidad nacional. En todo el país existen 60 asociaciones italianas, con concentraciones en Montevideo y Paysandú (aquí existen 8 instituciones). Las llamadas asociaciones de mutuo socorro impactaron directamente en la conformación del sistema médico uruguayo, así como en el de casi toda Latinoamérica. Los patronatos de trabajadores italianos fueron la matriz de los sindicatos locales. Las asociaciones culturales buscan mantener viva la tradición cultural de Italia y sus diversas regiones, impulsadas por el propio Estado italiano y los gobiernos regionales del mismo.
La inmigración italiana al territorio de lo que sería el Estado Oriental del Uruguay tiene antecedentes en el siglo XVI, durante la época colonial. Estaba compuesta principalmente de genoveses, piamonteses, venecianos, napolitanos y sicilianos. Al momento de la independencia del Estado uruguayo, después de 1830, arriban nuevos contingentes de italianos procedentes de Lombardía y del sur de la Península. Entre 1830 y 1850 ingresaron 20.000 italianos al Uruguay. Muchos de ellos formaron la Legión Italiana al mando de Giussepe Garibaldi que partició del lado del gobierno montevideano de la Defensa en la Guerra Grande (1839-1852). Posteriormente la corriente ideológica llamada "corriente garibaldina" desempeñaría un importante rol en la política nacional uruguaya. Después de finalizada la Guerra Grande entraron al país 25.000 italianos procedentes de Cerdeña y Lombardía. La corriente se intensificó en las décadas de 1860 y 1870 con inmigrantes procedentes de Livorno, Nápoles, Calabria y otras regiones (también los ítalo-argentinos). A fines del siglo XIX y principios del XX la propaganda estimuló una masiva llegada de italianos: 110.000. Pero desde entonces comenzó a decrecer. 15.000 arribaron después de finalizada la Primera Guerra Mundial como parte de una corriente de inmigración calificada fomentada por el Estado nacional. Durante los gobiernos de los ítalo-uruguayos Gabriel Terra (1931-38) y Alfredo Baldomir Ferrari (1938-43) la comunidad italiana tuvo especial importancia en el Estado uruguayo. El alineamiento con la Italia fascista y sus aliados europeos, llegó a efectivizarse en cooperación económico-logística y en la implementación de la obligatoriedad de la enseñanza del idioma italiano en Educación Secundaria en 1942. Básicamente un total de 350.000 italianos emigraron al Uruguay entre 1830 y 1960.
La emigración según zonas italianas de procedencia arroja los siguientes guarismos: norte italiano (49%), regiones centrales (17%) y sur italiano e Italia insular (34%). Por regiones específicas: Campania (5.231), Lombardía (5.029), Piamonte (4.250), Lazio (3.353), Liguria (3.018). En un estudio hecho en 1992 por Ricardo Goldaracena (“Con nombre y apellido - Una historia de cómo se llama la gente”, Editorial Arca, Montevideo, 2000), un 43% de los uruguayos tendría un primer apellido de origen español y un 38% uno de origen italiano.
Al menos hasta la década de 1850 la comunidad italiana tendía a ser endogámica o a buscar formar matrimonios con otro europeo. De este modo se estableció una fuerte consciencia identitaria que, sin embargo, tiende a diluirse posteriormente. En la actualidad la comunidad italiana admite un porcentaje de mestizos-mulatos, coincidiendo con la consolidación de una identidad nacional fomentada a partir del aumento de la autoridad estatal desde fines del siglo XIX e inicios del XX, junto con la implementación de un sistema educativo centralizado y uniformizador.

Personalidades ítalo-uruguayas (por orden de aparición en las fotos):
Camila García Vezzoso, Miss Universo Uruguay 2012 (Ayala-photo; mybeautyqueens.com; www.terra.com: Foto: Facebook Camila Vezzoso);
Noelia Teperino, Regina Italia 2010 y Miss ExpoPrado 2010 (sistemaitalia.elpais.com.uy;
http://www.reginanelmondo.blogspot.com/ [flagallery gid=50 name="Gallery"]);
Edinson Cavani, futbolista (www.deportesvarios.com);
Danilo Astori, economista y político, vicepresidente actual (2121enlavalleja.blogspot.com);
Julio María Sanguinetti, abogado y político, presidente en los períodos 1985-90 y 1995-2000 (diario.latercera.com);
Juan Carlos Onetti, escritor (www.rtve.es);
Mario Benedetti, escritor y poeta (www.cervantesmilehighcity.com)
Delmira Agustini, poeta (www.findagrave.com; robert@findagrave.com);
Emiliano Brancciari, músico argentino-uruguayo (www.subrayado.com.uy).

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domingo, 10 de marzo de 2013

LA CUARTA LIBERACIÓN LATINOAMERICANA




En el siglo XVIII las medidas reformistas ilustradas (Reformas Borbónicas y Reformas Pombalinas) aplicadas por las monarquías de España y Portugal en sus colonias, buscando hacerlas eficientes y rentables en su calidad de tales, produjo un tsunami auténtico en la adormecida América. Una vez conjuradas las primeras reacciones indígenas ante la ocupación y colonización europeas, una suerte de letargo de casi dos siglos cayó sobre aquellas vastedades. Una especie de resignación, o aceptación de que no era posible enfrentarse a aquella calamidad de enormes proporciones que se había abatido sobre el mundo americano aborigen. En aquel letargo prosperó una nueva estructura social y económica, dominada por una élite criolla mestiza aunque sentimentalmente española o portuguesa...hasta que las reformas motorizadas desde las Metrópolis europeas vinieron a herir ese sentimiento. Cuando los criollos sintieron amenazados sus privilegios ante los peninsulares que venían a hacerse cargo de las más altas magistraturas coloniales, los cabildos se agitaron. Los patricios terratenientes y las oligarquías mercantiles urbanas se sintieron por vez primera más cercanos a los descontentos de otras clases sociales americanas.
