martes, 27 de diciembre de 2011

HOMO HABILIS: ¿EL HOMBRE COMO DEPREDADOR?








En 1960 Jonathan y Mary Leakey descubren en la garganta de Olduvai, Tanzania, una mandíbula inferior con trece dientes, un molar inferior, dos parietales y 21 huesos de dedos, mano y muñeca izquierda, datados luego en 1,75 millones de años, pertenecientes a un macho de 12-13 años. Conocido el hallazgo como OH 7, fué considerado junto a los hallazgos de 1963 de N. Mbuika en el mismo sitio y datados en 1,7 millones de años (OH 8: mandíbula, maxilar y dientes de una hembra), para formular una nueva especie en 1964 por Louis Leakey, Tobias y Napier. Se lo llamó habilis (habilidoso) debido a que sus restos aparecen asociados con industria lítica.
El registro fósil de esta especie es abundante. Básicamente se agrupan en:
a) Fósiles de Olduvai: OH 7,  OH 8, OH 13 (cráneo, mandíbula y partes postcraneales de individuo jóven de 1,66 millones de años), OH 16 (cráneo de jóven), OH 24 ("Twiggy": cráneo encontrado por Peter Nzube en 1968), OH 62 (cráneo, maxilar con dientes y miembros superiores e inferiores encontrados por Donald Johanson y Tim White en 1986, ha sido relacionado con Australopithecus), OH 65;
b) Fósiles de Koobi Fora: KNM-ER 1805 (cráneo de adulto de 1, 74 millones de años), 1813 (cráneo casi completo de 510 cc y 1,9 millones de años, atípico por su aspecto moderno: redondeado, sin cresta sagital, con torus supraorbital reducido y pequeña prominencia nasal; hallado por Kamoya Kimeu en 1973: Ferguson en 1995 propuso el taxón Homo microcranus para este espécimen), 1805 (cráneo con una atípica cresta sagital y mandíbula muy robusta), 1811 (mandíbula), 1812 (mandíbula y restos de postcráneo),  1500 (restos postcraneales), 1501 (mandíbula), 1502 (mandíbula), 1590 (cráneo), 3732 (cráneo), 3735 (cráneo y restos postcraneales);
c) Fósiles de Illeret, Kenya: KNM-ER 42703 (parte de cara y dientes de 1,44 millones de años, hallado en 2007 por Louis y Meave Leakey; constituye evidencia de que habilis y ergaster coexistieron por espacio de 500.000 años mínimo);
d) Fósiles de Sterkfontein : STW 53 (cráneo localizado en el Miembro 5 con 1,8 millones de años de antigüedad; Clark lo considera africanus);
e) Fósiles de Swarktrans: SK 80, SK 847;
f) Fósiles de Drimolen, Sudáfrica: Cráneo y dientes de niño de tres años de edad;
g) Fósiles de Kada Hadar, Etiopía: AL 666-1 (cráneo y dientes de 2,33 millones de años, el más antiguo ejemplar habilis encontrado; considerado por algunos autores como una especie distinta a habilis), AL 200-1;
h) Fósiles de Shungura-Omo, Etiopía: OMO 75-14 (2,2 millones de años), L894-I (1,90-88 millones de años), L-323.
El habilis ha sido reconstruído con las siguientes características: cráneo redondeado, capacidad craneal de 510-650 cc, 1,30 m. de altura, 40 kg. de peso, cara corta y rostro menos prognato que en Australopithecus, pelvis más moderna y reducida (que implica prematuración de los partos), bipedismo con locomoción moderna, dedos curvos de pies y manos (indicador de que era aún arborícola), inccisivos espadiformes más grandes que en Australopithecus, molares grandes, esmalte grueso, ausencia de diastema, hueco occipital ubicado más al centro, fémur más grande si bien sus brazos aun son largos.
El habilis habría vivido entre los 2,4 y los 1,44 millones de años, conviviendo con rudolfensis y luego con erectus. Louise y Meave Leackey creen que la competencia por el espacio y el alimento con erectus terminó haciendo prevalecer a éste último.
Se considera que el habilis está asociado a industrias líticas de la cultura olduvayense inicial y, quizá, también avanzada. Se supone que utilizaba piedras para cortar la carne. El habilis era un carnívoro oportunista, al estilo de las hienas y perros salvajes con los que entraba en abierta competencia. Posiblemente también abatía algunas presas según un patrón de caza similar al de los perros salvajes, aunque hoy se discute esta hipótesis.

