viernes, 8 de marzo de 2013

LA HUMANIDAD PERDIDA (IV): GIGANTES DE AUSTRALIA





El Tiempo del Sueño (Altjeringa) de los indígenas australianos es un concepto tan complejo que ha atrapado en sus redes a más de un investigador. La existencia de un Tiempo paralelo eterno (una suerte de No-Tiempo en realidad) que pre-existe y, a la vez, se superpone al Tiempo común, resulta en una fascinante cosmovisión donde lo "real" y lo "imaginario" se superponen continuamente. Algunos investigadores creen que se trata de una mitología ubicada en un tiempo pasado ("Tiempo de la Creación") donde se han mantenido en forma de mitos los recuerdos de la llegada del hombre moderno a Australia. En realidad la mitología australiana ha demostrado ser lo suficientemente sofisticada como para ser reducida a una serie de mitos creacionistas únicamente. Si bien es cierto que esos mitos explican la creación del mundo natural y cuentan sucesos ocurridos en el pasado, también es cierto que para los australianos ese mundo poblado de extrañas entidades mágicas es real. Muchas de las criaturas que pueblan el Tiempo del Sueño son seres reales para los australianos, por más estrafalarias que parezcan.
Una de esas criaturas es el llamado Yowie, Whowie o Yahoo. Los australianos suelen describir a estas criaturas de varias maneras: como un hombre-mono o un hombre salvaje, o como una criatura espantosa, mezcla de lagarto y hormiga que podría compararse o asimilarse al Bunyip. El Bunyip es uno de esos seres que adoptan muchas formas en las pesadillescas historias que se cuentan sobre el, siempre acechando por la noche. De todos modos parece que se trata de seres diferentes, si bien en muchos casos llegan a cumplir la misma función: la de ser criaturas nocturnas que meten miedo a los niños.
El Yowie suele asociarse con frecuencia a las historias de gigantes y otros seres que, según las historias nativas, habitaban en Australia antes de la llegada de los seres humanos. Serían los verdaderos "nativos" del continente. Autores como Anon ("Las supersticiones de los aborígenes australianos: El Yahoo", en Australian and New Zealand Monthly Magazine, Vol. 1, n º 2, febrero de 1842), William Telfer (en R.Mills, ed. 1980, "Los Manuscritos Walladabah: Recuerdos de los primeros días", p.55), Robert Holden ("Bunyips;. Folklore de Australia del Miedo" P. 69. La Biblioteca Nacional de Australia, Canberra. 2001), Tony Healy y Pablo Cropper ("El Yowie: En busca de Bigfoot de Australia", p.6. Libros Anomalist. 2006), y Rex Gilroy ("Giants from the Dreamtime-The Yowie in Myth and Reality", Springwood Printing, 2001), entre otros, han recogido testimonios legendarios de los nativos australianos respecto a estas criaturas.
En las tribus de Australia Occidental se nombra a un ser peludo, mitad bestia, mitad humano, de una altura  superior a los 2 metros, habitante del Gran Desierto de Victoria. Le llaman Tjangara y se dice que ataca a los humanos para comerselos; habita en cuevas y utiliza enormes garrotes de piedra. En el Sur de Australia se cuenta de otras razas de gigantes: los Noocoonan, los Yurrawarra, los Narragun y los Goolagah (también Doolagarl o Thoolagarl). Estos últimos aparecen en las historias de las tribus de las Montañas Azules y suelen citarse como antecedentes del yowie. Se cuenta que eran semi-humanos peludos que utilizaban lanzas y piedras para cazar animales. Relatos similares aparecen en otras partes de Australia. En el Territorio del Norte se habla del Pankalanka, en Yarra Flats (Victoria) del Lo-an, en Australia Occidental del Jingra, Jimbra o Jinka, en Queensland Central del Illankanpanka o Barmi birgoo, en Queensland Norte del Turramulli, en Australia Meridional del Kraitbull, Yoser, Yay-ho o Koyoreowen. En distintas tradiciones australianas se repiten los relatos y leyendas sobre estas misteriosas criaturas a las que les dan distintos nombres, pero en todas se los describe como gigantescos seres semi-humanos, de alturas oscilantes entre los 2, 4 y 5 metros, que utilizaban herramientas de piedra, madera y hueso y eran capaces de atacar y devorar seres humanos, pero que preferían evitar el contacto con los mismos.
Estas tradiciones podrían significar que los humanos modernos ancestros de los actuales indígenas, se encontraron con otra población aborígen en Australia. Pero, ¿quiénes eran?. Algunos sospechan que podrían ser Gigantopithecus y se ha propuesto el nombre de Gigantopithecus australis para catalogarlos, pese a que no hay evidencias de que alguna vez estuvieron en Australia. Otros autores, como el muy controversial Rex Gilroy, creen que son representantes del tipo Meganthropus de Java. Sus afirmaciones están basadas en supuestas evidencias que la mayor parte de la comunidad académica contempla con mucho recelo.Precisamente uno de los argumentos que justifican la aproximación de los hombres gigantes o yowies a Homo erectus son las tradiciones indígenas. Entre los indígenas del Territorio del Norte, sobre todo los Warlpiri y los Pintubi, se dice que los hombres-bestia sabían utilizar el fuego. Por otro lado son extendidas las historias de raptos de mujeres por parte de los yowie, para aparearse con ellas. Se dice que muchas veces nacían niños viables de esas uniones forzadas. También existen muchas tradiciones que recuerdan auténticas guerras entre los gigantes peludos y los humanos, donde estos finalmente resultaron vencedores. Alan Thorne y Robert Raymond sugieren en "Man on the Rim-the Peopling of the Pacific" (Angus Pub. 1989) que el Homo erectus pobló Australia y luego fué desplazado por un tipo sapiens más grácil; pero que se produjo un mestizaje bastante intenso entre ambas especies. Thorne asegura que los 40 esqueletos del pantano Kow, en el Valle de Murray, datados en 10-13.000 años, encontrados por el mismo, pertenecen a la especie Homo erectus.

