lunes, 25 de febrero de 2013

LA HUMANIDAD PERDIDA (III): EL MITO DE KING KONG

En 1932 Merian C. Cooper y Edward Wallace
realizaron el argumento de King Kong (publicado en forma de novela ese mismo año por Delos W. Lovelace), que fué rápidamente llevada a la pantalla del cine en 1933. Se trataba de un relato fantástico de aventuras que, por un momento, ayudó a las atribuladas masas de norteamericanos a olvidarse de la crisis del '29. Pero lejos estaban de considerar muchos que el relato era una simple invención. Esos años muchas cosas fantásticas eran creídas por demasiada gente que se dejaba engañar con pasmosa facilidad.
Si bien King Kong no tuvo el mismo efecto que la teatralización radial de Orson Welles de 1938, basada en la novela de H. G. Wells "La Guerra de los Mundos", no faltaron crédulos de que la historia podía ser cierta. Las películas y novelas sobre dinosaurios y monstruos prehistóricos pululaban. Ya en 1864 Julio Verne se adelantó a la idea de seres prehistóricos sobreviviendo hasta el presente en su "Viaje al Centro de la Tierra". En 1912 sir Arthur Conan Doyle publica "El Mundo Perdido", llevada al cine en 1925. Si bien la novela instaló la idea de los recónditos sitios donde sobreviven dinosaurios, la versión para pantalla grande incluyó una escena de un brontosaurio sembrando el caos por las calles de Londres lo que no dejaría de tener consecuencias en todas las películas posteriores sobre el tema. Ni Speelberg se escapa de esta influencia, incluyendo un tiranosaurio en su película "El Mundo Perdido" que escapa y siembra el caos en las calles de San Diego. La historia de Doyle tuvo otros sucesores literarios: "La Tierra Olvidada por el Tiempo" (1918) de Edgar Rice Burroughs; "La Cara en el Abismo" (1923) de Abraham Merritt.
Para cuando se estrenó King Kong ya existía, pues, una tradición instalada respecto a mundos perdidos. El cine tenía sus antecedentes: "Gertie", película animada de 1914; "The Gost of the Slumber Mountain", primera película de imágen real sobre dinosaurios de 1919 (en ella debuta Willis O'Brien como el realizador de las animaciones de los monstruos). La película King Kong de 1933 marca el punto culminante de la carrera de Willis O'Brien, quien se inspiró en los dibujos de Charles R. Knight para crear sus efectos especiales.
La película de King Kong es también un subproducto de la primer "dinomanía" que abarcó gran parte del siglo XIX, y sus ecos se extendieron hacia las primeras décadas del siglo XX. En efecto, en 1822 y 1824 Mantell y Buckland encuentran los primeros fósiles en Inglaterra, que Richard Owen bautiza en 1842 con el nombre genérico de "dinosaurio". Pero desde el hallazgo del primer dinosaurio norteamericano en 1858 por W. Parker Foulke la fiebre se destaría. Entre 1877 y 1892 se produjo la llamada Guerra de los Huesos, una competencia entre Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh por quién encontraba la mayor cantidad de fósiles de dinosaurios. Ambos se arruinaron económicamente pero aportaron un caudal de 142 especies de dinosaurios a la ciencia paleontológica.
También fué aquel un tiempo de descubrimientos zoológicos espectaculares, destacándose el del dragón de Komodo en 1912. La idea de que un gran reptil prehistórico era el depredador principal en una islita perdida de Indonesia, disparó la imaginación de muchos creadores de historias.
