miércoles, 30 de enero de 2013

LA COLONIZACIÓN FUERA DE ÁFRICA: LA BÚSQUEDA DEL EDÉN.




Según la teoría "Out of África" un grupo pequeño de colonos humanos cruzó el estrecho del Bab-el Mandeb desde África a Arabia hace entre 65 y 70.000 años. Ese grupo sería el ancestro común de la humanidad fuera de África. En un lapso de tiempo sorprendentemente corto un escenario hasta entonces repartido entre varias especies de homínidos sería dominado exclusivamente por una especie: el humano moderno. Una cosa es reconocida aún por muchos partidarios de la teoría multirregional: de alguna forma un grupo de linajes emparentados puso fin a la diversidad de especies de homínidos que hasta entonces vivían en sus respectivos ambientes geográficos. Pero el quid de la cuestión es saber si hubo una sustitución o si, en cambio, convergieron de algún modo las distintas tradiciones específicas. ¿Evolucionaron los humanos en forma convergente desde procesos regionales hacia una especie única? ¿O quizá hubo una simple imposición de una especie dominante y extinción lisa y llana de las dominadas?
Quizá el escenario sea mucho más complejo que ambos extremos. Quizá hubo un poco de ambos mundos. De todos modos parece establecido con cierta certeza en base a varias líneas de evidencia, aunque la principal es la genética, que hubo una dispersión de un grupo de humanos modernos desde algún punto de Medio Oriente al interior de Asia. La teoría monogenética le debe mucho a los trabajos de Luigi Luca Cavalli-Sforza, uno de los mayores expertos en genética de poblaciones. Sus investigaciones desde 1963 han abierto el camino para la irrupción del paradigma predominante en la oficialidad académica. Los estudios sobre genética matrilineal (mitocondrial) y patrilineal (cromosomal Y), que han dado origen a los modelos teóricos de la Eva Negra o Mitocondrial y el Adán Cromosómico, han terminando por completar la genealogía de las poblaciones humanas. También han contribuído a diluir las concepciones racistas al reducir las diferencias humanas en lo que a genética se refiere a una proporción de 1 en 1.000.
Pues bien en principio se ha establecido que el haplogrupo mitocondrial L3 (de 70 u 80.000 años de antiguedad) es la "madre" de los haplogrupos fuera de África (M, N y R), así como el haplogrupo cromosómico CT (de 70.000 años de antigüedad), sería el "padre" de tales haplogrupos (C, D y F). El estudio descarta cualquier intromisión por parte de algún "tercero" o "terceros" en la conformación genética de nuestra especie actual. Todos los subgrupos conocidos vulgarmente como razas serían diferenciaciones insignificantes ocurridas luego de la dispersión geográfica de ese grupo original. La explicación genética del proceso colonizador sostiene que los humanos que llegaron a la península arábiga pertenecían a un linaje derivado de L3. También portaban el linaje patrilineal CF. En un proceso que pudo haber llevado 20.000 años, necesitó 5 mutaciones (8701, 9540, 10398, 10873 y 15301) para llegar a N, y 4 mutaciones (489, 10400, 14783 y 15043) para llegar a M. Los portadores del haplogrupo M alcanzaron la Península Indostánica tras sortear un evento de aridez en Medio Oriente hacia 60-55.000 años. Aquí se produjo la evolución hacia los haplogrupos N y R (y también hacia los haplogrupos patrilineales D y F) hace alrededor de 48-50.000 años. En ese momento la población de humanos modernos fuera de África ascendería a 12.800 o 14.400 personas, descendientes de un núcleo colonizador de no más de 1.000 o 2.500 individuos que cruzaron el estrecho de Bab-el-Mandeb. (Brenna M. Henn, L. L. Cavalli-Sforza y Marcus W. Feldman (2012): "The great human expansion" PNAS 109 (44): 17758-17764)).
La reducción en el número de individuos implicados en el evento colonizador y su lento ritmo de crecimiento determina un relativo empobrecimiento de la diversidad genética en las poblaciones no africanas de humanos modernos.  De hecho la diversidad genética se reduce progresivamente según la lejanía de las poblaciones respecto al África y, en concreto, en referencia con las poblaciones del Suroeste africano. El fenómeno es llamado por los defensores de la teoría monogenética: "efecto fundador en serie". Implicaría que pequeños grupos desgajados de una corriente original protagonizaron los desplazamientos hacia nuevas regiones geográficas. La evidencia respecto a este fenómeno la aporta no solamente la alta correlación estadística (de cerca del 90%) entre diversidad genética poblacional y distancia geográfica respecto a África, sino también la correlativa disminución de la diversidad genética según el mismo criterio de distancia respecto a África de dos parásitos asociados con las migraciones humanas: el protozoo portador de la malaria (Plasmodium falsiparum) y la bacteria de la úlcera de estómago (Helicobacter pylorum). También se ha señalado que existe una correlativa disminución de la diversidad fonémica en las poblaciones alejadas de África.