El Homo habilis es considerado como agente de la industria olduvayense en al menos once sitios arqueológicos. Se lo asocia con el Olduvayense inicial, en el que se identifican tres tipos de objetos: los útiles típicos, los objetos líticos con huellas de uso y los residuos de lascas. Son sitios del Olduvayense inicial: Kada Gona, Kada Hadar y Gomboré I (Etiopía), Formación Shungura y Koobi Fora (Kenya), Lecho I de Garganta de Olduvai, Kanjera (Tanzania), Sterkfontein (Sudáfrica), curso alto del río Semiliki (Rep. Dem. del Congo), Reggan (Argelia), Estadio I (Douar Doum y Tardiguet-er-Rahla, Marruecos) y Estadio II (Cantera Déprez de Casablanca, Marruecos). Las industrias de Argelia y Marruecos son de 2,5 -2 y 2-1,8 millones de años; no se han hallado restos de habilis en esos sitios, pero podrían ser asociados a poblaciones de esa especie. La exclusividad del habilis como fabricante de herramientas ha sudo discutida. Al menos la industria de Koobi Fora y Río Omo ha sido asociada al Homo rudolfensis. Las herramientas de 2,5 millones de años de Afar (Etiopía) podría pertenecer a Australopithecus ghari. Se sospecha que, quizá, el Paranthropus robustus esté asociado a algunas herramientas de Swarktrans. Por otro lado, el hecho de existir industrias datadas en 2,63 millones de años en Kada Gona (Etiopía), más antiguas que el Homo más antiguo, sugieren que otra especie usaba útiles líticos (o que habilis es más antiguo de lo que se piensa).
Un coloquio científico realizado en 1968 llamado "Man The Hunter" puso seriamente en tela de juicio la hipótesis tradicional del homínido cazador. Si bien hay evidencias de desgaste dental en australopitécidos de 3 millones de años en Makapansgat (estudios de Matt Sponheimer y Julia Lee-Thorp) respecto a consumo de carne,  es casi seguro que los homínidos al menos hasta Homo erectus no fueron cazadores. Homo habilis y los gracilis parecen haber sido vegetarianos forrajeadores primarios y, secundariamente, carroñeros. Se supone que utilizaban las herramientas para hacerse rápidamente de trozos de carne de animales muertos y luego ponerse a resguardo de los grandes depredadores.
Se han encontrado restos de presuntos campamentos e incluso refugios parecidos a cabañas circulares (Kanjera, Koobi Fora, Olduvai y Gomboré I). Los habilis (como los australopithecus) vivían en cercanías de ambientes fluvio-lacustres. Se cree que no usaban ropa de abrigo y se duda de que pudiesen dominar el fuego (los vestigios de uso del mismo en Swarktrans podrían indicar uilización ocasional del mismo).





lunes, 26 de diciembre de 2011

HOMO RUDOLFENSIS: UN HOMO QUE NO TERMINA DE CONVENCER








En 1972 un miembro del equipo de Richard Leakey llamado Bernard Ngeneo, encontró en Koobi Fora, a orillas del lago Turkana, un cráneo problemático estimado en 1,88-90 millones de años de antigüedad, llamado KNM-ER 1470. Inicialmente se lo consideró parte de los fósiles de la especie Homo habilis. En 1986 Valerii P. Alexeev propuso que se trataba de una nueva especie a la que bautizó como Pithecanthropus rudolfensis. Luego lo rebautizó como un Homo. Sin embargo la polémica continuó hasta hoy en día. En 1999 Wood & Collard lo rebautizan como Australopithecus rudolfensis. A partir del descubrimiento del Kenyanthropus platyops por Meave Leakey en 1999, ésta propone crear la especie Kenyanthropus rudolfensis en 2001. Finalmente en 2003 Tobias concluye que se trata de un Homo habilis.
En 1991 se encontró en Uraha, Malawi, un maxilar inferior (UR 501) de 2,4-2,5 millones de años atribuído a la especie rudolfensis. La idea de que se trata de una especie de Homo contemporánea de habilis se ha abierto paso en la mayor parte de la comunidad científica especializada. Los restos llamados KNM-ER 8 19 hallados en 1971 en Koobi Fora también fueron adjudicados a la nueva especie (también la mandíbula KNM-ER 1802).
Sus características físicas son las siguientes: capacidad craneana de 750 cc. (Timothy Bromage, antropólogo de la Universidad de Nueva York estimó en 2007 que la capacidad craneana de rudolfensis es de 526 cc.), mandíbula y dientes grandes, con esmalte grueso y raíces y coronas complejas (comparables con robustus), estatura de 1,5 m. y peso de 52 kilos (estimado para los individuos machos), cara ancha y achatada (la parte superior más delgada que la parte media), región supraorbital y malar muy larga, profunda e inclinada hacia adelante.
Al parecer el rudolfensis aparece asociado a industria lítica olduvayense inicial (piezas talladas y lascas de la Formación Shungura, Río Omo, y Koobi Fora). Habría vivido entre los 2,4 y 1,9 millones de años. Se ha sugerido que desciende del Kenyanthropus y que es el antecesor del Homo ergaster. Claro que no todos los expertos comparten esta teoría.

domingo, 25 de diciembre de 2011

PARANTHROPUS ROBUSTUS: ¿NO TAN ROBUSTUS?








En 1938, Gert Terblanche, alumno de Robert Broom, encuentra la mitad del cráneo de un homínido adulto (TM 1517) de 2 millones de años de antigüedad en Kromdrai, Sudáfrica. Sorprendido por la naturaleza masiza de los restos Broom los catalogó como Paranthropus robustus. En 1948 Broom descubre nuevos restos en las cuevas de Swarktrans: una mandíbula con dientes (SK6) de 1,5-2 millones de años. Apoyado en otros fósiles descubiertos junto con Robinson (los cráneos SK 48 y SK 79, también de 1,5-2 millones de años) en Swarktrans, Escoba los clasifica como Paranthropus crassidens ("dientes gruesos") en 1949. Si bien todavía hay quien acepta tal distinción, la mayoría prefiere atribuir los supuestos fósiles de crassidens a robustus.
Precisamente son los fósiles de Swarktrans los más abundantes: 126 robustus/crassidens (y 6 erectus-ergaster) hallados junto a instrumentos de piedra y hueso y evidencias de temprano uso del fuego (atribuído a erectus-ergaster) contribuyen a dar una idea del aspecto físico de la criatura. También han sido encontrados restos en Gondolin, Coopers y Drimolen (aquí se han encontrado desde 1992 por el geólogo André W. Keyser, un total de 80 individuos robustus).
Lo que se sabe de erectus es que presentaba un marcado dimorfismo sexual, si bien su aspecto general es menos masizo y especializado que boisei. Los machos pesaban unos 40 kilos y medían 1, 35 m; el tamaño de cráneo es de 550-600 cc; el cráneo presenta cresta sagital y torus supraorbitario; la arcada dental tiene forma de V; presenta grandes molares pero los caninos e incisivos son pequeños; los molares y premolares  tienen grueso esmalte pero no presentan diastema (todo esto podría evidenciar que los machos no disputaban por las hembras). Las hembras son mucho más pequeñas: 1, 10 m., pesaban unos 30 kilos y no presentan cresta sagital ( o la tienen muy pequeña).
Se estima que el robustus vivía un promedio de 17 años. Por otro lado se sabe que su dieta era más variada de lo que se creía inicialmente: pastos, semillas, insectos; una dieta mucho menos especializada de lo previsto. Por otro lado es menos corpulento que boisei. Presumiblemente no vivía en ambientes tan áridos y es posible que su aspecto no sea tan distinto de otros australopithecus. También su filiación con los otros Paranthropus es discutida.
Robustus parece haber vivido entre los 2 y 1,2 millones de años en Sudáfrica y convivió con Homo. Se presume que era capaz de usar herramientas.