Pero también el fenómeno de King Kong tiene otro fundamento más fantástico. Un eco de la batalla entre evolucionistas y creacionistas o científicos y ortodoxos religiosos fué una avalancha de fraudes fotográficos y relatos ficticios presentados como auténticos, que hicieron del pensamiento mágico algo habitual. Uno de los más excitantes fué la fiebre de historias relacionadas con pterosaurios vivos. El 9 de febrero de 1858 en un artículo publicado en la revista británica "The Illustrated London News" se publicaba una foto de un pterosaurio muerto a tiros por unos trabajadores franceses que trabajaban en un túnel que uniría la vía férrea de Nanzi con Saint-Didier. Se decía que la criatura había salido de una roca que fué partida por una explosión. Respecto a los restos del animal fueron hechos desaparecer...lamentablemente. Un relato aparecido en una revista californiana en octubre de 1886 contaba respecto a los ataques a ganado de un reptil volador enorme que aparecía sobre la laguna Elizabeth. Se intentó matarlo o capturarlo pero al parecer era inmune a las balas (un informe dice que al dispararle un tiro la bala rebotó con ruido metálico en el animal). Finalmente dejó de aparecer. Del mismo año parece ser un relato aparecido en el periódico "El Epitafio" de Tombstone, Arizona, donde se cuenta cómo unos vaqueros mataron un monstruo volador y lo llevaron al pueblo en una diligencia.
El supuesto artículo de Tombstone reaparece mucho tiempo después, acompañado de una misteriosa y polémica fotografía. Se decía que la misma daba vueltas desde la época de la Guerra de Secesión, 1864 para ser exactos. En ella se veía a soldados yankees posando junto a un enorme pterosaurio muerto. También se contaba que la bestia había salido de una roca partida a cañonazos durante un bombardeo de una montaña cerca de Vicksburg. Si bien la foto aparece referenciada en un libro de la serie "Saga" de la década del '70 haciendo alusión a la leyenda lakota de los "Thunderbirds" y "Unktehila", existe una discusión sobre su antigüedad. Posiblemente se traten de fraudes muy recientes. De hecho se la atribuye a la serie Freaky Links de 2000. Una de las fotografias se dice que fue encontrada en 1995 por un coleccionista de libros antiguos llamado Derek Williams en Arkansas. Según el análisis sería una fotografía tomada en la década del '60 a otra fotografía más antigua.
Pero la época en que se realizó King Kong también está marcada por la aparición de otros extraños relatos en los periódicos. En 1932 un artículo del Rhodesia Herald describe el relato de un propietario sueco de una plantación llamado John Johnston (o Johansson) que dijo haber visto un animal parecido a un tiranosaurio atacando y comiéndose después a un rinoceronte en el valle de Kasai, en el Congo. De hecho existía una poco confiable fotografía dando vueltas en los medios de prensa.
Por otro lado sucedía paralelamente con el fenómeno King Kong otra monstruomanía centrada en el monstruo de loch Ness. Cuando en 1868 el periódico Inverness Courier menciona los rumores sobre una criatura enorme en las aguas del lago, da inicio al fenómeno mediático más espectacular del siglo XX. En efecto en 1930 el Northern Chronicle publica una historia sobre el avistamiento de un animal desconocido en Tore Point por unos pescadores. A este se suma el avistamiento de K. McDonald de 1932 y el artículo del Inverness Courier del 2 de mayo de 1933, considerado un hito fundamental en la fiebre del monstruo de Loch Ness. El relato de un encuentro con el "monstruo" protagonizado por una pareja produjo un impacto editorial en Londres, lo que motivó el envío de corresponsales y también el ofrecimiento de una recompensa de 20.000 libras esterlinas por la captura del animal. El 11 de agosto de ese mismo año lo que solía ser mencionado como un pez  o criatura misteriosa pasó a ser una especie de animal prehistórico debido a la descripción detallada de un testigo llamado A. H. Palmer.
