miércoles, 29 de febrero de 2012

MALVINAS (II): LA FARSA DEL GAUCHO RIVERO


Lamentablemente el tenor de este artículo no será quizá del agrado de muchos lectores argentinos embaucados por la parafernalia nacionalista que recientemente viene agitando su gobierno, y que enraiza en tradiciones nacionalistas de raíz fascista que poco tendrían que ver con el supuesto sesgo ideológico progresista de la actual presidencia. Entendemos claramente que la tradición política argentina tiene una impronta particular, y que ciertos procesos cíclicos suelen estar dotados de una importante dosis de autoritarismo. Es el caso del período rosista (1829-1852); el ciclo urquizista (1852-62); el período liberal centralista signado por las presidencias de B. Mitre (1862-68), D. F. Sarmiento (1968-74) y Avellaneda (1874-80); el período oligárquico del Unicato o autonomista (por la hegemonía del Partido Autonomista Nacional, 1880-1916), donde la figura descollante fué Julio Argentino Roca (1880-86 y 1898-1904); el ciclo radical (1916-1930), signado por la figura de Hipólito Yrigoyen (1916-22 y 1928-30); la Concordancia de militares y oligarquías (1932-1943), el peronismo (1946-55 y 1973-76), las dictaduras militares (1930-32, 1943-46, 1955-58, 1962-63, 1966-1973, 1976-1983), el menemismo (1989-1999) y ahora el kirchnerismo (iniciado en 2003). Los breves ciclos radicales posteriores al gran ciclo personalista de Yrigoyen (Ortiz: 1938-43; Frondizi: 1958-62; Illia: 1962-66; Alfonsín: 1983-89 y de la Rúa: 1999-2001) están claramente determinados, limitados y frustrados por los ciclos autoritarios.
Surgido el kirchnerismo de la crisis de 2001 que sumergió en el caos al sistema político argentino, se construyó a partir de elementos surgidos del omnipresente peronismo-justicialismo. Arropado con un discurso progresista el presidente Nestor Kirchner se puso al frente de un movimiento contingente que pronto adoptó una postura ideológica nacionalista e intransigente. Tal postura se hacía en todo caso necesaria ya que se trataba de recuperar el poder del Estado, que había sido sistemáticamente desmantelado durante el anterior régimen (también peronista) de Carlos Saúl Menem. También era necesario construir una doctrina que sustituyera a la cultura neoliberal disgregadora instalada en la década de los `90. Por esa razón se adoptó un tono confrontativo, donde se individualizaba un enemigo (interno o externo) y se le cargaban todas las culpas. Una hábil política generadora de "chivos expiatorios" (Botnia, Tabaré, Uruguay, Duhalde, Magnetto, Clarín, la "Corpo", los "piratas" ingleses, Lanata...) consiguió consolidar en el poder a la actual clase dirigente argentina, que se constituye en uno de los más formidables ejemplos de lo mejor y lo peor de los fenómenos llamados "neopopulistas" que actualmente dominan la realidad latinoamericana.
Uno de los caballos de batalla del "kirchnerismo cultural" es el nacionalismo. Construído desde la "base", es decir desde el discurso de las clases desposeídas (en especial la clase obrera), confronta resueltamente a la cultura "conservadora" y a sus espacios corporativos de poder. En este sentido la estrategia fué magistral ya que consiguió dividir al frente conservador que apoyó en su momento al menemismo. Parte de los integrantes de ese sector apoyaron finalmente al proyecto kirchnerista y constituyen la base de su estructura de poder. Pero también dividió al propio frente "progresista", en especial aquellos sectores críticos del menemismo que desconfiaban de la concentración de poder y el excesivo personalismo de los nuevos dirigentes. Todos estos "enemigos" fueron atomizados y destruídos sin piedad ninguna.
El nacionalismo es de carácter visceral, con un alto componente de fanatismo. Y se convierte en bandera de muchos políticos inescrupulosos que agitan sus fantasmas cuando les es conveniente hacerlo. Uno de los peores fantasmas que actualmente agita el kirchnerismo es el fantasma de Malvinas. El retroceso en tal cuestión es muy notorio. Los medios afines al gobierno acusan sin más de agentes a sueldo del Foreign Office o la Corona británica, lacayos, piratas y otros epítetos semejantes a quienes se atreven a opinar en contrario de la postura oficial. Pero la avanzada de revisionismos históricos está haciendo verdaderos desaguisados en la historia de las islas Malvinas. En uno de tales revisionismos se retoma la vieja tesis de que el gaucho Rivero fué un héroe y un patriota (hasta se le dedicó la última Copa del Campeonato Argentino de Football-qué ironía-que lleva su nombre).

Una vez que el capitán John Onslow tomó posesión de las Malvinas el 3 de enero de 1833, el statu quo se mantuvo prácticamente intocado. No hubo tropas de ocupación ni señal alguna de soberanía británica hasta el arribo de Smith el 9 de enero de 1834. Según el relato del colono Thomas Helsby en Puerto Luis (Port Louis) había un pequeño grupo de residentes: el representante inglés Brisbane, el despensero William Dickson, Ventura Pasos, Charles Russler, Antonio Vehingar, Jean (o Juan) Simon, Faustin Martínez, Santiago López, Pascual Diego, Manuel Coronel, Antonio Rivero (gaucho de 27 años que había llegado a Puerto Luis en 1827), José María Luna, Juan Brasido, Manuel González, Luciano Pelores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Pascual Latorre, cinco charrúas enviados por el Gobernador de Montevideo, Antonina Roxa, Gregoria Madrid, Carmelita y sus dos niños, William Low, capitán de la goleta Unicorn y su tripulación (residentes temporales y únicos "colonos" dejados por Onslow), Henry Channen, Juan Alimenta, Daniel Mackay, Patrick Kermin, Samuel Pearce, George Hopkins, José Douglas, Francis Marchedo, José Manuel Prado, el negro Juan Honesto (parte de la tripulación del Unicorn) y el negro Antonio Manuel (de la tripulación de la goleta estadounidense Transport 1). De notar es que los únicos "foráneos" eran los tripulantes de las goletas británica y estadounidense. El resto eran gauchos, indios y personas de diverso orígen nacional (chileno, francés, irlandés, inglés, alemán) que estaban en las islas antes de la llegada de Onslow.
Vernet mantuvo sus propiedades y su personal en la isla. Pero se retiró a Buenos Aires y dejó todo en manos de sus representantes. El mayordomo de Vernet, capitán Matthew Brisbane, escocés nativo de Perth, actuaba como representante inglés. Jean Simon, un ciudadano francés capataz de Vernet, era el representante argentino designado por el depuesto gobernador Pinedo, y continuó en sus cargos. William Dickson, ciudadano irlandés originario de Dublin, continuó como administrador de los almacenes, era también parte del personal de Vernet.
Precisamente un diferendo entre Simon y Dickson desató la tragedia que sería tergiversada por cierta historiografía argentina como un acto de heroísmo patriótico. Simon pagaba a los peones con vales firmados por Vernet. Los peones cambiaban estos vales por insumos en los almacenes administrados por Dickson. Éste desconfiaba del valor de esos vales, ya que se suponía que Vernet estaba desvinculado de los establecimientos. Por esa razón se negó inicialmente a aceptarlos. Debido a que, para colmo, Simon había prohibido terminantemente la faena de animales mansos para consumo la situación de la peonada se hizo insostenible. Dickson, presionado por las circunstancias, aceptó los vales pero redujo considerablemente su valor. Eso significaba prácticamente la condena al hambre para los empleados. Las exigencias de que se les pagara en dinero y no con vales fué el motivo de la "revuelta".
El día lunes 26 de agosto de 1833, aprovechando que el capitán Low estaba en la Bahía Berkley, el gaucho de origen entrerriano Antonio Rivero ("Antook" para los ingleses), secundado por dos gauchos más (José María Luna y Juan Brasido) y cinco "indios" (Luciano Flores, Felipe Salazar, el chileno Pascual Latorre, Manuel Godoy y Manuel González), inició un motín. Fueron asesinados Brisbane, Simon, Dickson, Ventura Pasos y el alemán Antonio Vehingar (también conocido como Antonio Wagner). Los ocho sublevados se adueñaron del poblado y mantuvieron a trece colonos virtualmente prisioneros en el diminuto islote Peat mientras ellos disponían de las provisiones y controlaban el arsenal y las embarcaciones.
El 9 de enero de 1834 el teniente Henry Smith, al mando de la HMS Challenger y la HMS Hopeful, desembarcó en las islas, tomó el mando y persiguió a los revoltosos hasta su reducción definitiva a inicios de marzo. Luna se rindió automáticamente, el 11 de enero se entregaron los cinco indios y el resto se refugió en el interior de la isla. El 18 de marzo se rindió Rivero. Los revoltosos rehuyeron el combate y pidieron se les permita pasar a la Patagonia. Los reos fueron enviados a Londres y sometidos a un proceso en el buque de la Estación Naval Británica de Sudamérica HMS Spartiate. Curiosamente el tribunal los absolvió de los cargos con los que se los imputaba y fueron dejados en libertad en Montevideo. La razón de este obrar de los británicos no queda claro. Pero es seguro que no consideraron las acciones de los amotinados como una insubordinación a la Corona británica (en todo caso era una cuestión "interna" dentro de la empresa de Vernet y sus socios).
La sorprendente versión hoy abrazada por el kirchnerismo va en desmedro de la opinión de muchos autores, incluyendo argentinos, que no ven ninguna evidencia para catalogar las acciones de Rivero como patrióticas y reivindicativas de la soberanía "argentina" sobre las islas. La famosa versión de que los sublevados arriaron el pabellón británico e izaron el argentino carece de todo fundamento. En todo caso no se ven las razones para que un grupo de peones abandonados tanto por Buenos Aires como por los nuevos dueños de la situación reivindiquen algún tipo de soberanía. El móvil político difícilmente podría estar en la mente de Rivero y sus seguidores, obligados a pelear por su supervivencia en un desolado rincón del mundo. En todo caso sus acciones se dirigieron contra sus propios patrones, los mismos que estaban en funciones y actuaban exactamente igual desde los tiempos de Vernet.

