PRIMERA PARTE: LA PAX BRITÁNICA LIBERAL Y EL IMPERIALISMO FRANCÉS EN EL SIGLO XIX


FUNDAMENTACIÓN








 El tema elegido constituye, a mi entender, un “nudo gordiano” que en modo alguno pretendo desanudar o dilucidar, sino simplemente presentar en la forma más clara posible. Dicho “nudo gordiano” constituye una fuente inagotable de teorizaciones, especulaciones e investigaciones para explicar no solo un statu quo político, económico, social y cultural específico (el período victoriano o segundo imperio británico y su influencia en el Río de la Plata) sino también su impacto y permanencia ulterior. En otras palabras, resulta a todas luces fundamental para entender el presente tanto en lo global como en lo local.
 Entender el problema de ese complejo estado de cosas hegemonizado por una superpotencia planetaria en el período que va de 1815 a 1914, encajando dentro de ese tablero paradigmático a las surgentes naciones del Río de la Plata, nos lleva a analizar los siguientes aspectos:
      1) En una primera parte:
a)  los antecedentes del imperialismo británico y, específicamente, la especial relación entre los imperialismos inglés y francés (entendiendo el papel que juega la Francia en ese contexto hegemonizado por la Gran Bretaña);
b)  la situación global en los aspectos político-económico (y repercusiones en lo socio-cultural) dentro de este sistema de “Pax Britannica”.

2) En una segunda parte:
c)      los antecedentes del imperialismo anglo-francés en el Río de la Plata;
d) desarrollo en lo político-económico, ( y repercusiones en lo socio-cultural) de la intervención franco-inglesa en el Río de la Plata (con preferencia en lo acaecido en territorio del Estado Oriental y como parte de la cuestión de la conformación de nuestra identidad nacional) en el período 1837 a 1851.
 La forma en que la Gran Bretaña post Congreso de Viena diseñó el tablero mundial estableciendo pautas y reglas de juego explícitas e implícitas permanecen en el entramado estructural de nuestra civilización globalizada. Sin ir mas lejos, en estos días se reedita la vieja cuestión de las Islas Falkland-Malvinas entre Gran Bretaña y Argentina. Mientras en nuestro país se agita el fervor patriótico en vísperas de la realización del Mundial de Football FIFA South África 2010 ya que nuestra identidad nacional incluye un deporte creado e introducido por los británicos a fines del siglo XIX. Sin olvidar que, en muchos aspectos, Buenos Aires y Montevideo están empapados de todo aquello generado por la Francia. Después de todo lo anglo-francés se viene entremezclando desde la Edad Media…
 Esto último nos trae a colación la cuestión de cómo han influido en nuestra identidad nacional los eventos acaecidos en aquel período histórico de más de diez años. Hasta qué punto somos hijos (o rehenes) de situaciones globales no siempre fáciles de entrever, pero que igual nos han condicionado y continúan haciéndolo. Desde esta perspectiva analizaremos el problema de la identidad nacional, el proceso complejo de su conformación y el rol que les cupo a este respecto a las potencias que intervinieron en el conflicto rioplatense en cuestión.
  Para el proceso de elaboración del trabajo recurrimos a un abanico amplio de autores (ver bibliografía). La pretensión es utilizar la mayor cantidad posible de documentos (claro está que transcriptos o citados por diferentes autores). 
 Como último ítem aclaramos que, si bien se pretende abordar la temática expuesta desde un enfoque sistémico o múltiple, nos vemos obligados por razones de tiempo a no profundizar en aspectos socio-culturales interesantes (como corrientes artísticas o la repercusión del victorianismo en cuestiones como la higiene, la educación, las maneras sociales y otros detalles). La idea es ofrecer una visión global del fenómeno que presentamos en este trabajo primando sobre todo la perspectiva político-económica.
   
 Los procesos históricos inglés y francés presentan a primera vista matices que se nos antojan profundamente divergentes. No obstante, lo anglo-francés se viene entremezclando desde el Medioevo. Y precisamente esos largos procesos explican las profundas convergencias y divergencias que explican el auge imperialista de ambas potencias en el siglo XIX.
 El proceso inglés es progresivo, mientras que el francés está plagado de marchas y contramarchas. Inglaterra presenta una mayor tendencia a la estabilidad, mientras que Francia es mucho más inestable, explosiva. Inglaterra tiende al pragmatismo y Francia a los excesos y la utopía. Inglaterra es más positivista que romántica, Francia es más romántica que positivista.
 No obstante la historiografía británica suele iniciar el proceso de conformación de su nacionalidad con la invasión de un duque vasallo de Francia: Guillermo de Normandía. Según el antiguo código feudal los reyes de Inglaterra eran vasallos del rey de París. A pesar de ello la monarquía inglesa prosperó y llegó a hacerse más poderosa que su señora feudal parisina. Tan es así que llegó a disputar el trono franco en la Guerra de los Cien Años, segundo gran hito de la historiografía tradicional inglesa y francesa.
 El primer hito señalado por los franceses es el surgimiento de la Dinastía Capeto (987-1328), que emprendió la primer unificación de Francia.
 La Guerra de los Cien Años delimitó las fronteras de ambas naciones: Inglaterra circunscripta a las islas, y Francia en el continente. Desde entonces los procesos divergen y surgen los primeros contrastes notables.
 Juan Sin Tierra (1199-1216), hermano de Ricardo Corazón de León (Plantagenet), era nominalmente vasallo del rey de Francia Felipe Augusto (Capeto). Su larga serie de derrotas ante el rey de Francia entre 1202 y 1206, la excomunión papal de 1209 y el desastre de Bouvines en 1214 ante Felipe II de Francia, llevaron a que un grupo de nobles, autoridades eclesiásticas y representantes de los Burgos lo obligaran en Runnymode a firmar la Carta Magna. El episodio es considerado antecedente del sistema parlamentario constitucional inglés. Mediante el documento el rey reconocía los privilegios de la nobleza y el clero, las libertades de las ciudades y lo obligaba a someter las ecuages (ayudas financieras extraordinarias) a un Consejo de los tres estamentos. El sistema se perfeccionó en lo sucesivo. En 1239 el Consejo Real, llamado Parlamento desde ese año, fue institucionalizado: el rey debía convocarlo cada tres años y elegía el Consejo Real asesor del monarca (Estatutos de Oxford, 1258).
 Durante el gobierno de Eduardo I (1272-1307) no solo se incluyó a Gales y Escocia en el reino, sino que consolidó el sistema parlamentario inglés. En 1295 se instituyó la elección de diputados por ciudades. Además se sancionó que todo impuesto (ayudas financieras) debía ser consentido por los contribuyentes. También se reorganizó la justicia, la administración y las finanzas.

 En los años 1301, 1302, 1308 y 1314 el rey francés Felipe el Hermoso convocó el Concilium Generale, incluyendo a los representantes de las ciudades, como modo de procurarse subsidios y apoyo popular para su política. Logró, apoyado en su círculo de juristas, independizarse de la tutela papal y poner a Francia en la cima de las naciones de Europa. Pero desde 1330, con el acceso al trono inglés de Eduardo III, nieto de Felipe el Hermoso, Inglaterra se convierte en una auténtica potencia militar y naval. En 1337 Enrique III reclama el trono de París a Felipe IV de Valois. Es el inicio de la Guerra de los Cien Años.
 Prolongada hasta 1475 la serie de episodios bélicos anglo-franceses llamado Guerra de los Cien Años, desatada por motivo de la sucesión al trono de Francia, tuvo un trasfondo netamente económico: el mantenimiento de la relación inglesa con la burguesía flamenca y borgoñona, amenazada por el estatuto de vasallaje a Francia. Provocó efectos desiguales en ambos estados.
En Francia, a pesar del protagonismo que tuvieron los Estados Generales durante la crisis, se terminó consolidando una monarquía autoritaria. En cambio Inglaterra abrió un ciclo de inestabilidad política (Guerra de las Dos Rosas, 1460-85) y desprestigio de la monarquía y la alta nobleza. El rey Eduardo IV solo pudo gobernar el país basándose en la baja nobleza y la burguesía que dominaban el Parlamento y gobernaban efectivamente.
 La guerra arruinó económicamente a Europa y se sucedieron los alzamientos campesinos: la Jacquerie (1357) en Francia, la revuelta campesina de Wat Tyler contra el poll tax (1381) en Inglaterra. La ruina de la exportación lanera inglesa a Flandes hizo que Castilla la sustituyera como proveedor del producto. Sin embargo, la decadencia de industria textil flamenca produjo por resultado el desarrollo de la industria textil inglesa debido a una hábil política proteccionista. El crecimiento inglés al respecto fue importante y logró pronto hacer frente a la competencia castellana.
 En 1530 Enrique VIII Tudor se proclamó cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. En 1533 el Consejo Real llamó al Papa obispo de Roma. En 1535 el Parlamento aprueba la expropiación de los bienes y propiedades eclesiásticos. El impulso económico que el Estado británico experimentaría debido a este hecho de profunda significación política y económica, es la base del salto comercial que da Inglaterra en los próximos años. Desde 1540 hasta 1640 se produce un extraordinario desarrollo de industrias nuevas: minería, metalurgia, cervecería, jabón, refinación de azúcar, etc. Esta es la base del fuerte capitalismo comercial inglés, que tiene un desarrollo expansivo durante el período de Isabel I.

 FRANCIA ABSOLUTISTA

  Francia evolucionó rápidamente con la instauración de la dinastía de Borbón hacia una monarquía absolutista, fuertemente centralizada. Al contrario de Inglaterra los monarcas prescindieron de los Estados Generales y desarrollaron una política económica en principio brillante (llevada a cabo por ministros brillantes) y una política exterior agresiva tendiente a consolidarse como poder dominante en el continente.
 Mientras que en Inglaterra el absolutismo era contenido por las revoluciones burguesas de Cromwell y la Gloriosa de 1688, en Francia las revueltas parlamentarias (la Fronda y los Nobles) eran aplastadas.
 En realidad la Francia del “Le Grand Siècle” marca el cenit del Estado absoluto y, a la vez, sienta las bases de la posterior decadencia del mismo. Crisis económica, crisis social, crisis religiosa y decadencia del comercio ante la competencia anglo-holandesa es en realidad el triste saldo de una etapa llena de un brillo enceguecedor que oculta las peores oscuridades.
 Quien efectivamente se fortaleció fue Gran Bretaña. Tras la Guerra de Sucesión Española acabó con el predominio francés en Europa. Francia quedó sumida en la ruina e Inglaterra se elevaba como la potencia más importante del siglo XVIII.