Otra fuente de inspiración para la película King Kong fueron los relatos sobre el Yeti del Himalaya. Existen menciones en Europa ya desde 1832 sobre esta criatura casi mitológica de Asia Central. Ese año el representante británico en Nepal, Brian H. Hodson, describe a un enorme ser peludo sin cola y de andar erguido. En 1886 el coronel británico L. A. Waddell informa sobre su avistamiento de huellas de una extraña bestia peluda semi-humana en su viaje desde Darjeeling a Sikkim ("Among the Himalayas"). En 1905 W. Knight aseguró haber visto al yeti en Gantok (Sikkim). En 1921 en el libro "Monte Everest. El Reconocimiento" del Teniente Coronel Charles Howard-Bury se menciona por vez primera al "hombre de las nieves". El mencionado autor dijo haber visto a varias criaturas con sus prismáticos. En 1925 N.A. Tombazi, de la Royal Geographical Society, aseguró haber visto al extraño hombre salvaje del Himalaya. En 1932 el oficial polaco Slavomir Rawitsch se encontró con una pareja de estos seres en su viaje desde el Gobi a la India. Recién en 1951 Eric Shipton logra la primera fotografía de una pisada del yeti en el glaciar Menlung.
Otra fuente de inspiración innegable de la historia de King Kong es el mito moderno de Lemuria y Mu. Una hipótesis formulada en 1864 por el geólogo inglés Philip Lutley Sclater sugería que la existencia de un supercontinente en el océano Índico que se habría hundido hace miles de años podría explicar la presencia de lemures en Madagascar, Zanzíbar y la India. Por esa razón lo llamó Lemuria. Aunque la hipótesis sería luego desechada por el modelo de Wegener de las placas tectónicas y la deriva continental, la idea del supercontinente persistiría mezclándose con otras tradiciones. Una de ellas es la del mito tamil de Kumari Kandam (Kumarikkantam). En las epopeyas de Shilappadikaram, Manimekhalai y Akapporul Iraiyanar se cuenta que los drávidas proceden de una isla que se situaba en el océano Índico frente a la punta sur de la India (Kanyakumari) y que luego se sumergió. Las tradiciones tamiles ubican el Idai Sangam (Mudharchangam o Mutarcarikam) , primer período Sangam (Carikam), en dicha isla. El período duró 4.400 años, abarcó 89 reyes y se habría iniciado hacia el 9.000 a.C. También el segundo Sangam (Itaicarikam), con centro en la ciudad de Kapatapuram, que duró 3.700 años y abarcó una sucesión de 59 reyes, se habría desarrollado en dicho continente sumergido. Según algunos cálculos el mismo habría desaparecido hace alrededor del 2000 a.C.



La historia de Lemuria terminaría mezclándose con la de otro supuesto supercontinente sumergido: Mu. Hacia 1864 el abate Charles Etienne Brasseur de Bourbourg descifró un códice maya donde se narraba una catástrofe volcánica que habría destruído una isla o continente. La cuestión es que el abate pudo haber sido inducido a error debido a que se basaba en un alfabeto maya compilado por Diego de Landa (téngase en cuenta que la escritura maya era ideográfica, no alfabética). De ese modo tradujo dos ideogramas como si fueran letras y creó el mito de "Mu". En 1866 el coronel James Churchward, oficial del ejército británico en la India vinculado a la teosofía, anunció haber descubierto y descifrado con ayuda de un sacerdote hindú una biblioteca de tablillas de barro guardadas en un templo perdido. El resultado de su trabajo lo compiló en una serie de libros, donde relató la historia de un supercontinente llamado Mu que existió en el océano Pacífico hace unos 200.000 años, desapareciendo hace unos 20.000 años. En 1871 Augustus Le Plongeon estudió manuscritos mesoamericanos en el Museo Británico y, entre 1873 y 1885 vivió en Yucatán estudiando a los mayas. Su traducción del Códice Troano (Códice de Madrid) es la más controvertida de las que se han realizado, ya que parece corroborar la hipótesis de la existencia del continente Mu.