Las rebeliones del siglo XVIII involucraron a indígenas, negros y castas, además de sectores criollos desconformes. Y sacaron a relucir el profundo odio anti-europeo incubado por siglos de sometimiento en aquellos sectores que no se sentían "blancos" ni querían serlo. Los criollos temieron haber despertado un monstruo que podría devorarlos a ellos mismos y, rápidamente, reaccionaron. Aliados a los peninsulares y apoyados en masas mestizas adictas que conformaban los ejércitos coloniales, ayudaron a reprimir las revueltas, xenófobas en algunos casos, casi mesiánicas en otros, de indios, negros y castas.
Dueños absolutos de la situación, los criollos de los territorios hispánico y portugués americanos, aguardaron el momento favorable para hacerse cargo de los gobiernos regionales. Esa situación se presentó en el siglo XIX. Los vientos de cambio se iniciaron a fines del siglo XVIII en Norteamérica y en Francia, al triunfar revoluciones antimonárquicas que instauraron repúblicas. Al invadir Napoleón la península ibérica, el movimiento juntista se expandió por América. Nuevamente los cabildos criollos se hacían cargo del autogobierno, apoyados por el régimen juntista provisional anti-napoleónico en la Metrópoli. Y ahora algunos grupos criollos (especialmente los sectores mercantiles urbanos) estaban dispuestos a romper los lazos coloniales. El apoyo internacional crecía, motivado por el ascenso de la potencia liberal burguesa británica, favorable a que no se retornara a un statu quo absolutista. Ni Londres, ni el naciente Washington, estaban dispuestos a apoyar intervenciones militares europeas en América. Y estaban dispuestos a conspirar para que tal cosa no suceda.
Las revoluciones independentistas hispanoamericanas y la del Brasil portugués mostraron ua divergencia dentro de las élites criollas. Por un lado estaban los grupos oligárquicos urbanos, con intereses económicos ligados con el extranjero, que preferían líneas políticas liberales o monárquicas; por el otro lado estaban los "caudillos" de extracción militar, los que debieron combatir en el frente y acaudillar las tropas compuestas de personas de todas las clases sociales, comprometidos con ideales republicanos y federalistas. La brecha se profundizó hasta el extremo de generar guerras civiles como la que enfrentó a la Liga Federal artiguista con el Buenos Aires unitario en el Río de la Plata. Pero estaba claro que ganarían aquellos procesos infiltrados por la poderosa maquinaria diplomática británica, que condujo a las nuevas repúblicas y monarquías latinoamericanas a integrarse en un modelo internacional de relaciones económico-políticas hegemonizado desde Londres. En ese modelo Latinoamerica cumplía el papel de proveedor de materias primas vinculadas al sector agropecuario al Mercado internacional. Supeditada a intereses foráneos las élites gubernamentales latinoamericanas se sometieron a un nuevo vasallaje bajo el predominio de Londres y sus "socios". Las naciones fueron casi brutalmente "modernizadas" y se abrieron las puertas a la masiva emigración europea, mientras los elementos nativos eran rápidamente desplazados o pauperizados. Los que no se avenían a esta realidad eran aislados e intervenidos. Únicamente hubo un proceso político que escapó con relativo éxito a esta coyuntura: la Revolución Mexicana (1910-1924).
La crisis del 29 se constituye en el detonante de la irrupción de nuevos modelos económico-político-sociales-culturales tanto en Europa como en Latinoamérica llamados fascismos y populismos. Un grupo progresista dentro de la clase media, asociado a la industria, impulsó reformas estructurales tendientes a quebrar el modelo de dependencia económica que ataba a las naciones latinoamericanas a las naciones centrales. De todos modos este proceso tiene antecedentes previos a la crisis del 29. En Uruguay ya se encuentra delineado en el llamado Primer Batllismo ( 1903-1929), en Argentina en el Yrigoyenismo radical (1916-1930) y en México en la Revolución Mexicana (1910-1924). La irrupción plena del populismo latinoamericano como fenómeno característico, constituyéndose en una respuesta directa al statu quo hegemónico planteado por las potencias económicas centrales, se da a partir del surgimiento de ciertos actores que se constituyen en líderes de movimientos sociales: Lázaro Cárdenas en México (1934-1940), Getulio Vargas en Brasil (1930-1954), Juan Perón en Argentina (1946-1955/1973-74). Ninguno de estos procesos se sustrajo al avance arrollador del intervencionismo norteamericano que, desde el '50 venía entrometiéndose en los asuntos internos de los Estados latinoamericanos. Los populismos y los procesos políticos izquierdistas fueron por regla general cercenados a través del método del golpe de Estado. En la década del 70 casi toda Latinoamerica estaba regida por gobiernos militares o militarizados bajo la consigna de la Doctrina de Seguridad Nacional. El único caso que escapaba a esta coyuntura era el de la Revolución Cubana, iniciada por Fidel Castro en 1959.
Los regímenes militares y los subsiguientes procesos democráticos de la década del '80 se mantuvieron bajo la órbita de las potencias hegemónicas y de los mandatos de las corporaciones financieras internacionales. En la década del '90 el neoliberalismo económico y las recetas del Fondo Monetario Internacional llevaron a Latinoamérica a una era de desequilibrios sociales y corrupción política sin precedentes. La ola de privatizaciones contribuyó al debilitamiento y quasi desmantelamiento de los ya de por sí enclenques estados latinoamericanos. La fiebre especulativa llevó finalmente al gran crack económico de 2001, que contaba con precedentes en 1989, 1994 y 1999. La llamada "crisis de la deuda" llevó al colapso a varios Estados. Y a un cambio de rumbo político fundamental.
Desde 1998 se produjo un masivo triunfo electoral de movimientos políticos integrantes del izquierdista-progresista Foro de Sao Paulo, fundado en 1990 por el PT brasileño.
En 1992 fracasó un intento de golpe de Estado en Venezuela, en respuesta a la aguda crisis económica que había llevado al "Caracazo" de 1989. Su autor era Hugo Chávez. En 1998 ganó las elecciones presidenciales. Estuvo en el poder hasta su fallecimiento el pasado 5 de marzo de 2013. Asumió el poder como presidente encargado su vice Nicolás Maduro.