Respecto a las rutas migratorias existen dos modelos: el de las Dos Rutas y el de la Ruta Única. El primero sostiene que existieron dos rutas migratorias Fuera de África: la costera índica que conduce a Australia y se asocia al Haplogrupo matrilineal M, y la interior que pasa por Asia Central y llega a Extremo Oriente relacionada a la dispersión de M (y de su derivado R en Occidente). La segunda supone que sólo existió la ruta costera. La Teoría de la Migración Costera es actualmente la que predomina como modelo explicativo, apoyada en la evidencia genética sobre todo. Establece que la migración principal coloniza la India, lugar donde se producen las mutaciones genéticas posteriores de los grupos que se esparcirán por el Sureste Asiático y Sahul, Extremo Oriente, América y Europa.
Los cálculos de Cavalli-Sforza y sus seguidores, para un modelo de expansión démica, sostienen que se necesitaron 10 generaciones para llegar de África a Tierra del Fuego; una distancia de 25.000 km. recorridos en un lapso de tiempo de 50.000 años. La distancia media entre dos grupos humanos contiguos es de 140 km., lo que arroja el dato de que se produjeron 180 eventos colonizadores sucesivos en el trayecto. Se calculó una velocidad de avance de 0,5 km. por año (15 km. por generación), lo que da una cifra de 280 años promediales para cada evento colonizador.
La evidencia material de tal supuesto está en una serie de jalones arqueológicos que parecen seguir la ruta costera de la supuesta primera migración exitosa a Eurasia del humano moderno. Dos de ellos se encuentran en Sri Lanka: en la cueva Fa-Hien y en la cueva Batadomba Lena. En el primer sitio se descubrió un esqueleto completo (Hombre de Balangoda) de 12.000 años, dos cráneos de 37.000 años y muchos instrumentos de piedra. En Batadomba Lena se han datado instrumentos microlíticos datados en 25-28.000 años. Otros hallazgos: los restos humanos asociados a instrumental lítico de Cueva Niah, Borneo (Indonesia) de 40-45.000 años; restos arqueológicos en Bobongara, península de Huon (Nueva Guinea), fechados en 40.000 años; instrumentos líticos de 60-55.000 años hallados en Malakunanja II y Nauwalabila (Australia); esqueleto y rastros de incineración en Mungo 3 (Australia), datados en 50-46.000 años; rastros de pisadas de una antiguedad entre 23 y 19.000 años en lago Gampung (Australia); restos humanos en Pantano Kow y Coobool Creek fechados en el entorno de los 14.000 años. Podría existir una relación de estos restos con los de Ordos (Mongolia Interior), fechados en 50.00 años; Baigara (Siberia), datados en 40.300-50.000; isla Ishigaki (Japón), de 24.000 años; Ma'lta (Siberia), de 20.000 y Cueva Alta de Zhoukoudian (China), de 18-10.000 años. Quizá también los restos de 40.000 años de Kostenki (Rusia), los de Mladec (República Checa) de 31-33.000 años, los de Pestera cu Oase (Rumania), de 40.000 años, entre otros.
La ruta costera es considerada la ruta rápida, mientras que las migraciones hacia el norte se encontraron con una serie de dificultades que entorpecieron el avance de los seres humanos. De todos modos se discute si esto fué realmente así. Existen dos modelos explicativos contrapuestos sobre este tópico: el "fuerte Jardín del Edén", que plantea un escenario de expansión rápida e ininterrumpida del humano moderno hacia todos los continentes, y el "débil Jardín del Edén", que propone una expansión dificultosa que promovió la regionalización de los haplogrupos matrilineales M, N y R y patrilineales D, C y F. Este segundo modelo supone que los distintos grupos debieron soportar dificultades de adaptación y competencia por el espacio con otras especies humanas, lo que promovió un cierto aislamiento tras el logro de determinados equilibrios o estabilizaciones. De ese modo se posibilitaron varios "cuellos de botella", con reducidos núcleos de población creadores de linajes regionales.
Un estudio genético sobre el ADN cromosómico de 36 individuos,  realizado en el 2012, a cargo de los doctores Chris Tyler-Smith y Qasim Ayub del Wellcome Trust Sanger Institute, aporta un dato nuevo. Al parecer hubo un súbito "boom" demográfico hace entre 40 y 50.000 años, tras un período de estancamiento demográfico desde la colonización inicial de Asia iniciada hace 60.000 años. Auque parece demasiado apresurado sacar conclusiones el dato cuestiona la aseveración de que la población se matuvo estable demográficamente hasta el Neolítico. El supuesto "boom" demográfico de hace 40-50.000 años pudo deberse a una adaptación posterior de los colonos a nuevos ambientes geográficos, una vez superada una larga etapa de migración costera. Inicialmente el avance se habría realizado por las costas, lo que actuó como un factor conservador de la estabilidad demográfica. Una vez que los grupos avanzaron hacia el interior la población tendió a aumentar considerablemente, respondiendo a la adaptación a los ecosistemas y motivados por la abundancia de espacio y alimento.
Si bien la hipótesis de la expansión Fuera de África cuenta con el beneplácito de la comunidad académica oficialista, no es menos cierto que cuenta con ciertas resistencias. Sobre todo desde el punto de vista de los paleoantropólogos que priorizan la evidencia fósil. Este sector de la comunidad científica ha señalado repetidamente que el estudio comparativo de los cráneos y otros restos óseos postcraneales sugiere que hay mucha variedad de tipos humanos modernos Fuera de África con distintas dataciones cronológicas y que se corresponden con tipos africanos más antiguos. La mejor explicación para estas corrspondencias es que se trataría de varias migraciones de distintos tipos humanos modernos desde África. Un trabajo de 2009 de la Universidad de Viena, a cargo de Gerhard Weber, y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, comparaba varios cráneos modernos encontrados en distintas partes de África y concluía que la variación morfológica era la mayor existente en los últimos 1,8 millones de años. A su vez la probada correspondencia entre los neurocráneos africanos y los encontrados en otras partes del mundo con dataciones más tardías, evidenciaría que distintas poblaciones de humanos modernos salieron de África en distintos períodos de tiempo.
Pero también existen destractores del monogenismo dentro del mismo ambiente de la genética molecular. Son conocidos los trabajos que tienden a demostrar que la presunta unidad genética no es real y que podrían haber varios Adanes cromosómicos y varias Evas mitocondriales en el linaje del humano moderno. Por otro lado han provocado impacto mediático las revelaciones de que el genoma del humano moderno contiene aportaciones del Hombre de Neanderthal, el Hombre de Denisova y quizá otras especies homínidas, lo que ha sido utilizado como evidencia de hibridaciones. Los monogenistas han reaccionado a estas teorías aduciendo que tales hibridaciones no existieron y que la presencia de genes similares podría deberse a que el hombre moderno tiene ancestros comunes con Neanderthal y Denisova.
También ha venido a complicar el panorama la revelación reciente de que el llamado "reloj molecular" debe atrasarse (Aylwyn Scally y Richard Durbin, 2012: “Revising the human mutation rate: implications for understanding human evolution” Nature Review Genetics 13: 745-753). El reloj molecular es el resultado de un cálculo respecto a la velocidad de las mutaciones que introducen cambios en el genoma entre dos especies (la especie ancestral y la descendiente). La tasa de mutación utilizada hasta ahora es una constante calculada a partir del momento de la separación entre los linajes de los macacos y los humanos. Sin embargo se ha descubierto que tal constante temporal no se ha mantenido, sino que se ha acelerado a partir de las divergencias más recientes entre antropoides y homínidos. De este modo se han corregido algunas fechas del reloj molecular. Por ejemplo, la separación entre humanos modernos y neanderthales se eleva desde los originales 272-435.000 años a 400-600.000 años.
La separación entre los Koisan y los demás africanos asciende de 120-250.000 a 250-300.000 años, lo que llevaría la existencia del hombre moderno a fechas superiores a los aceptados 200.000 años. Pero es interesante la fecha que arroja la nueva datación para la separación entre humanos modernos africanos y no africanos. La cifra anterior de 50-70.000 años asciende a 90-130.000 años si se tiene en cuenta la divergencia medida entre yorubas nigerianos y eurasiáticos. Eso hace retroceder la migración Fuera de África a 100-120.000 años, extendiéndose hasta 40-60.000 años. De este modo la migración de hace 100.000 años a Palestina, considerada durante mucho tiempo como un intento no exitoso de colonización, adquiriría una importancia insospechada. La separación entre australianos y eurasiáticos se fija en 62-75.000 años, mientras que la divergencia entre asiáticos y europeos asciende desde los originales 20-40.000 a 40-80.000 años.
Los nuevos datos aportados por la genética hacen que la teoría de la migración única Fuera de África sea puesta en tela de juicio por muchos investigadores. Las "migraciones perdidas" de Palestina y Jebel Faya, consideradas no exitosas, interrumpidas por eventos de extinción (la competencia con el Hombre de Neanderthal en un caso, la explosión del volcán Toba en el otro), en realidad serían parte del proceso de colonización. A pesar de lo que la oficialidad académica parece querer imponer, la Migración Única (casi bíblica), no sería más que una de las migraciones por medio de las cuales varias poblaciones de seres humanos poblaron el resto del mundo.