viernes, 23 de diciembre de 2011

ZINJANTHROPUS: PARANTHROPUS BOISEI. ¿EL CASCANUECES?




El primer hallazgo correspondiente a esta especie es un cráneo, el OH 5, de 1,75 millones de años, descubierto el 17 de julio de 1959 por Mary Leakey en Olduvai, Tanzania (apodado como "Hombre Cascanueces"). Inicialmente bautizado como Zinjanthropus ("hombre del Zinj"; el Zinj es una región del África Oriental) boisei (en honor al antropólogo Charles Boise), fué reclasificado como Paranthropus por John Robinson en 1960 y como Australopithecus por Richard Leakey en 1964. Precisamente éste descubre otro cráneo de la especie de 1,7 millones de años, en Koobi Fora en 1969 (KNM-ER 406). En 1970 encuentra un semicráneo en el mismo sitio (KNM-ER 732), al parecer correspondiente a una hembra de la misma antigüedad.
Koobi Fora es el sitio que más fósiles de boisei a proporcionado. En Olduvai se han encontrado unos pocos restos fragmentarios posteriores al hallazgo del OH 5, en los Lechos I y II, datados en 1,85 y 1,20 millones de años. Los hallazgos de Koobi Fora se encuentran en el Burgi Alto, Miembros KBS y Okote, datados en 2,0 a 1,4 millones de años. Además de los cráneos de Leakey se incluye el esqueleto parcial KNM-ER 1500 de Burgi Alto, datado en 1,88-1,90 millones de años (su filiación a boisei ha sido cuestionada ya que sus proporciones corporales coinciden con afarensis). En Koobi Fora hay rastros de utilización de instrumentos de piedra y también del uso del fuego hace 1,6 millones de años (atribuídos a Homo erectus temprano o ergaster).
En Omo (Etiopía) se han encontrado muchos restos de boisei junto a otros australopitécidos (Formación Shungura miembros C-K) datados en 2,7 y 1,4 millones de años. Otros sitios que han arrojado restos de boisei han sido Konso (Etiopía) con 1,5-1,4 millones de años; Awash Medio (Etiopía) con 1,4-1,2 millones de años; Peninj (Tanzania) con 1,5-1,4 millones de años; Chesowanja (Turkana, Kenya) con 1,4 millones de años y Malawi.
Según todos los datos reunidos el boisei derivaría de aethiopicus y vivió entre 2,3 y 1,2 millones de años (períodos Gelasiense y Calabrense) junto a especies como Homo habilis y rudolfensis. Estaba adaptado a vivir en un medio ambiente abierto y seco, si bien sus restos aparecen a orillas de ríos y lagos salados. Poseía unas mandíbulas poderosas y dientes con esmalte muy grueso, adaptados para triturar semillas y raíces duras. No obstante modernos estudios reflejan que prefería claramente las frutas y hierbas blandas. De hecho se ha sugerido que su adaptación específica es a masticar grandes cantidades de vegetales, más que a "cascar nueces". Su cresta sagital es muy pronunciada, los molares son muy grandes y los incisivos son pequeños. Su capacidad craneana es de unos 515 cc. El forámen magnum en forma de corazón está más adelantado que en el resto de Australopithecus y recuerda más a Homo.
Existiría un importante dimorfismo sexual en esta especie. Las hembras no presentan cresta sagital y son más pequeñas (unos 1,24 m. contra los 1,37-40 m. de los machos).

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL OTRO CHIMPANCÉ


 “Por eso una es la muerte de los hombres, y de las bestias, e igual la condición de entrambos: como muere el hombre, así también aquellas mueren: del mismo modo respiran todos, Y NADA TIENE EL HOMBRE MÁS QUE LA BESTIA: TODO ESTÁ SUJETO A VANIDAD”
Eclesiastés III: 19, Biblia Vulgata Latina, trad. Phelipe Scío de San Miguel