El 1 de enero de 2003 llega al poder en Brasil el líder del Partido de los Trabajadores, Luis Inácio Lula da Silva. En 2010 es sucedido por la también integrante del PT, Dilma Rousseff.
El 25 de mayo de 2003 llegaba a la presidencia argentina el peronista Néstor Kirchner, con el apoyo de un dividido arco político al que solo lo unía el espanto por un nuevo triunfo de Carlos Menem. En 2007 fué sucedido en los comicios por su esposa Cristina Fernandez. Néstor Kirchner falleció el 27 de octubre de 2010.
El 1 de marzo de 2005 asume el cargo de presidente de la República Oriental del Uruguay el carismático líder de la coalición de izquierdas y progresistas Frente Amplio, Tabaré Vázquez. En 2010 es sucedido por otro frenteamplista, el también carismático José Mujica.
En 2006 llega a la presidencia de Ecuador el líder de la izquierdista Alianza PAIS, Rafael Correa. En 2013 obtiene su tercer mandato presidencial.
En 2006 asume la presidencia de Bolivia el líder del MAS (Movimiento al Socialismo), Evo Morales. En 2010 obtiene la reelección.
Entre el 15 de agosto de 2008 y el 22 de junio de 2012 Fernando Lugo, líder del Partido Demócrata Cristiano, integrante de una heterogénea Alianza Patriótica para el Cambio, gobierna en Paraguay hasta su destitución por un juicio político sumario. Lo sucedió su vicepresidente, Federico Franco, líder del centrista Partido Liberal Radical Auténtico. La destitución de Lugo motivó la suspensión de Paraguay como miembro del Mercosur.
El caso chileno merece un párrafo aparte. Desde 1990 hasta 2010 gobernó el país una coalición de partidos de izquierda, centroizquierda y centro llamada Concertación de Partidos por la Democracia. Al momento de producirse los virajes hacia la izquierda del resto de Latinoamerica, Chile contaba con una larga tradicion de gobiernos de ese tenor ideológico. En 2010 el candidato de la derecha Sebastián Piñera, obtiene el triunfo presidencial.
En 2011 asume la presidencia en Perú el líder del Partido Nacionalista Peruano y de la socialista-nacionalista Alianza Gana Perú, Ollanta Humala.
De este modo únicamente Chile, con Sebastián Piñera, y Colombia con Juan Manuel Santos se mantienen como regímenes de ideología "derechista" en una Sudamérica hegemonizada por una auténtica oleada política de signo contrario.
En Centroamérica tenemos a Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, electo presidente de Nicaragua en 2007. Fue reelecto en 2011.
En Cuba es electo presidente en 2008 por la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro.
En El Salvador gobierna desde 2009 Mauricio Funes del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
En Haití asumió en 2011 Michel Martelly, del partido Respuesta Campesina. Su posición ideológica es ambigua, si bien ha mostrado señales de acercamiento con Ecuador y Venezuela.
En el área de influencia directa de Estados Unidos predomina la derecha. El 1 de diciembre de 2012 el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, obtiene el triunfo electoral. La política mexicana mantiene el sesgo ideológico de centroderecha, pese a la ambigüedad política del PRI.
En Guatemala ganó las elecciones en 2011 el líder del conservador derechista Partido Patriota, Otto Pérez Molina poniendo fin al tímido intento socialdemócrata de Álvaro Colom, líder de Unidad Nacional por la Esperanza (2007-2011).
En Honduras el presidente electo en 2009 fue Porfirio Lobo, candidato del Partido Nacional. Las elecciones se convocaron tras la destitución por golpe de Estado el 28 de junio de líder del Partido Liberal Manuel Zelaya ante una orden de la Suprema Corte de Justicia, y su sustitución por Roberto Micheletti.
En Costa Rica la presidenta Laura Chinchilla Miranda electa en 2010, pese a pertenecer al ambiguo Partido Liberación Nacional, realiza una política de clara orientación conservadora.
En Panamá triunfó en 2009 el candidato del centroderechista partido Cambio Democrático, Ricardo Martinelli.
En República Dominicana Danilo Medina, candidado del centrista social-liberal Partido de la Liberación Dominicana, asumió en 2012.
Este panorama revela un cambio trascendental en América Latina. Tengamos en cuenta que los procesos políticos renovadores surgen en respuesta a la crisis política terminal del sistema neoliberal llevado a cabo por estructuras políticas tradicionales que ejercían el poder casi en exclusividad desde la fundación de las naciones latinoamericanas. Los nuevos procesos políticos viene a romper o conmocionar ese secular estado de cosas. También tengamos en cuenta que, en el plano internacional, asistimos a un rebrote del intervencionismo militar norteamericano en respuesta a los atentados terroristas a las Torres Gemelas y el Pentágono (11 de setiembre de 2001). En ese marco el régimen conservador republicano de George W. Bush relanza la iniciativa del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), que recibe un enérgico rechazo en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005 (donde además se autorizó oficialmente una "Contra-Cumbre" paralela).
Por otro lado se dió impulso al ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), fundada en 2004 como un tratado bilateral venezolano-cubano. En 2006 se integró Bolivia, en 2007 Nicaragua y en 2008 Honduras. Este país se retiró en 2010 después de que fuera suspendido tras el golpe de Estado que derribó al presidente Zelaya. Dominica se integra en 2008 y los estados de San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda lo hacen en 2009. Ese año también ingresa Ecuador. En 2012 los estados de Santa Lucía y Surinam adquieren el estatus de invitados especiales, y Haití es integrado como observador. Otros tres países tienen esta misma categoría: Irán, Siria y Canadá.
Otra iniciativa impulsada por Hugo Chávez, junto al ALBA, es la alianza PETROCARIBE, un acuerdo de comercio petrolero fundada en 2004 y lanzada al año siguiente. La formaron: Venezuela, Cuba, República Dominicana,  Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Honduras, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y las Granadinas. Honduras fué suspendida en 2009 debido al golpe de Estado contra Zelaya. En 2012 El Salvador solicita su ingreso a la Alianza.