martes, 29 de enero de 2013

LOS MONGOLES: UNA EVOLUCIÓN PARTICULAR







Los defensores del modelo multirregional o del de la deriva genética, suelen exponer dos casos como evidencias ineludibles. Uno es el de la continuidad morfológica evidente "erectus-sapiens" presente en el caso australiano, y el otro es el caso de continuidad morfológica evidente entre los fósiles "erectus evolucionados" y los de humanos modernos en Asia Oriental. Si bien la teoría monogenética o de la migración única ("Out of África") es la que cuenta con las simpatías académicas oficialistas, las objeciones presentadas por los detractores de esa teoría son, como mínimo, atendibles.
Ya hemos visto la existencia de evidencia de aportes genéticos de otros tipos humanos en poblaciones modernas. Si bien son pequeños y suelen ser considerados como irrelevantes, lo cierto es que sugieren la existencia de un mestizaje o hibridación quizá nada infrecuente entre las distintas "especies" de homínidos.
Desde hace tiempo los antropólogos, especialmente los chinos, vienen haciendo hincapié en lo que parece ser una evolución desde los tipos "erectus" hasta las poblaciones más modernas. De hecho existe un quasi-dogma académico en China de que la población actual de Extremo Oriente desciende directamente de Homo erectus. Precisamente esta rotunda declaración de adhesión a una tesis acusada con frecuencia de "racista" como es el "multirregionalismo" ha despertado las antipatías de la comunidad académica occidental, fascinada con la tesis (de reminiscencias "bíblicas") del monogenismo o de la Eva Negra Mitocondrial.