En 1962 los doctores Emile Zuckerkandl y Linus Pauling fueron los primeros en observar que existe una relación entre la cantidad de sustituciones aminoacídicas de la hemoglobina  (o cambios fijados en proteínas genéticas) y su tiempo de divergencia. Tal relación es llamada tasa de sustitución (cantidad de sustituciones por unidad de tiempo) y se ha establecido en un principio que es constante, comportándose como un “reloj molecular”. Una vez que se establece dicha tasa de sustitución de las mutaciones en el ADN de una especie determinada es posible elaborar una historia evolutiva susceptible de ser corroborada por la evidencia fósil. Nuevas observaciones (trabajos de Vincent Sarich y Allan Wilson de 1967) han detectado tasas diferenciales de sustitución (velocidades disímiles) en las proteínas lo que ha llevado a que el doctor Motoo Kimura formulara en 1968 la Teoría Neutralista de la Evolución Molecular, considerada una opción algo distinta respecto a la Teoría Clásica de la Selección Natural de Charles Darwin. A pesar de que se han realizado objeciones serias respecto a que las tasas de sustitución y mutación sean constantes, lo que obliga a cruzar permanentemente los datos genéticos con la evidencia fósil, se acepta que constituye un aporte importantísimo en la investigación de la evolución orgánica en general, en la construcción de árboles filogenéticos y en la sistemática molecular.
Los datos genéticos han sido resistidos, y aún lo son, por el oficialismo académico antropológico (representado por los Leakey, David Pilbeam, von Koenigswald, Bjorn Kurten y otros). El dogma de las características homínidas utilizadas para identificar posibles ancestros del Hombre fijaba la separación primates antropoides y homínidos en el entorno de los 40, 30, 20 o 15 millones de años. Tres distintas técnicas: la de combinación de cordones de ADN, el método de secuencia de moléculas de proteína y el de reacciones inmunológicas, han revolucionado el ambiente del estudio de nuestros orígenes. La evidencia de que el ser humano y el chimpancé (más específicamente el Bonobo) comparten entre el 96 y el 98,5% del ADN ha hecho acercar la separación evolutiva de ambos en los 5 o 6 millones de años. De hecho los cálculos originales del biólogo molecular Vincent Sarich y del antropólogo Allan Wilson, de la Universidad de Berkeley, basados en el estudio de las diferencias en la seroalbúmina (a través de la técnica de reacciones inmunológicas) arrojaban una cifra de no más de 4 millones de años para la separación entre humanos y chimpancés.
Según este criterio tres especies de "chimpancés" existirían en la actualidad (Jared Mason Diamond acuñó la expresión “tercer chimpancé” para referirse al ser humano): el chimpancé propiamente dicho (separado del gorila hace 8 o 9 millones de años), el hombre (separado del chimpancé común hace 6 millones de años) y el bonobo (separado del chimpancé común hace 2 o 1 millones de años). De hecho algunos taxonomistas han propuesto aplicar el género Pan u Homo a las tres especies. La nomenclatura oficial llama Pan troglodytes (Blumenbach, 1775) al chimpancé común, Pan paniscus (Schwarz, 1929) al bonobo y Homo sapiens (Linneo, 1758) al hombre moderno.
La resistencia a aceptar al ser humano como un chimpancé más (o al chimpancé como a un humano más) es un relicto subsidiario de la falacia antropocéntrica, una creencia profundamente arraigada en el inconsciente colectivo de la humanidad de que el ser humano es una manifestación natural o cósmica separada del resto de lo creado. De hecho hasta no hace mucho tiempo era un dogma establecido que lo humano nada tenía que ver siquiera con lo animal; y aun los hay que se horrorizan ante la sola idea de considerarlo. Pero el hecho es que no somos otra cosa que animales, no tan distintos genéticamente de una bacteria y aún menos que cualquier simio. Un tercio de los genes de la levadura se corresponden con el genoma humano. En los seres vivos pertenecientes a grupos próximos la diferencia es casi invisible. El ratón tiene 3 millones de pares de bases de ADN, igual que los humanos, y 40.000 genes, lo mismo que los humanos. Ciertas secuencias del ADN del ratón son indistinguibles de las secuencias humanas. Claro está, estamos hablando de dos especies completamente diferentes. Si ponemos estos datos en contexto no parecen tener mucha base las críticas respecto a que las diferencias genéticas entre humanos son tan insignificantes (0.01% de los genes) que no se puede hablar de grupos biológicos o “raciales”. En este sentido podríamos decir que humanos y ratones son la misma cosa. Básicamente lo que queremos decir es que la genética ha borrado la distancia antes considerada sideral entre las especies, planteando nuevos desafíos a la forma en que hemos visto la evolución de los seres vivos y también la forma en que nos vemos a nosotros mismos.
El humano es una especie perteneciente al dominio (o superreino) Eukaryota-clado Unikonta-subclado Opisthokonta, reino Animalia o Metazoa, subreino Eumetazoa, superphylum Deuterostomia, phylum Chordata, subphylum Vertebrata-clado Craniata, infraphylum Gnathostomata-clado Teleostomi, superclase Tetrapoda-clado Amniota- subclado Synápsida-clado Sphenacodontia-subclado Sphenocodontoidea, clase Mammalia, subclase Theria, infraclase Eutheria o Placentalia, superorden Euarchontoglires-clado Euarchonta, orden Primates, suborden Haplorrhini, infraorden Simiiformes, parvorden Catarrhini, superfamilia Hominoidea, familia Hominidae, subfamilia Homininae, tribu Hominini, subtribu Hominina, género Homo. La especie es llamada Homo sapiens (Linnaeus, 1758). Se suele considerar al actual humano como parte de una única subespecie: el humano moderno (Homo sapiens sapiens), parte de una cepa surgida hace alrededor de 200.000 años en África, presuntamente a partir de Homo rhodesiensis o de Homo helmei.
El género Pan, que incluye dos especies conocidas, está incluido dentro de la subfamilia Homininae, tribu Homini; en cambio pertenece a la subtribu Panina, junto con los géneros extintos Ouranopithecus (Ouranopithecus macedoniensis), Sahelanthropus y Orrorin. Los estudios genéticos estiman que el chimpancé y el humano se separaron hace entre 6,3 y 5,4 millones de años.
Un estudio genético realizado en 2006 por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard (Broad Institute), liderado por David Reich, profesor del Departamento de Genética de la Harvard Medical School, arrojó el dato de que el cromosoma X en humanos y chimpancés divergió 1,2 millones de años después que el resto de los cromosomas. Esto sugiere que tras una separación inicial ambas especies continuaron reproduciéndose entre sí hasta su separación final un millón de años después. Tal separación de ningún modo es mayor de 6,3-5,4 millones de años. Estos estudios sugieren un nivel de interfertilidad entre las especies de chimpancé y los humanos. Si contrastamos esta hipótesis con los datos fósiles, resultaría que el Sahelantrhropus, considerado el primer homínido auténtico por la mayoría de los antropólogos, cuya antigüedad ronda los 7 millones de años de antigüedad, estaría ubicado en la fase de no diferenciación entre humanos y chimpancés. Tal fase habría durado unos cuatro millones de años, durante los cuales se produjo hibridación frecuente entre ambas especies. Además el Toumaï, nombre con que se lo conoce al Sahelanthropus, formaría parte de una rama que desapareció ya que el hombre moderno hereda la separación del cromosoma X de una rama posterior en el tiempo. 