FRANCIA REVOLUCIONARIA

 La monarquía francesa, aliada con la de España, pretendió desquitarse de la desastrosa guerra colonial de 1754-63 (en la que Inglaterra le arrebató casi todas las posesiones en Norteamérica y la India) y entró en la guerra contra Gran Bretaña en apoyo de la insurgencia norteamericana. Las consecuencias de este acto, no obstante, fueron nefastos para el absolutismo monárquico francés.
 En el marco de un nuevo levantamiento de los campesinos en 1787 debido a las hambrunas, también se reeditaba la pugna parlamentaria en París motivada por una nobleza que pretendía poner coto a la monarquía en revancha por el aplastamiento de Fronda de los Príncipes (1650-53) por Mazzarino.
Anteriormente, en 1614, los nobles habían logrado convocar por última vez (hasta 1789) los Estados Generales con el objetivo de limitar el poder absoluto de los reyes. Pero éstos habían triunfado.
 A la muerte de Luis XIV, que había logrado domesticar y humillar a la nobleza feudal francesa, ésta comienza a despertar del letargo de Versalles. Dos hitos marcan un jalón en el declive del absolutismo: la muerte de Colbert (1683) y la revocación del Edicto de Nantes (1685). Una sucesión de de ministros realmente brillantes -Mazzarino, Richelieu y Colbert- lograron llevar a Francia a un gran nivel económico. Sobre todo Colbert logró parcialmente convertir a Francia en un país industrial y mercantil aún pese a su dominante base agrícola. Favoreció la industria textil e hizo esfuerzos por acabar con las aduanas regionales y los impuestos feudales. Trazó caminos, habilitó puertos e hizo construir canales (como el del Languedoc). También protegió la formación de compañías de comercio en las colonias y en la metrópoli (como la de explotación de bosques pirenaicos o las pesqueras del Mar del Norte). Favoreció la cultura y la ciencia con la creación de una Academia de Ciencias, otra de Música y Bellas Artes.
 El esfuerzo de Colbert se dilapidó en las aventuras bélicas y los sueños imperialistas de Luis XIV. Después de la campaña española la economía francesa quedó devastada. Para colmo de males Francia perdió posteriormente la mayoría de sus colonias en una guerra desastrosa con Gran Bretaña y ni siquiera la revancha exitosa de 1776-78 sirvió para devolverle el prestigio.
 La arruinada monarquía francesa intentó, a través de una reforma impositiva, recuperar las exhaustas reservas económicas. Contó con la enconada resistencia de los nobles. Debido a ello intentó una solución que antes había resultado favorable a la monarquía: convocó a los Estados Generales, pretendiendo con esta medida ampliar la base de sustentación del régimen. Creyó poder encontrar en los demás estamentos apoyo para las reformas fiscales de corte ilustrado que pretendía implementar. Pero no contó con el poder que la nueva ideología había dado al elemento burgués, convirtiéndolo en un poderoso agente de presión.
 
 Desde hacía un tiempo, una nueva filosofía se había extendido entre los círculos intelectuales de Europa. Sus principales exponentes eran británicos y franceses. En el caso británico se trataba de autores defensores de un pensamiento racionalista, individualista y utilitarista, opuesto a toda ingerencia del estado en lo privado. En el caso francés se añadió un componente pasional y utópico, liderado por Rousseau. En todo caso se trató de un corrosivo grupo de ideas que prendió en los líderes de la burguesía, pero también en nobles, eclesiásticos y líderes campesinos por cierto.
 La influencia de las ideas liberales e individualistas de los ingleses Locke y Smith son notorias en el pensamiento de los “iluministas” franceses. La tradición “racionalista” es característica de la corriente llamada “volteriana” (por Voltaire). Éste y otros autores franceses expusieron ideas de corte materialista, fundadas en el “cartesianismo” (por Descartes) del siglo XVII. Esta tradición inicial del iluminismo francés se continúa en el movimiento de la Enciclopedia de 1751. Aún se lo ve en el “Diccionario histórico y crítico” de Pierre Bayle, una obra donde predomina el pesimismo y la crítica. Se trata de una corriente más bien aristocrática e intelectual, muy asociada a la tradición británica de pensamiento. Entre los fundadores de la Enciclopedia el exponente principal de esta línea es D’Alembert.
 En cambio Diderot anuncia ya el componente “pre-romántico”, idealista, naturalista, escéptico que se define con Rousseau. Éste es un pensador plenamente naturalista, confía en las inclinaciones naturales del individuo y no en la razón propiamente dicha. Cree en la bondad natural del hombre no civilizado, el buen salvaje no sujeto a reglas. Su aporte fundamental es la idea del “contrato social”, expuesta en la obra del mismo nombre de 1762. También expuso ideas de tipo más bien “socialistas” (en sus obras hay críticas a la propiedad privada, concepto intocable para los pensadores ingleses), introduciendo una cuña en las concepciones liberales imperantes.

 EL LIBERALISMO INGLÉS

 Si se quiere, los antecedentes que llevaron al cambio de mentalidad que derrumbó al Antiguo Régimen se remonta a los opúsculos incendiarios del Rosacrucianismo germánico del siglo XVII. En ellos se trasuntaba la oposición a un sistema opresivo liderado por el binomio Iglesia-Monarquía Absoluta.
 En el siglo XVIII la dinámica socio-económica catapultada en primer lugar en Inglaterra, y luego en el continente, por la Revolución Agrícola y los enclosures (cercamiento de campos) da lugar a un progresivo desarrollo del industrialismo. Las fuerzas burguesas se disparan y la especulación financiera (llamada “bubbles” en Gran Bretaña) ya asume un ritmo febril en las dos primeras décadas del siglo XVIII.
 En Francia, un financiero escocés llamado John Law funda la Banque Gènèrale en 1776. Obtiene del absolutismo el derecho de fabricación de moneda y, de ese modo, se convierte en el principal controlador de las finanzas en Francia. Pero en 1720, debido a escándalos financieros, debe huir del país. Este espíritu burgués especulativo es introducido, pues, en Francia desde Inglaterra y actúa como un eficaz factor corrosivo de las estructuras del régimen absolutista. También en Francia se conforma un movimiento intelectual que confluirá en la Enciclopedia (publicada a partir de 1751, como ya hemos visto) y actuará como un el elemento subversivo de las conciencias. Ideas corrosivas asociadas al liberalismo, galicanismo, anticlericalismo, materialismo, ateísmo, escepticismo, conmueven las bases del edificio del Antiguo Régimen. Le quitan legitimidad.
 En Inglaterra la subversión de las estructuras socio-económicas se torna irreversible por el auge del maquinismo, que precede en décadas al del continente. Aquí en Inglaterra las teorizaciones sobre la libertad económica estuvieron precedidas de un ambiente donde se las practicaba abiertamente. Sólo era necesario justificarla y explicarla, porque de hecho ya existía. El antiguo sistema de gremios, corporaciones y talleres naufragaba ante el embate de los nuevos empresarios, las nuevas relaciones laborales y productivas. Inglaterra estaba preparada para una generación de filósofos que dieron forma a un paradigma económico que terminaría transformando la estructura política y social de las islas y todo su sistema colonial.
 La Revolución Inglesa antecede en un siglo a la Francesa. La razón de ello la encontramos en la época isabelina, momento en el cual una minoría dedicada a los negocios y la industria lanzaba agresivamente a la monarquía británica a la expansión marítima y colonial. Esta minoría de burgueses terminó imponiendo una cosmovisión socio-cultural a parte de la aristocracia terrateniente inglesa enriquecida, a su vez, por la especulación en tierras. El resultado fue el desencadenamiento de un movimiento que procuró derribar los obstáculos que la monarquía absoluta de Jacobo I y Carlos II oponía a las actividades económicas. Dos revoluciones, la “puritana2 de 1640 y la “Gloriosa” de 1688, dieron forma a esta nueva estructura político-económica, social y cultural, basada en los postulados delimitados por Thomas Hobbes, James Harrington, John Locke y otros.
 Harrington (1611-1677) presenta una teoría en la cual la política se subordina a la economía. Construye la idea de una “ley natural” o “causa universal” que empuja los fenómenos políticos y tiene raíz económica. No obstante, su análisis causal se agota en la evolución de la propiedad rural y no se interesa por lo comercial e industrial. Su ideal es un republicanismo aristocrático, defendido también por autores como Milton y Sidney.
 John Locke (1632-1704) es el autor más influyente del pensamiento burgués liberal inglés protagonista de las revoluciones burguesas. Padre del “individualismo liberal”. Participó en las luchas de whigs (liberales) contra tories (conservadores), y sus obras justifican la revolución triunfante. Locke sienta las bases de lo que será la política de Estado británica. El fin de la política, para el autor, es la búsqueda de la felicidad (basada ésta en el mantenimiento de la paz, la armonía y la seguridad). No hay felicidad sin garantías políticas. El estado de naturaleza para Locke es pacífico, al contrario de Hobbes que lo considera salvaje y violento. También cree que la propiedad privada existe en el estado de naturaleza. El propósito del “contrato social” que da origen a la “sociedad civil” o “gobierno”, no es poner orden en la naturaleza salvaje original (porque no hay tal) sino simplemente asegurar la propiedad. Los gobernantes quedan reducidos al papel de administradores al servicio de la comunidad.
 Para Locke el poder supremo es el Legislativo, hacedor de leyes (las cuales no deben perjudicar a los propietarios). El ejecutivo es considerado inferior al legislativo. El poder está limitado por los derechos naturales y su deber es ser justo. Por ende el poder se reduce a una cuestión moral.
 Locke reconoce a quienes se ven perjudicados por un poder injusto el derecho de resistencia, pero sólo para que el gobierno respete la legalidad, no para destituirlo. Establece una estricta separación entre lo religioso y lo civil: “el poder del gobierno civil no tiene relación más que con los intereses civiles”.
 Locke es, pues, opuesto a Hobbes, pero éste, pese a su filiación monárquica absolutista contribuyó a forjar el ideal burgués liberal merced a su postulad del individualismo radical. En sus ideas se fundamenta la posterior filosofía de que las instituciones políticas y sociales sólo se justifican si protegen los intereses individuales y mantienen los derechos del individuo.
 Las dos revoluciones inglesas consagraron el poder del Parlamento sobre la monarquía y, además, de la clase media sobre el resto de la sociedad. Par 1640 la mitad de los pares provenían de esa clase dedicada a los negocios y la industria. Precisamente durante el régimen de Cromwell (el “protectorado”) se acrecentó el flujo migratorio de lombardos, judíos, venecianos y hugonotes que huían de la revocación del Edicto de Tolerancia de Nantes (1685). Estos inmigrantes darán un impulso fundamental a la banca inglesa (la calle de los banqueros en Londres se llamaba Lombard Street; por otra parte el abuelo de Benjamín Disraeli emigró de Venecia en 1748). Inglaterra se convirtió en el polo burgués más importante de Europa, mientras que la Francia de Luis XIV acababa desangrándose hasta la ruina, lo que desembocó en la Revolución burguesa de 1789.
 En Francia un férreo control absolutista frustró las revoluciones parlamentarias, burguesas o aristocráticas, y paralizó el desarrollo de las fuerzas que, sin embargo, hicieron eclosión en Inglaterra por ese entonces. Esa es la causa fundamental del atraso económico, político y socio-cultural de Francia (no obstante ser el foco principal de la ideología que subvertiría el orden absolutista en el continente) con respecto a Gran Bretaña. La Revolución intentaría emparejarse con Inglaterra a un costo realmente dramático. El duelo entre ambas potencias finalizó con la derrota de Napoleón y la sujeción de Francia a las directivas de Londres a lo largo de todo el siglo XIX.