La revitalización del MERCOSUR, fundado en 1991 por un tratado entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, se dió con la asociación otorgada a Chile, Colombia, Perú y Ecuador; y con la incorporación de Venezuela como miembro pleno en 2012. Ese año Bolivia firmó su adhesión para convertirse en futuro miembro pleno.
También se revitaliza la Comunidad Andina, fundada en 1969 con un tratado entre Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. En 2006 se retiró Venezuela en protesta por los TLC que Colombia y Perú firmarían con Estados Unidos. En 2005 se asocian a la CAN los estados de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, mientras que en 2006 lo hace Chile.
En 2008 se estructura y organiza la UNASUR, fundada en una declaración de 2004. Jurídicamente entró en vigor el 11 de marzo de 2011. Integran este organismo doce Estados sudamericanos. Paraguay, último en ingresar, fué suspendido en 2012 debido a lo que todos los miembros de UNASUR consideran un golpe de estado institucional o golpe parlamentario que destituyó al presidente Fernando Lugo.
El 23 de febrero de 2010 se crea la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), con 33 países integrantes del Grupo de Río y la CALC. Se lo considera un avance conjunto con los esfuerzos de la ALADI (asociación Latinoamericana de Integración) fundada en 1980, y que cuenta con 14 miembros (Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Nicaragua, México y Cuba). También coordina con el SELA (Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe), fundado en 1975 y que está compuesto por 28 Estados miembros.
El bloque llamado Alianza del Pacífico, formalizado el 6 de junio de 2012, está constituído por Mexico, Colombia, Perú y Chile. Los países observadores son: Panamá, Uruguay, Costa Rica, Canadá, Guatemala, Paraguay, Japón, España, Australia y Nueva Zelanda. Muchos lo consideran una opción "moderada" o "neo-conservadora" a las otras iniciativas de ideología izquierdista-progresista latinoamericanas.
México integra el TLCAN (NAFTA), fundado en 1994, con Estados Unidos y Canadá. También existe el TLCRD-CA (DR-CAFTA), que entró en vigor en 2006, que liga a Estados Unidos con República Dominicana, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Estados Unidos ha firmado Tratados de Libre Comercio con Chile (2003), Perú (2009) y Colombia (2012).
Respecto a la CARICOM (Carribbean Community), fundada en 1973, se ha convertido en un escenario de disputa comercial entre Estados Unidos y Venezuela. De todos modos sigue siendo un espacio donde la influencia hegemónica estadounidense-británica es fundamental. Componen el CARICOM 15 miembros de pleno derecho: Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago y Las Bahamas (pertenecen a la Comunidad pero no al mercado común creado en su seno). Las Islas Vírgenes británicas, las Islas Turcas y Caicos, islas Caimán, Bermudas y Anguila son miembros asociados. Aruba, Colombia, Curazao, México, Puerto Rico, República Dominicana, Sint Maarten y Venezuela son países observadores.
Las proyecciones internacionales de los países latinoamericanos se complementan con la integración de México, Perú y Chile en la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico), la integración de Chile y México en la OCDE y la integración de Argentina, Brasil y México en el Grupo de los 20.
Este panorama un tanto complejo de alianzas internacionales y de cambios en los gobiernos de Latinoamérica nos pintan un reordenamiento en lo geo-político y en lo geo-económico. Básicamente los regímenes neoliberales fieles a Estados Unidos y a los organismos internacionales de crédito, atados a las grandes corporaciones internacionales, fueron barridos y sustituidos por otros sistemas de gobierno de tendencia "izquierdista-progresista". En este reordenamiento Venezuela y Brasil parecen representar dos modelos algo distintos aunque claramente cooperativos. Venezuela constituye una línea "radical", en la que se encolumnan Cuba, Ecuador, Bolivia y Argentina. En cambio Brasil encarna una línea "moderada", que tiene sus seguidores en Uruguay y Perú.
Colombia, Chile y México puntean un bloque de tendencia "neo-conservadora", si bien claramente cooperador con la mayoría de países latinoamericanos. Mantiene sus relaciones con Estados Unidos, aunque no en el tono de "relaciones carnales" existente en los '90 durante la era neoliberal.
Se ha tendido a llamar "neo-populismo" al fenómeno político que domina en América Latina, comparándolo con el "populismo" de las décadas del '30, '40 y '50. Según estos análisis, ambos fenómenos responden a la misma lógica: se constituyen en respuestas a determinadas situaciones críticas y prosperan debido a subsiguientes recuperaciones de la situación internacional en lo que respecta al precio de las materias primas. La respuesta sería similar en los dos casos: se estructuran movimientos políticos de discurso izquierdista, centrados en la figura de un líder excluyente y carismático, que, en realidad, realiza una reestructuración del entramado capitalista burgués nacional. Basados en una retórica nacionalista, a veces militarista, aplican modelos económicos proteccionistas o estatistas. No constituyen una auténtica ruptura con el pasado, aunque se presenten a sí mismos como agentes de cambio revolucionario. Sus modelos terminan siendo una suerte de capitalismos nacionales o capitalismos de amigos, ejercen el poder de manera personal, corporativa y muy jerarquizada. Se dedican a controlar el sindicalismo. Realizan una activa propaganda, atacando a la prensa opositora. No profundizan en los cambios sociales, manteniendo a las masas populares en las que fundamentan su poder en un estado de dependencia que no se condice con los discursos de "gobierno del pueblo". Normalmente no realizan reformas agrarias y no suelen trascender el ámbito urbano, dejando en el virtual olvido o descuido a los sectores campesinos e indígenas (el único "populismo" que amplió su base abarcando efectivamente a campesinos e indígenas es el caso mexicano). Por esa razón estos regímenes terminan contando con oposición crítica tanto de los sectores conservadores de derecha como de los sectores de izquierda.