Los datos aportados por la genética introdujeron incertidumbre para una de las hipótesis estrella explicativas del origen de los humanos: la East Side Story. Formulada en 1994 por Yves Coppens, sostiene que la formación de la falla del Gran Rift a fines del Mioceno (unos 8 millones de años atrás) determinó que una comunidad de simios quedara aislada de las comunidades occidentales por una cadena de montañas en una región de sabanas y bosques abiertos. Esta presión medioambiental favoreció la tendencia al bipedismo en estos simios africanos orientales, mientras que los occidentales, inmersos en un ecosistema húmedo y selvático, no experimentaron grandes cambios hasta el presente. La hipótesis explica tanto el bipedismo de los homininos, como la separación entre éstos y los paninos. El problema es que tal separación se verificó no hace 8 millones de años, sino que lo hizo hace no más de 6 millones de años atrás. Por otro lado la vigencia de especies de homínidos bípedos en el Lado Oeste (West Side), así como el hallazgo en 2005 de dientes fósiles de chimpancés de 500.000 años de antigüedad en Lado Este (East Side), contradice la tajante división propuesta por Coppens. De todos modos la idea de que la formación de la falla tectónica del Rift Valley tuvo que ver con la conformación de la línea hominina no ha sido del todo abandonada y se la considera, en líneas generales, correcta.
Por otro lado existe la posibilidad tanto de que la hipótesis East Side Story de Coppens como la de que el Sahelanthropus es un candidato serio a ser el primer humano separado del chimpancé, estén en lo cierto. Tal posibilidad la brinda el nuevo modelo estadístico elaborado en el Field Museum de Chicago por un grupo de investigadores entre los que se encuentra Robert D. Martin, Richard Wilkinson y otros. Basados en la técnica del Reloj Molecular (tesis formulada por Émile Zuckerkandl y Linus Pauling en 1962, luego desarrollada por Vincent Sarich y Allan Wilson en 1967 y Motoo Kimura en 1968) establecieron que debe atrasarse hasta los 8 millones de años la divergencia entre chimpancés y humanos. De todos modos el margen de incertidumbre sigue siendo importante ya que no hay un acuerdo sobre la forma en que deben interpretarse los datos de la genética combinados con los del registro fósil de homínidos y primates en general.
El chimpancé común está dividido en cuatro subespecies: Pan troglodytes troglodytes (Blumenbach, 1775) o Chimpancé central (centroafricano), Pan troglodytes vellerosus (Gray, 1862) o Chimpancé de Nigeria, Pan troglodytes schweinfurthii (Giglioli, 1872)/Pan troglodytes marungensis (Noack, 1887) o Chimpancé oriental y Pan troglodytes verus (Schwarz, 1984) o Chimpancé occidental. Todas estas subespecies se encuentran bajo la amenaza de la extinción. El bonobo, a veces llamado chimpancé pigmeo, descubierto en 1928 fue reconocido como una especie diferente recién en 1929. Circunscripto a un área de selva húmeda al sur del río de Congo y norte del río Kasai, en la República Democrática del Congo, su población total (estimada en unos 10.000 individuos) está en serio riesgo de extinción.
Respecto a la población de simios de Bili (República Democrática del Congo), aún no se ha expedido definitivamente la comunidad científica sobre si considerarlos chimpancés comunes, una nueva subespecie o incluso una nueva especie. Las pruebas de ADN han determinado que se trataría de animales próximos al chimpancé, y sobre todo al chimpancé oriental (Pan troglodytes schweinfurthii). No obstante su tamaño (1,80 o 2 metros), la presencia inusual de cresta sagital muy pronunciada en los machos y la forma de los pies se corresponden más bien con los de los gorilas. Los nativos conocen a estos animales como “mata-leones”, y se ha señalado que, entre sus extrañas costumbres, tienen la tendencia a caminar erguidos sobre sus dos pies. Si bien existen testimonios de estas criaturas que datan de 1907, recién en 1927 el curador del Royal Museum for Central Africa de Tervuren (Béliga), Henry Schoutenden, analizó unos cráneos de 1908 procedentes de Bili y los catalogó como una nueva subespecie de gorila: Golilla golilla uellensis (por el río Uelle). En 1970 el antropólogo Colin Groves confirmó que se trataría de gorilas próximos a la especie occidental, algo de lo que se retractaría más tarde. Entre 1996 y 2003 el fotógrafo y conservacionista suizo Karl Ammann realizó varias expediciones a la zona, logrando registros fotográficos, moldes de huellas, restos craneales, rastros de “nidos” hechos en tierra (al modo de los gorilas), pelos y muestras fecales. Los análisis de ADN de los pelos encontrados por Ammann demostraron que los simios gigantes parecidos a gorilas eran en realidad chimpancés. En 2003 la primatóloga Shelly Williams logró filmar por un instante a una hembra con su cría. En 2004 Cleve Hicks, de la Universidad de Ámsterdam realizó un estudio sobre el terreno durante 18 meses de los simios de Bili, estableciendo aspectos de lo que parece ser una cultura chimpancé distinta a la de otros, desarrollada en relativo aislamiento y transmitida desde hace muchas generaciones.
El registro fósil del chimpancé actual es muy escaso. En 2005 se encontraron dientes pertenecientes a un posible ancestro al este del Gran Rift (Kenia) datados en 500.000 años, lo que sugiere que humanos y chimpancés coexistieron en el Pleistoceno medio. Existe amplia documentación respecto al uso de herramientas por parte de los chimpancés ya desde la década del 60 por parte de Jane Goodall. Recientemente surgieron los resultados impactantes de la investigación de campo (específicamente en el Parque Nacional Täi de Costa de Marfil y en el Parque Nacional de Loango en Gabón) de Christophe Boesch, director del Departamento de Primatología del Instituto Max Planck de Alemania, publicados en New Scientist en mayo 2009, donde se documentan 614 herramientas hechas por chimpancés, incluyendo cinco tipos de utensilios para extraer miel de las colmenas. Precisamente Chritophe Boesch, junto a Julio Mercader (Departamento de Arqueología de la Universidad de Calgary, Canadá) y otros investigadores trabajan en un yacimiento arqueológico datado en 4.300 años, situado en Noulo (Costa de Marfil) donde existen evidencias del uso de herramientas de piedra con la finalidad de romper nueces por parte de chimpancés prehistóricos. Se trata del único yacimiento arqueológico de ese tipo, y su importancia radica en que evidencia el desarrollo de una cultura tecnológica por parte de chimpancés en el pasado. Esta cuestión acerca más aun al chimpancé a los humanos, ya que demuestra que ambos comparten la característica de desarrollar una tecnología y transmitir su uso a través del tiempo.