domingo, 26 de febrero de 2012

LA HUMANIDAD PERDIDA (I): LA PEQUEÑA GENTE DE LOS BOSQUES



Este artículo quizá merecería estar en una sección dedicada a la criptozoología o a temas alternativos, pero resulta que, por un momento, los campos aparentemente separados de lo "científico" y de lo "pseudo-científico", se han tocado recientemente. En realidad, después de analizar la forma en que se ha intentado reconstruir científica y paleoantropológicamente la historia de nuestra especie, muchas dudas nos quedan respecto a la magnitud de la frontera separadora de los reinos "científico" y "no-científico". Remitimos simplemente, por toda justificación, a una frase de Einstein muy oportuna, a la vez que muy invocada por todo tipo de "investigadores": "El misterio es la cosa más bella que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia auténticos".

En 2004 sale a la luz el hallazgo de unos pequeños homínidos en la isla de Flores, en Indonesia. Se los llamó Homo floresiensis. Vivieron hasta hace 18.000 años y todo hace suponer que se trata de una forma de homínido muy primitiva que, milagrosamente, sobrevivió hasta casi el presente. La controversia no tardó en desatarse y parte de la comunidad científica se apresuró a impugnar los hallazgos. De hecho un sector de la comunidad académica continúa sosteniendo que los pequeños seres de la isla de Flores son solamente individuos patológicos.
Está claro que el floresiensis es un hallazgo incómodo. Las teorías más aceptadas de la paleoantropología oficial tambalean ante el mismo. Las series evolutivas cuidadosamente elaboradas deberían ser revisadas desde la raíz. Porque el hecho incontestable es que el floresiensis no es la única humanidad prehistórica que se escabulle ante las narices de los científicos. También recientemente los análisis de ADN mitocondrial de una falange hallada en la cueva siberiana de Denisova han sacado a relucir una línea de homínidos completamente nueva que también lllegó a ser contemporánea del Homo sapiens. Más aún, los análisis del ADN del Hombre de Mungo, en Australia, reveló que es diferente a cualquier ADN humano conocido, a pesar de que convivió con humanos modernos.
Tales evidencias de que grupos humanos diferentes a la línea genética que conduce al Homo sapiens actual, que incluso se han mezclado con nuestros ancestros, no se extinguieron completamente como se ha sugerido siempre, también podrían avalar las hipótesis que alientan sospechas de que no somos la única humanidad sobreviviente. En los mitos de todos los pueblos sobrevuela la idea de que convivimos con otros seres "humanoides" alguna vez, y que tales seres aún permanecen en las sombras, apartados de nosotros. Amenazándonos algunas veces. Protegiéndonos otras veces. Dioses, demonios, gigantes, duendes, gnomos, ogros, elfos, pequeña gente, trolls, hadas, ninfas, faunos, sátiros...¿Quiénes inspiraron las leyendas?.
La intuición de algunos observadores de que los diminutos homínidos de la isla de Flores pudieron llegar a convivir con inmigrantes Homo sapiens tiene una sorprendente corroboración en las leyendas de los nativos locales. Los descubridores de los fósiles de la cueva de Liang Bua, con los que se reconstruyó la posible nueva especie de homínido, aventuraron que no era probable que hubieran convivido con Homo sapiens. Se sospecha que una erupción volcánica hace 13-12.000 años acabó con los floresiensis y la peculiar fauna de Flores: varanos gigantes, ratas gigantes y elefantes enanos de la especie Stegodon. Sin embargo el mismo Richard Roberts, uno de los descubridores del floresiensis, se hizo eco de una leyenda local: la de los ebu gogo (literalmente: "abuela que se come todo").
A fines de los `90 el paleontólogo holandés Gert van der Bergh, del Instituto Real de Holanda para la Investigación Marina en Texel, recogió por vez primera los relatos de los aldeanos de Flores respecto a unas diminutas criaturas habitantes del bosque. También el antropólogo Gregory Forth, profesor de antropología de la Universidad de Alberta, recogió testimonios sobre el mito ebu gogo anteriores al descubrimiento de floresiensis en Liang Bua. En realidad se decía que habían sido exterminadas hacía un siglo. El relato era el siguiente: los aldeanos de la isla toleraban desde hacía siglos aquellas voraces criaturas que devoraban sus sembrados, pero a veces las perseguían por su afición a robar bebés para devorárselos. En una ocasión que ocurrió un incidente de este tipo, los aldeanos se resolvieron a exterminar a las criaturas. Utilizaron la siguiente estratagema: los sedujeron ofreciéndoles un fardo de paja en la cueva que usaban como guarida al pie del volcán Ebulobo, y al día siguiente llevaron más fardos a los que arrojaron fuego. Se dice que los supervivientes se escondieron...¡en la cueva Liang Bua, donde serían hallados los restos del floresiensis en 2004! Precisamente el hallazgo de pelos en la cueva podría llegar a ser evidencia de la supervivencia reciente de los floresiensis, siempre que se consiga analizar el ADN de los huesos de hace 18.000 años y compararlo con el que se pueda extraer de los cabellos recientes.
La descripción que hacen los nativos de los ebu gogo es sorprendentemente coincidente con lo que se sabe del floresiensis: rostro ancho y simiesco, nariz ancha y plana, boca grande, miden cerca del metro de estatura, tienen el cabello muy largo en cabeza y torso y bastante vello corporal,  barrigudos, con brazos y dedos muy largos, orejas algo despegadas, ágiles trepadores pero de andar torpe en el suelo (aunque podían correr velozmente). Las hembras tienen senos muy colgantes. Se dice que se comunican en un murmullo inentendible y que son capaces de imitar el lenguaje humano como los loros. Su voracidad era proverbial, no desdeñando ni siquiera la carroña y menos la carne humana. Los nativos de Flores aseguran que fueron progresivamente desplazados a la jungla hasta quedar muy reducidos en número, pero que aún había muchos de ellos cuando, hace 300 años, llegaron los primeros navegantes europeos a la isla.
No obstante el 6 de diciembre de 2004 el The Sidney Morney Herald, a través de la editora científica Deborah Smith, recogió el testimonio del Jefe de la aldea Boawae, Epiradus Dhoi Lewa, sobre la captura de una mujer ebu gogo en una cueva del volcán en octubre/noviembre de ese año. Se dijo que el pequeño ser de un metro de estatura, vientre prominente, senos muy colgantes y brazos largos fué llevado hasta la aldea pero consiguió escapar a sus captores. También el Daily Mail recogió otros testimonios sobre encuentros recientes con tales criaturas.
La idea de un resto de los homínidos de Liang Bua sobreviviendo en las cuevas del volcán Ebulobo de Flores no deja de ser una posibilidad fascinante. Pero también es posible que existan otros extraños homínidos en junglas inaccesibles, supervivientes de épocas remotas y que se mantuvieron a distancia del avasallante avance de los Homo sapiens.

En áreas selváticas del Parque Nacional de Kerinci Seblat, en Sumatra, Indonesia, se cuentan historias sobre una tribu de pequeños seres humanoides conocidos como Orang pendek ("hombre pequeño"). Desde hacía siglos se contaban relatos sobre dos especies de "hombres salvajes" en la región: el "Orang-hután" (hombre de los bosques) y otra especie diferente aún no identificada. En el dialecto local Kerinci se lo conoce como Uhang Pandak. Entre los pueblos nómadas Kubu de Sumatra meridional y Jambi las tradiciones sobre estas criaturas forman parte de su cultura. Se lo conoce con nombres sugestivos como Hantu Pendek (fantasma pequeño) y se lo considera una suerte de demonio de los bosques con capacidades mágicas y la habilidad de caminar con los pies vueltos hacia atrás. También es conocido como Atoe Pandak, Rimbo Atoe, Orang Gugu, Goegoeh, Sedapa, Sedabo, Orang Letjo, Ijaoe o Umang.
Descripta como de un metro de estatura (entre 80 cm. a 1,20 cm), andar bípedo, recubierta de pelo de color variable (generalmente rojizo, cobrizo, negro o gris claro), hombros anchos, patas cortas, cabeza redondeada, nariz muy chata aunque de aspecto humano, cejas largas, vientre abultado, brazos y dedos largos, boca grande, orejas sobresalientes. Un relato de marzo de 2010, recogido por varias agencias, de un testigo ocular de Pelompek (provincia de Jambi, Sumatra), de apellido Pak, agregaba detalles como el hecho de tener brillantes ojos azulados, el pelo corto y gris claro pero casi blanco en torno a los ojos ( más largo en lo que sería la zona del cuello), el andar un poco encorvado, con pasos cortos y brazos colgando por delante del cuerpo, el torso grande y redondo y la cabeza redonda sobre él (como si casi no existiera cuello). En líneas generales el relato de Pak parece describir un animal algo parecido a un chimpancé o gorila. Destaca la fuerza del animal, que arrrancó un pedazo de pared al huir hacia la selva desde el cobertizo en el que fué descubierto. Al parecer se alimenta exclusivamente de vegetales e insectos.
Otro investigador del Orang pendek, la criptozoóloga británica Debbie Martyr, aporta más datos sobre el aspecto físico del animal: ojos muy separados, espectacular fuerza física, hombros y pecho muy grandes, presenta cresta sagital en la cabeza como el gorila y cresta ósea sobre los ojos, incisivos muy grandes, dientes prominentes y caninos largos. Debbie Martyr estudia al Orang pendek desde inicios de los `80 y ha sido testigo de dos avistamientos de la criatura en 1989 en el Monte Tuju.
Una expedición efectuada en setiembre de 2011 por el criptozoólogo Adam Davies y el equipo del Centro de Zoología Fortean (Richard Freeman, Chris Clark, Andrew Sanderson, Keith Towley entre otros) obtuvo evidencias de la existencia de la criatura que aún están en análisis: una huella, muestras de cabello, un trozo de palma rattán mordido y el relato de algunos miembros del equipo que aseguraron haber visto uno de tales seres fugazmente. Pese a que algunos investigadores se muestran escépticos, otros como David Chivers, biólogo primatólogo de la Universidad de Cambridge, y Hans Brunner, zoólogo y experto en investigación forense en animales australiano, creen que las muestras son evidencias de la existencia de un primate desconocido en las selvas del sur de Sumatra. Por supuesto que algunos especulan con la posibilidad de que se trate de un homínido, relacionado con el Homo floresiensis.