En 1888 la credora de la Sociedad Teosófica, Madame Helena Petrovna Blavatsky, basándose en supuestas fuentes orientales como el Libro de Dzyan tibetano, da forma a la hipótesis (o delirio según muchos) de las Razas Raíces o Humanidades en sus libros de "La Doctrina Secreta". A la tercera Raza Raíz la llama Lemuria. El tema sería desarrollado por uno de sus sucesores W. Scott-Elliot, delegado de la Sociedad Teosófica en Gran Bretaña en sus libros "La Historia de la Atlántida" (1896), "La Lemuria Perdida" (1905) y "La Historia de la Atlántida y la Lemuria Perdida" (1925). Lo interesante es la descripción que se hace de los lémures: gigantes de más de 5 metros, mezcla de reptiles y antropoides.

Pero quizá el mayor aporte a la creación de la criatura de la isla de la Calavera haya provenido de los hallazgos realizados entre 1891-92 por Eugène Dubois y 1930-35 por Ralph von Koennigswald. Al momento de estrenarse la película el mundo académico se había conmocionado por los hallazgos de fósiles homínidos que se inscribían dentro de la tradición del "eslabón perdido". Espectaculares descubrimientos se habían anunciado en Java y en China, que habían opacado los realizados en África en la década del '20 (niño de Taungs). Parte de la comunidad académica estaba seducida por la idea de que los seres humanos habían evolucionado de los monos en Asia, a pesar de que, pese a las dudas expuestas por antropólogos como Franz Weidenreich en los años '20, gran parte de la misma seguía aceptando al fósil de Piltdown como el auténtico "eslabón perdido". Recién en 1953 se aceptaría definitivamente la falsedad de los restos de Piltdown. En medio de este ajetreo, los prometedores hallazgos de Sudáfrica habían sido olímpicamente ignorados.
La idea del "eslabón perdido" entre los hombres y los monos no es precisamente de Darwin, si bien algunos seguidores posteriores se basaron en su libro "La ascendencia del hombre" (1871), para proponerla. Uno de ellos fue el biólogo alemán Ernst Heinrich Philipp August Haeckel, quien formuló una curiosa teoría hacia 1874. En ella decía que una especie intermedia entre los humanos y los simios (missing link-eslabón perdido) había tenido origen en el continente desaparecido de Lemuria. Llamó a esa epecie Pithecantrhopus alalus (hombre-mono que no habla) y envió a sus discípulos a buscar sus restos en las Indias Orientales Holandesas (actual Indonesia). Uno de ellos, Eugène Dubois encontró los restos del Hombre de Java en 1891-92 y los bautizó como Pithecanthropus erectus.
Otros creen que la idea de la búsqueda del eslabón perdido la formularon los escépticos en respuesta al libro que Thomas Huxley publicó en 1863 llamado "Evidencias del lugar del hombre en la Naturaleza", donde expone las similitudes anatómicas que unen a humanos y primates (especialmente gorilas y chimpancés).
Los nuevos hallazgos en China y Java concitaban la atención académica y periodística al momento de estrenarse la película King Kong. A fines de 1930 Gustav Heinrich Ralph von Koenigswald se trasladó a Java a hacerse cargo de las excavaciones como parte del servicio de Reconocimiento Geológico de las Indias Orientales Holandesas. En 1931 descubre el cráneo del niño de Mojokerto, que incluye dentro de la especie bautizada antes por Dubois. Este hecho desata una polémica con el descubridor del supuesto "eslabón perdido" de Java.
En 1927 el anatomista Davidson Black publica en la revista Nature el descubrimiento del Sinanthropus pekinensis. Los huesos identificados en la Facultad de Medicina de Pekín habían sido encontrados en Zhoukoudian hacia 1921 por Otto Zdansky. En 1929 la Fundación Rockefeller se encarga de la financiación de las excavaciones en el sitio chino, con losarqueólogos Yang Zhongjian y Pei Wenzhong como directores. Especialistas europeos como Theilhard de Chardin y Franz Weidenreich participaron de los trabajos. Precisamente por ese entonces Weidenreich lanza su teoría de que las razas humanas evolucionaron en forma independiente en distintas partes del mundo.