ARTÍCULO ANTERIOR: 
SAHELANTHROPUS TCHADENSIS: ¿EL PRIMER HUMANO?

Fuentes:
Montserrat Aguadé: Evolución molecular: el reloj de la vida, Mètode 28, 2000/2001, Universitat de Barcelona (http://metode.cat/es/Revistas/Monografics/L-arbre-de-la-vida/Evolucio-molecular-el-rellotge-de-la-vida)
Tendencias 21.net, martes 21 enero 2014: http://www.tendencias21.net/Humanos-y-chimpances-se-cruzaron-durante-4-millones-de-anos_a1005.html.
Sobre las investigaciones de Vincent Sarich y Allan Wilson: Sarich, V. M.; Wilson, A. C. (1967). "Immunological time scale for hominid evolution". Science 158 (3805): 1200–1203. doi:10.1126/science.158.3805.1200. PMID 4964406.  
HHMI. 2001. “The Genes We Share with Yeast, Flies, Worms, & Mice: New Clues to Human Health & Disease” (“Los Genes que compartimos con la levadura, las moscas, los gusanos y los ratones: nuevas pistas para la salud humana y las enfermedades”).
G.M. Rubin et al., “Comparative genomics of the eukaryotes,” Science 287 (March 24, 2000): 2210-11
http://www.actionbioscience.org/esp/genomica/hhmi.html (Comparación de los Genomas de las Especies, Instituto Médico Howard Hughes (HHMI), noviembre 2009).
Vincent Sarich & Frank Miele 2004 Race (the Reality of Human Differences)
1994 - El tercer chimpancé: origen y futuro del animal humano, Madrid, Debate, 2007, ISBN 84-8306-694-7
McBrearty, S.; N. G. Jablonski (01-09-2005). «First fossil chimpanzee». Nature 437 (7055):  pp. 105–108 (http://www.nature.com/nature/journal/v437/n7055/full/nature04008.html)
Julio Mercader, Huw Barton, Jason Gillespie, Jack Harris, Steven Kuhn, Robert Tyler, Christophe Boesch (2007). «4300-year-old Chimpanzee Sites and the Origins of Percussive Stone Technology». PNAS Feb
The Chimpanzee Stone Age, Max-Planck-Gesellschaft, Febrero 13 2007 (http://www.mpg.de/550270/pressRelease20070207)
ROFFMAN, I.; SAVAGE-RUMBAUGH, S.; RUBERT-PUGH, E.; RONEN, A. y NEVO, E. 2012. Stone tool production and utilization by bonobo-chimpanzees (Pan paniscus)  (http://www.pnas.org/content/109/36/14500.abstract)
HASLAM, M.; HERNÁNDEZ-AGUILAR, A.; LING, V.; CARVALHO, S.; TORRE, I.; DESTEFANO, A.; DU, A.; HARDY, B.; HARRIS, J.; MARCHANT, L.; MATSUZAWA, T.; MCGREW, W.; MERCADER, J.; MORA, R.; PETRAGLIA, M.; ROCHE, H.; VISALBERGHI, E. y WARREN, R. 2009. Primate archaeology. Nature, 460, 339-344 (http://www.nature.com/nature/journal/v460/n7253/abs/nature08188.html)
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AMMAN, Karl: The Bondo Mistery Apes, IBED: http://karlammann.com/bondo.html
Richard D. Wilkinson, Michael E. Steiper, Christophe Soligo, Robert D. Martin, Ziheng Yang and Simon Tavaré: Dating Primate Divergences through an Integrated Analysis of Palaeontological and Molecular Data, Sistematic Biology, Oxford Journals, Julio 17, 2010 (http://sysbio.oxfordjournals.org/content/early/2010/11/04/sysbio.syq054.full.html?ijkey=CaQif1LgTAd7xOD&keytype=ref)