Lo cierto es que tanto en el caso de Australia como en el de China tenemos forzosamente que arribar a dos conclusiones si tenemos en cuenta la evidencia: o estamos en presencia de casos de convergencia evolutiva o existe algún tipo de continuidad entre poblaciones recientes y arcaicas. Así como los cráneos australoides recuerdan sospechosamente los de Ngadong (soloensis), los cráneos mongoloides parecen una continuación de ciertos cráneos más primitivos como Maba, Dingcun, Liujiang o Dali.
Ya hemos expuesto en otro artículo la problemática de los "erectus evolucionados" de China, India y Sudeste Asiático (algunos agregan ciertos fósiles de Medio Oriente). Existen teorías que los consideran formas avanzadas de Homo erectus, mientras que otros los emparentan con rhodesiensis y neanderthalensis. De hecho la evidencia genética obtenida de fósiles del Hombre de Denisova ( un presunto "erectus evolucionado", aunque otros creen que es un pariente próximo de helidelberg-neanderthalensis) apunta a que podría haber una relación con los ancestros del Hombre de Neanderthal europeo. Denisova, neanderthalensis y el hombre moderno compartirían un ancestro común africano de más de 800.000 años. Quizá los llamados "erectus evolucionados" asiáticos desciendan de esta rama.
El material fósil comprendido en esta escala evolutiva humana se remonta a los restos de la Localidad 1 de Zhoukoudian. Los niveles inferiores se sitúan en un rango cronológico entre 312 y más de 460.000 años. Los niveles superiores abarcarían entre 292 y 312.000 años. De los niveles inferiores proviene  los cráneos 2 y 5, atribuídos a "erectus evolucionados". Los fósiles de los niveles inferiores serían de pekinensis.
Se añaden los cráneos de Hexian (entre 300 y 200.000 años), Dali (entre 230 y 190.000), Jinniushan (280-247 a 182.000), Yiyuan y Miahoushan (rangos similares al anterior).
Finalmente: Maba (alrededor de 130.000), Xujiayao (100.000), Dingcun (100.000), Xujiayao (100.000), Liujiang (75.000). Restos modernos aunque con rasgos arcaicos serían los siguientes: Shiyu (28-30.000), Ziyang (39-37.000), Lijiang (38.000) y los restos de diez individuos de la Cueva Alta (Upper Cave) de Zhoukoudian (18.340-10.470). Quizá debrían añadirse los restos de isla Ishigaki y Minatogawa (Okinawa, Japón), datados en 24.000 y 17.000 años y Jomón, también en Japón (12.000 a 2.200), que tiene la peculiaridad de presentar indicios de mutilación y modificaciones dentales intencionadas, prácticas visibles en la China neolítica y en América precolombina.
Los detalles morfológicos que unifican todos estos restos y que, además, se presentan en la población moderna de China, son los siguientes: incisivo central inferior en forma de pala, presencia de hueso incaico, región nasal plana, faz corta, márgen inferior lateral de la órbita evertido y similitud en el contorno del márgen inferior del proceso zigomático del maxilar. Por otro lado se ha señalado una evidente continuidad estructural entre los fósiles de Zhoukoudian de los niveles inferior, superior y los de la Cueva Alta, además de la presencia de rasgos primitivos (como la quilla sagital y occipital) en fósiles modernos como Lijiang y Ziyang.
En cambio son notorias las diferencia en los cráneos de Maba y Dali. Éste presenta parietales verticales y presencia de bolsa parietal, mientras su cara y mandíbula exhiben rasgos primitivos pero presentes en los modernos mongoloides. En cambio Maba, que es más moderno que Dali, es un típico cráneo neanderthaloide (órbitas redondas y bóveda biparietal contínua y abovedada sin presencia de bolsas parietales). Rasgos modernos como los de Dali se repiten en Liujiang (agregando un frontal elevado y una alta y abovedada caja neurocraneal), mientras que rasgos primitivos se continúan en tipos como Xujiayao. Los tipos arcaicos pudieron haber convivido con humanos modernos por lo menos hasta hace 12.000 años, como lo atestigua el hallazgo de los restos del Hombre del Ciervo Rojo.
La teoría monogenista, basada en las evidencias genéticas respecto a estudios sobre el ADN mitocondrial, aseguran que los humanos modernos chinos llegaron quizá hace entre 55 y 30.000 años, provenientes de regiones meridionales. Presentan el macrohaplogrupo M (originado hace 60 a 65.000 años en la India), predominante en poblaciones de la India, Sudeste asiático y Nueva Guinea. Junto con el Haplogrupo N, también presente pero minoritariamente en China, derivaría del macrohaplogrupo L3, el que abandonó África y colonizó Asia.
Los restos modernos suelen estar relacionados a la llamada cultura de Ordos. Uno de esos restos es el del Hombre de Hetao, en el sitio de Salawusu, datado entre 50 y 35.000 años. Los restos humanos aparecen asociados a instrumental lítico de tipo mustero-levallois, relacionados con los encontrados en la Upper Cave de Zhoukudian. Se suele relacionar a los hombres paleolíticos de Ordos con los mismos que desarrollaron culturas neolíticas en la misma región y aledaños (Zhukaigou, Yinniugou, Xiajiadian) entre 2.200 y 1.500 a.C., y que son considerados ancestros de los actuales pueblos daur y evenki, además de ser la primer manifestación cultural netamente mongoloide.
Las culturas del Paleolítico Superior asociadas con los humanos modernos en Extremo Oriente son, además de Ordos (75-80.000), las culturas de Sen-Doki (40-30.000) y la de Hoabinhian (Sureste asiático, 8.000). Ya mencionamos la cultura Jomon en Japón ( 10.000). En la India la cultura Angara es contemporánea con la de Sen-Doki (30.000). Le sucede la cultura Khandivili (9.000).