Pero la película King Kong en realidad se adelantó a una serie de hallazgos que pusieron en el tapete la cuestión de los gigantes prehistóricos. En 1935 el paleontólogo Ralph von Koenigswald obtuvo un molar de 2,5 cm de ancho de una botica de Hong Kong. Se trataba de uno de los llamados "huesos de dragón", considerados como medicinales por la tradición oriental. En realidad se trataba de huesos fósiles. Y von Koenigswald reconoció que aquel molar pertenecía a una especie de enorme primate al que le calculó una altura de más de tres metros, que habría vivido hace entre 125 y 700.000 años atrás. El paleontólogo lo llamó Gigantopithecus blacki. Continuó buscando los enigmáticos dientes durante cuatro años en las farmacias chinas. Encontró tres molares más, y obtuvo la información de que procedían de la región de Guangxi. Los trabajos de von Koenigswald se interrumpieron al ser hecho prisionero por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. La búsqueda de restos del monstruoso simio se retomaría mucho tiempo después por investigadores como Russ Ciochon. Éste encontró evidencias fósiles en Vietnam, básicamente dientes y mandíbulas. Nunca se halló un esqueleto completo y todo lo que se sabe de este extraño ser es especulativo. Su tamaño es una cuestión de debate: basadas en el cociente cabeza-esqueleto de primates conocidos se obtienen cifras que rondan los 3 metros de altura. Pero se cree que podría ser más grande. También se debate respecto a si era bípedo o cuadrúpedo. Se supone que era demasiado grande para ser arborícola, por lo que tendría costumbres terrestres como el gorila. Análisis de sus dientes han permitido establecer que tenía una dieta similar a la del panda gigante.
Cuando fué capturado por los japoneses von Koenigswald se encontraba en Java. En 1941 había encontrado una mandíbula excepcionalmente robusta en Sangiran y se las arregló para hacércela llegar a Franz Weidenreich, del Museo de Historia Natural de Nueva York. En 1945 este investigador identificó al fósil como perteneciente a un homínido de gran tamaño, más de 2,30 m., al que bautizó como Meganthropus paleojavanicus. Lo utilizó en su libro "Simios, Gigantes y Hombres" (1946) para afirmar su teoría multirregional del origen del hombre moderno. Propuso que se trataba de un descendiente del Gigantopithecus, y, a su vez, ancestro del Pithecanthropus. En cambio von Koenigswald y Krantz, adhiriendo a la tesis de J. T. Robinson, consideran que se trata de un homínido emparentado con Australopithecus o Paranthropus. La mayoría de los paleoantropólogos cree que los restos atribuídos a Meganthropus están relacionados de algún modo con el Homo erectus: ya como un subespecie o especie separada, ya como miembros machos o anómalos de la misma especie. Se discute respecto al tamaño atribuído al homínido en cuestión. Algunos le atribuyen una estatura de 2,75 m. pero otros creen que no superaba el metro ochenta.


Algunos investigadores, en especial criptozoólogos, creen que el Meganthropus o el Gigantopithecus son en realidad ancestros de criaturas enormes que podrían vivir aún en los bosques de Indonesia. En Borneo existe una tradición respecto a un ser llamado Rambi Beraung (o Beraung Rambai), mencionado por Odette Tchernine en su libro "In Pursuit of the Snowman" (1971). Si bien es asociado con un orangután gigante, se lo describe como muy grande y de pelaje oscuro, recordando más bien a un gorila. En su libro "In Search of the Red Ape" (1974) John MacKinnon relata su encuentro con un enorme orangután negro en Borneo que caminaba erguido. El autor cree que se trata de orangutanes excepcionalmente grandes, pero muchos opinan que es una nueva especie. Lo cierto es que varios testigos calificados han relatado encuentros con orangutanes anormalmente grandes, bípedos y de costumbres terrestres. Se ha señalado que en Borneo los nativos distinguen una variedad muy rara de orangután llamada Pappan Mias, Kassu Mias, Zimo o Rambi Mias. Esta variedad puede llegar a alcanzar los 2 metros de altura e icluso superarlos. A pesar de que se lo considera una subespecie de Pongo Pygmaeus (P.p. wurmbii), se ha propuesto que podría estar más emparentado con Pongo abelii (orangután de Sumatra), y con la especie antepasada de los orangutanes indonesios. En el libro "Escape Kinabalu - La historia de los soldados", de Rich Mayfield y Bob Mann (publicado por Constable, ISBN: 0 09 476970 2) se cuenta sobre el avistamiento de una de estas criaturas por parte del sargento Bob Mann y el cabo Rich Mayfield en 1994 en el desfiladero de Gully Low, al pie del monte Kinabalu.