Mapa con la distribución actual de los chimpancés

Imágenes:
A bonobo named Kanzi makes sophisticated stone tools. According to anthropologists, the tools resemble those used by our ancestors. Photo: Elizabeth Rubert-Pugh/Great Ape Trust/Bonobo Hope Sanctuary

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿NUEVAS ESPECIES DE AUSTRALOPITHECUS?





Actualmente se han catalogado unas 9 especies de Australopithecus, incluyendo a los "gracilis" (anamensis, afarensis, aficanus, ghari, bahrelgazali y sediba) y a los "robustus" o Paranthopus (aethiopicus, boisei y robustus). De hecho algunos incluyen al Kenyanthropus dentro de este género. Si aceptamos la tesis de Wood y Collard (1999) de que habilis y rudolfensis deben ser considerados como Australopithecus entonces estaríamos llegando a las 12 especies. No hay consenso tampoco respecto a la consideración que debe dárseles a los Ardipithecus y los otros géneros (Orrorin y Sahelanthropus).

Los Australopithecus se diferencian de Homo en varios aspectos fundamentales. En primer lugar presentan una estructura claramente trepadora y arborícola. El bipedismo estaba asociado a la locomoción y no a la postura. Se ha sugerido que se trató de una adaptación para el consumo de pequeños frutos en árboles de bosque abierto, así como una forma de explotar diversos hábitats (eficiencia energética y termorregulación). Los Australopithecus, excepto el ghari, tiene piernas cortas en relación con sus brazos. Su pelvis es diferente a la de Homo. También la forma del cuerpo es diferente y su cuerpo muy musculoso en comparación con su estatura recuerda mucho a los simios. También su capacidad craneana es similar a la de los chimpancés. El dimorfismo sexual es muy acentuado, siendo las hembras promedialmente entre 65 y 75 % menos pesadas que los machos (promedio de masa corporal de un macho: 40-49 kg). También hay evidencias de que Australopithecus, y también habilis y rudolfensis, presentan patrones de crecimiento y desarrollo rápido similar al de los simios.
De hecho la discusión es acalorada respecto a si todos los restos atribuídos a afarensis y a africanus están correctamente asignados. El debate se centra en la cuestión de las variaciones anatómicas que pueden admitirse dentro de una misma especie. Existe cierta tendencia en científicos como Clarke a considerar que  algunos fósiles de Sterkfontein (Sts 252, Sts 36) podrían ser de un ancestro de "robustus" distinto al "africanus". Sts 252 presenta una mezcla de características intermedias entre africanus, aethiopicus y afarensis: una combinación inusual de dientes anteriores y posteriores muy grandes lo distinguen tanto de Australopithecus como de Paranthropus. El mismo autor sugiere la no pertenencia del fósil llamado "Little Foot" (Stw 573), de 3,3-3,6 millones de años, a la especie africanus. Algo similar sucede con el gran cráneo Stw 505 que presenta rasgos inusuales para un típico africanus.
La discusión respecto al afarensis es aún más encarnizada. Se ha sugerido que el afarensis poseía un mosaico de patrones de locomoción así como un dimorfismo sexual quasi anómalo para chimpancés y humanos modernos. Esta explicación, basada en el hecho de que los hallazgos con grandes variaciones son continuos en el espacio y en el tiempo, es impugnada por quienes creen que se trata de dos especies distintas (o incluso más de dos). Muchos autores creen que las huellas de Laetoli presentan un patrón de locomoción demasiado moderno para ser atribuídas al afarensis. Leakey y Olson han sugerido que los rastros de Laetoli y varios de lo restos fósiles más pequeños de afarensis podrían en realidad pertenecer a una variedad de Homo muy primitiva. Olson clasifica parte de los restos de Hadar como Homo aethiopicus (1985). Ferguson en 1984 engloba los fósiles AL-288-1 ("Lucy"), AL-128-23, AL-198-1, AL-199-1, AL 207-1 y AL-333-2 en la especie Homo antiquus. Este mismo autor considera a  AL-266-1 como Australopithecus africanus miodentatus (1987). Por otro lado la diferencia de tamaño entre el "hombre grande" ("Kadanuumuu") recientemente encontrado (con una estatura de 1,67 m), y el AL 288-1 ("Lucy") con una altura de 1,07 m., supera los rangos de gorilas y orangutanes.
Por otro lado persiste la duda respecto a otros hallazgos. El fósil llamado KNM-TH 13150 (fragmento inferior de mandíbula con dos molares), hallado en la región de Baringo (Kenya), conocido como "Hombre de Tabarin", tiene entre 5 y 4,15 millones de años. Andrew Hill lo considera un intermedio entre ramidus y afarensis. Ferguson ha propuesto en 1989 llamarlo Australopithecus praegens. Incluso ha sugerido incluirlo como posible subespecie del taxón Homo antiquus (Homo antiquus praegens), creado por él mismo en 1984 para incluir a los fósiles pequeños atribuídos a Australopithecus afarensis. Oficialmente continúa siendo un misterio.
La "mandíbula de Lothagam Hill" o KNM-LT 329 (fragmento derecho de mandíbula con tres dientes), hallada por Bryan Patterson en 1967 en las colinas de Lothagam, Kenya,  ha sido datada en 4,2 y 5 millones de años. La mayoría de autores tiende actualmente a considerarla como perteneciente a afarensis, abandonando la idea original de que se trataba del fósil de un africanus. Pero otros la consideran como perteneciente a un nuevo tipo de homínido o a un póngido como el driopithecus.
Respecto al llamado "Hombre de Chemeron", en realidad un fragmento de hueso temporal derecho hallado en Chemeron Beds (Baringo), ha sido datado en 2 millones de años y no se sabe con certeza a qué homínido pertenece.