Rex Gilroy, director del Mount York Natural History Museum de Victoria, anunció en 1970 que había descubierto herramientas enormes de entre 4 y 12 kilos, y un molar de 67 mm. de largo por 50 mm. de ancho en Bathurst, Norte de Australia. Dató los hallazgos más antiguos entre 60 y 240.000 años, y los más recientes entre 10 y 35.000 años. Los más antiguos atribuyó a Meganthropus y los recientes a ancestros de los aborígenes australianos. De ser realidad el descubrimiento de Gilroy, el homínido dueño del molar podría haber tenido 7,62 m. de altura. Tal vez por esa razón los fósiles de Gilroy son vistos con desconfianza desde el academicismo antropológico. Por otro lado sus evidencias suelen ser utilizadas por los sectores creacionistas más recalcitrantes para defender sus "apriorismos". 
Aparentemente la región de Bathurst y alrededores es prolífica en hallazgos de gran antigüedad relacionados con gigantes prehistóricos. Siempre citando a Gilroy, se habla de un nuevo molar de 5,8 cm. de ancho encontrado en la zona. Pero también se incluyen otros hallazgos en otros sitios arqueológicos: la mandíbula encontrada en Gympie, sur de Queensland, por el agricultor Keith Walker, datada por la Universidad de Brisbane en 50.000 años de antigüedad y que habría pertenecido a un homínido de 3 metros de altura; la huella de la mitad superior de un pie de 30 cm. de longitud en las Montañas Azules; otra huella de casi 60 cm. de longitud al Oeste de Cowra; otra huella humana de 59 cm. de largo por 18 cm. de ancho, hallada por Gilroy en 1970, impresa en lava volcánica de al menos 1 millón de años en Mulgoa, al sur de Penrith. Gilroy calcula el tamaño de los autores de estas pisadas entre 3 y 6 metros de altura.
Lo cierto es que la mayoría de estos hallazgos son considerados dudosos por la ciencia oficial. De hecho muchos de los supuestos rastros y huesos de gigantes econtrados en otras partes del mundo demostraron ser montajes o interpretaciones erróneas. Por ejemplo las famosas huellas humanas del río Paluxy (Formación Glen Rose) que aparecen junto a las de dinosaurios, finalmente fueron identificadas como hábiles falsificaciones del escultor George Adams usando como base impresiones metatasianas reales de un dinosaurio. También los restos de Gilroy, expuestos en Mount York están bajo sospecha.





En 1879 un volante circulaba en Inglaterra contando la historia de un ser peludo de 9 pies de altura que fué capturado en Botany Bay, Nueva Gales del Sur, y llevado a Portsmouth, Inglaterra. Si bien es muy probable que la historia no sea cierta, constituye uno de los primeros registros occidentales respecto a la criatura que los nativos australianos de la zona de Nueva Gales del Sur llaman Yuuri o Yowri (de ahí deriva el nombre "Yowie"). Los informes más antiguos datan de 1789, 1800 y 1822, describiendo hombres peludos vistos en las inmediaciones de Sidney Cove. En la década de 1870 varias historias sobre los gigantes peludos aparecieron en el diario australiano "Town and Country". En 1871 un tal George Osbourne contó que una ser parecido a un gorila de 5 pies de alto asustó a su caballo. En 1881 en un artículo titulado "Los simios australianos" un testigo llamado H. J. McCooey dijo haber visto un "simio indígena" en la costa entre la bahía de Bateman y Ulladulla, al sur de Nueva Gales del Sur. Describió al ser como de 5 metros de altura, cubierto de largo pelo negro (excepto en la garganta y pecho donde el pelo era marrón rojizo). El gigante le arrojó una piedra y salio huyendo. Luego del encuentro McCooey ofreció una recompensa de 40 libras al Museo de Australia para que organizara una partida para capturar uno de esos monstruos. En 1895 unos geólogos del gobierno dispararon a un ser parecido a un gran simio en Tumut, Nueva Gales del Sur, el cual huyó dando gritos espeluznantes y dejando un rastro de sangre. En la década de 1900 una bestia peluda aterrorizó a los vecinos del barrio de Bexley (Sidney), si bien no atacó a nadie.
En 1912 George Sommerell dijo haber visto un ser peludo de más de dos metros de altura bebiendo en un arroyo en alguna parte entre Bombala y Bemboka.