 THE FAERIE QUEENE

 “La Reina Hada”, como la llamó el poeta inglés Edmund Spenser (contemporáneo de Shakespeare), Isabel I, presidió un extenso y fructífero reinado (1558-1603) que no sólo consolidó las reformas iniciadas por Enrique VIII, sino que catalizó todas aquellas fuerzas que estaban poniéndose en movimiento para hacer de Inglaterra una gran potencia.
 En este período los intereses de la nobleza terrateniente, que protagonizaba las “enclosures”, y la nueva “aristocracia” burguesa, convergen en torno a la idea de la grandeza nacional y su “natural” expansión mercantil, colonial y política.
 Cuando asume Isabel I, Inglaterra sale del calamitoso reinado de María Tudor. En ese momento Inglaterra había evacuado Calais, su última plaza en el continente (fase final de la larga derrota sufrida en la Guerra de los Cien Años). La reina Isabel protege la iniciativa privada y, en su gobierno, se forman las sociedades por acciones, como la East Indian Company (en 1601) y se crea el Banco de Londres (1611). A la vez se iniciaba la expansión colonial en América del Norte y en la India, compitiendo con España y también con holandeses y franceses. Inglaterra introduce innovaciones agrarias de origen holandés que comportan un auge en la producción agrícola. A su vez el campo experimenta una revolución desde 1430 a 1530, punto culminante del movimiento de cercamiento de los campos para pastoreo. Esta situación da inicio a un auténtico boom ganadero, sobre todo ovino (industria de la lana), pero a la vez genera tensiones sociales. Grandes masas de campesinos quedan sin trabajo y protagonizan alzamientos periódicos a causa de las hambrunas (como el “Pilgrimage of Grace” de 1536, primer levantamiento de importancia). Los desocupados engrosan la población urbana y alimentarán un auténtico proceso industrial que llevará a Inglaterra a liderar la extracción del carbón (generando un boom cuyos niveles sólo fueron alcanzados por Francia en 1834), minería en general, metalurgia y fabricación de jabones, cristales, sal, refinación de azúcar, cervecería… y, por supuesto, la industria textil.
 Durante el reinado de Isabel I se dio el desastre de la Armada Invencible española ante Plymouth, primer gran triunfo británico ante la potencia naval exclusiva hasta entonces. La victoria catapultó la mística nacionalista inglesa.

 CROMWELL

 La guerra civil inglesa, también conocida como Revolución Inglesa o Puritana, terminó en un período histórico en el cual el poder recayó en un dictador u hombre fuerte: Oliver Cromwell, mientras que la monarquía inglesa era derrocada. El interregno de Cromwell, no obstante, no produce ninguna ruptura con la línea de progreso ininterrumpido que viene siendo siendo la tónica de la historia inglesa.  En este período se aprueban las Actas de Navegación (1651), por las cuales sólo los barcos ingleses podían transportar mercaderías importadas. La medida desató el duelo entre Inglaterra y Holanda por el predominio en las rutas comerciales de océano Índico y por el monopolio del tráfico de esclavos, bacalao, tabaco y azúcar. Era el comienzo del monopolio comercial británico.
 Pero hubo otras medidas que tendieron a profundizar la abolición del monopolio comercial estatal, la agilización del régimen de patentes y la desaparición de los gremios (traba importante para el desarrollo industrial, que se mantuvo por más tiempo en Francia, aún cuando Colbert intentó imponer el sistema inglés de “trabajo a domicilio”). El impulso de la industria textil terminó minando, con el tiempo, los lazos feudales de los gremios.
 Cromwell también permitió la entrada de inmigrantes lombardos, judíos, flamencos y los hugonotes franceses que huían de la persecución tras la revocación del Edicto de Nantes por Luis XIV en 1685. Esta masa social sería la base del desarrollo de la burguesía inglesa y contribuiría al progreso de la banca.
 En 1660 se crea la Real Academia para el Progreso de la Ciencia Natural Mediante la Experimentación. Uno de sus primeros presidentes fue Isaac Newton. Inglaterra se ponía a la vanguardia de la ciencia aplicada.
 En los últimos años del siglo XVII se desarrolló en Inglaterra la revolución agrícola, producto de la aplicación de las técnicas agrícolas holandesas. La perfección de dichas técnicas, que implican la supresión del barbecho por la rotación de cultivos, permiten aumentar al doble las tierras en uso y, además, mantener su fertilidad. El excedente agrícola hacia el siglo XVIII es del 50% de la producción.

LA JOYA DE LA CORONA

 El duelo anglo-francés terminó dando el monopolio comercial ultramarino a Londres en el siglo XVIII. Pero un hecho fundamental del imperialismo inglés en ese período es la conquista paulatina de la India. Precisamente este constituye uno de los factores que explican el proceso industrial británico: casi se puede decir que la Revolución Industrial se financió desde la India.
 En realidad la explotación colonial de la India explica en parte el fenómeno industrial británico. De hecho se trata de una confluencia de factores, pero es innegable que la ”joya” más importante de la Corona británica durante el victorianismo, contribuyó al proceso de aceleración de la economía en las islas, lo que hizo que los inventos mecánicos impactaran de la forma que lo hicieron en la historia de la civilización.
 Pero además, le dieron a Inglaterra la primacía absoluta en el comercio internacional por 50 años. Francia intentaba a marchas forzadas ponerse a la par. Y tuvo su chance.
 En 1776 el Imperio se fractura con la independencia de las Trece Colonias. La oleada revolucionaria que se enciende en Europa con la chispa de 1789 en Francia, sacude también a Inglaterra. Ésta no caerá debido a su solidez y, a la vez, flexibilidad estructural. De ese modo pudo sortear las protestas del movimiento ludista (con su pico máximo en 1811-12) y, tras el dramático acto llamado “masacre de Peterloo”, donde se reprimió a los trabajadores con un saldo de once muertos, en 1819, una relativa paz volvió a las agitadas islas. Una de las causas de la superación de esta crisis fue el ágil crédito inglés. El Banco de Inglaterra funcionaba desde 1695, y la agilidad del crédito permitió absorber en parte el campesinado desplazado por las enclosures y, así, mitigar la protesta social. En Francia el Banco Central se funda en 1789. Una vez en el poder, la burguesía gala imitó a Inglaterra para asegurar la paz social y calmar al campesinado, obreros y artesanos soliviantados.

 EL DUELO ANGLO-FRANCÉS EN EL SIGLO XVIII

 En el siglo XVII la Francia Absolutista busca erigirse en potencia continental y, a la vez, posesionarse como potencia colonial ultramarina. Las reformas de los ministros italianos logran una “industrialización” un tanto forzosa del país, buscando hacer de su economía competitiva respecto  a la de Inglaterra. Esta resiente el peligro y busca minar el poder de Versalles. Por eso interviene en la Liga de Augsburgo durante el conflicto del Palatinado (1689-1697), pretendiendo evitar la ocupación francesa de los Países Bajos.
 De 1700 a 1713 interviene en la Guerra de Sucesión Española para detener el golpe de mano de Luis XIV que pretendía controlar el Imperio Español. Esta guerra le reportó una victoria trascendental: por la Paz de Utrecht, aunque debió reconocer a un Borbón en el trono español y permitir la anexión de los Países Bajos al Imperio Francés, obtiene a cambio el derecho de “asiento” y el “barco de permiso” en la América hispánica, penetración casi ilimitado en el Imperio Portugués (tratado de Methuen de 1703) y enclaves coloniales estratégicos (Gibraltar, Terranova, Acadia y Bahía de Hudson) además de asegurar el dominio comercial en al Mar del Norte y en el Báltico.
 La Compañía de los Mares del Sur y la Compañía Africana se adueñaron del Atlántico dando a Gran Bretaña la supremacía en el tráfico marítimo. Comienza el dominio inglés de los mares, una auténtica política de Estado desde los tiempos isabelinos.
 En 1739 la Inglaterra de Lord Walpole decide desatar una guerra con España para asegurarse la continuación de los derechos de “asiento” y “barco de permiso”. El pretexto lo da un incidente que da nombre al conflicto: “la Guerra de Oreja de Jenkins”. Este incidente da origen a una estrategia británica de presión conocida como “estrategia del marinero herido”, que ilustra la clase de pretextos que utiliza la diplomacia inglesa para romper relaciones con otro Estado.
 Durante la “Guerra de Sucesión Austríaca” (1740-48) y la “Guerra de los Siete Años” (1756-1763) Inglaterra se asegura la virtual ruina de su rival directo: Francia; logra sujetarla a sus intereses y, además, se queda con un patrimonio colonial impresionante cuyas dos principales bases son Norteamérica y la India.
 En 1776, durante la crisis colonial americana, Gran Bretaña estuvo en guerra con España y Francia. Ésta en especial creyó poder vengarse de las humillaciones recibidas por Londres, pero no contó con lo que vendría después, a modo de consecuencia: la Revolución Francesa.