En la selva vetnamita Kon Tum y en ciertas zonas de Laos han sido vistas unas criaturas de aspecto humanoide llamadas Nguoi Rung ("gente de la selva"). Se supone que se trata del mismo ser que en Borneo es conocido como Batutut. Es posible que también vivan en Malasia y Camboya. Sin embargo los Nguoi Rung son algo diferentes al Batutut de Borneo: son considerablemente más grandes (llegan a medir entre 1,5 y 1,8 metros, si bien muchos relatos los hacen más bien pequeños). Los Batutut son descriptos siempre como pequeños: rondan el metro de estatura y se asemejan mucho más a criaturas como Orang Pendek de Sumatra y Ebu Gogo de Flores. El zoólogo John Ramsay McKinnon, descubridor de varios mamíferos en la selva de Vu Quang en los `90, recogió relatos de avistamientos del Nguoi Rung que se remontan a 1947. En 1970 él mismo observó doce pares de pisadas de batutut o ujit en Sabah, estado malayo al norte de Borneo. Eran similares a las huellas humanas pero más cortas y anchas, además de tener el dedo gordo en el lado opuesto del arco del pie. Sugirió que podría ser un descendiente del Meganthropus (Homo palaeojavanicus sangirensis). En 1982 el profesor Tran Hong Viet, de la Universidad Pedagógica de Hanoi, encontró pisadas similares, aunque algo mayores (28 por 16 cm.), en el monte Chu Mo Ray, distrito vietnamita de Thay Sa, provincia fronteriza de Kon Tum. Precisamente en zonas póximas a Kon Tum pero del lado laosiano el profesor Vu Ngoc Than encontró relatos sobre un ser bípedo llamado Khi Trau ("mono grande" o "mono-búfalo"). Quizá se trate de dos tipos diferentes de homínidos o antropoides (las formas grandes son tradicionalmente asociadas a la casuística "Yeti-Bigfoot" en la jerga criptozoológica). Respecto al Batutut de Borneo existen registros de avistamientos que se remontan a 1918. McKinnon relata que los nativos lo creen una especie de fantasma y se refieren a él utilizando un lastimero sonido onomatopéyico (tootootooo...) del cual proviene el nombre "batutut". En realidad el hecho de que se lo considere un fantasma no implica que los indígenas lo crean un ser especialmente sobrenatural, ya que suelen utilizar el apelativo para referirse a todo ser que evita el contacto con el hombre. Se dice que los batutut están activos en horas crepusculares o en la madrugada. Suelen huir corriendo en dos pies, no braquiando o trepando a los árboles (si bien son ágiles trepadores). Los relatos sobre encuentros con batutut son frecuentes en todo Kalimantan (Borneo). McKinnon menciona relatos de unos seres similares entre los nativos de las islas Mentawai (Sumatra occidental), en este caso asociados al Orang pendek.
Estos seres son descriptos como de estatura promedio de un metro (hasta 1,5 m.), recubiertos de pelo largo (sobre todo en la cabeza, no presentan en las rodillas ni en la cara, ni en pies y manos) de color rojizo oscuro, gris, marrón o negro, bípedos de andar torpe en el suelo, ágiles trepadores de árboles, vientre protuberante, hombros y cuello grueso (de cuero muy sucio según los relatos). Las hembras presentan ubres muy colgantes. Además se señala que poseen capacidad de articular o murmurar en un lenguaje ininteligible. Si bien hay relatos de personas que se les han acercado, los batutut son considerados potencialmente agresivos. Se dice que atacan humanos y comen sus hígados, si bien su dieta principal es a base de caracoles y cangrejos de río, además de frutas y vegetales. No hay certeza, por otra parte, de que los ataques a humanos se deban a los batututs. Se dice también que estas criaturas no atacan jamás a niños. Los relatos sobre los nguoi de Nepal, en cambio son coincidentes en que estas criaturas no atacan a humanos y que, incluso, a veces se les acercan y tratan de comunicarse. También se cuenta que son capaces de manejar el fuego.

En Singapur desde 1805 existen relatos sobre una criatura parecida a un simio de andar bípedo que se esconde en la Reserva Natural de Bukit Timah. El caso fué estudiado en profundidad por el criptozoólogo Karl Shuker ("Animals Revisited", 2007). Existen relatos de soldados japoneses en la Segunda Guerra Mundial sobre este extraño ser. Los últimos informes de avistamientos datan de 2007 y fueron recogidos en el diario sensacionalista local The New Paper. Lo llaman el "hombre-mono" y se lo describe como una criatura cubierta de pelo gris o negro, rostro simiesco, y una estatura que quizá ronde el metro (aunque hay relatos que lo hacen de hasta dos metros). Su extrema elusividad y el hecho de que aparenta tener hábitos nocturnos dificulta los avistamientos y quizá explique las diferencias de tamaño que se le confiere. Todos los informes se centran en la pequeña región selvática de Bukit Timah, que cubre un área no mayor de 164 km2 rodeados de urbanizaciones. La mayoría de los autores cree que se trata de una confusión a partir de avistamientos de macacos cangrejeros grises de la zona. No obstante las historias sobre la criatura forman parte del folklore local.
Estos seres podrían ser parientes de unas criaturas que en Malasia son llamados Hantu Sakai, especie de pequeños "demonios", si bien los pigmeos sakai creen que son seres humanos que están allí desde antes que ellos llegaran. Se dice que son pequeños, de no más de un metro de estatura, de cuerpo cubierto de pelo rojizo; viven y se mueven en los árboles, siendo muy difíciles de localizar.

En las tradiciones de los weddas de Ceilán existe una leyenda relativa a unos pequeños humanoides llamados Nittaewo. Se supone que vivían en la región de Mahalenama (ahora en Yala oriental  y Tamankaduva) y que fueron exterminados hace 250 años (quizá en el siglo XVIII). El relato es sorprendentemente similar a lo que se cuenta de los ebu gogo en Flores. Hubo una suerte de conflicto entre los veddas y los pequeños nittaewo debido al robo de niños adjudicado a éstos, lo que llevó a que aquellos los acorralaran en una cueva y los incineraran allí durante tres días hasta asegurarse de que todos murieran. Luego se apoderaron del territorio de los Nittaewo para usarlo como zona de caza. Esta leyenda fué recogida por Frederick Lewis en 1914 en la Revista de la Real Sociedad Asiática de Ceilán ("Notas sobre una exploración en el este de Uva y el sur de Panama Pattu"). Por otro lado en "El Nittaewo de Ceilán" (La Taprobanian, 1886), Hugh Nevill se refiere a estos seres como "una raza cruel y salvaje de hombres" habitantes de Lenama, a los que asocia idiomáticamente con los negritos telugu, los hace descender de súbditos de los cingaleses Lambakanna y los compara con los Niadis (casta de impuros errantes de Cochin, que viven en viviendas arbóreas y comen tortugas y cocodrilos).
Sin embargo la descripción que lo weddas hacen de los nittaewo es de seres de menos de un metro de estatura (las hembras más pequeñas que los machos), habitantes de cuevas y hábiles trepadores de árboles, de brazos cortos y uñas largas como garras, de piel oscura y cuerpos desnudos completamente, se comunicaban a través de sonidos similares a los de los pájaros, y se alimentaban de pequeños animales, tortugas, lagartos. Se movían en grupos de una o dos decenas de individuos.
Muchos autores creen que la leyenda de los Nittaewo se basa en los negritos pigmeos. Algunas tribus hindúes como los Pulaiyans y los Kadars, así como los andamaneses, conservan rasgos de estas razas pigmoides. Pero resulta que los Nittaewo son más pequeños. También están aquellos como el explorador R. L. Spittel que, en 1963, sugirió que tan sólo se trataría de una población ahora extinta de osos llamada Rahu valaha (Ursus inornatus).
Pero ya en 1963 autores como A. T. Rambukwella sugerían que podrían tratarse de descendientes de Australopithecus. Sorprendentemente los recientes hallazgos en Luang Ba podrían constituirse en un espaldarazo a su teoría que, en su tiempo, fué duramente criticada.
Los Nittaewo aparecen mencionados ya por Plinio el Viejo como una tribu de pequeños y peludos humanos de Ceilán. En 1945 el primatólogo William Charles Osman Hill exploró las zonas de Ceilán donde habitaron los Nittaewo y recogió testimonios de avistamientos de estas criaturas, sugiriendo que podrían ser descendientes de Homo erectus. En 1984 el antropólogo español Salvador Martínez dijo haber visto fugazmente en Sri Lanka una criatura que emitía sonidos ininteligibles mientras corría hacia la jungla. No dudó que había visto un Nittaewo.