Quizá a estas explicaciones no les falte razón, pero sí les falta perspectiva. En la dialéctica político-social latinoamericana se produce una oscilación entre dos sectores de la élite desde un mismo comienzo. El resto de los sectores sociales simplemente ha jugado un papel de subordinación. Más allá de si hay grupos elitistas que se sienten identificados o no con aquellos grupos no europeos que constituyen la sociedad latinoamericana, las élites siempre son eurocéntricas. Una vez que se aplastaron las rebeliones indígenas, las élites latinoamericanas siempre tuvieron la iniciativa en los procesos "nacionales" y "nacionalistas" posteriores. Desde que, al producirse las rebeliones anti-reformistas en el siglo XVIII, terminaron ayudando a reprimir las revueltas de indios, esclavos negros y castas mestizas, los criollos asumieron la dirección total de los procesos políticos. Sólo entendiendo esta realidad es posible explicar la naturaleza de los fenómenos políticos latinoamericanos.
El criollo es el hijo bastardo del europeo conquistador. Quizá no tuvo verguenza alguna de su condición al principio, dado que la propia Corona española Habsburgo veía con buenos ojos la mezcla de las razas. Pero cuando la dinastía de los Borbones instauró un auténtico apartheid racial, los "españoles americanos" buscaron escapar a su origen. Se blanquearon a la fuerza recurriendo a toda clase de métodos, pero aun así no fueron aceptados. Se vieron obligados a recurrir a aquellas bases sociales de las que buscaban apartarse. Y muchos realmente se sintieron identificados con esas bases. Medio negros, medio indígenas, medio blancos, mestizos al fin, se pusieron al frente de las hordas que querían expulsar a los "godos" de aquellas tierras. Fueron los "caudillos", eternamente enfrentados a las oligarquías urbanas que no se sentían "mestizos" y que despreciaban a las castas inferiores y a los indios y a los negros. Los necesitaban pero no se identificaban con ellos. Por el contrario sus ojos siempre estaban vueltos a la vieja Europa.
Cuando los caudillos al frente de las hordas de gauchos, negros, indios, llaneros, mestizos de todo tipo, lograron las independencias, las oligarquías urbanas y la de los grandes terratenientes les dieron la espalda y se deshicieron de ellos. Nuevamente, viendo la oportunidad de ponerse a la par de los europeos y borrar su estigma de "bastardos", llevaron la "civilización" a aquellas tierras "bárbaras". Y abrieron las puertas a la sangre europea con la que buscaban mezclarse para borrar todo trazo de sangre negra o indígena que corriera por sus venas. Otros aceptaron su herencia "americana", los aportes de negros e indígenas a la conformación de su especial "raza" americana. Se declararon herederos de aztecas, incas, charrúas, guaraníes, etc. Pero a la vez se sintieron superiores a ellos y a los europeos, imbuidos de un sentimiento de superioridad heredero de las doctrinas nacionalistas positivistas-románticas.
El romance con Europa, coletazo de los dorados 20 en Latinoamerica, se terminó con la crisis del 29. Una parte de la burguesía urbana, heredera de la unión entre oligarquías y burgueses inmigrantes, promovió la reivindicación de las masas proletarias en vez del exterminio de las mismas. Esa fue la base de la mayoría de los "populismos" nacionalistas que prosperaron en el período de postguerra y durante la Segunda Guerra Mundial hasta los años '50. Parecían estar dadas las condiciones para intentar la creación de un capitalismo nacional y la industrialización que permitiera cortar con la dependencia agroexportadora. Pero tal cosa no ocurrió. El proceso fué interrumpido y desmantelado con una brutalidad extrema.
Durante décadas los Estados latinoamericanos se dedicaron a una suerte de suicidio sistemático, alentado desde el extranjero pero favorecido por las élites locales. En algunos casos fue una reacción similar a la que llevó a los criollos a volverse contra negros, indios y castas en el siglo XVIII. Ahora le llamaron el "peligro rojo", el "enemigo interno". Proletarios, campesinos, indígenas y sectores intelectuales simpatizantes con la nueva ideología fueron perseguidos, aniquilados, deportados, invisibilizados, borrados. De ese modo una cultura nociva se impuso en toda Latinoamérica: la del odio y el miedo. Pero de ningún modo debemos engañarnos y creer que fue totalmente impuesta desde afuera por un Estados Unidos que necesitaba alinear a toda América en su Guerra Fría contra la URSS y sus aliados. También fue alimentado desde dentro, por los mismos sectores egoístas que no querían perder el monopolio del poder y que no estaban dispuestos a ceder un ápice ante los "bárbaros". El egoísmo fue alimentado no solo desde las oligarquías poderosas, sino que fue apoyado por parte de las llamadas clases medias, las mismas que, forjadas durante los procesos "populistas" anteriores, temían volver a recaer en su condición de pobres y proletarios. Se sentían amenazados ante las turbas de "negros" y de "indios", y reaccionaron.
Pero la nueva situación llegó a un extremo insostenible. Las crisis periódicas llevaron a los países al borde de un estallido social sin precedentes. Primero determinaron la caída estrepitosa de las dictaduras militares, y luego provocaron el fin de los gobiernos democráticos bajo el signo de la derecha neoliberal. De ese modo quedó allanado el camino para la irrupción de nuevas estructuras políticas que buscan recomponer los entramados sociales destruidos por el gran desastre de 2001. Yo le llamo el Cuarto Intento de Liberación Latinoamericana. Pero no es tanto un intento de liberación de algún yugo extranjero, sino que es un intento de liberación de las propias cadenas internas. Un intento por hacerse cargo de su propio destino y superar las propias contradicciones. Un esfuerzo de auto-superación, de auto-trascendencia. En el tironeo continuo entre fuerzas hegemónicas internacionales América Latina terminó resignando mucho de su propia identidad. La falta de compromiso de sus pueblos y la suerte de inseguridad y complejo de inferioridad rayando en la sensación de impotencia de sus clases dirigentes, la dejó a merced de directivas internacionales. Quizá Latinoamérica empiece a retomar el rumbo que perdió hacia los años '50, pero el camino no parece fácil. La herencia maldita de las dictaduras y de la era neoliberal vive en las instituciones que conforman la sociedad latinoamericana. Vive en el día a día de las personas, en su vocabulario. Vive en los directores de instituciones educativas no electos por nadie y ejerciendo una suerte de poder absoluto y discrecional, vive en los medios de prensa que difunden muertes y asesinatos a la hora del almuerzo, vive en líderes de opinión inescrupulosos, en empresarios temerosos de perder un centavo. El odio y el miedo son los huevos de la serpiente que se incuban en nuestras sociedades esperando el momento para surgir y volvernos a sumergir en otra era de esclavitud. Esclavitud que muchísimos latinoamericanos anhelan, porque no desean en modo alguno la responsabilidad de la libertad. Siempre es más fácil que otros se hagan responsables, mientras yo (el don nadie latinoamericano que generaciones de condicionamiento histórico me han enseñado a ser) simplemente obedezco.