 NAPOLEÓN

 El mayor peligro con el que se enfrentó Gran Bretaña desde los tiempos de Luis XIV fue Napoleón Bonaparte. Desde 1796 Inglaterra entra en guerra con el Directorio francés, formando parte y financiando activamente la primera coalición antirrevolucionaria.
 La Francia que ha demolido tan contundentemente el Antiguo Régimen (después de que la revolución parlamentaria de 1789 a 1791, relativamente moderada en principio, degenerara a continuación en un régimen de Terror que terminó ejecutando al monarca y desatando una persecución de opositores realmente dramática), amenaza desde un principio con convertirse en un serio competidor. Al frente del movimiento, o actuando como fuerza catalizadora, se encuentra una agresiva burguesía que pretende reconvertir a la nación francesa en una potencia industrial. Las potencias europeas buscaron jaquear la Revolución e Inglaterra aprovechó la oportunidad.
 El año en que Gran Bretaña entra en la primera coalición monárquica legitimista es el mismo en el que Napoleón inicia su campaña de Italia. En 1799 el Gran Corso inicia su campaña de Egipto con la clara intención de progresar hacia Oriente y amenazar las posesiones británicas en Asia. En 1799 vuelve a Francia y se produce el golpe de Estado del 18 Brumario (9 de noviembre) que instaura el Consulado. Comienza así la rápida carrera de Bonaparte hacia una concentración de poder, favorecida por la alta burguesía francesa, que culmina en su coronación como Emperador en 1804.
 Napoleón representaba los intereses de la burguesía francesa y sus primeras medidas tendieron a garantizar y proteger tales intereses. El Código Civil promulgado se basaba en el derecho de propiedad. Se instauró una rígida censura de prensa y persecución de opositores. Se estableció un régimen centralizado, jerárquico, basado en una eficiente burocracia. También se instituyó un sistema educativo estatal, centralizado y jerarquizado. Protegió la industria (si bien ignoró, curiosamente, el barco de vapor de Fulton). Llevó al principio una política de amistad con Roma, si bien mantuvo la subordinación de la Iglesia al Estado.
 Napoleón también era un burgués, accionista del Banco Central junto a sus hermanos José y Jerónimo. La política económica del régimen napoleónico tendió al fortalecimiento del Banco Central. Pero Francia tenía un atraso considerable en el desarrollo industrial respecto a su rival Inglaterra. Napoleón intentó por todos los medios a su alcance remediar ese problema. Lanzó a las masas de campesinos desocupados (los mismos que habían protagonizado alzamientos contra el nuevo régimen revolucionario) a la guerra en procura de mercados y, además, en procura de postrar a Inglaterra.
 Mientras la Francia napoleónica se hacía fuerte en el continente, la Inglaterra de William Pitt el Jóven, hábil político whig, conseguía superar las protestas ludistas y orientarse hacia un reforzamiento naval que le permitiera afirmarse en el dominio de los mares. Aliada con España, Francia enfrentó en el océano a la Armada británica. Pero la Grande Armèe es destruída el 21 de octubre de 1805 en Trafalgar ante el almirante Nelson.
 El episodio forma parte de un proceso de reacción de la hasta entonces afligida Inglaterra. Había logrado aplastar en rudos términos la rebelión maratha de la India en 1803. Hubo intentos frustrados de ocupar el Río de la Plata en 1806-07, como parte de un plan para mantener abiertos nuevos mercados.
 La situación se vuelve a poner difícil para Gran Bretaña cuando la tercera coalición fracasa (batalla de Austerlitz). Napoleón es inexpugnable en el continente. Por el decreto de Berlín del 21 de noviembre de 1806 Napoleón decreta el bloqueo continental total contra Inglaterra. Londres responde con el establecimiento de un contrabloqueo marítimo (las 24 Ordenanzas del Consejo) por el que obliga a los navíos de otras naciones a encauzar su comercio por puertos ingleses, so pena de ser considerados aliados de Francia. Esta situación lleva a un deterioro de las relaciones entre Gran Bretaña y los Estados Unidos de Jefferson (que no varían su política proteccionista) que desembocará en la guerra de 1812.
 No obstante el bloqueo continental napoleónico es vulnerado en 1809 a través de Suecia, Holanda y Rusia. Napoleón intenta cancelar el mercado ibérico ocupando Portugal y, de paso, también España, en 1807-08. Esta campaña fue ruinosa para Francia y contribuiría al desprestigio de Napoleón y su ulterior caída.
 El bloqueo continental afectó a la industria británica. Las exportaciones descendieron  drásticamente en 1808. Pero las cosas comienzan a favorecer a Londres muy pronto. En 1810-11, Wellington hace retroceder a las tropas de ocupación francesas en Portugal y España. También vira su política respecto a América: se seguirán los lineamientos planteados por Lord Castlereagh en su Memorándum de 1807, donde se estipulaba el apoyo a los movimientos autonomistas en los virreinatos. En 1810-11 Gran Bretaña necesita tener los puertos libres e intercede en la guerra entre la Junta de Buenos Aires y las fuerzas realistas-regentistas de Montevideo. Envía a Lord Strangford para que tramite el levantamiento del Sitio de Montevideo y del bloqueo naval a Buenos Aires. Gran Bretaña define su política de paz y puertos abiertos: le es vital para mantener constantes los flujos comerciales que necesita para estabilizar su economía.
 Wellington derrotó a Napoleón en 1814 y, nuevamente, tras su regreso e instauración de Los Cien Días, en Waterloo en 1815. Detrás de Wellington se tejió una telaraña de intereses que confluían en Londres y atravesaba Europa entera: los intereses de la banca internacional, encabezada por los Rotschild, eligieron a Londres como plaza financiera y jugaron en contra de París. Uno de los motivos del fracaso del bloqueo continental fue la red de contrabando y espionaje montado por los Rotschild. En la fase final de la guerra financiaron a Wellington, quitando respaldo Napoleón.

 EL IMPERIALISMO LIBERAL

 Desde la caída de Napoleón, Gran Bretaña se empeñó en construir un equilibrio de poderes internacional, un statu quo global que, en última instancia le favorecía y aseguraba la supremacía económica, política y cultural en el mundo entero. ¿Cómo empezó esto? Obviamente empezó después de la crisis del viejo sistema colonial, durante la independencia de las Trece Colonias y, luego, la rebelión de la India y las guerras napoleónicas… Todo el sistema británico de poder se reorientó. El poder pasó definitivamente a la City, centro de la “aristocracia” financiera. Y los nuevos nombres en esta nueva arquitectura de poder fueron: Wellington, Pitt, Robert Peel, Palmerston, Gladstone, Disraeli… Y la Reina Victoria.
 En 1806 los Comunes aprueban la abolición del tráfico de esclavos. Si bien las campañas eticistas que ganaron a la clase media inglesa, prepararon el ambiente para esta medida, la causa principal es la fórmula del liberalismo económico ya descripta por Adam Smith: un sirviente libre cuesta menos a un patrono que el esclavo. También la escasa rentabilidad del trabajo esclavo en un Imperio británico en crisis, llevó al apoyo a las medidas abolicionistas (y abierta presión para la supresión de la esclavitud). 
 El viraje hacia el liberalismo político-económico ocurrió con cierta lentitud en Gran Bretaña. Una a una fueron aboliéndose las leyes proteccionistas y monopolistas de la época de Cromwell. Pero la sociedad británica ya estaba preparada para el liberalismo cuando el mismo se formalizó como política de Estado.
 Las guerras contra Napoleón estimularon y aceleraron el proceso industrial británico. Le dieron un impulso que, rápidamente contagió toda la estructura y los engranajes de la economía y la sociedad británicas… abonando el camino para las reformas políticas liberales.
 Desde 1820 Gran Bretaña se orientó hacia el liberalismo y se apartó de la ola restauradora del absolutismo defendida por la Santa Alianza. A pesar de ello, hasta 1846, Inglaterra aún mantiene leyes proteccionistas. No obstante impone políticas librecambistas desde la década del 20 a los países de América y Asia.

 LAS DINASTÍAS DE BANQUEROS

 En el diseño del sistema liberal inglés, basado en un capitalismo financiero salvaje, no se puede obviar el formidable elemento de presión que significaron los banqueros internacionales que hicieron de la City londinense su centro de operaciones.
 Los Rotschild son los emblemas de esta clase de poder económico. La Banca está presente en las principales capitales de Europa y actúa de un modo coordinado. Normalmente son financistas de todos los gobiernos de Europa, pero ellos terminan apostando a ganador siempre. De hecho es notorio que nutrieron a los ejércitos de Napoleón, y luego a los de Wellington. Y especularon con el conflicto hasta último momento.
  Es célebre la jugada efectuada por Nathan Rotschild el día de la victoria aliada en Waterloo. Sabedor de lo que había ocurrido realmente con anterioridad a que la noticia llegara a Londres, se puso a vender todas sus acciones de la deuda británica en el English Stock Market (Bolsa de Valores de Inglaterra). Los agentes bursátiles entraron en pánico, creyendo que Napoleón había triunfado, y se apresuraron en deshacerse de sus acciones… las cuales fueron compradas por agentes de Nathan. De ese modo se quedó con las principales acciones de la Bolsa.
 La Casa Rotschild fue fundada por Meyer Amschel (1743-1814), financiero de Franckfurt, creador de una dinastía de banqueros repartidos en las principales ciudades europeas.
 El ascenso de los Rotschild forma parte de un fenómeno relacionado con la especulación que atravesaba Europa entera y confluye en la trama de intereses que estalla en París en 1789. Algunas fuentes señalan a los Rotschild (la sucursal francesa estuvo a cargo, primero, de Salomón y luego, de James Rotschild) junto a Jacques Necker (director de finanzas y primer ministro de Luis XVI), Boscary (presidente de la Caisse D’Escompte), Delessert (propietario de la Compañía Aseguradora Francesa), Nicolás Cindre y otros relevantes banqueros como parte integrante de la revolución de la burguesía de París contra el absolutismo.
 A dos meses del golpe de Estado de Napoleón es fundado el Banco de Francia. El sector financiero apoyó las campañas del Gran Corso porque reportaban grandes beneficios económicos al “Sindicato Financiero Internacional” (Rotschild, Loyd, Hoper, Betham, Baring). Pero esa situación duró hasta que el bloqueo contra Inglaterra y el contrabloqueo inglés hicieron tambalear las finanzas. Entonces el sector financiero internacional se inclinó hacia Londres.
 La entente entre Nathan Rotschild en Londres, y James Rotschild en París, fue la clave para la evasión del bloqueo continental y la triangulación del envío de fondos para la campaña de Wellington en la Península Ibérica.
  La Casa Baring fue fundada por Francis Baring (1740-1810), oriundo de Bremen (Alemania). Su hijo Alexander (1773-1848) fue designado Ministro del Tesoro por Robert Peel. Su hermano Francis Tornhill (1796-1860) fue lord Tesorero, Ministro de Hacienda, Lord del Almirantazgo y director de la Compañía de las Indias Orientales.
 Los banqueros lideraron la penetración comercial británica en los nuevos países americanos a través de agentes como los hermanos Parish Robertson en el Río de la Plata (ligados a la Baring Brothers).