Finalmente, una criatura de alrededor de un metro (hasta 1,3 m.) de estatura también ha sido reportada desde 1863, aunque forma parte del folklore de Nepal desde tiempos inmemoriales: se trata del Pyar-them o Teh-lma ("parecido a un hombre"). Se han descripto ejemplares de 45 cm. de estatura, quizá niños, siendo uno de los más pequeños humanoides descriptos. Habita en las selvas de los valles bajos de Nepal, Sikkim, Bhután y Tibet sudoriental, donde se alimenta de insectos y ranas que caza en los ríos. Está cubierto de grueso pelo rojizo, tiene cabeza puntiaguda, frente inclinada, hombros caídos y presenta una cabellera breve. Es bípedo y presenta costumbres nocturnas. Se dice que huye inmediatamente ante la vista de humanos. Conocido en la jerga criptozoológica como el mini-yeti, algunos autores creen que sólo se trata de una especie de gibón.
No obstante se han documentado no sólo gran número de informes de lo que parece un pequeño homínido sino que también se han examinado heces y huellas de 12-13 cm. de la criatura, principalmente por parte del naturalista Gerald Russel, integrante de las expediciones de Edmond  Hillary y Desmond Doig (1953), y de Tom Slick y F. Kirk Jhonson (1958).
En "El Yowie: En busca de Bigfoot de Australia" ( Libros Anomalist. 2006) los criptozoólogos australianos, Tony Healy y Paul Krupper, han recogido testimonios de aborígenes australianos sobre una criatura pequeña, de no más de un metro de estatura, llamada Junjudee (o Littlefooth, en inglés). Si bien algunos los consideran como parte de la casuística Yowie (una supuesta criatura de más de 2 metros de altura), suponiendo que son individuos juveniles, los mencionados autores aseguran que los aborígenes los consideran una clase diferente de ser semi-humano. Han sido vistos en Queensland (sobre todo en la década del '70) y entre los Waka waka se los considera protectores de los enfermos. Suelen ser descriptos como pequeños seres traviesos, a veces agresivos, de no más de 1,20 m., cubiertos de pelo negro, ojos rojos, dientes afilados, cara plana y productores de un nausaebundo olor a podredumbre. Se dice que habitan en cuevas o huecos, viven en grupos y emiten una especie de canto o sonido musical para comunicarse.

Existe en la tradición nativa de Hawaii la creencia en que un pueblo de misteriosos y pequeños seres, dotados de poderes casi sobrenaturales, vivía en las islas antes de la llegada de los polinesios. Se los llamaba Menehune y se les atribuye la construcción de muchos templos heiau, estanques y caminos. Comedores de plátanos y peces, vivirían aún en valles profundos y muy boscosos, siendo casi invisibles al ojo humano. Los relatos recogidos por Martha Beckwith en su obra "Mitología Hawaiana" (University de Hawaii Press, Honolulú, 1970) apuntan a que los Menehune eran un pueblo que colonizó las islas desplazando a una raza de gigantes llamados Nawao (descendientes de Lua Nu'u). Sin embargo Katherine Luomala en su libro "The Menehune of Polinesia and other mithical Little People of Oceania" (1951) cree que los mitos hawaianos sobre Menehunes y Nawaos surgen por el contacto con los europeos, no existiendo referencia alguna antes de la llegada de los mismos. Los Menehune serían una versión hawaiana de los brownies escoceses (criaturas pequeñas similares a gnomos o duendes). Al parecer en su acepción original se trataba de un término para designar a "gente de baja condición social" o "plebeyos". En efecto en el censo de 1820 ordenado por el último Ali i Aimoku (rey) Kaumali i de Kauai, se contaban a 65 personas como menehune.


Hemos reseñado todos estos casos debido a que muchos autores los han vinculado con el hallazgo del Homo floresiensis de 2004. Por alguna razón en el folklore de muchos pueblos asiáticos se han conservado leyendas sobre pequeños seres casi humanos. Reales o no, se han sucedido historias sobre esos seres hasta llegar a nuestros días. Por alguna razón continúan viviendo en nuestros sueños o pesadillas, quizá como un recuerdo de que alguna vez convivimos con esos pequeños representantes de una humanidad perdida. Pero nada nos impide creer que, quizá, aún existen en recónditos valles, donde evitan sistemáticamente el contacto con el humano moderno a sabiendas de que no les espera un buen destino en caso de que los descubramos.