Se ha discutido respecto a si los colonizadores de Asia Oriental realmente divergieron de la primera migración fuera de África, o si se trata de un grupo separado. El hecho de que la mayoría de los asiáticos orientales presenten el haplogrupo M, mientras que las poblaciones de la Sonda y el Sahul proviene del haplogrupo N, ha hecho pensar que, en realidad, podrían provenir de una migración que pasó por Asia Central. No obstante la mayoría de las evidencias genéticas apuntan a que Asia Oriental se colonizó de sur a norte. También hay evidencias de que la población del norte se diferenció genéticamente de la del sur. Ya vimos que se ha detectado una alta frecuencia del haplogrupo matrilineal M. También se detectó una masiva presencia del haplotipo patrilineal H. Partiendo del haplotipo inicial H1, los haplotipos derivados H6, H7, H8, H9, H10, H11y H12 son exclusivos de los asiáticos orientales no apareciendo en ninguna otra población del mundo. H4 está presente sobre todo en poblaciones orientales del norte. H2 y H3 predominan en poblaciones tibetanas y japonesas. Se ha señalado que la mayoría de las evidencias apuntan a que tanto los linajes matrilineales como patrilineales asiáticos orientales parten de linajes africanos. Sólo se ha detectado una posible evidencia de contribución patrilineal no africana en genes autosómicos y el cromosoma X, que apunta a un ancestro de entre 535.000 y 1:860.000 años de antigüedad. Otro estudio en el cromosoma 22 dió una antigüedad de alrededor de un millón de años. Si bien se ha relativizado esta evidencia por los partidarios de la hipótesis "Out of África".
Los multirregionalistas aducen que la dentición en pala presente en los asiáticos orientales ya está presente en los humanos arcaicos de la región. La evidencia genética parece probar que la dentición Sinodonte (una de cuyas características es la presencia de incisivos en pala) de la población norteña surge hace 20.000 años a partir de la dentición Sundadonte presente en las poblaciones del Sudeste Asiático. Una evidencia más del poblamiento sur-norte de Asia Oriental.
Se ha detectado una posible aportación genetica procedente de Asia Central posterior en el tiempo. Es la presencia del cromosoma Y YAP+ en tibetanos, japoneses y en los yao-jinxiu; y de M89T en poblaciones norteñas mayoritariamente que en sureñas, y ausente en taiwaneses y polinesios.
También se ha dicho que las poblaciones de Asia Oriental no presentan los genes denisovanos presentes en las poblaciones de la Sonda y Australasia (tampoco los tienen los andamaneses). Los  asiáticos orientales y los australoides parecen corresponder a dos grupos distintos segín las evidencias genéticas.
Un trabajo publicado el 28 de diciembre de 2007 en la Revista Argentina de Antropología Biológica por el antropólogo Miguel E. Delgado-Burbano del Departamento de Antropología, Universidad de Caucas, Grupos de Investigación ANTROPOS, Museo de Historia Natural, Popayán, Colombia (Dr. Delgado-Burbano M.E: "Diversidad dental en los homínidos de la Cueva Superior de Zhoukoudian (Norte de China) y sus implicancias para la historia poblacional del Este de Asia y el poblamiento temprano de las Américas", Revista Argentina de Antropología Biológica 9(2): 77-103 (2007)) confirma la  no vinculación de los individuos de la Cueva Alta de Zhoukoudian con los mongoloides típicos.
Dicho trabajo comparó las muestras dentales de los individuos 101, 102 y 103 de Zhoukoudian (34-10.000 A.C.), con las de Dawenkou (6-4,500 A.C.), 18 muestras del SE Asiático (Taiwán prehistórico, Filipinas, Archipiélago Malayo temprano, Asia sudoriental reciente, Tailandia reciente, Birmania, Nepal, Indonesia reciente, Asia sudoriental continental temprano y Archipiélago Malayo oriental), 8 muestras de Asia nororiental (Siberia nororiental, Amur Lago Baikal, China-Mongolia, Japón reciente, Jomón, Hong Kong y China meridional), 6 series dentales americanas (paleoindios, esquimales, aleutianos, Gran Costa Noroccidental Norteamericana, indios norteamericanos y sudamericanos recientes) y 12 muestras de Andes Sud.Centrales y Sudamérica datadas entre 3 y 1.000 A.C. (Chiribaya Alta, San Jerónimo, La Yaral, Ilo precerámico, Alto Ramírez, Azapa-140, Azapa-6, Azapa-71, Azapa-8, Playa Millar-4, Playa Millar-7 y Chinchorro). El resultado de la investigación fue que los individuos de Zhoukoudian presentan afinidad sundadonte con las poblaciones del sudeste asiático (australo-melanesios), Jomon (ainus) y con los paleoamericanos. Sin embargo no presentan afinidades con los restos mongoloides de Dawenkou. De este modo la hipótesis de la continuidad sinodonte desde Zhoukoudian, formulada por Turner y otro investigadores, debe ser revisada. También el modelo de evolución de la dentición sundadonte en sinodonte debe ser puesta en tela de juicio, ya que las investigaciones sugieren un reemplazo de la población primitiva de China (sundadonte) por otra más reciente (sinodonte). Tal reemplazo también se dio parcialmente en América (sobre todo en América del Norte). Los restos de Cueva Alta Zhoukoudian, Minatogawa 1 y Baoji M7 (eventualmente incluso otros más antiguos como Liujian y Lijian) deben ser descartados como proto-mongoloides, asociándolos a los grupos australoides o proto-caucasoides y melanesoides.