 LA POTENCIA INDUSTRIAL

 Gran Bretaña experimenta una evolución hacia el industrialismo de un modo único. De hecho se puede afirmar que el industrialismo es un fenómeno inglés que luego se exporta al exterior. Por lo menos hasta la década de 1890 y principios del siglo XX, Inglaterra lideró exclusivamente la producción de minerales sólidos (hulla y lignito) y también la producción de fundición. Este hecho podría explicar por sí solo la primacía británica en la competencia colonial. Virtualmente no tenía competidores. Durante buena parte del siglo XIX Londres se limitó a mediar en conflictos en América y Europa, proponiendo soluciones salomónicas en beneficio del equilibrio pacífico de poderes. Inglaterra impuso una férrea política de neutralidad en lo que respecta a lo internacional y sólo se avino a intervenir militarmente en guerras de corta duración. Básicamente se limitó a aplastar brutalmente la rebelión en la India y sólo se embarcó, después de Versalles, en la guerra por la independencia de Grecia en la década del ’20. El capital británico producía cuantiosos negocios en los nuevos Estados surgidos en América, cuya independencia se apresuró en reconocer, además de asegurar que no permitiría su reincorporación a España (oponiéndose a la Santa Alianza restauradora).
  La conversión de Gran Bretaña en potencia industrial excluyente va unida a su predominio casi absoluto en parte del siglo XIX. Pero no podía Gran Bretaña haber dado este salto estructural si no fuera por su posición de monopolizadora de los mercados. Inglaterra ya posee la hegemonía del comercio mundial antes del siglo XIX. Sólo Napoleón consiguió amenazar tal supremacía. Además el mayor acicate a la producción industrial masiva fue la misma guerra contra Napoleón. Al terminar el conflicto Gran Bretaña (que tenía una población de casi 17 millones de habitantes), había aumentado su deuda a 860 millones de libras. Pero la colosal industria metalúrgica británica, motorizada por la misma guerra, pronto acapara el mercado internacional. Inglaterra evolucionará rápidamente hacia un modelo exportador de manufacturas e importador de materias primas.
 Tal cosa no se hace de la noche a la mañana. En realidad no se impondrá el telar mecánico hasta 1850. El proceso de industrialización británico comporta una lenta transformación de las prácticas productivas tradicionales, y no se desarrolla sin resistencia. Buena parte de la cada vez más alta y barata producción textil (de algodón y lana) se consume en el cada vez más grande mercado interno. Éste se nutre con el crecimiento demográfico que experimentó Inglaterra debido a la mejor alimentación y a las nuevas medidas de higiene y los progresos médicos. A su vez, de 1811 a 1830, casi todo el trigo producido es de origen local. Esta situación se revierte recién en 1870. La importación de materias primas llega a ser un 64% del total a partir de 1824-26.
 La revolución industrial provocó la conformación de dos categorías de naciones: las capitalistas centrales (al principio sólo Inglaterra) y las periféricas o dependientes. Las segundas estaban condenadas al subdesarrollo. En ese momento la aparición de los países latinoamericanos en el contexto internacional los colocó directamente en la categoría de periféricos o dependientes. Gran Bretaña se apresuró en firmar con ellos tratados de comercio y amistad (el exclusivismo comercial impuesto por Londres queda manifiesto en la imposición de restricciones al comercio norteamericano en Indias Occidentales como una de las cláusulas del Tratado Jay).
 El modelo de intercambio comercial quedó sellado en ese entonces (si bien no se consolidó hasta pasada la mitad del siglo XIX): Europa exporta excedentes demográficos, bienes industriales y capitales a la periferia, y ésta  la dota de alimentos y materias primas. Este proceso se acelera con la revolución de los transportes (ferrocarril y barco de vapor) liderado siempre por Gran Bretaña.
 La revolución industrial se inicia hacia 1780 en Inglaterra, vinculado a la tecnificación de la industria algodonera de Lancashire, acelerando los cambios socio-culturales iniciados en el siglo XVII. El potenciador principal del fenómeno es el invento de la máquina de vapor por James Watt hacia 1769. Las primeras industrias en aplicar los nuevos inventos fueron las de hilados y tejidos. La utilización de fuelles movidos a vapor pusieron a Inglaterra, desde su aparición en 1783, a la cabeza de la industria metalúrgica, desplazando a Francia y Suecia que casi la habían monopolizado hasta entonces. Los franceses compitieron con los ingleses en la industria textil hacia 1804, durante el régimen napoleónico. En ese entonces Joseph-Marie Jacquard inventa un telar para tejidos de lana y seda combinados.
 Hacia 1841 la Francia de Luis Felipe, con el invento del martillo a vapor de Le-Creusot, pudo empezar a competir con Londres en la producción metalúrgica. Los franceses emplearon hulla en lugar de carbón vegetal para la fundición y se hicieron diestros en la técnica del pudelado.
 La revolución en las comunicaciones empezó en Inglaterra con la construcción de canales. Para 1830 Inglaterra y Gales tenían más de 3.000 millas de canales enlazando las regiones más importantes. Francia, en cambio, había iniciado su red de canales en tiempos de Colbert, pero el programa se paralizó con la Revolución y no volvió a retomarse (hubo un intento en épocas de la Restauración borbónica que no se concretó). El método de afirmación de carreteras inventado por John Mac Adam (1756-1836) también permitió mejorar las comunicaciones. El sistema de Mac Adam se implementó en Francia hacia 1830.
 En 1807 el barco a vapor del norteamericano Robert Fulton, y en 1814 el ferrocarril o locomotora del británico George Stephenson, desataron una nueva revolución. En 1821 el Parlamento inglés autoriza la construcción de la vía Stockton-Darlington, inaugurada en 1825. Para 1830 se autorizaron 23 líneas más, como la Liverpool-Manchester. En Francia recién con la ley Guizot de junio de 1842 se decretó la creación de siete líneas que partirían de París hacia la periferia en forma radial. Las concesiones para construir líneas férreas en los países latinoamericanos por parte de empresas británicas (en el caso uruguayo se trató de una iniciativa nacional, si bien luego pasó a manos británicas) aceleró el proceso de penetración comercial y conversión de esas naciones en economías agroexportadoras dependientes de Londres. La agilidad de penetración de la manufactura británica y europea en general, terminó por aniquilar la incipiente industria o artesanía local.
 El industrialismo explica la superioridad británica que alcanza el cénit hacia 1870, para decrecer hasta pasar a un lugar algo secundario a inicios del siglo XX. En el siglo XIX Gran Bretaña mantiene un creciente superávit en su balanza de pagos. Exporta más de lo que importa. Y sus exportaciones son: manufacturas, algunos productos alimenticios, materias primas y, sobre todo, préstamos, seguros, fletes y todo aquello llamado “exportación invisible” o “secundaria”. En la década de 1840-50 Inglaterra produce 50 veces más hierro, 75 veces más carbón y 100 veces más telas de algodón por habitante que el resto del mundo. Exporta 15 veces más que éste, y tiene el respaldo de una flota 20 veces más importante. El comercio británico representa entre el 25% y el 32% del total mundial, muy por encima de Francia (en segundo lugar hasta 1890) con el 9-11 % (datos citados por Vivián Trías, obra citada).
  La revolución de los transportes es el gran soporte del imperialismo británico. A partir de 1840 el boom de los ferrocarriles (la locomotora fue inventada por Stephenson y perfeccionada por George Hudson) no sólo produce inversión en el rubro en el mismo territorio inglés. Se extiende rápidamente a Europa, América y otros lugares del mundo (es innegable la influencia del fenómeno de los ferrocarriles, asociado al capital británico, en el proceso de los nacionalismos europeo y americano del siglo XIX). En 1856, a partir del descubrimiento de Henry Bessemer y su perfeccionamiento por sir William Siemens y Pierre Emile Martin, el hierro es sustituido por el acero tanto en la construcción de ferrocarriles como de barcos a vapor. En 1885 la marina británica adopta el acero para su flota. Esta nueva revolución técnica abarata aún más los transportes y prolonga la duración de los materiales.
 En 1824 se descubre el cemento Portland. Industrialmente su producción se inicia en 1870, impactando en la construcción portuaria.

 “INGLATERRA ESPERA QUE CADA UNO CUMPLA CON SU DEBER”