viernes, 8 de marzo de 2013

LA HUMANIDAD PERDIDA (IV): GIGANTES DE AUSTRALIA





El Tiempo del Sueño (Altjeringa) de los indígenas australianos es un concepto tan complejo que ha atrapado en sus redes a más de un investigador. La existencia de un Tiempo paralelo eterno (una suerte de No-Tiempo en realidad) que pre-existe y, a la vez, se superpone al Tiempo común, resulta en una fascinante cosmovisión donde lo "real" y lo "imaginario" se superponen continuamente. Algunos investigadores creen que se trata de una mitología ubicada en un tiempo pasado ("Tiempo de la Creación") donde se han mantenido en forma de mitos los recuerdos de la llegada del hombre moderno a Australia. En realidad la mitología australiana ha demostrado ser lo suficientemente sofisticada como para ser reducida a una serie de mitos creacionistas únicamente. Si bien es cierto que esos mitos explican la creación del mundo natural y cuentan sucesos ocurridos en el pasado, también es cierto que para los australianos ese mundo poblado de extrañas entidades mágicas es real. Muchas de las criaturas que pueblan el Tiempo del Sueño son seres reales para los australianos, por más estrafalarias que parezcan.
Una de esas criaturas es el llamado Yowie, Whowie o Yahoo. Los australianos suelen describir a estas criaturas de varias maneras: como un hombre-mono o un hombre salvaje, o como una criatura espantosa, mezcla de lagarto y hormiga que podría compararse o asimilarse al Bunyip. El Bunyip es uno de esos seres que adoptan muchas formas en las pesadillescas historias que se cuentan sobre el, siempre acechando por la noche. De todos modos parece que se trata de seres diferentes, si bien en muchos casos llegan a cumplir la misma función: la de ser criaturas nocturnas que meten miedo a los niños.
El Yowie suele asociarse con frecuencia a las historias de gigantes y otros seres que, según las historias nativas, habitaban en Australia antes de la llegada de los seres humanos. Serían los verdaderos "nativos" del continente. Autores como Anon ("Las supersticiones de los aborígenes australianos: El Yahoo", en Australian and New Zealand Monthly Magazine, Vol. 1, n º 2, febrero de 1842), William Telfer (en R.Mills, ed. 1980, "Los Manuscritos Walladabah: Recuerdos de los primeros días", p.55), Robert Holden ("Bunyips;. Folklore de Australia del Miedo" P. 69. La Biblioteca Nacional de Australia, Canberra. 2001), Tony Healy y Pablo Cropper ("El Yowie: En busca de Bigfoot de Australia", p.6. Libros Anomalist. 2006), y Rex Gilroy ("Giants from the Dreamtime-The Yowie in Myth and Reality", Springwood Printing, 2001), entre otros, han recogido testimonios legendarios de los nativos australianos respecto a estas criaturas.
En las tribus de Australia Occidental se nombra a un ser peludo, mitad bestia, mitad humano, de una altura  superior a los 2 metros, habitante del Gran Desierto de Victoria. Le llaman Tjangara y se dice que ataca a los humanos para comerselos; habita en cuevas y utiliza enormes garrotes de piedra. En el Sur de Australia se cuenta de otras razas de gigantes: los Noocoonan, los Yurrawarra, los Narragun y los Goolagah (también Doolagarl o Thoolagarl). Estos últimos aparecen en las historias de las tribus de las Montañas Azules y suelen citarse como antecedentes del yowie. Se cuenta que eran semi-humanos peludos que utilizaban lanzas y piedras para cazar animales. Relatos similares aparecen en otras partes de Australia. En el Territorio del Norte se habla del Pankalanka, en Yarra Flats (Victoria) del Lo-an, en Australia Occidental del Jingra, Jimbra o Jinka, en Queensland Central del Illankanpanka o Barmi birgoo, en Queensland Norte del Turramulli, en Australia Meridional del Kraitbull, Yoser, Yay-ho o Koyoreowen. En distintas tradiciones australianas se repiten los relatos y leyendas sobre estas misteriosas criaturas a las que les dan distintos nombres, pero en todas se los describe como gigantescos seres semi-humanos, de alturas oscilantes entre los 2, 4 y 5 metros, que utilizaban herramientas de piedra, madera y hueso y eran capaces de atacar y devorar seres humanos, pero que preferían evitar el contacto con los mismos.
Estas tradiciones podrían significar que los humanos modernos ancestros de los actuales indígenas, se encontraron con otra población aborígen en Australia. Pero, ¿quiénes eran?. Algunos sospechan que podrían ser Gigantopithecus y se ha propuesto el nombre de Gigantopithecus australis para catalogarlos, pese a que no hay evidencias de que alguna vez estuvieron en Australia. Otros autores, como el muy controversial Rex Gilroy, creen que son representantes del tipo Meganthropus de Java. Sus afirmaciones están basadas en supuestas evidencias que la mayor parte de la comunidad académica contempla con mucho recelo.Precisamente uno de los argumentos que justifican la aproximación de los hombres gigantes o yowies a Homo erectus son las tradiciones indígenas. Entre los indígenas del Territorio del Norte, sobre todo los Warlpiri y los Pintubi, se dice que los hombres-bestia sabían utilizar el fuego. Por otro lado son extendidas las historias de raptos de mujeres por parte de los yowie, para aparearse con ellas. Se dice que muchas veces nacían niños viables de esas uniones forzadas. También existen muchas tradiciones que recuerdan auténticas guerras entre los gigantes peludos y los humanos, donde estos finalmente resultaron vencedores. Alan Thorne y Robert Raymond sugieren en "Man on the Rim-the Peopling of the Pacific" (Angus Pub. 1989) que el Homo erectus pobló Australia y luego fué desplazado por un tipo sapiens más grácil; pero que se produjo un mestizaje bastante intenso entre ambas especies. Thorne asegura que los 40 esqueletos del pantano Kow, en el Valle de Murray, datados en 10-13.000 años, encontrados por el mismo, pertenecen a la especie Homo erectus.