lunes, 28 de enero de 2013

LA HUMANIDAD PERDIDA (II): LA GENTE PEQUEÑA DE ÁFRICA

En África Oriental (Tanzania y Mozambique) lo llaman Agogwe, Agogure, Agogué, Doko, Mau o Mberikimo; en Zimbabwe y Congo lo conocen como Kakundakari, Apamandi, Tokoloshe, Chimanimani, Kikomba, Amajungi o Niaka ambuguza ; en Senegal, le dicen Fating 'ho y en Costa de Marfil, Abonesi, Ijiméré o Sehité. Los nativos conviven hace tiempo con esta criatura y le tiene un respeto rayano en el miedo. De hecho en algunos lugares se considera de mal augurio encontrarse con ella.
Normalmente se lo describe como de pelaje castaño rojizo, pero a veces se dice que es oscuro, negro o gris. Su piel debajo del pelo es marrón rojiza, según algunos relatos. Su estatura oscila entre 0,60 y 1,50 metros. Camina en dos pies de 12 cm. de largo, con pulgar oponible o un poco inclinado. Sus dientes son pequeños, no como los de los chimpancés y su frente es redondeada (no inclinada).
El primer avistamiento de un occidental data de 1900 y lo realizó el capitán William Hichens. El informe recién fué dado a conocer en diciembre de 1937 en la revista londinense Discovery. Enviado a cazar leones que atacaban personas en Tanganyka (Tanzania), en la zona de Ussure y selva de Simbiti, al oeste de la llanura de Wembare, Hichens dice haber visto en la selva dos criaturas de aspecto humano, 4 pies de altura, caminando en dos pies y cubiertos de pelo marrón rojizo. A pesar de que buscó rastros de las mismas no pudo volver a encontrarlas.
Las críticas que recibió el informe de Hichens, hizo que el oficial británico Cuthbert Burgoyne enviara una carta a la revista Discovery en 1938, contando de su propio avistamiento ocurrido en Mozambique en 1927. Afirmó haber observado junto a su esposa, desde un barco de carga japonés, dos seres parecidos a los que describió Hichens, caminando en la costa cerca de una manada de babuinos. Notó que estos no se inmutaron ante la presencia de los dos desconocidos.
A fines de los 50 un coleccionista de animales llamado Charles Cordier aseguró que un kakundakari cayó en una de sus trampas para aves en Zaire (hoy Congo Democrático). Sin embargo el ser logró zafarse y escapar antes de que pudieran atraparlo. Cordier pudo dar con pisadas del animal en 1961 en la zona de Bakavu y hacer moldes en yeso.
Buena parte de los relatos sobre estas criaturas fueron recogidos por Bernard Heuvelmanns, el padre de la criptozoología. Sobre los informes de Costa de Marfil refiere como fuente al profesor A. Ledoux, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Toulousse, quien, en 1947, era Jefe del Departamento de Zoología del Instituto de Educación e Investigación de Adiopodoumé, cerca de Abidján. El profesional dijo haber recogido informes de avistamientos y leyendas locales sobre una criatura pequeña de pelo rojizo de la que se dice produce mala suerte el verla. Un grupo de estas criaturas viviría en la selva entre los ríos Sassandra y Cavally. De hecho un técnico africano de la mina Toulépleu llamado Méhaud Taoud, citado en los testimonios de Leroux, afirmaba que hasta 1935 los negros locales intercambiaban manufacturas por frutas con esas criaturas llamadas sehités, mediante el sistema de dejar los productos a la entrada de la selva en la noche. También se contaba que hacia 1941 un cazador había capturado vivo uno de esos seres en Séguéla y que las autoridades locales lo enviaron enjaulado y "vestido" (ya que habría sido hallado desnudo) a Abidjan vía Bouaké. Como era de esperar, nunca se supo nada del ser.
Otro informe fue aportado a Leroux y a Heuvelmans en persona por un cazador de elefantes de apellido Dunckel. Éste refiere que había abatido uno de esos seres en 1947 en la selva entre las localidades de Guiglo y Toulépeu. Sin embargo el cadáver desapareció, atribuyendo el hecho a los porteadores que temían a la criatura como portadora de maldiciones.
Heuvelmans cita un relato aparecido en 1924 en la Revista de África Oriental de la Sociedad de Historia Natural de Uganda. En el mismo se cuenta sobre relatos de los nativos Embu de las llanuras de Emberre, que dicen que en los montes Dwa Ngombe, de unos 6.000 m. de altitud, habitan unos hombrecillos cubiertos de pelo rojizo que atacan con piedras a quienes se atreven a entrar en sus territorios. En la mencionada revista se cita el relato de un nativo llamado Selim que cuenta haber sido atacado por un grupo de hombrecitos de color rojizo en las alturas de Dwa Ngombe.
En el libro "The Greenhorn in África" Roger Courtenay cita un relato que atribuye a su guía Alí en una de sus expediciones al África Oriental. Alí le habría relatado cómo su padre se encontró con unas criaturas llamadas "hombres Mau" en el monte Longenot donde había subido con su rebaño de ovejas. Al buscar una que había desaparecido se encontró con unos seres en una gruta donde se había metido. Los describe como casi simiescos, de piel blanca como la parte ventral de los lagartos pero cubierta de largos pelos negros. Pudo escapar de ellos atacándolos con su lanza.
Las historias sobre estos seres son consideradas por la mayoría de los autores como simples invenciones o, en todo caso, como confusiones. La leyenda del agogwe pudo haber sido originada por el encuentro con tribus de pigmeos que pudieron haber subsistido en zonas donde no eran muy conocidos. También podrían tratarse de primates conocidos. Pero una minoría está dispuesta a aceptar que los informes podrían estar refiriéndose a especies desconocidas de primates. Incluso podría tratarse de un descendiente de australopitécidos, como sugiere el mismo Bernard Heuvelmanns, restos de alguna humanidad perdida.
Lo que podrían ser representaciones artísticas de ciertas criaturas llamadas Kara-komba o Toulu de Centroáfrica, las exponemos porque podría tratarse de la misma criatura sobre la que hemos escrito en este artículo