 La frase se atribuye al almirante Nelson, previo a la batalla de Trafalgar como arenga a la tripulación. Realmente ejemplifica un aspecto esencial del carácter inglés: individualista, pragmático y, a la vez, disciplinado. El sistema liberal inglés funcionaba debido a su capital humano por encima del económico. Más de una vez las acciones individuales de los líderes británicos resolvieron admirablemente cuestiones que repercutieron en beneficio de toda la nación. El pragmatismo o sentido común inglés actuó más de una vez en la conformación del Imperio Británico.
 Para muchos (sólo basta con citar la “carta de Jamaica” de Simón Bolívar) el sistema parlamentario inglés es considerado uno de los mejores sistemas de gobierno del mundo. Sin embargo Disraeli no habla muy bien de él. De hecho los partidos ingleses, tory y whig, no siempre se alinean en torno a la ideología.
 Palmerston era liberal (whig) y Disraeli un conservador (tory). Uno y otro son ejemplos de aplicación de políticas pragmáticas, adaptadas más bien a las circunstancias coyunturales.
 El liberalismo en lo político no se produce de la noche a la mañana en Inglaterra. Es el resultado de un proceso lento y también muy resistido. La presión constante de las fuerzas que operaban en la City londinense logra la aprobación paulatina de leyes liberales por la simple insistencia. En cualquier lado se habría producido una revuelta. Pero en Inglaterra el ritmo es diferente. Los británicos tienen mucha paciencia y tenacidad.
 La nueva ideología tiene un ideólogo: Adam Smith (1773-1790), autor de “The Wealth of Nations” (1776), se encuadra dentro del movimiento internacional de la Ilustración que, por ese entonces, irradiaba sus luces sobre Francia particularmente. Las nuevas ideas ilustradas estaban produciendo revoluciones en las consciencias e impactando en las estructuras del Antiguo Régimen. Las críticas al tradicionalismo tenían mucha difusión a través de libros y también periódicos y opúsculos, y sus frutos se estaban notando en las nuevas tendencias educativas en las universidades y escuelas.
 Precisamente el papel de la prensa resulta fundamental para entender el fenómeno en cuestión. Pero, si bien en Francia contribuyó a acabar con el régimen absolutista, en Inglaterra se convirtió en un eficaz instrumento de penetración política. La labor corrosiva de un periódico, el “Estrella del Sur”, editado durante la ocupación británica del Río de la Plata en 1806-07, fue mucho más efectiva y duradera que la acción bélica. Los ejércitos fueron expulsados, pero las ideas liberales introducidas por el periódico dieron sus frutos al año siguiente. En Londres, desde 1780, se publica el Times, un periódico que pronto se convierte en órgano al servicio de los intereses de la burguesía. El barón von Julius Reuters fundó una agencia de noticias para mantener informados a los financistas sobre el comportamiento de los mercados (en especial el francés). Con la invención de la telegrafía sin hilos la agencia de noticias adquiere un rol fundamental. El control de la información era necesario a los banqueros de la City para optimizar las operaciones comerciales.
 El control de la prensa se da tanto en Inglaterra como en Francia. Inicialmente la Revolución de París decretó la libertad de prensa en 1791, pero la suprimió al año siguiente. El Directorio la volvió a liberar en 1795, pero Napoleón la vuelve a suprimir en 1797. El mayor impulso a la libertad de prensa se dio entre 1815 y 1848, protagonizado por el movimiento romántico. La prensa romántica es liberal por excelencia y procura romper la tutela o mordaza del Estado. Su influencia se hará sentir sobre todo en Francia, donde el espíritu romántico se mantendrá en las estructuras del pensamiento y carácter nacional francés.  

 LA ANTI-CORN-LAW LEAGUE

 La predicación del librecambio tuvo inicio en Inglaterra durante el apogeo de la revolución industrial debido a la acción de Richard Cobden y del premier torie Robert Peel. En ese entonces, hasta 1835, los motines obreros debido al hambre, el salario miserable y la escandalosa riqueza en manos de unos pocos (en especial la llamada “masacre de Peterloo”, ocurrida en Manchester en 1819 durante una jornada de protestas obreras) motivaron la búsqueda de una respuesta y de una solución. Coincidiendo con el inicio del llamado “cartismo” en 1838, y con el punto álgido de las huelgas obreras de Manchester de 1842 (los “plug-pot-riots”), se reflota el trabajo de Adam Smith, “The Wealth of Nations”, que había sido publicado en 1776 y que pasó entonces sin pena ni gloria.
 Básicamente el sistema propuesto por Smith, similar al de Turgot, se basaba en el “laissez-faire” (dejar hacer). Apoya su tesis, reflotada por los economistas de Manchester, en dos principios: 1) la moneda es un medio para facilitar el intercambio de productos; éstos son los verdaderos generadores de riqueza; 2) las naciones producen distinto debido a una combinación de factores psicológicos y geográficos. Según estos postulados no se debería interrumpir el intercambio entre naciones ni entre individuos. El intercambio y la división del trabajo son puntales de la producción eficiente y de la acumulación de riqueza. Smith argüía que el mercado librado a sus propias leyes propende al equilibrio y la igualación: por ende, como resultado, todo el mundo se enriquecerá con un mercado desregulado.
 En base a esa filosofía Richard Cobden se propuso terminar con las leyes mercantilistas y las tarifas aduaneras, y organizó una liga contra la ley del trigo (Anti-Corn-Law League). En esto coincidía con uno de los reclamos de la Working Men’s Association que, en su Carta al Parlamento pedía la supresión de la ley de los cereales, entre otras cosas. Cobden procuró atraer a su causa, pacientemente, partidarios que lo apoyen basándose en que, de esa forma, se rebajaría el precio del pan (principal factor de descontento social).
 En 1841, al ser electo para la Cámara de los Comunes, Cobden llevó la discusión de la ley del trigo al Parlamento. En realidad no consiguió su aprobación total hasta 1846, con la anuencia de dos tories: el premier Robert Peel  el “Duque de Hierro”, Lord Wellington. Este último convenció a los Lores de que votaran favorablemente las leyes de Peel. Los Lores aceptaron pero, a cambio, pidieron la dimisión de Peel.
 En 1849 se deroga la última de las leyes de Navegación de Cromwell. En 1852 el premier Gladstone consigue la aprobación del primer presupuesto liberal con base en el “income tax” (impuesto a las utilidades). Consigue suprimir las tarifas aduaneras de 129 artículos y rebajar las de 132.
 En 1856 se aprueba la ley de sociedades anónimas por la que siete o más personas pueden constituir, sin más exigencias, una sociedad de responsabilidad limitada o ilimitada.
 A partir de 1806 comienzan a dictarse leyes contra el tráfico de esclavos, que tuvieron su punto más caliente con el llamado “bill Aberdeen”. Promulgado por Lord Aberdeen, al frente del Foreign Office, declaraba la no tolerancia al tráfico de esclavos y autorizaba el empleo de la fuerza contra los esclavistas. Esta declaración virtualmente puso al límite de tensión las relaciones de Londres con el Imperio de Brasi y otros estados que aún consentían la esclavitud.
 Hubo otras batallas parlamentarias en Londres debido a la necesidad de reformar la Cámara de los Comunes y democratizar el sistema. Éste, de hecho, funcionaba en forma muy deficiente pero nadie se había atrevido a reformarlo. La Cámara Alta, la de Lores, era hereditaria y, comúnmente, se dedicaba a boicotear las iniciativas de los Comunes o Cámara “popular”. No obstante en Inglaterra esta situación anómala no fue motivo para no aprobar leyes liberales. El pacto entre la Gentry tradicional aristocrática y la alta burguesía funcionó a todos los niveles de un modo realmente único. De ese modo, a través de la persuasión y la negociación (de vez en cuando también el soborno), se consiguió progresar lentamente en las reformas políticas, económicas y sociales.
 El 4 de junio de 1832 se eliminaban los “burgos podridos” (tan criticados hasta en los cuadros de Hogarth). Esta ley no se reformó sin grandes resistencias. Hubo motines y dimisiones de parlamentarios. Pero se consiguió la abolición de 56 distritos, se redujo el número de diputados en otros distritos y se asignaron 143 puestos a nuevos centros de población.
 No obstante no se logró grandes progresos en el voto, que continuó siendo restringido hasta 1885, cuando se habilitó a votar a todos los hombres. Las mujeres lo hicieron recién en 1918. En 1911 se dictaron normas regulando el derecho a veto de los Lores.
 También se consiguió la aprobación de leyes para permitir el ingreso de católicos y judíos a los cargos públicos. En 1829, por presión de Irlanda casi sublevada, se votó la “emancipación” de los católicos respecto a los anglicanos. Y en 1858 los judíos lograron lo mismo.

EL SISTEMA ECONÓMICO INTERNACIONAL

 El esfuerzo británico por establecer una moneda de valide universal tiene que ver no sólo con la filosofía del liberalismo, sino también con una simple cuestión de pragmatismo: la acumulación de beneficios. Por eso impuso la regla de conversión de la moneda nacional a patrón oro. Éste régimen se inaugura en 1717 (normas establecidas por Isaac Newton, entonces Director de la Casa de la Moneda). Pero entra en vigencia al aprobarse el acta de la Moneda de 1816, por la cual la onza standard pasa a valer 3 libras, 17 chelines y 10 peniques y medio. Se supone que no se generalizó hasta 1870, pero rigió de hecho en ese período como marco referencial de los intercambios internacionales. Londres era la garantía de que tal sistema funcionara, debido a que era el centro financiero exclusivo por excelencia.
 La comunidad financiera internacional necesitaba de Gran Bretaña porque era la única potencia capacitada para actuar como elemento compensador en los déficits de la balanza comercial en los nuevos países industriales. Eso se debía a que Gran Bretaña era la única nación que mantenía un superávit con los países exportadores de materias primas. Londres era el centro excluyente del sistema financiero internacional y actuaba como el gran equilibrador de la economía mundial basada en el librecambismo.

 LA WHIG ASCENDANCY

 La primera etapa de la “Era Victoriana” británica está mediatizada por un personaje influyente en el Parlamento: el ministro whig Henry John Temple, vizconde de Palmerston (1784-1865). Esta figura representa la culminación de la “whig ascendancy”, además de una forma de relacionamiento internacional basado en el “principio de neutralidad”. Palmerston dirigió una política colonial basada en el control de puntos estratégicos y rutas comerciales, pero rechazó las anexiones innecesarias de territorios. El monopolio británico se limitó a lo estrictamente comercial, y la principal arma esgrimida fue la diplomacia. En última instancia se recurrió a las demostraciones militares fulminantes para imponer medidas económicas liberales.
 La política de Palmerston no careció de detractores. La vieja guardia “torie”, liderada por Wellington y Disraeli, ejerció una obstinada oposición parlamentaria. No obstante los mismos “tories” apoyaron la política económica de la mayoría “whig”. De hecho continuaron apoyándola durante el predominio “torie” en el Parlamento en la segunda mitad del reinado de Victoria.
 La whig ascendancy es más que un predominio político. De hecho hubo varios gabinetes tories en medio de ese proceso. Más bien define una forma de hacer política, centrada en el Parlamento y en la figura del Primer Ministro, a la vez que una filosofía burguesa y liberal que impregnó en forma indeleble la mentalidad británica.
 Sus antecedentes se remontan a los tiempos de Guillermo III de Orange durante la Revolución Gloriosa de 1688. Entonces toma forma definitiva el largo proceso del “bipartidismo”  parlamentario británico. En realidad se trata de dos tendencias de raíz social: los “tories” tienen origen en la aristocracia rural y los altos cargos eclesiásticos, cuyo bastión es la Cámara Alta; mientras que los “whigs” se nutren con los burgueses y puritanos de la Cámara Baja. Ambos grupos se enfrentaron respecto a la cuestión de los derechos del monarca, y finalmente acordaron una Bill of Rights.
 En 1714 el rey Jorge I de Hannover nombra ministro a Robert Walpole(1676-1745), un whig. En 1721 Walpole reorganiza el gabinete y ejerce como premier británico en el Parlamento, sentando las bases del sistema basado en la figura del Primer Ministro.
 Otro whig, William Pitt el Viejo, dirigió la política nacionalista británica durante la Guerra de los Siete Años (1756-63). Artífice del imperialismo colonial británico del siglo XVIII, criticó ásperamente la política respecto de las colonias norteamericanas. Tras la crisis de la independencia de Estados Unidos, en 1783, asume William Pitt el Jóven (1759-1806). Continuador de las políticas nacionalistas e imperialistas de su padre, sentó las bases de la hegemonía marítima británica enfrentándose al peligro napoleónico.
 Lord Castlereagh (1769-1822), Lord Canning (1812-1862) y Lord Liverpool (1762-1830), lideraron la política británica tendiente a limitar el poder de la Santa Alianza y sentaron las bases de la penetración económica de las repúblicas latinoamericanas, rompiendo con el legitimismo radical de sus aliados del Congreso de Viena.  Curiosamente ambos líderes representaban a los “tories”, pero (oponiéndose al sector ultraconservador de Wellington) apoyaron la política del sector whig que presionaba para que se reconociera la independencia de las naciones de Hispanoamérica.
 De hecho Lord Palmerston, recoge la siembra de sus predecesores “tories”. Palmerston fue nombrado Lord del Almirantazgo en 1807, encabezando un gabinete “torie”.  De hecho se inició como diputado “torie”, pero luego viró políticamente hacia el sector “whig”. Como ministro de Asuntos Exteriores (1830-1841) le tocó mover las piezas del tablero mundial que cimentaron la llamada “Pax Britannica”.