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LA HUMANIDAD PERDIDA (II): LA GENTE PEQUEÑA DE ÁFRICA



miércoles, 22 de febrero de 2012

SUÁREZ, ÉVRA: LA DISCRIMINACIÓN GLOBALIZADA VS. LA DISCRIMINACIÓN LATINOAMERICANA

A veces me encuentro, casi por casualidad, con ciertos comentarios en la "prensa" de mi querido departamento oriental de Salto, que no dejan de producirme sorpresa... entre otras cosas. Todavía me queda fresca en la memoria (lo que hizo que tomara la determinación de borrar prácticamente de mi agenda de lectura frecuente la prensa local) la vez que cierto diario matutino, célebre por sus faltas de ortografía y/o sintaxis, la emprendió a fines de los `90 contra el entonces técnico de la selección salteña, el tacuaremboense Gustavo Ferraz. La insólita medida "disciplinaria" que tomó dicho medio "periodístico" fué... ¡no nombrar al mencionado técnico en las notas! En su lugar se escribía (o pronunciaba, en el caso de los medios radiales asociados) el mote de "el oriundo de Tacuarembó".
Pues bien, últimamente me he encontrado con cierta tendencia "periodística" local a emprenderla contra el famoso futbolista de origen salteño Luis Alberto Suárez, haciéndose eco de las burdas campañas que lo vinculan a episodios de "racismo" en el ambiente deportivo. Claro está que, fundamentalmente, intereses mezquinos teñidos de política (es sabido que a Suárez lo apoyó recientemente el presidente Mujica, tan resistido por los sectores "conservadores" que, en Salto, tienen una base de operaciones muy importante) y también envidia, están detrás de los comentarios anti-Suárez. Se le ha reprochado cierto "desprecio" hacia su departamento natal, lo que contrastaría con la actitud solidaria, "ética" (y "cristiana") del otro salteño famoso,  Edinson Cavani. Pero más allá de estas ruindades que hacen la comidilla del mundillo local, está el hecho de que una cuestión tan manoseada como el "racismo" entendido según patrones culturales "globalizados" ha penetrado también en nuestras sociedades.
En todo caso me interesa centrarme en este aspecto de la cuestión: la utilización del "racismo" con intereses espúreos. Hoy en día es fácil tildar o acusar a alguien de "racista", "homofóbico", "nazi", etc, con una liviandad rayana en lo absurdo. De la noche a la mañana una persona como Suárez aparece como "racista" frente a Patrice Évra por el simple hecho de que es políticamente correcto ponerse del lado de un "negro", aunque éste sea tan racista como aquel a quien acusa de lo mismo. Y sorprende bastante que muchos de mis compatriotas tan despreciados como "sudacas" en las urbes europeas, con sangre de uno, dos y más ancestros de orígen "no europeo" corriendo por sus venas, se embanderen detrás de una causa que ni siquiera comprenden en profundidad.
Los complejos fenómenos de interculturalidad y transculturalidad que se han desatado tras el desencadenamiento de ese fenómeno llamado "globalización" (cuyos antecedentes se remontan a las primeras colonizaciones europeas del siglo XV), han tenido como resultado "malentedidos" como el "affaire" Suárez-Évra. Un uruguayo descendiente de españoles y esclavos africanos, y un senegalés nacionalizado francés, coincidiendo como jugadores de fútbol profesional en la Liga Inglesa, son los protagonistas de un incidente "doméstico" que trascendió hasta convertirse en una especie de "escándalo" internacional. Para muchos activistas de los derechos humanos se constituyó en una oportunidad legítima para inmiscuirse en los entretelones del mundillo futbolístico y desenmascarar presuntos focos de racismo e intolerancia enquistados en el mismo. No dudamos de que tal cosa es posible, pero creemos que cargar las tintas contra Suárez no es la solución. La opinión pública y la justicia futbolística internacional han actuado de manera parcial, priorizando ciertos contenidos culturales y "discriminando" a otros. Porque el modo "latinoamericano" de entender las relaciones interétnicas no es el mismo modo de entender tales relaciones vigente en el mundo "anglosajón" o en el europeo en general.
Con lo expresado no pretendo discutir en absoluto las afirmaciones del colectivo uruguayo afrodescendiente que ha defendido ante la ONU la existencia de formas sutiles y no tan sutiles de racismo en el Uruguay. Las cifras relativas a la discriminación cultural a la que están sometidos los descendientes de negros (y también los descendientes de indígenas) son bastante elocuentes. Del total de pobres existentes en 2010 en el país (18,6%) una gran cantidad de ellos son afrodescendientes. La pobreza en la comunidad afro-uruguaya asciende a un 39.9% (de ellos un 52% son niños y adolescentes menores de 18 años). El 47% de los afrodescendientes uruguayos no completó primaria. Y las cifras de desempleo en dicha colectividad también es elevado.
Pero tales evidencias tampoco invalidan el hecho de que la nuestra es una sociedad cultural y biológicamente "híbrida", donde las categorías "blanco", "negro" e "indio" están desdibujadas hasta el extremo de que el tipo de "discriminación étnico-racial" no puede comparase con el estilo europeo-anglosajón.
Hija "bastarda" de una realidad colonial europea, Latinoamérica fué siempre considerada como una "dependencia", la periferia por excelencia de Europa y Norteamérica. Modelados los espacios estatales según los cánones político-económicos y culturales de las élites patricias "criollas", muchas complejas realidades étnicas quedaron englobadas en tales estructuras. De la fusión de las mismas, mediatizada por la contínua ingerencia extranjera, surgieron las "conciencias" nacionales latinoamericanas. Las élites patricias legaron a la abigarrada amalgama mestiza, que era el basamento social de las nacionalidades latinoamericanas, una suerte de difuso sentimiento de ser "europeos o blancos de segunda clase". En el caso de Uruguay, Argentina, Costa Rica y amplios sectores del Brasil "blanco" tal concepción es evidente en los textos escolares vigentes hasta la década del ´80, cuando comenzaron a decaer los ciclos dictatoriales de cuño militar. Por ejemplo, en Uruguay se daba por sentado que el 99% de la población era "blanca" (o sea, descendiente de europeos) y el 1% era "negra" (o sea, descendiente de esclavos africanos). En Argentina se consideraba un hecho que más del 99% de la población era "blanca" y que los indígenas ascendían a tan sólo 400.000 personas aisladas en reservas.
La raíz del "racismo" vernáculo hay que buscarlo en el siglo XVIII, cuando la administración colonial borbónica introdujo un órden social donde la discriminación de las "castas" (mestizos) y los no blancos se convirtió en una política de Estado. Hasta ese entonces existía un orden difuso, permisivo, que priorizaba la ascendencia genealógica sobre la étnica. Ser descendiente de colonizadores españoles no implicaba que se fuera "técnicamente" blanco. Alguien dijo que la sociedad patricia criolla más que "blanca" era "café con leche muy oscuro"...Pero durante el período borbónico se priorizaba el color de la piel y éste tenía que ser blanco a toda costa. El "blanqueo" se convirtió en una obsesión de las élites patricias, si bien pronto se dieron cuenta de que la Metrópoli nunca los consideraría auténticos "blancos". La administración de los territorios coloniales era confiada a peninsulares y tal situación alimentó el resentimiento de los "criollos" hacia los "europeos".
No obstante, una vez obtenida la independencia, las élites criollas continuaron obsesionadas con el "blanqueo" y alentaron la inmigración europea "controlada". Recién cuando se dieron cuenta que esa inmigración ponía en peligro su poder reaccionaron contra ella. Muchos sectores patricios oscilaban entre lo "europeo" y lo "nativo". Recurrían a este último como forma de legitimarse ante el "aluvión" inmigratorio que amenazaba su supremacía política, económica y cultural. Tras un primer proceso "modernizador" que sumergió a los sectores mestizos, indígenas y negros en la indigencia, la marginación, la invisibilidad, se pasó a una reivindicación romántica de las bases indígenas, africanas, mestizas de la nacionalidad. Tales oscilaciones quasi enfermizas son características de los procesos latinoamericanos de construcción de las identidades nacionales. La identificación con lo "rubio" o lo "moreno" es alternativo y depende de las circunstancias coyunturales.