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JEBEL FAYA: LA MIGRACIÓN MISTERIOSA








La evidencia genética apunta a que el ser humano moderno desciende de un grupo de personas que abandonó África hace 60.000 años atrás. A pesar de que otra clase de evidencia contradice esta afirmación. Ya  hemos mencionado el hecho de que los humanos australianos y los de Extremo Oriente son tan diferentes del tipo físico africano que muchos autores se inclinan por sospechar que, más bien, podrían ser alguna forma de continuación de tipos asiáticos endémicos y muy antiguos. Se han formulado hipótesis alternativas a la de la migración única ("Out of África"), como la multirregional o de deriva genética que no cuentan con apoyo o simpatía del oficialismo académico en la actualidad. Otras hipótesis intermedias, sin negar la de la migración africana, dejan abierta la posibilidad de que otros linajes hayan intervenido en la formación de los tipos humanos modernos. La objeción fundamental a las tesis no oficiales es de carácter genético y secundariamente arqueológica. Pero sobre todo, sin que se lo admita honestamente, es una objeción ética. La teoría de la primera migración hace descender a todos los seres humanos de una sola cepa genética y borra de un plumazo todas las diferencias entre los seres humanos. Aún contra toda lógica, reducen las diferencias somáticas a simples adaptaciones ocurridas en los últimos 60.000 años. A pesar de que muchas de las peculiaridades constitucionales de los grupos humanos necesitarían alrededor de 800.000 años de evolución para consolidarse, según algunos cálculos genéticos. Está claro que admitir las tesis no oficiales sería admitir la existencia de razas y subespecies dentro de la humanidad moderna.
Por otro lado hemos hablado de evidencias arqueológicas. Pues bien, existen evidencias de que hubo al menos una migración anterior a la oficialmente admitida. Se trata del hallazgo en 2006 de herramientas líticas en el sitio Jebel Faya, Emirato de Sharjah, en Emiratos Árabes Unidos, realizado por un equipo al mando del geógrafo físico Simon Armitage de la Universidad de Londres y del arqueólogo Hans-Peter Uerpmann de la Universidad Eberhard Karls de Tübinga. Las excavaciones empezaron en 2003, pero recién en 2006 aparecieron restos líticos que arrojaron cifras anteriores a las de la supuesta "primera migración": 100 y 125.000 años.
Estos restos corresponderían a humanos que atravesaron el estrecho de Bab-el-Mandeb hace 130.000 años, fecha en la que se produjo un descenso dramático de las aguas y la separación entre la costa africana y la árabe se redujo a 4 kilómetros, jalonados por islotes. El clima se había vuelto cálido nuevamente, tras un ciclo de frío glacial, y la región del sur de Arabia exhibía una exhuberante vegetación y abundante presencia de caza.


En 2011 la revista Plos One informó del hallazgo de miles de piezas líticas en las montañas de Dhofar, sultanato de Omán (región fronteriza con Yemen), por un equipo dirigido por Jeffrey Rose de la Universidad de Birmingham. Los instrumentos fueron sometidos a la técnica OSL (en español LOE: Luminiscencia Ópticamente Estimulada), arrojando una antigüedad próxima a los 106.000 años. Por otro lado se descubrió que los utensilios de piedra estaban fabricados según la técnica de la Edad de Piedra Media de Nubia, la misma empleada en yacimientos encontrados en el Nilo.
Las puntas y hachas de mano aparecidas en Jebel Faya se parecen a otras de la misma fecha encontradas en África Oriental. De hecho se han señalado una serie de sitios en África y Arabia en los que se desarrolló esta técnica lítica: Jebel Urayf y Jebel Naquah en Sinaí; Nazlet Khater, Abydos, Makhadma, Taramsa Hill, Sodmein Cave, Oasis Kharga, Bir Tarfawi, Bir Sahara, Abu Simbel, Jebel Brinikol, 1035, 1038, Isla de Sai, Gorgora Rockshelter, K'One y Hargeisa en Nubia;  Shabwa, Wadi Wa'sha, Aybut Al Auwat, Aybut Ath Thani, Mudayy Como Sodh y Jebel Sanoora en Yemén y Omán. También han sido relacionadas con las herramientas de piedra encontradas en 2003 en el sitio Jwalapuram Valley, sur de la India. Uno de los directores de las excavaciones de este sitio, Ravi Korisettar Karnatak, cree que Jebel Faya es uno de los jalones de una ruta migratoria originada hace 125.000 años en África Oriental, que cruza el sur de Arabia, bordea el golfo Pérsico y se dirige a Irán y la India. Jwalapuram tiene 74.000 años y las herramientas aparecen debajo y encima de las cenizas volcánicas de la erupción del Toba. Recordemos que el evento Toba produjo una catástrofe climática consistente en un recrudecimiento del frío glacial, responsable de la extinción de especies animales en los siguientes 10.000 años. Algunos autores creen también que los humanos modernos podrían haber sido llevados al borde de la extinción en ese entonces.
Pero así como algunos autores han cuestionado la supuesta extinción de humanos debido al volcán Toba, también se ha cuestionado la relación existente entre las herramientas de Jebel Faya y las de África Oriental.. John Shea, de la Universidad Stony Brook de Nueva York, Stanley Ambrose, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaigne y Paul Mellars, de la Universidad de Cambridge, creen que podría tratarse de una migración asiática procedente del Golfo Pérsico. Recuerdan que hace más de 100.000 años se produjo también una migración de humanos desde África hacia Palestina. Hace 70.000 años esos humanos fueron sustituídos o desplazados por los Neanderthales en Medio Oriente. Podría, pues, vincularse a Jebel Faya con movimientos migratorios de esa primitiva población asiática de humanos modernos.