 EL VIEJO PAM

 Palmerston imprimió un viraje liberal a la política exterior británica que disgustó a los más recalcitrantes “tories”. Apoyó el régimen parlamentario francés de la “Monarquía de Julio” y se apresuró en orquestar un equilibrio de poderes que limitara la influencia de la Santa Alianza. Impuso la neutralidad de Luis Felipe en la situación de Bélgica, favoreciendo la independencia de ésta. A su vez apoyó junto con su aliada Francia, los movimientos constitucionalistas de España y Portugal. De hecho se mostró partidario de los reformismos en Hungría y en Italia, chocando abiertamente con las potencias absolutistas.
 En 1839 provocó una guerra entre Turquía y el bajá de Egipto Mehmet Alí con el objetivo de limitar tanto las ambiciones rusas (Rusia buscaba el control de los Dardanelos con el Tratado Unkiar-Skelesi de 1832) como francesas (Francia protegía al bajá de Egipto). Obtuvo dos éxitos rotundos en 1841: la garantía de integridad territorial tanto de Turquía como de Egipto, así como la neutralidad de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. Ambos éxitos diplomáticos limitaban a Rusia y a Francia en sus ambiciones de controlar el comercio en el Mediterráneo.
 La política de control sobre las pretensiones imperialistas de su “aliado” francés se extendió a América. Aquí París suscribió un Tratado de Amistad, Comercio y Alianza con Perú que Palmerston se limitó a neutralizar suscribiendo un tratado ampliatorio del que ya poseía con dicho Estado. Respecto a la más enérgica intervención francesa de 1838 en el Río de la Plata, debió el viejo Pam mostrarse más cauteloso. El gabinete de Luis Felipe, controlado por un muy patriota y nacionalista Adolphe Thiers, se inmiscuyó en los asuntos internos de Tahití (en ese entonces bajo protectorado británico) y también en Argelia. Tantos puntos de fricción podían desembocar en una guerra que se pretendía evitar a toda costa. Finalmente Palmerston consiguió la retirada de la escuadra francesa del Río de la Plata.
 La última acción del primer período de Palmerston fue la preparación del conflicto con China, que acababa de prohibir el comercio de opio con Londres (1839). El premier británico dispuso el bloqueo de Cantón en 1840 y la ocupación de varios puertos en 1841. Pero en Londres no tenían tanta paciencia.

 LORD ABERDEEN

 George Hamilton Gordon, conde de Aberdeen, asumió la cancillería en el electo gabinete “torie” encabezado por el veterano sir Robert Peel. Resuelto a terminar con lo que el viejo Pam había empezado, desató contra China la parte más dura de la Guerra del Opio. El ataque militar amenazó Nanking obligando al Emperador chino a ceder en 1842.
 La cuestión con Francia se resolvió imponiendo a Luis Felipe una entente casi forzada. Previamente el asunto de Tahití y la intervención francesa en Argel, a lo que se sumaba el “asunto de los matrimonios españoles” (la reina Victoria pretendía que su pariente Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha se casara con la reina Isabel II de España, mientras que Felipe II oponía como candidato a su hijo, el duque de Montpesier), estuvo a punto de terminar en ruptura en 1842. Únicamente la cuestión tejana mantenía espectante la entente: Francia e Inglaterra apoyaban a Méjico, pretendiendo controlar el algodón tejano. A la vez Aberdeen virtualmente ponía a Brasil al borde de la ruptura de relaciones por la cuestión de la negativa de ese país a abolir la esclavitud.
 La situación se resolvió hacia 1844, con el desenlace negativo de la cuestión texana (Texas pasó a ser controlada por Estados Unidos). Después de varias marchas y contramarchas se puso fin a las fricciones anglo-francesas concertándose una alianza para intervenir en el Río de la Plata. La misma se concretó en 1845.
 Sin embargo en 1846 una terrible epidemia en Irlanda arruina la cosecha de papa e inaugura un período de crisis agraria en Europa. El temor por una guerra con Estados Unidos por la cuestión de Oregón y la ofensiva interna por la derogación de las leyes proteccionistas ( Liga Contra la Ley del Trigo de Cobden) obligó a Peel a abortar la intervención armada en el Río de la Plata. La crisis política hizo caer el gabinete “torie” y su sustitución por otro de orientación “whig”, con Lord Russell como premier y Lord Palmerston en la cancillería.
 El segundo período de Palmerston está marcado por la depresión económica que explota en 1847. Su origen está en la caída de las exportaciones de opio a China, lo que genera un agudo déficit comercial con Oriente. A su vez el movimiento cartista amenazaba con hacer tambalear el propio régimen. Si bien no ocurrió nada más que protestas y huelgas, Palmerston se apresuró en liquidar el asunto platense. Concentrado en los asuntos internos asistió con cierta impotencia a la caída de Luis Felipe de Orléans en 1848, y al aumento del poder brasileño en el Río de la Plata.

 LOS CONTINUADORES DE CHAUVIN

 Chauvin era un sargento de Napoleón que se hizo famoso por su exagerado fervor patriótico. Sus actitudes fueron repetidas por un sector de la alta burguesía francesa de 1830, nostálgica de la Francia napoleónica, que soñaba con repetir aquellas heroicas gestas militares. Al encaramarse al poder tras la revolución burguesa de 1830, el rey burgués Luis Felipe de Orleans, se apoyó en un parlamento controlado por dos figuras representativas de ese espíritu chauvinista: François Guizot (1787-1874) y Louis Adolphe Thiers (1797-1877). Éste último lideró abiertamente las aventuras imperialistas de Francia, poniendo en riesgo la entente franco-británica que se esforzaba en mantener Luis Felipe. De hecho forzó la situación hasta tal punto que se temió una guerra.
 Decidido a mantener la entente, Luis Felipe se apoyó en Guizot para mantener al parlamento plegado a su política. No obstante la tenacidad de Thiers reportó a la Francia industrializada la base de la penetración territorial y económica en África del Norte.
 El régimen de Luis Felipe favoreció la industrialización y el desarrollo económico de Francia. Se apoyó en la alta burguesía y reprimió con dureza las manifestaciones obreras. Sin embargo la brecha social actuó como detonante de la revolución de 1848, catalizada por la crisis económica internacional. Las infelices palabras de Guizot: “háganse ricos y podrán votar”, ejemplifica la situación de profunda división y enfrentamiento social que dividía a Francia.

EL SEGUNDO IMPERIO

 Francia se estremece por una nueva revuelta de tinte radical. La caída de Luis Felipe y de Guizot en 1848 conduce a un breve régimen de orientación izquierdista. Sin embargo el incremento de las manifestaciones obreras lleva a que los sectores burgueses moderados teman un golpe de Estado radical. El 23 de junio se proclama el estado de sitio y se enjuicia a todos los elementos socialistas radicales. Bajo estrictas medidas de seguridad y control de la prensa se realizan elecciones en diciembre. El Partido del Orden de Luis Napoleón (y la participación de Thiers) obtiene la victoria.
 El 2 de diciembre de 1851 Bonaparte da un golpe de Estado y disuelve la Asamblea Legislativa. En diciembre de 1852 promulga una Constitución conservadora y, previo plebiscito, se proclama Emperador. Ese mismo año los hermanos  Èmile e Isaac Pèriere fundan el Crédit Mobile, motor del financiamiento de la industrialización francesa, verdadera revolución bancaria que nutrió al Segundo Imperio hasta su quiebra en 1866.
 A pesar de los recelos ingleses por la injerencia francesa en Egipto (la compañía de Lesseps había iniciado la construcción del Canal de Suez), ambos Estados actuaron en forma conjunta con motivo de la Guerra de Crimea (1853-56).