Existe en Borneo y en Sumatra otra criatura de gran tamaño, si bien podría ser la misma que la anteriormente mencionada. En realidad Bernard Heuvelmans hace referencia a la criatura como parte de la tradición de Sumatra. Es llamada Gadang Orang (Great-Big Man), el Hombre Gigante. Según algunos relatos su tamaño podría llegar a los 5 m. de altura (su tamaño pomedio oscila entre los 1,8 y 2,5 m.) y aparece cubierto de pelo negro. Algunos autores creen que Orang pendek y gadang son la misma criatura, siendo el gadang el individuo adulto completamente desarrollado.
En el ya mencionado libro de John McKinnon, descubridor de los mamíferos nuevos de la selva vietnamita de Vu Quang en 1990, se cuenta sobre un gran primate de la jungla vetnamita llamado Nguoi Rung. Se supone que es la misma criatura que algunos soldados norteamericanos que estuvieron en Vietnam durante la guerra llamaban "Rock Ape". En Laos es llamado Khi Trau (Mono Grande o Mono Búfalo) y se le adjudican ataques y muertes de seres humanos. Su tamaño llega a los 1,8 m., y está cubierto de pelos de color gris, marrón o negro (al parecer no tiene pelos en la cara, manos, rodillas y plantas de los pies). McKinnon dice haber encontrado huellas del ser. Recientemente el equipo del presentador Josh Gates de Syfy's Destination Truth Temporada 5 encontró huellas del Nguoi Rung en el Parque Nacional Ke Bang de Vietnam, las que fueron analizadas por el primatólogo y experto en la casuística Bigfoot Jeffrey Meldrum.
En la selva de Johor, en el Parque Nacional Endau-Rompin y en el bosque de Setapak, al noreste de Kuala Lumpur, Malasia, los Senoi cuentan historias sobre un gigante de 3 metros llamado Orang Dalam, Orang Mawas o Hantu Jarang Gigi. Se han acumulado tantos testimonios y se han hallado tantas huellas de la criatura, que en 2006 las autoridades de Johor anunciaron que estaban interesadas en organizar una expedición para encontrarla. Finalmente todo quedó en intenciones. El revuelo surgió cuando tres trabajadores vieron en 2005 dos Mawas adultos y un niño caminado a orillas del río Kincin. Luego, en enero de 2006, se publicó la foto de una huella en alquitrán.
Algunos autores relacionan el Mawas (palabra que se usa para nombrar al orangután en Sumatra) con dos seres de la tradición popular filipina. Uno es el MuWa (o Muwa) de Samar Oriental, más bien descripto como un demonio nocturno de ojos rojos y pelo corto negro, y el Amomongo. Éste último podría, en todo caso, ser una especie de primate desconocido descripto en La Castellana, provincia de Negros Occidental, como un mono salvaje que habita en el monte  Kanlaon y ataca a las cabras, pollos y, a veces, también a seres humanos. Un informe de 2008 precisamente alertaba sobre un ataque de esta criatura a dos personas. De hecho se comunicó que la policía tiene muestras de sangre del animal en un cuchillo usado por un hombre llamado Eric Lasita para defenderse de un ataque. Se lo describe como similar a un gorila de 1, 5 m., cubierto de pelaje blanco y unas grandes garras con la que destripa a sus presas.