martes, 8 de enero de 2013

LOS HUMANOS MÁS ANTIGUOS

La evidencia genética apunta a que los grupos étnicos llamados khoi y san sudafricanos podrían ser descendientes de los primeros humanos anatómicamente modernos separados del tronco original. Ambos grupos presentan el haplogrupo matrilineal (ADNmt) L0, escindido del macro-haplogrupo L (el de la Eva mitocondrial) hace entre 140 y 170.000 años. Una revisión reciente (Aylwyn Scally y Richard Durbin, 2012: “Revising the human mutation rate: implications for understanding human evolution” Nature Review Genetics 13: 745-753) del reloj molecular retrasa la divergencia hasta los 250-300.000 años. Tal separación se habría producido en África Oriental, donde también hay grupos que presentan, en menor escala, el mismo haplogrupo (hadza y sandawe). Luego los ancestros san y khoi habrían emigrado a África Austral hace 120 o 144.000 años.
Los khoi y san presentan también el haplogrupo patrilineal (ADN-Y) A, junto con poblaciones de Etiopía, Sudán del Sur y África centro-occidental, cuya antigüedad es de 141.000 años.
Un estudio publicado en 2012 en Science, dirigido por Carina Schlebusch, del departamento de Biología Evolutiva de la Universidad sueca de Uppsala, ha demostrado la antigüedad genética de los san y los khoi. Se trató del análisis de 2,3 millones de variantes de ADN en 220 personas de centro y sur de África. El estudio recoje una diversidad étnico-genética importante dentro de la familia khoisan, lo cual sugiere una gran complejidad en la historia evolutiva de la misma. La diversidad genética de los subgrupos apunta a una separación ocurrida hace 35.000 años entre los san del norte de Namibia y Angola y los khoi-san de Sudáfrica. A su vez los khoi derivan de un grupo san del Sur.

Los khoisan se dividen en subgrupos étnicos según sus variantes lingüísticas. Existen tres familias lingüísticas clasificadas geográficamente: Khoisan del Norte y del Sur, correspondientes a la etnia san o !kung (bosquimanos), y la Central, correspondiente a los khoi (hotentotes). En la primera familia se incluyen los grupos: !Xu, !'O-!Xu, Zhu/Hoa y //X'au-//'E. La familia lingüística del Sur comprende al grupo !Xo.
La familia lingüística central comprende a los grupos Khoekhe y Khoe. En el primero se incluye a los nama. El segundo comprende a los siguientes grupos y subgrupos: Kxoe (Kxoe, //Ani, Buga y g/Anda), Naro-g//Ana (Naro, g//Ana, g/Ui y #Haba), Shua (Cara, Deti, /Xaise, Danisi y Ts'ixa) y Tshwa (Cua, Kua y Tsua).
Los actuales san y khoi parecen ser herederos directos de la cultura de la Edad de Piedra Tardía africana llamada Wiltoniense (8.000 a 1.000 a.C. aproximadamente).  Se trata de una cultura caracterizada por el uso de herramientas microlíticas geométricas. Dejaron un legado de enterramientos en cuevas (provincia occidental del Cabo y montes Drakensberg) y pinturas rupestres (Apollo 11, Wonderwerk, Game Pass). Incorporaron rudimentos de actividades agrarias por influencia de culturas neolíticas. Acorralados por los bantúes sobrevivieron en zonas marginales hasta épocas históricas. El caso de la llamada Cultura Gwisho (2800 a 1700 a.C.) de Zambia representa una fase final del Wiltoniense. Eran cazadores-recolectores y presentaban enterramientos en túmulos, costumbre que perduró entre los actuales san. Los gwisho desaparecieron ante la presión de los inmigrantes bantúes.










La cultura Wiltoniense convivió con la cultura de tradición macrolítica Magosiense de Kalambo Falls (15.000 a 5.000 a.C.)-atribuíble quizá también a los ancestros de los actuales khoisan-. Mientras que el Magosiense aparenta ser una derivación de la cultura centroafricana Lupembiense (30.000 a 12.000 a.C.), la Wiltoniense parece seguir a la Cultura de Robberg (18.000 a 8000 a.C.), sucesora, entre otras, de la tradición Howieson's Poort (70.000 a 40.000 a.C.). La raíz de estas tradiciones líticas podría ser la cultura Stillbayense (80.000 a 25.000 a.C.), cultura de la Edad de Piedra intermedia africana que, a través del proto-styllbayense (150.000 a 80.000 a.C) enlaza con el Fauresmithiense (750.000 a 200.000 a.C.), o Achelense sudafricano, en la Edad de Piedra temprana africana. También podría tener relación con la cultura sangoense (100.000 a 80.000 a.C.), si bien esta se desarrolla en el centro-occidente de África, y podría ser un precedente de los actuales pigmeos.