Rex Gilroy, director del Mount York Natural History Museum de Victoria, anunció en 1970 que había descubierto herramientas enormes de entre 4 y 12 kilos, y un molar de 67 mm. de largo por 50 mm. de ancho en Bathurst, Norte de Australia. Dató los hallazgos más antiguos entre 60 y 240.000 años, y los más recientes entre 10 y 35.000 años. Los más antiguos atribuyó a Meganthropus y los recientes a ancestros de los aborígenes australianos. De ser realidad el descubrimiento de Gilroy, el homínido dueño del molar podría haber tenido 7,62 m. de altura. Tal vez por esa razón los fósiles de Gilroy son vistos con desconfianza desde el academicismo antropológico. Por otro lado sus evidencias suelen ser utilizadas por los sectores creacionistas más recalcitrantes para defender sus "apriorismos". 
Aparentemente la región de Bathurst y alrededores es prolífica en hallazgos de gran antigüedad relacionados con gigantes prehistóricos. Siempre citando a Gilroy, se habla de un nuevo molar de 5,8 cm. de ancho encontrado en la zona. Pero también se incluyen otros hallazgos en otros sitios arqueológicos: la mandíbula encontrada en Gympie, sur de Queensland, por el agricultor Keith Walker, datada por la Universidad de Brisbane en 50.000 años de antigüedad y que habría pertenecido a un homínido de 3 metros de altura; la huella de la mitad superior de un pie de 30 cm. de longitud en las Montañas Azules; otra huella de casi 60 cm. de longitud al Oeste de Cowra; otra huella humana de 59 cm. de largo por 18 cm. de ancho, hallada por Gilroy en 1970, impresa en lava volcánica de al menos 1 millón de años en Mulgoa, al sur de Penrith. Gilroy calcula el tamaño de los autores de estas pisadas entre 3 y 6 metros de altura.
Lo cierto es que la mayoría de estos hallazgos son considerados dudosos por la ciencia oficial. De hecho muchos de los supuestos rastros y huesos de gigantes econtrados en otras partes del mundo demostraron ser montajes o interpretaciones erróneas. Por ejemplo las famosas huellas humanas del río Paluxy (Formación Glen Rose) que aparecen junto a las de dinosaurios, finalmente fueron identificadas como hábiles falsificaciones del escultor George Adams usando como base impresiones metatasianas reales de un dinosaurio. También los restos de Gilroy, expuestos en Mount York están bajo sospecha.





En 1879 un volante circulaba en Inglaterra contando la historia de un ser peludo de 9 pies de altura que fué capturado en Botany Bay, Nueva Gales del Sur, y llevado a Portsmouth, Inglaterra. Si bien es muy probable que la historia no sea cierta, constituye uno de los primeros registros occidentales respecto a la criatura que los nativos australianos de la zona de Nueva Gales del Sur llaman Yuuri o Yowri (de ahí deriva el nombre "Yowie"). Los informes más antiguos datan de 1789, 1800 y 1822, describiendo hombres peludos vistos en las inmediaciones de Sidney Cove. En la década de 1870 varias historias sobre los gigantes peludos aparecieron en el diario australiano "Town and Country". En 1871 un tal George Osbourne contó que una ser parecido a un gorila de 5 pies de alto asustó a su caballo. En 1881 en un artículo titulado "Los simios australianos" un testigo llamado H. J. McCooey dijo haber visto un "simio indígena" en la costa entre la bahía de Bateman y Ulladulla, al sur de Nueva Gales del Sur. Describió al ser como de 5 metros de altura, cubierto de largo pelo negro (excepto en la garganta y pecho donde el pelo era marrón rojizo). El gigante le arrojó una piedra y salio huyendo. Luego del encuentro McCooey ofreció una recompensa de 40 libras al Museo de Australia para que organizara una partida para capturar uno de esos monstruos. En 1895 unos geólogos del gobierno dispararon a un ser parecido a un gran simio en Tumut, Nueva Gales del Sur, el cual huyó dando gritos espeluznantes y dejando un rastro de sangre. En la década de 1900 una bestia peluda aterrorizó a los vecinos del barrio de Bexley (Sidney), si bien no atacó a nadie.
En 1912 George Sommerell dijo haber visto un ser peludo de más de dos metros de altura bebiendo en un arroyo en alguna parte entre Bombala y Bemboka.

El Yowie vuelve a aparecer en las crónicas de Donald Friends llamadas "Hillendiana", referidas a la búsqueda de oro en Hill End, cerca de Bathurst (Nueva Gales del Sur) hacia 1950. En 1971 miembros de la Royal Australian Air Force encontraron enormes huellas frescas, semihumanas, en el Monte Sentinel. En julio de 1975 dos esquiadores dijeron haber visto un "hombre de las nieves" en el Monte Kosciuko, en Nueva Gales del Sur. En 1979 Leo y Trish George se toparon con un monstruo de tres metros de altura en Australia oriental, el cual aparentemente había matado y mutilado un canguro. En diciembre de 2007 un "cazador de Yowies" llamado Paul Compton tomó una fotografía de una de esas criaturas en Glen Innes. Uno de los últimos avistamientos data de abril de 2009, cuando dos mochileras dijeron haber visto un peludo yowie de dos metros en Leura.