En los bosques de Meghalaya, en las colinas de Garo (noreste de la India y Bangladesh) cuentan los nativos que habita un enorme simio bípedo de más de 1,8 m. de altura al que llaman Mande Burung. Una oleada de avistamientos entre 2002 y 2005 ha provocado varios rastreos por parte de la Sociedad de Turismo de Achik, obteniendose moldes de huellas de 33 y 38 cm. de largo, "nidos" y pelos del animal. Los análisis de ADN revelaron que se trataban de pelos del goral del Himalaya, una especie de cabra. También el equipo del criptozoólogo Adam Davies realizó una búsqueda de evidencias en 2010. Podría tener alguna relación con un monstruo que habita en las junglas del norte de Bangladesh llamado Ban-Manush (hombre-mono) que, se dice, llega a alcanzar la altura de 6,1 metros. El Ban-Manush es comparado con el Nyalmo tibetano (o Dzu-teh), la forma gigante del Yeti.
En la montaña Phnom Kullen, en el Parque Nacional Phnom Kullen, a 50 km. al norte de Siem Reap, Camboya, se dice que habita una criatura de 1,8 m. de altura, cubierta de pelo oscuro. Se ha reportado un avistamiento por parte de unos turistas en 2010. También existen reportes de avistamientos de unos enormes bípedos de 1, 8 m. y cubiertos de pelaje oscuro que habitan en el Parque Nacional Mae Charim, provincia de Nan, en el norte de Tailandia , en la frontera con Laos. Se dice que las criaturas se mueven por las noches y llegan a atacar y matar seres humanos.
En las regiones montañosas de la provincia de Hubei, especialmente en Shennongjia, y también en la provincia de Zhejiang, podrían vivir los últimos míticos hombres monos de China. Conocidos como Yeren (Hombre Salvaje), Yiren, Ren Ye o Ren Xiong (Hombre Mono), se cree que miden entre 1,8 y 3 metros de altura (también se han descripto pequeños de menos de un metro de estatura, quizá niños). Son descriptos como bípedos, cubiertos de pelo rojizo ( a veces blanco). Existen menciones sobre el Yeren que se remontan al pasado remoto de China, siempre haciendo alusión a las extrañas criaturas que vivían en Shennongjia. Se han recopilado 400 testimonios directos de avistamientos recientes desde la década del '40. Se han organizado tres expediciones hasta la fecha, sin obtener más pruebas que huellas del animal: 1974-81, 2010 y 2012.
Quizá el Yeren tenga alguna relación con la criatura que en Japón es llamada Hibagon o Hinagon, descripta como de 1,50 o 1,70 metros, cubierta de pelo negro o marrón, su cara es marrón chocolate, la nariz respingada, los ojos grandes y profundos, manos y pies blancos, y emite un fuerte olor a podredumbre. Es bípedo y se parece bastante a un gorila. Habita en el monte Hiba, en la prefectura de Hiroshima (Honshu). En realidad el fenómeno Hibagon se circunscribe a una serie de avistamientos misteriosos de una criatura extraña entre los años 1970 y 1982. Prácticamente no existen informes fiables después de esa fecha. El revuelo que provocaron las apariciones motivó que en 1972 la policía local abriera un departamento especial para investigar el caso. La Universidad de Kobe inició una investigación ese mismo año. Se obtuvieron moldes de huellas e incluso unas fotografías dudosas. Se dice que en el folklore japonés existe un ser gigantesco mezcla de hombre y de mono capaz de aplastar hombres y árboles a su paso; se trataría de un youkai, especie de espíritu o demonio. El Hibagon sería un ser similar al Oni, un semihumano emparentado con el ogro occidental. Sin embargo se suele explicar los informes de avistamientos como casos de confusión con macacos u otro animal conocido.