A partir del siglo XIX, con la consolidación de los Estados-nacionales, los gobiernos latinoamericanos se encolumnaron en torno a una política de asimilación forzosa de las colectividades étnicas. A este proceso se lo llamó "crisol de razas". En cierto modo aún vigente, el concepto de "crisol de razas" priorizó la idea del mestizo por encima del orígen étnico, subétnico y racial. Aquellos grupos que resistían la asimilación eran segregados o estigmatizados. Muchos autores han cuestionado el "crisol de razas" como un mito nacional latinoamericano que ocultó formas sutiles y complejas de racismo y xenofobia. La "Gran Fundición de las Razas", agitada por sus exégetas resultó en un "mosaico de etnias" aún en proceso de integración. Pero también generó una brecha entre los "europeos" y los "no europeos". El mestizaje favoreció los matrimonios entre "blancos" por un lado, y aquellos realizados entre mestizos, negros e indígenas por otro lado, de tal modo que éste último grupo terminó siendo sumergido en la escala social siguiendo la tendencia ya vigente en la colonia y en los períodos proto-estatales. Pero también generó exclusiones de grupos no adaptados a la idea de la integración cultural, proyecto sobre todo defendido por las élites "criollas" abroqueladas en torno a estructuras "conservadoras" del poder. Ellas son las principales promotoras de una suerte de "terrorismo étnico", que estigmatiza como "apátrida" a todos aquellos que no se integran a los grandes grupos nacionales construídos por la fuerza.
Entender los tópicos que hemos expuesto es fundamental. El racismo o discriminación latinoamericano es esencialmente distinto al que existe en Europa y en Norteamérica. La "ocultación" de la diferencia es política de Estado en Latinoamérica, y se excluye al que se considera diferente, no al diferente mismo.

martes, 21 de febrero de 2012

EL TERCER TIPO: EL MISTERIOSO "HOBBIT" (HOMO FLORESIENSIS)







El 28 de octubre de 2004 un extraño descubrimiento en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, produjo un tsunami en el mundo académico paleoantropológico. Thomas Sutikna y Mike Morwood encontraron un esqueleto parcial de hembra adulta (LB1) y un premolar inferior perteneciente a otro individuo (LB2), asociados a industria lítica muy sofisticada, y evaluados en alrededor de 18.000 años de antigüedad. El problema era que se trataba de seres humanos de tamaño muy pequeño (estatura inferior o apenas superior a un metro) y una capacidad craneana similar a la de un chimpancé (380 cc.). Además sus características anatómicas no coincidían con Homo sapiens. Peter Brown los clasificó como Homo floresiensis y consideró que se trataba de una evolución a partir de Homo erectus. Atribuyó su tamaño a un caso de enanismo insular, fenómeno verificado en otros animales. Sin embargo otros autores, encabezados por Teuku Jacob y Robert Martin, estimaron que los restos de isla de Flores pertenecían a un Homo sapiens que padecía microcefalia. Jacobs comparó los hombres de Flores con enanos actuales de la aldea isleña de Rampasasa, argumentando que no es cierto que el tamaño de los supuestos homínidos esté fuera del rango de variabilidad de Homo sapiens.
Hubo que aguardar a que surgieran nuevos hallazgos en octubre de 2005, efectuados por Morwood y equipo, para aclarar las cosas.  Ese año se exhumaron un cúbito (LB3), un radio y tibia pertenecientes a un niño (LB4), una vértebra y un metacarpo pertenecientes a un adulto (LB5), huesos de una mano, omóplato y mandíbula similar a la de LB1 (LB6), hueso de un pulgar (LB7), una tibia (LB8) y un fémur (LB9). Los restos fueron datados entre 12 y 95.000 años. Y permitieron concluir que no se estaba en presencia de seres humanos víctimas de una patología. Se trataba de una población con características físicas definidas y específicas, apartadas en todo caso tanto de Homo sapiens como de Homo erectus. Morwood y Debbie Argue sostienen que descienden de Australopithecus u Homo habilis.
Adam Brumm y Aziz  han comparado las herramientas líticas de Liang Bua con otras similares encontradas en la isla de Flores datadas en 800.000 años de antigüedad (yacimientos de Mata Menge y Tangi Talo, 840-700.000 años). Esto permite sospechar que una población de homínidos pudo quedar aislada en la isla hace, quizá, un millón de años, convirtiéndose en el antecedente de los posteriores floresiensis.
El hombre de Flores recuerda básicamente a un australopithecus: brazos largos, piernas cortas, sínfisis mandibular inclinada como en australopithecus o habilis (sin mentón como en sapiens), mandíbulas salientes, prognatismo facial, frente huidiza, arcos supraorbitarios marcados (aunque sin formar un torus), muelas grandes, sin presencia de especializaciones masticatorias (lo que le da un rasgo más primitivo incluso que Australopithecus y Paranthropus), clavícula corta, ángulo de torsión del húmero bajo, ángulo glenoideo bajo, ángulo áxilo-espinal del homóplato bajo (en este sentido recuerda al niño de Nariokotome y también Australopithecus), muñeca primitiva al estilo habilis o australopithecus (por ejemplo, falta el área de expansión de la palma que permite la pinza de precisión).  Los pies de floresiensis son inusualmente planos y largos en relación con el cuerpo. De hecho se parece a la proporción pie-pierna (fémur y tibia) típica de los grandes simios. También el dedo gordo del pie es muy corto. Se sospecha que tenía un andar no muy rápido, debiendo doblar mucho las rodillas. Por otro lado, y a pesar de que el grado de encefalización (5,9) es menor incluso al de Australopithecus afarensis (6,1), la bóveda craneana de floresiensis es gruesa y similar a erectus y a sapiens. La llamada flexión basicraneal (fundamental en el proceso de hominización) es de 130º (intermedia entre erectus, que es de 141º, y de sapiens, que es de 127º).
Por otro lado análisis craneológicos realizados por el antropólogo Dean Falk de la Universidad de Florida en Tallahassee, han permitido deducir que el Hobbit poseía amplios lóbulos temporales, regiones asociadas con el habla y la comprensión. Pero además se sugiere que la presencia de circunvoluciones en los lóbulos frontales y en el polo frontal (área 10 de Brodmann) es prueba de que poseía un nivel de cognición muy elevado, quizá comparable al de un ser humano moderno.
La controversia sobre el Hombre de Flores dista mucho de estar resuelta. Muchos han vuelto a la carga con la hipótesis de una población patológica o producto de enanismo insular. Recientemente se ha desatado una polémica cuando Lee Berger, paleoantropólogo de la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica,  anunció el descubrimiento en abril de 2006 de restos (de unos 26 individuos) de una población con rasgos primitivos y una antigüedad de 1.000-3.000 años, en dos cuevas (Ucheliungs y Omedokel) de la isla de Palau. Berger relacionó su hallazgo con el Hobbit debido a que sus restos parecían presentar evidencias de enanismo similares. El antropólogo Michael Pietrusewsky de la Universidad de Hawai en Manoa, se apresuró en defenestrar el supuesto hallazgo, argumentando que se trataba de individuos de estatura normal. También el arqueólogo Timoteo Rieth, del Instituto Internacional de Investigaciones Arqueológicas de Honolulú, cree que se trata de  una población de individuos de estatura normal. Sin embargo Berger defiende su teoría de que una población de pequeños humanos vivió en Palau hace unos miles de años, y sospecha que podrían tener alguna relación, aunque sea convergente, con los homínidos de Flores.
Por otro lado dos informes separados sugieren que los restos de Flores podrían pertenecer a individuos patológicos. El equipo de Peter Obendorf, de la Universidad RMIT de Melbourne, ha concluído que la presencia de una fosa pituitaria pequeña en el cráneo es indicio de posible cretinismo o hipotiroidismo.  Falk se ha apresurado en criticar estas conclusiones basadas en moldes de segunda mano. El paleoantropólogo Peter Brown asegura que el estado real de la fosa pituitaria en el cráneo no permite mediciones significativas que lleven a concluir que se trata de un individuo con cretinismo. Por otro lado el anatomista Gary D. Richards en 2006 sugirió que podría tratarse de individuos con síndrome de Laron. Finalmente Ralph Holloway, antropólogo de la Universidad de Columbia, ha vuelto a concluir que las evidencias respecto a que se trata de Homo sapiens con microcefalia patológica son concluyentes.
La controversia sobre los restos de la cueva Liang Bua se realiza en medio de una auténtica guerra en donde los especialistas indonesios y los australianos se juegan su prestigio. Precisamente el ya fallecido Jacob fué acusado de haber saboteado las muestras que había tomado "prestadas" sin permiso y luego devolvió en 2005, para imposibilitar su investigación y así conservar sus privilegios como autoridad en antropología en Indonesia. También se acusa a Brown y Morwood de secuestrar virtualmente las muestras. De hecho este cruce de acusaciones viene a raíz de las divergencias entre los equipos de investigadores de Australia e Indonesia que habían realizado el hallazgo en forma conjunta. Cuando los australianos decidieron presentar unilateralmente los restos como una nueva especie la reacción inmediata de los indonesios fué contradecirlos. Este tipo de cuestiones lamentablemente pululan en el mundillo no sólo de la paleoantropología, sino en el de la ciencia académica en general.
Mientras tanto se ha dicho que los nativos tori de Flores hablan en sus leyendas de un pueblo de gente pequeña a la que llaman ebu gogo. Se dice que aún viven en la jungla. En Sumatra existe un relato similar sobre unos humanoides de un metro de estatura llamados orang pendek. Quizá el misterio de los pequeños hombres de las islas de Indonesia pueda ser resuelto... en el presente.