Los investigadores de este elusivo ser han recogido cerca de 3.200 informes de avistamientos y encuentros modernos. La criatura es descripta como de gran tamaño (entre 1,8 y más de 3 metros), cubierta de pelo negro (a veces rojizo, e incluso blanco), cabeza redondeada, nariz y cara aplanadas, grandes crestas sobre las cejas, afilados dientes y garras; emite un olor fuerte a basura en descomposición. También produce gritos parecidos a los de aves. Son bípedos, con un andar bamboleante, pero también se los ha visto correr en cuatro patas. Son omnívoros y a veces agresivos con los seres humanos. Hay casos de ataques con piedras y palos, pero la evidencia apunta a que el animal más bien evita el contacto con seres humanos. Hay relatos indígenas sobre mujeres estranguladas y niños secuestrados para ser devorados por estas criaturas. Hacen camas de hierbas bajo rocas salientes o también realizan túneles en los matorrales. Tiene hábitos nocturnos preferentemente.
La mayoría de los relatos modernos provienen de las Montañas Azules, en Nueva Gales del Sur, y en Queensland. Las evidencias sobre su existencia se limitan a moldes de huellas, rasguños en los árboles, "nidos", algunas fotografías no muy categóricas, pelos y una grabación lograda por un equipo de Animal Planet Finding Bigfoot en 2012.
Se han registrado algunos avistamientos de criaturas similares en Tasmania. En marzo de 1975 dos cazadores dijeron haber visto un ser de 8 pies de alto cubierto de pelo negro en los montes Poatina, en el centro de Tasmania. El hombre-mono huyó a la espesura al ver a los dos hombres.  En las tradiciones que se han podido conservar de los extintos aborígenes tasmanios figuran leyendas sobre una raza de hombres peludos que habitaban la isla desde antes de su llegada. Les llamaban Moorram-goon o Marren-deetch o Makoron Koro o Poinglyenna Pugganna (pueblo peludo u hombre peludo), Kolin Bugaloo (hombre terrible), Koro Woon-duble (Hombre trueno), Moorram goo-lee (peludo hombre negro).
También en zonas selváticas de la cordillera Moheau en Nueva Zelanda y en zonas montañosas de Nueva Guinea, se registran informes sobre seres similares. El hombre-mono de Nueva Zelanda es conocido precisamente como Moheau. Los avistamientos del ser se remontan a principios del siglo XX, llegando a hacerse una verdadera psicosis hacia los años 30 y 40. En 1969 se organizó una expedición para capturarlo, pero no se llegó siquiera a recolectar alguna evidencia de la existencia del animal. Otros avistamientos en los 90 llevaron a que el controvertido Rex Gilroy realizara una expedición. Se informó del hallazgo de huellas hechas por un ser de tres metros de altura. En las leyendas maoríes se habla de una peluda criatura llamada Maeroro, que raptaba niños y mujeres.

ARTÍCULO ANTERIOR:
LA HUMANIDAD PERDIDA (III): EL MITO DE KING KONG


ESTADOS NACIONALES Y GRUPOS ÉTNICOS



El actual sistema de Estados-Nación se consolida tras el hundimiento de los Imperios coloniales a partir de la postguerra en el 1945. El consenso mundial llevó a que se implantara una estructura internacional capaz de generar un equilibrio de poder lo suficientemente sólido como para evitar los errores del pasado. Tal estructura consagra la existencia de ciertas unidades territoriales independientes (al menos en teoría), absolutamente soberanas (también en teoría, claro) e inviolables (al menos en lo que se refiere a agresiones militares directas). Dos principios básicos rigen este sistema: la no intervención de un Estado en los asuntos de otro Estado y la integridad territorial. Secundariamente, aunque propagandísticamente aparezca como la vedette, está el principio de autodeterminación de los pueblos. De hecho el principio de autodeterminación aparece ya en el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas firmada por las naciones fundadoras el 26 de junio de 1945 (entró en vigor el 24 de octubre). Fue aplicado durante el proceso de descolonización que tuvo su pico máximo en las décadas del '60 y '70 y se convirtió en la bandera de las naciones tercermundistas y las del antiguo bloque socialista. En cambio, la defensa a ultranza del principio de integridad territorial aparece asociado al grupo de las ex potencias colonialistas. La solución llegó a través de una complicada legislación internacional basada en dos puntales: la noción de "pueblo" asociado al concepto de "ciudadano" de un Estado, y el respeto de la soberanía territorial de un Estado con base en el principio "uti possidetis iure" (mantenimiento del statu quo territorial al final de un conflicto). También se decidió aplicar la noción de colonia (sometida a posible proceso de descolonización) a los territorios ultramarinos. De este modo se eludía la cuestión de los separatismos y el llamado "colonialismo interno".
En realidad los Estados-Nación son principalmente estructuras de base territorial económicamente sustentables y poca cosa más. Por alguna casualidad (o causalidad específica) las fronteras de un Estado moderno pueden coincidir con las de un determinado grupo étnico. Pero los hechos confirman que la regla es otra: las estructuras político-económicas llamadas Estados-Nación han creado grupos étnicos amalgamando a muchos colectivos bajo el concepto de "ciudadano". Muchas veces ha ocurrido que dentro de fronteras se han cometido todo tipo de atropellos contra minorías y colectivos étnicos de larga tradición, en nombre de una nueva identidad impuesta desde oligarquías oportunistas.
En este contexto la estructura actual de Estados nacionales crea nuevas etnicidades: el ciudadano legal o nacionalizado habitante de una determinada estructura territorial-política-económica. En algunos casos se tiende a considerar al Estado como una entidad superior que contiene varios "pueblos" o "naciones". Es el caso de Gran Bretaña. Pero el modelo estatal más difundido es el francés, un tipo de Estado unitario donde se impulsa una fusión de las diversidades internas en procura de forjar la idea de un solo pueblo. Esta idea ha llevado a experimentos brutales dentro de fronteras, con atropellos hacia las minorías étnicas. Finalmente, y a pesar de la vigencia de este modelo en la mayor parte de los países "periféricos", aún en la misma Francia hubo que retrocederse hacia la regionalización y respeto de las diversidades internas.