En marzo de 2012 la revista Nature publicó el hallazgo de los huesos del pie de un homínido en el yacimiento de Woranso-Mille, en Afar, Etiopía, por un equipo dirigido por Yohannes Haile-Selassie del Museo de Historia Natural de Cleveland, Ohio, EE.UU.. Los fósiles fueron datados en 3,4 millones de años y presentan notorias diferencias con los de su contemporáneo el Australopithecus afarensis. La presencia de un dedo gordo oponible (el pie de "Lucy" se parece más al de los humanos modernos) lo hace afín a una especie que vivió hace 4,5 millones de años, el Ardipithecus ramidus. El hallazgo sugiere que otra especie bípeda con rasgos primitivos y mayor tendencia trepadora podría haber convivido con el afarensis en su mismo espacio geográfico.




martes, 13 de diciembre de 2011

KARABO: AUSTRALOPITHECUS SEDIBA. LA NUEVA ESTRELLA


"Sediba" significa "manantial" en idioma sesotho. Es el nombre con el que Lee Berger, profesor de biología evolucionista en la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo, Sudáfrica), bautizó a la supuesta nueva especie de Australopithecus al presentarlo en la revista Science en 2010. Precisamente el hijo de Berger, Matthew, descubrió el 15 de agosto de 2008 una mandíbula de la nueva especie. Poco después se encontraron restos de dos individuos en Malapa (la Cuna de la Humanidad), una hembra adulta de 20 o 30 años, y un niño macho de 11 o 13 años popularizado como "Karabo" ("la respuesta").
El sediba despertó una gran euforia en parte de la comunidad científica que lo consideró el ancestro directo de Homo. Por supuesto que reaccionaron aquellos partidarios de que tal filiación debe ser atribuída a Kenyanthropus. Y también aquellos que no aceptan ninguna de las dos filiaciones. 
Sediba está datado entre 1,97 y 1,75 millones de años. Presenta características algo desconcertantes, mezcla de modernidad y primitivismo. Su capacidad craneana es de 420-450 cc. Sus manos evidencian claramente que poseía un grado de habilidad superior a los primeros Homo, y una capacidad evidente de manipular objetos con gran precisión además de trepar a los árboles con suma destreza. Presenta un pulgar extra largo y dedos fuertes. Su cara es muy moderna, con nariz pequeña. Tiene dientes pequeños. Sus piernas son largas. pero sus brazos también son largos y sus pies de aspecto primitivo.En cambio la pelvis es de aspecto moderno. Su pie presenta un tendón de Aquiles y un arco similar al de sapiens y talón y espinilla como de chimpancé.

Se ha dicho que el sediba es una especie de "estrella" de la antropología por varias razones. Una de ellas es que los análisis de los restos, que tanto están convulsionando el mundillo paleoantropológico, es financiado por el , en el pasado, magnate de la industria discográfica Richard Branson. La investigación de avanzada es llevada a cabo por tres Universidades (y cinco equipos científicos en forma simultánea): el de la Universidad Witwatersrand, Sudáfrica (Lee Berger, Cristian Carlson, Bernhard Zipfel y Job Kibii), el de la Universidad de Melbourne, Australia (Robyn Pickering) y el del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania (Tracy Kivell).








Berger ha sugerido que el sediba es el ancestro directo de Homo ergaster-erectus. Su teoría se sustenta no sólo en las evidencias anatómicas del hominino en cuestión, sino también en el hecho de que algunos autores han dudado de que habilis y rudolfensis (que presentan patrones de desarrollo incluso inferiores a los de un chimpancé, que son de 12 años) sean parte del género Homo. Obviamente no parecen cumplir con el resto de los requisitos exigidos por los expertos para ser Homo: cerebros con capacidad superior a lo 600 cc, estatura superior a los 1,40 m., patrones de desarrollo más prolongados que en los chimpancés, pérdida de la capacidad trepadora y proporciones corporales "modernas". Por otro lado la pelvis moderna del sediba es un claro reto a la hipótesis de que la evolución de la pelvis humana es una respuesta a la tendencia hacia el agrandamiento del cerebro. El análisis del cráneo del sediba evidencia que, pese a su pequeñez, posee una gran complejidad. El sediba parece una mezcla de rasgos de Australopithecus y Homo. Tal cuestión puede interpretarse como que es un ancestro de Homo o una suerte de "callejón sin salida". No obstante la AAAS (American Association for Advancement of Science) ha dado un espaldarazo a las hipótesis de Berger, al concluir que sediba tiene más a su favor que habilis y rudolfensis para ser el antepasado directo de Homo.