Aunque muchos creen que estas criaturas pertenecen al exclusivo campo de la mitología y el imaginario mágico de los pueblos del Sudeste Asiático, es probable que también se trate de seres reales. Representantes de un grupo de seres que retrocedieron a áreas remotas e inaccesibles escapando del avance de los recién llegados humanos modernos, evitando el contacto con los mismos y haciéndose tan sumamente hoscos y cautelosos que, aún hoy, son muy difíciles de encontrar. Pero, ¿qué clase de seres son?.
A pesar de que algunos investigadores, como el prestigioso John McKinnon, sugieren que podrían ser descendientes del homínido conocido como Meganthropus, la mayoría se inclina por vincularlos con el linaje de los orangutanes. De hecho muchos creen que son simplemente orangutanes. En efecto sabemos que las dos especies actuales, Pongo pygmaeus (orangután de Borneo) y Pongo abelii (orangután de Sumatra), divergieron hace entre 1,1 y 3,4 millones de años, mucho tiempo antes de que se produjera el aislamiento de Sumatra y Borneo hace más de 300.000 años por el aumento del nivel del mar. Los fósiles de orangutanes de este período demuestran que se trataba de animales algo más robustos que sus descendientes actuales. Aún es posible encontrar orangutanes excepcionalmente robustos, con tendencia al bipedismo y a las costumbres terrestres, al igual que sus ancestros, lo que ha hecho pensar a autores como McKinnon que podrían haber más de dos especies vivas de orangután en Indonesia. Pero también es posible que parientes del orangután hayan sobrevivido en el continente.
Los Ponginae, subfamilia de la que forma parte el chimpancé, se inicia con el Sivapithecus que vivió en Pakistán e India hace entre 12,5 y 8,5 millones de años. Dentro de este género se incluyen los fósiles del llamado Ramapithecus, un ser que llegó a ser considerado un ancestro del hombre moderno. Un descendiente de este género es el Lufengpithecus, que vivió en China y Tailandia entre 8 y 2 millones de años. Se cree que pudo haber sobrevivido hasta hace 2 millones de años debido a que se cree que el fragmento mandibular de Longgupo (Sichuan, China), originalmente atribuido a un homínido, tiene características similares a las de Lufengpithecus (teoría defendida por Ciochon, no aceptada por la antropología china). Otro Ponginae primitivo es Khoratpithecus, que vivió en Tailandia hace entre 7 y 5 millones de años; especie que se considera relacionada directamente con los orangutanes. Pariente directo es el Gigantopithecus, simio monstruoso que vivió en India, China y Vietnam hace entre 5 millones y 100.000 años atrás. Respecto a una posible especie fósil de orangután llamada Pongo hooijeri, encontrada en Vietnam, se discute su filiación al grupo: podría ser una variedad de Lufengpithecus o Khoratpithecus.
Hooijeri y Khoratpithecus se proponen como posibles ancestros de las criaturas de tamaño oscilante entre 1,8 y 2 metros que han sido vistas en el Sudeste Asiático, China y Japón. De hecho también se incluye en el grupo a la variedad yeti conocida como Meh-Teh y al Bigfoot norteamericano. Pero también se considera al Gigantopithecus dentro de estas posibles supervivencias de grandes primates misteriosos.
Existe una discusión enconada entre los paleantropólogos respecto a una serie de misteriosos dientes encontrados en el Sudeste Asiático. Algunos los atribuyen a homínidos del grupo erectus o, incluso Australopithecus, y otros prefieren inclinarse por los ponginae. La ausencia de evidencias postcraneales hace muy difícil dilucidar la cuestión. Pero es posible que las criaturas que aún esperan ser descubiertas por la ciencia, ocultas en los profundo de los bosques asiáticos, sean parte de la solución de este problema. Podrían ser parientes del orangután o quizá, de algún ancestro homínido que divergió hace millones de años. El hallazgo del Homo floresciensis dejó en claro que más de una especie de homínido se nos puede estar escapando en el registro fósil.



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