EL CUARTO TIPO: DENISOVA Y LOS "ERECTUS TARDÍOS" DE ASIA









El descubrimiento de los restos de una posible nueva especie humana, llamada "Hombre de Denisova" (si bien se trata de un individuo femenino conocido como la "Mujer X"), y la secuenciación de su ADN, el cual, sorprendentemente, se encuentra en excelente estado (el 70% del genoma es original), ha significado una auténtica revolución respecto a la concepción de nuestra propia especie. La idea de que el Homo sapiens es una especie "pura" que desplazó a otras hasta forzarlas a la extinción, se estrelló contra la evidencia de que en el genoma de los actuales melanesios existe un 5-6% de ADN denisovano. A su vez los europeos presentan entre un 2,5 y 4% de ADN de neanderthalensis. Los únicos que no presentan signos de hibridación con otra especie son los africanos. Todo indica que hubo otro tipo de contacto entre las "especies".
El homínido de Denisova se conoce en la actualidad por el hallazgo en 2008 y 2010 de una falange perteneciente a una niña de 6 años y el de un diente de individuo adulto hallados en la cueva siberiana de Denisova, en el Altai. El análisis del ADN (en especial del ADN mitocondrial), realizado en 2010 por el equipo de Svante Paabo y Johannes Krause del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, extraído de la falange arrojó entre otros datos significativos, que el nuevo tipo de homínido se separó de los neanderthales hace 640.000 años, y de sapiens hace más de 800.000 años. En cierto modo está más emparentado con neanderthalensis. De todos modos la diferencia entre los ADNs de Neanderthal, Denisova y sapiens es tan sólo de 1%. Y por otro lado sorprende que algunos tramos del genoma de Denisova presente arcaísmos que lo acercan más al chimpancé que al humano moderno. Se espera encontrar muestras de ADN nuclear del Denisova para poder aclarar esta cuestión. Ya se ha señalado por expertos que el molar de adulto denisovano es comparable al de Australopithecus y Homo rudolfensis.
Los dos fósiles de Denisova han sido fechados entre 50.000 años y 230.000 años, teniendo en cuenta la datación de fósiles de animales encontrados junto a ellos. De todos modos resta efectuar una datación más precisa. Es seguro que hace 30.000 años entraron en contacto con los ancestros de los actuales melanesios. Ésta situación ha hecho replantearse a muchos paleoantropólogos la ubicación específica de los fósiles conocidos por muchos como "erectus evolucionados" o "arcaicos asiáticos" ( asociados a veces a Homo sapiens).
Los dos cráneos (EV 9001 y EV 9002) de posibles adultos machos, de Quyuanhekou, Yunxian, en la provicia china de Hubei (Tang, 1980), muy deformados, datados en 400-300.000 años de antigüedad (otros los consideran más antiguos: alrededor de 800.000 años), han sido considerados mucho tiempo como erectus tardíos o "evolucionados". Presentan una gran capacidad craneana (superior a 1.000 cc) y unos rasgos mucho más suavizados que en los erectus clásicos. De hecho recuerdan mucho más a Homo sapiens.
Un caso similar es el del cráneo de Hexian ( Longtandong, China) hallado en 1980-81 por el equipo de Huang Wanpo del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín. Además del cráneo, perteneciente a un individuo masculino subadulto, se encontró un fragmento de mandíbula con dos molares, nueve dientes aislados y dos fragmentos craneales. Su datación es insegura y oscila entre 412.000,  280-240.000 y 190-150.000 años. Su capacidad craneal de 1025 cc. y los rasgos "erectus" menos pronunciados lo acercan a cráneos recientes de Zhoukudian (cráneo Nº 5) o a Homo sapiens.
Los dos cráneos de Halu ( Tangshan, Nanjin) podrían tener entre 400 y 300.000 años de antigüedad. También los restos de dentición hallados en Longushan, Huludong, Builongdong, Xinghuasan y Loggudong.
Por otro lado está el cráneo de Dali (China), datado en 200.000 años. Con una capacidad de 1150 cc. y un rostro muy moderno, corto, con escaso prognatismo, en otros casos recuerda, sin embargo, a los cráneos de Zhoukudian. Podrían asociarse a este cráneo los restos de dientes y fragmentos craneales de 200.000 años aproximadamente hallados en otros sitios de China: Yanghuidong (Tongzi, Guizhou), Chaoxian (cráneo fragmentario), Yunxi (dientes), Changyang, Zhoukudian (Localidad 4), Guojiujan, Guojiabao (tibia). También los restos de 220-140.000 años de Miaohoushan, los de 110.000 años de Dingcun, los de 90.000 años de Walongdong (Jiandé).
El caso del esqueleto femenino incompleto (único hallado en Asia hasta el presente, con una altura de 1,68 cm. y 78 kg. de peso) de Jinniushan (Liao Ning, Manchuria), presenta una capacidad craneana de 1330 cc., pero el resto de sus características son primitivas:  pelvis muy ancha, bóveda craneal baja y alargada y nariz chata. Algo similar ocurre con los restos de al menos 10 individuos (dientes, mandíbulas y bóvedas craneanas) de Xujiayao, datados en 104-125.000 años. El cráneo de Hathnora (Narmada, India) ha sido datado en 200-150.000 años y presenta bóveda craneal alta y rasgos "erectus" suavizados. Se parece al cráneo de Dali y también al de Maba (Guangdong), datado en 126.000 años. El cráneo de Maba presenta rasgos típicos de neanderthalensis, como las órbitas circulares y el perfil redondo de la bóveda craneana (considerados como una posible convergencia evolutiva). Tiene otra particularidad: un boquete de 14 cm. provocado por un golpe al que sobrevivió un tiempo, requiriendo probablemente de ayuda de su comunidad.
El esqueleto incompleto de jóven subadulto de 1,57 cm., de la cueva de Tontianyan (Liujiang, Guangxi- Zhung), presenta rasgos muy modernos y otros que recuerdan a neanderthalensis (como el espesor del hueso del fémur). Fué datado en 67.000 años. De entre 30 y 60.000 años serían los restos de: Longtanshan, Yiyuan (o Quizian), Shuicheng, Salamushu, Shiyu, Zhiyang y Wushang.
Howell considera que los fósiles arriba mencionados costituyen cuatro paleodemos distintos derivados de pekinensis: el paleodemo ZKD queda conformado por los restos pekinensis de Zhoukudian, Chenjiwao (lantianensis), y los de Hexian, Halu, Yiyuan, Longushan, Huludong, Builongdong, Xinghuasan y Loggudong;
otro paleodemo incluye los fósiles de Dali, Yanghuidong (Tongzi, Guizhou), Chaoxian, Changyang, Zhoukudian (Localidad 4), Guojiujan, Miaohoushan, Dingcun y Walondong; un tercer paleodemo está integrado por los restos de Jinniushan y Xujiayao; un último paleodemo estaría conformado por los fósiles de Maba, Tontanyian, Narmada, Longtanshan, Yiyuan (o Quizian), Shuicheng, Salamushu, Shiyu, Zhiyang y Wushang.
Según esta posición los restos de "erectus evolucionados" serían descendientes del Hombre de Pekín. Probarían, en el marco de la teoría de la Evolución Multirregional, una evolución hacia el sapiens desde el Homo erectus, en forma simultánea (e incluso anterior) con Europa y África. Sin embargo se ha cuestionado que se trate de auténticos Homo sapiens, así como también es dudoso que se trate de Homo erectus. Entonces, ¿en qué categoría entran?
Los hallazgos de Denisova podrían significar una resolución al enigma planteado: una línea de homínidos salidos de África hace un millón de años habría evolucionado hacia estas formas no-erectus. Es posible que hasta el llamado Hombre de Solo deba ser incluído en este grupo.
El Hombre de Solo ha constituído un debate entre los paleoantropólogos desde su descubrimiento mismo. En 1931 el geólogo Cornelius ter Haar descubrió un cráneo en Ngandong, a orillas del río Solo (Java). En los años siguientes aparecieron dos tibias y diez cráneos (algunos completos) asociados a instrumental elaborado asociado a Modo 2 o 3 (raspadores, una espina de raya, uj cuerno usado com martillo o hacha). Se relacionan a estos hallazgos otros realizados en los años siguientes: una punta tallada en hueso hallada en 1936 en Sidoredjo; un cráneo de 1200 cc. (Sm-1) y una tibia (Sm-2), asociados a industria lítica, encontrados por T. Jacob en 1973 en Sambungmacan; un cráneo encontrado en Ngawi en 1987, con capacidad de sólo 870 cc.; un segundo cráneo (Sm-3) con capacidad de 917 cc., encontrado en Sambungmacan en 1997; un tercer cráneo (Sm-4) con capacidad de 1007 cc. hallado en 2003 en Sambungmacan.
Todos los fósiles del río Solo pertenecen a la Formación Notopuro (máximo de 250.000 años). Sin embargo las diversas dataciones de los restos han arrojado cifras dispares dentro del rango máximo señalado: 120.000, 40-60.000, 53.300-27.000. Al problema de la datación insegura se suma el de la clasificación de los restos. Su capacidad craneana parece oscilar entre 1000 y 1250 cc. (hay registros menores). La morfología del cráneo recuerda a la del Hombre de Pekín y también al Heildelberg. En todo caso presenta torus supraorbital bastante marcado. Muchos autores prefieren considerarlo un típico Homo erectus tardío, pero no ha sido posible establecer una conexión con el Hombre de Java. En todo caso Dubois prefería asociarlo con el Hombre de Pekín (al que no consideraba emparentado con el Pithecanthropus) y con los cráneos de Wadjak (hoy incluídos en la categoría Homo sapiens). Precisamente esta mezcla de caracteres erectus y sapiens colocan a soloensis dentro de la insegura frontera de los "erectus evolucionados" o "sapiens arcaicos asiáticos". Quizá habría que considerar emparentarlo con el Hombre de Denisova.