El Yowie vuelve a aparecer en las crónicas de Donald Friends llamadas "Hillendiana", referidas a la búsqueda de oro en Hill End, cerca de Bathurst (Nueva Gales del Sur) hacia 1950. En 1971 miembros de la Royal Australian Air Force encontraron enormes huellas frescas, semihumanas, en el Monte Sentinel. En julio de 1975 dos esquiadores dijeron haber visto un "hombre de las nieves" en el Monte Kosciuko, en Nueva Gales del Sur. En 1979 Leo y Trish George se toparon con un monstruo de tres metros de altura en Australia oriental, el cual aparentemente había matado y mutilado un canguro. En diciembre de 2007 un "cazador de Yowies" llamado Paul Compton tomó una fotografía de una de esas criaturas en Glen Innes. Uno de los últimos avistamientos data de abril de 2009, cuando dos mochileras dijeron haber visto un peludo yowie de dos metros en Leura.
Los investigadores de este elusivo ser han recogido cerca de 3.200 informes de avistamientos y encuentros modernos. La criatura es descripta como de gran tamaño (entre 1,8 y más de 3 metros), cubierta de pelo negro (a veces rojizo, e incluso blanco), cabeza redondeada, nariz y cara aplanadas, grandes crestas sobre las cejas, afilados dientes y garras; emite un olor fuerte a basura en descomposición. También produce gritos parecidos a los de aves. Son bípedos, con un andar bamboleante, pero también se los ha visto correr en cuatro patas. Son omnívoros y a veces agresivos con los seres humanos. Hay casos de ataques con piedras y palos, pero la evidencia apunta a que el animal más bien evita el contacto con seres humanos. Hay relatos indígenas sobre mujeres estranguladas y niños secuestrados para ser devorados por estas criaturas. Hacen camas de hierbas bajo rocas salientes o también realizan túneles en los matorrales. Tiene hábitos nocturnos preferentemente.
La mayoría de los relatos modernos provienen de las Montañas Azules, en Nueva Gales del Sur, y en Queensland. Las evidencias sobre su existencia se limitan a moldes de huellas, rasguños en los árboles, "nidos", algunas fotografías no muy categóricas, pelos y una grabación lograda por un equipo de Animal Planet Finding Bigfoot en 2012.
Se han registrado algunos avistamientos de criaturas similares en Tasmania. En marzo de 1975 dos cazadores dijeron haber visto un ser de 8 pies de alto cubierto de pelo negro en los montes Poatina, en el centro de Tasmania. El hombre-mono huyó a la espesura al ver a los dos hombres.  En las tradiciones que se han podido conservar de los extintos aborígenes tasmanios figuran leyendas sobre una raza de hombres peludos que habitaban la isla desde antes de su llegada. Les llamaban Moorram-goon o Marren-deetch o Makoron Koro o Poinglyenna Pugganna (pueblo peludo u hombre peludo), Kolin Bugaloo (hombre terrible), Koro Woon-duble (Hombre trueno), Moorram goo-lee (peludo hombre negro).
También en zonas selváticas de la cordillera Moheau en Nueva Zelanda y en zonas montañosas de Nueva Guinea, se registran informes sobre seres similares. El hombre-mono de Nueva Zelanda es conocido precisamente como Moheau. Los avistamientos del ser se remontan a principios del siglo XX, llegando a hacerse una verdadera psicosis hacia los años 30 y 40. En 1969 se organizó una expedición para capturarlo, pero no se llegó siquiera a recolectar alguna evidencia de la existencia del animal. Otros avistamientos en los 90 llevaron a que el controvertido Rex Gilroy realizara una expedición. Se informó del hallazgo de huellas hechas por un ser de tres metros de altura. En las leyendas maoríes se habla de una peluda criatura llamada Maeroro, que raptaba niños y mujeres.

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