viernes, 10 de febrero de 2012

GOLIATH: HOMO HEILDELBERGENSIS

La cuestión de los fósiles "arcaicos" europeos es similar a la cuestión del viejo "homo erectus". También es similar a la cuestión de los fósiles africanos englobados en el taxón rhodesiensis (algunos agregan el helmei). Antiguamente se los consideraba como Homo sapiens "arcaicos" o bien, como Homo erectus "tardíos" o "evolucionados". La nueva clasificación no conforma a todos pero es obvio que constituye un esfuerzo más genuino por entender la auténtica trayectoria filogenética de nuestros ancestros. Quizá el criterio que se sigue actualmente para clasificar los fósiles en cuestión es más bien geográfico y no genético. La tendencia es a considerar a los restos africanos como rhodesiensis y a los europeos como heildelbergensis. Y lo cierto es que parece que estamos en presencia de un complicado ramillete de géneros homínidos que presentan una gran variabilidad.
Este fenómeno podría explicarse por varias razones. La principal es el hecho de que se trata de descendientes de homínidos que se dispersaron al comienzo de las grandes glaciaciones (780.000 años atrás) y que quedaron aislados prácticamente durante la larga fase fría que se extiende hasta hace 130.000 años aproximadamente. Esta situación favoreció la divergencia genética de las poblaciones. Por otro lado también está el hecho de que se trata de especies en formación, aún no estabilizadas genéticamente, lo que favorece la variabilidad y la aparición de "mutaciones" viables sensibles a las presiones medioambientales. Los períodos de formación de nuevas especies suelen prolongarse en el tiempo (se habla de hasta un millón de años) mientras se produce el distanciamiento genético entre las poblaciones. Mientras tanto suele ocurrir que las especies (la "inicial" y aquella o aquellas "derivadas" de ella) se hibriden. Los homínidos surgidos entre un millon y 700.000 años atrás estarían en esta categoría "inestable" de "quasi-especies", lo que dificulta tanto su clasificación taxonómica.
El Hombre de Heildelberg nace en su concepción moderna a partir de la mandíbula de Mauer (Mauer1), descubierta en 1907 cerca de Heildelberg, Alemania. Su antigüedad es de 600.000 años, lo que la convierte en el más antiguo fósil adjudicado a la especie en cuestión. A menos que se considere definitivamente como un heildelbergensis el cráneo de Leinetal, Hannover (Baja Sajonia), descubierto en 2008 y al que se le asigna una antigüedad de 700.000 años. Los otros fósiles atribuídos a Homo heildelbergensis son: el cráneo de Steinheim an der Murr (cerca de Stuttgart, Alemania, hallado en 1933), con una capacidad de 1110-1200 cc., datado en 250-350.000 años; parietal y occipital de hembra jóven adulta, de 1300 cc., hallados en Swanscombe, Inglaterra, datados en 250.000 años; fragmentos de maxilar con dientes, y tibias de Pontnewydd, Inglaterra, datados en 251-195.000 años; restos craneales y postcraneales, pertenecientes a varios individuos, de Ehringsdorf (Alemania), datados en 350-200.000 años; un cráneo incompleto de Reilingen (Alemania);  fragmentos craneanos asociados a industria Modo 1 evolucionado, en Bilzingsleben (Alemania), datados en 400.000 años; lanzas de madera de Schöningen (Alemania), de 400.000 años; dos dientes, parte de una tibia (datados en 350-300.000) y rastros de matanza o simple despiece de animales de hasta 500.000 años en Boxgrove (Inglaterra); cráneo hallado en Petralona (Grecia) en 1960, con capacidad de 1220 cc y antigüedad de 250-150.000 años; dos cráneos (Apidima I y II) de 200.000 años de Apidima (Grecia); cráneo de Tautavel, Arago, Francia (Aragó21), descubierto en 1971 por Henry de Lumley,  datado en 400.000 años, capacidad de 1150 cc.(los fósiles de Arago ascienden a 80, destacándose además de Arago 21, la mandíbula de femenino Arago 2, la mandíbula de masculino Arago 13, el hueso ilíaco Arago 44, dientes pertenecientes a diez individuos, todos ellos ubicados entre 550 y 340.000 años); dientes asociados a industria Levallois en Orgnac 3 (Francia), con antigüedad de 350-320.000 años; canino de menos de 500.000 años de Vergranne (Francia); restos de individuo infantil de 400-200.000 años de Pech-de-l`Aze (Francia); cráneo incompleto de Biache-Saint Vaast (Francia), con 263-175.000 años; parietal de subadulto, incisivo de niño y canino adulto de Le Lazaret, asociados a industria achelense (Francia), datados en 160.000 años; cráneo adulto, cráneo infantil con mandíbula y tres dientes, asociados a industria Levallois, de Grotte Suard, La Chaise (Francia), datados en 130.000 años; mandíbula de Montmaurin (Francia); fémur asociado a industria achelense de Vanosa-Notarchirico (Italia), de 400-350.000 años; dos incisivos de 458.000 años de Fontana Ranuccio (Italia); cúbito, tibia y fagmento craneal de 450.000 años de Cava Pompi (Italia); mandíbula y cinco dientes de 400.000 años, de Visogliano (Italia); fémur de 200.000 años, de Ponte Mammolo (Italia); fragmentos craneanos y diáfasis de fémur asociados a industria achelense, de 300.000 años, de Castel di Guido (Italia); pelvis femenina de 200.000 años de Grotta del Principe (Italia); metatarsiano, fémur y fragmentos craneanos de 200.000 años de Sedia del Diavolo (Italia); restos postcraneanos y diente de 200.000 años de Grotta del Poggio (Italia); fragmento de parietal de 200.000 años de Casal de Pazzi (Italia); occipital y dientes de 380-350.000 años de Vérteszöllös (Hungría); metatarsiano y vértebra cervical de Cueva del Congosto, Alcorlo, Guadalajara (España); húmero femenino de Cueva de Lezetxiki, Mondragón, Guipúzcoa (España); 5.000 fósiles de 28 individuos de la Sima de los Huesos de Atapuerca (España) datados en 320.000 años.
A estos fósiles habría que agregar, según algunos autores, el cráneo de Ceprano (Italia), que ha sido datado recientemente en 400.000 años. También se asocian a heildelbergensis los posibles rastros de viviendas, muros bajos, chimeneas, uso del fuego y herramientas achelenses asociadas con 400-380.000 años, de Terra Amata (Niza, Francia), descubiertos por Henry de Lumley en 1966 (si bien fueron impugnados por autores como Paola Villa quienes creen que de Lumley se excedió en sus conjeturas, ya que la mayor parte de las evidencias pueden ser explicadas por eventos naturales). Otros sitios con supuestas evidencias de uso de fuego: Suffolk (Inglaterra), Finisterre (Francia), Vértesszöllös (Hungría).
Respecto a los fósiles de la Sima de los Huesos, presentan varias singularidades. En primer lugar está el hecho de que se trata de la mayor concentración de fósiles homínidos de todo el Pleistoceno Medio descubierta hasta hoy (costituyen el 80% de los fósiles del período). Data de 1976, cuando el equipo de Trinidad Torres descubre los primeros restos (fragmento mandibular de 300.000 años: AT76-T1H). En segundo lugar está el hecho de que se encuentra envuelto en el misterio: no hay una explicación contundente sobre la presencia de 28 individuos concentrados en una cueva. Por último, los fósiles parecen ser diferentes al resto de los conocidos como heildelbergensis.
Sobre los fósiles en sí, incluyen: 10 cráneos (10 de ellos con criba orbitaria o  perforaciones en el interior de las órbitas, y varios con rastros de traumatismos curados), 6 mandíbulas robustas y sin mentón (con signos de artrosis degenerativa en seis de ellas), alrededor de 500 dientes sin rastros de caries y con marcas de uso de mondadientes, con rasgos neanderthaloides típicos (incisivos superiores en pala, caninos con cíngulos gruesos, premolares no molarizados, molares decrecientes en largo y en ancho), 466 costillas, 645 vértebras, 42 clavículas, 114 escápulas, 110 húmeros, 65 cúbitos, 85 radios, 173 fémures, 89 tibias, 105 peronés, 20 rótulas, restos de extremidades (304 falanges de manos, 208 falanges de pies, 101 carpos, 93 metacarpianos, 103 tarsos, 80 metatarsos) con señales de líneas de Harris en restos infantiles (evidencia de enfermedades infantiles), hioides y huesos del oído (que han permitido a autores como I. Martínez inferir capacidad de lenguaje articulado en aquellos individuos).
Los fósiles más conocidos de la Sima de los Huesos son: Atapuerca 5 (AT700), conocido como "Miguelón", descubierto entre 1992 y 93 por José Luis Arsuaga, es un cráneo completo de 300.000 años y capacidad de 1125 cc, de cuyo análisis se ha deducido que era diestro; Atapuerca 4 (caja craneal completa sin cara de individuo adulto con artritis avanzada); pelvis y otros huesos de individuo adulto ("Elvis", datada en 500.000 años, con rastros de padecimiento de enfermedad degenerativa grave; cráneo deforme de niño enfermo de 10 años ("Bemjamín"), y antigüedad de 500.000 años, evidencia de que la comunidad cuidaba a aquellos individuos inválidos.
A pesar de los casos señalados la mayoría de los individuos hallados en la cueva no muestran síntomas de enfermedad, ni tampoco rastros masivos de haber sido devorados por carnívoros o por congéneres (es decir, canibalismo). La hipótesis más extendida es que se la cueva era un lugar donde se depositaban los cadáveres de los que morían. Otros autores apuntan a algún tipo de accidente que produjo la muerte de un grupo de individuos que quedó atrapado en el lugar.
La cuestión de la extrema variabilidad de los restos de Atapuerca ha sometido a presión a la hipótesis del heildelbergensis generalizado. Sostenida ésta por autores como Rightmare (1997) y Ward (también por de Lumley y Aguirre desde 1977, quienes argumentaron en contra de la existencia del taxón erectus en Europa y África restringiéndolo a Asia), se basan en la idea de que, pese a las diferencias, es razonable hablar de un clado taxonómico europeo antepasado de Neanderthalensis con características genéricas comunes. En efecto ellas serían: mandíbula moderadamente robusta, dientes pequeños, arcada dental parabólica, bóveda craneal baja y alargada, capacidad cranena de hasta 1350 cc., arco cigomático saliente y orientado hacia adelante, gran abertura nasal,  frente huidiza con torus pronunciado en doble arco, prognatismo profundo, extremidades inferiores largas, pelvis corta en forma de cubeta, estatura elevada (hasta 1,80 metros, las hembras diez cms. menos) y peso de hasta 105 kg. Se trataría de un tipo humano que revela fuertes indicios de cohesión y organización social, además de una posible conducta cazadora. Heildelbergensis no sería estrictamente (o exclusivamente) hablando un carroñero y clectoparásito como el Homo ergaster (quizá erectus también). Se cree que podía hablar, manipulaba el fuego (quizá también lo producía) y también utilizaba abrigos de pieles.
Sin embargo los investigadores vinculados a Atapuerca apuestan a una revisión de la hipótesis heildelbergensis. Stringer (1993) y Arsuaga creen que se trata de una cronoespecie (segmento de linaje que ha sufrido un débil proceso evolutivo, por lo que no se lo puede considerar una especie definida) que forma parte de la evolución anagenética (filética o progresiva) de neanderthalensis (Dean, 1998), o un grado (conjunto de grupos con evolución en paralelo).
Esa es la razón por la que algunos autores conservan las denominaciones steinheinmensis, swanscombensis, tautavelensis, paleohungaricus, petraloniensis, palaestinensis, mauritanicus...para los distintos fósiles con características peculiares.
El llamado Hombre de Steinheim podría ser una variante local posterior a los restos Heildelberg clásicos (Mauer). Incluye el cráneo de Steinheim, de 1100 cc.,, encontrado en 1933, perteneciente a una mujer de 25 años y una antigüedad de 250-300.000 años, que murió a causa de un meningioma (según los estudios de Alfred Czarnetzki, Carsten Pusch y Schwaderer Erwin de la Universidad Eberhard Karls de Tübinga, Alemania, realizados en 2003). También podrían agregarse los fósiles de Ehringsdorf, en total restos de siete individuos hallados entre 1908 y 1925, datados algo imprecisamente en alrededor de 250.000 años de antigüedad.

El llamado Hombre de Swanscombe es el prototipo para la variedad heildelbergensis de Inglaterra. Los tres fragmentos del cráneo de Swanscombe fueron encontrados en 1935, 36 y 55 por Alvan Marston y pertenecen a un individuo con capacidad craneal de 1325 cc., que vivió hace 200-300.000 años. Se incluyen en el grupo los restos de Boxgrove y Pontnewydd.La región de Swanscombe era conocida desde antes del hallazgo de los cráneos por la numerosa evidencia de industria achelense-clactoniense encontrada, datada en 400.000 años.

El occipital hallado en la localidad húngara de Vértesszöllös, asociado a industria lítica achelense, datado en 300.000 años, posee rasgos arcaicos acentuados, pero su capacidad craneal es de 1470 cc. Ésto lo colocaría prácticamente en el rango de Homo sapiens. Por esa razón se lo catalogó anteriormente como Homo erectus u Homo sapiens paleohungaricus.

El Hombre de Tautavel (Pirineos Orientales) fué reconstruído en base aunos 80 fósiles de varios individuos que vivieron en Caune de l`Arago, Tautavel (Francia). Datados en 450.000 años presentan varias peculiaridades. Recuerdan al pekinensis por sus gruesos torus en doble arco, pero presentan una típica característica neanderthaloide: la mandíbula superior plana constituyendo una suerte de hocico (que no está presente en Steinheim). Su capacidad craneal es de 1150 cc. Aparece asociado a industria lítica achelense llamada tayaciense antiguo, a posible utilización del fuego y presunta conducta cazadora (otros autores creen que el Hombre de Tautavel era más bien carroñero y caníbal). 

También presenta características distintivas el Hombre de Petralona, un cráneo de individuo adulto encontrado en en una cueva del monte Katsika, Petralona, Calcídica (Grecia) por el espeleólogo Christos Sariannidis en 1960. Presenta un occipucio en ángulo, no redondeado como es característico en neanderthalensis y en la mayoría de los heildelbergensis. Presenta prognatismo reducido y carece de cresta sagital, lo que lo dota de un aspecto muy moderno. Sin embargo posee el torus en doble arco, ancha apertura nasal y huesos de las mejillas inflados, características típicas de heildelbergensis. La mandíbula es ancha, la cara alargada, ancha y maciza en su parte superior. Su capacidad craneana es de 1220 cc. Ha sido datado recientemente en 250.000 años (anteriormente se lo ubicaba entre 750-550.000 años). Hay autores que discuten su filiación a heildelbergensis, aduciendo que es comparable a ciertos restos asignados a rhodesiensis