 LA ENTENTE ANGLO-FRANCESA

 Napoleón III se mostró dispuesto en todo momento a entenderse con Gran Bretaña en política internacional. La Guerra de Crimea le permitió ingresar en el juego británico de limitación de las pretensiones de expansión hacia el Mediterráneo de Rusia. Apoyó el sostenimiento de la integridad otomana y la independencia de Polonia. Además, debido a una entrevista con Richard Cobden en 1859 (que le solicitó la implantación de medidas librecambistas, defendidas en Francia por Frèderic Bastiat), firmó con Londres un Tratado de Amistad y Comercio (que incluía la famosa cláusula de nación más favorecida).
 El viejo Pam (Palmerston) debió lidiar con el II Imperio de Napoleón III. Por cierto que no faltaron recelos entre ambas potencias. Francia se había convertido en un competidor económico serio y su política en Europa amenazaba el equilibrio de poderes. Si bien en un principio Napoleón protegió a la Santa Sede, luego intervino a favor de los patriotas. El debilitamiento de Austria no era bien visto por Londres. Tampoco les resultó de su agrado la penetración colonial en África y en Indochina, así como la intervención militar en México (1861-67) colocando al emperador Maximiliano de Habsburgo en el poder.
 La política exterior de Napoleón III se concentró a partir de 1860. Después del atentado que sufriera en 1758 por parte de un revolucionario italiano, su posición ante la opinión pública comenzó a resquebrajarse. Optó por realizar medidas liberalizadoras del régimen y cedió parte de protagonismo a la Asamblea Legislativa. De ese modo se pudo aprobar leyes reconociendo el derecho de huelga y el de interpelación a diputados. El surgimiento de una oposición republicana y socialista socavó parte de su imagen, pero pudo compensarla con una activa y eficaz política colonialista que hizo las delicias del chauvinismo francés. Claro está que los excesos en los gastos militares y otras prodigalidades (no olvidemos que todo París fue reedificado por obra del arquitecto Haussman), además de la quiebra de Credit Mobile, afectaron a la economía francesa. El viraje autocrático de 1869-70, estableciendo una monarquía constitucional no parlamentaria, le granjeó una cerrada oposición interna.
 La desastrosa guerra franco-prusiana de 1870-71 termina con el Imperio de Napoleón III, a la par que marca el ascenso del II Reich Alemán. El 4 de setiembre de 1870 el demócrata León Gambetta proclama la III República Francesa. El equilibrio de poderes europeo sufre un gran descalabro.

DIZZI

 La desaparición física de Palmerston en 1965 marca el ascenso de una nueva era “torie”. Pero antes el whig  William Gladstone (1809-1898) profundiza las medidas librecambistas iniciadas en la década anterior.  La aprobación de medidas que favorecían a los obreros mitigó la conflictividad y retrasó la conformación de un movimiento sindical independiente. De hecho las reclamaciones de la clase trabajadora solían canalizarse a través del Partido Liberal. Recién en 1868 se conforma un Trade Union Congress, raíz del sindicalismo británico. No obstante la apatía internacional del régimen de Gladstone exasperó a los “tories”, enardecidos por la prédica de Benjamín Disraeli.
 Benjamín Disraeli (1804-1881), “Dizzi”, era consciente de que Gran Bretaña perdía terreno ante sus competidores: Alemania y Estados Unidos. Haciendo gala de un gran pragmatismo profundizó aún más las medidas sociales de forma de disolver cualquier frente interno (escolarización obligatoria, medidas de protección de pobres y trabajadores) y se concentró en forjar un vasto imperio colonial. De ese modo Gran Bretaña arribó al fin del siglo XIX con un patrimonio colonial insuperado por ninguna otra potencia.
 Precisamente la penetración colonial en África se inicia con la batalla por el control del canal de Suez. El mismo estaba en manos de capitales franceses y su control era fundamental para la concepción británica del dominio del Mediterráneo. La oportunidad se presentó cuando, a través de un préstamo de la Banca Rothschild, Disraeli se quedó con las acciones del Jedive Ismail de Egipto y, por ende, con la propiedad del canal de Suez en 1875. La III República Francesa poco pudo hacer ante tal maniobra.
 Desde 1858, tras ser aplastada brutalmente la rebelión de los Cipayos la India se convierte en colonia británica. Disraeli promueve la coronación de Victoria como Emperatriz de la India (1876) al quedar disuelto el Imperio Gran Mongol de Dheli. Desde 1867 comienza la penetración británica en los sultanatos de Malasia. Después de la II Guerra del Opio (1856-60) la presión sobre el imperio Manchú termina con un virtual reparto de China en áreas de influencia europea a partir de 1870.
 Gladstone, al desparecer Disraeli, lo sucede y aunque intenta imprimir un giro anti-imperialista a su política, se ve obligado a intervenir en Egipto, Sudán y El Cabo. En compensación se pliega a una política de “Home rule” respecto a Irlanda, apoyando el autonomismo de Parnell. Tal actitud lo enemista con lo líderes conservadores Lord Sallisbury y Lord Chamberlain, sucesores de Dizzi.

 SOCIALISMOS

 El socialismo surge en Londres, pero prende en París. Establecidos en Inglaterra, Marx y Engels convocan en 1847 el Primer Congreso Internacional de la Liga de los Comunistas. En 1848 lanzan un incendiario Manifiesto que precede a la Revolución de París. Muchos autores han destacado la influencia de los filósofos ingleses y sobre todo de la teoría de Charles Darwin en el desarrollo del pensamiento marxista. Pero el marxismo no prendió en Gran Bretaña. Sí lo hizo en Francia.
 El sindicalismo francés tiene una larga historia. Y su influencia ya es notoria en la revolución de 1848. También lo es en el trágico episodio de la Comuna de París (18 de marzo a 28 de mayo de 1871). Los communards de París fueron violentamente reprimidos por las fuerzas del gobierno de Versalles radicalizadas de la mano de Adolphe Thiers. El sindicalismo fue perseguido en todo el país y recién en 1880 se dictó una amnistía a los insurrectos.
 Episodios como la persecución sindical, el caso Boulanger y el affaire Dreyffus, jalonan la historia de la III República Francesa, atrtavesada por un tufillo nostálgico del pasado napoleónico, chauvinista, intolerante, xenófoba y corrupta, vegeta a la sombra de la Pax Britannica de fines de siglo.
 En tanto la histórica izquierda francesa no podrá reorganizarse hasta 1905, cuando surja el Partido Socialista. Claro que una violenta militancia de grupos socialistas radicalizados liderados por Guesde, Blanqui y Jaurès, pelearon las elecciones agrupados en tendencias enfrentadas desde 1874.   
 En 1900 surge el Partido Laborista en Inglaterra.  Sus predecesores directos son los intelectuales fundadores de la Sociedad Fabiana  y la Federación Social-Democrática de 1899. Su influencia será decisiva en la aprobación de medidas sociales a inicios del siglo XX.

 EL RETORNO DE LOS PROTECCIONISMOS

 Otro de los indicadores de que una era llegaba a su fin fue el abandono gradual de las políticas librecambistas. Lentamente un sistema de proteccionismo económico, siguiendo los modelos estadounidense y alemán, comienza a imponerse incluso en Gran Bretaña. Detrás de todo este movimiento aletea la crisis económica o Gran Depresión de 1873-1895.
 Éstas medidas son adoptadas por Lord Chamberlain, también promotor de una feroz competencia colonial con las otras potencias que han emergido. Gran Bretaña pierde aceleradamente su antiguo predominio económico internacional, ya no lidera la industrialización. El equilibrio de poderes se le torna desfavorable en Europa, debido al crecimiento espectacular de Alemania. Ésta le aventaja en la iniciativa de penetración y reparto de África, acapara la colonización de Oceanía e incluso compite con ella en el mercado latinoamericano. Aquí la penetración neocolonial de los Estados Unidos se hace cada vez más exclusiva, y el dominio de los mares le es también contestado tanto por Washington como por Berlín.
 Esta situación conduce a una escalada que concluirá en la Gran Guerra de 1914. Con ella es eliminado uno de los competidores: Alemania, pero Londres será sustituido por Nueva York como centro financiero del mundo.

 EL DECLIVE DEL LIBERALISMO RADICAL

 Hacia 1880 los postulados del liberalismo habían entrado en crisis. Nuevas concepciones se hacían eco de una realidad adversa: las demandas crecientes de una clase trabajadora cada vez más consciente de sí misma y de sus derechos, a la par que una tendencia social transversal a apoyar tales demandas. En definitiva se trataba de un baño de ética humanitaria, fomentada por los mismos agentes del liberalismo “torie”. No se puede negar que el viraje conservador de la política británica, acentuado por Disraeli y apoyado fervientemente por la Reina, aceleró el proceso de satisfacción de las demandas sindicales a través de la sanción de leyes sociales.
 Dos pensadores marcan una tendencia filosófica rupturista con el liberalismo utilitario tradicional. El primero es Herbert Spencer, quien introdujo en el liberalismo las nuevas concepciones biológicas dando paso a una especie de “evolucionismo social”. La consecuencia de tal sistema teórico fue una suerte de liberalismo ultra radical: Spencer proponía la supresión de toda legislación limitante del proceso individual “natural” de supervivencia de los más aptos.
 Mientras que la teoría de Spencer parecía ir en la línea de un liberalismo aún más salvaje y desregulado, John Stuart Mill introduce un factor ético un tanto confuso. En efecto, si bien parece justificar el principio de la mayor felicidad o hedonismo de Bentham luego introduce un factor regulador del mismo. Tal factor es de carácter ético, definido como un respeto genuino al individualismo traducido en una real tolerancia a las opiniones diferentes. La esencia del planteo de Mill es que no basta con medidas políticas tales como la extensión del sufragio y la educación pública. Es necesario un cambio social genuino: una sociedad liberal, no únicamente una política liberal.
 Los planteos arriba expuestos cuajaron en el surgimiento de una nueva escuela crítica del liberalismo que se opuso a la Escuela de Manchester: la Escuela de Oxford. Llamada “idealismo”, su principal exponente fue Thomas Hill Green. En esencia el idealismo critica el individualismo egoísta, hedonista y utilitarista como base de la concepción de libertad. Postula en cambio la existencia de una dependencia o interacción “dialéctica” entre la personalidad individual y la estructura socio-cultural en la que está inmersa. Por esa razón rompe definitivamente con el principio de Bentham de no ingerencia legal en las relaciones individuales (por ejemplo en lo que respecta a las contrataciones). Green cree que es necesario regular tales relaciones para evitar desigualdades. La política liberal debía orientarse haca fines morales, garantizando el hecho de que la libertad individual contribuya al bien general.
 La teoría de Green abrió paso a un liberalismo social (o socialista) que excluía la lucha de clases. En definitiva, guarda estrecha relación con los postulados de la Sociedad Fabiana.

LA GUERRA ANTES DE LA GUERRA

 En medio de una escalada de nacionalismo chauvinista campante las potencias europeas comienzan a pelear encarnizadamente por el reparto del mundo y control de sus esferas de influencia. Desconfían unas de otras y, a semejanza de Bismarck, entretejen telarañas de intrincadas alianzas ofensivo-defensivas a partir de 1905. De hecho tal equilibrio sólo pudo ser posible mientras lo dirigió Bismarck. Después de él la situación no hizo más que deteriorarse.
 Gran Bretaña protagonizó algunos desdichados episodios que prefiguraron lo que ocurriría años después. El episodio de la ocupación británica de Egipto despertó las latentes tensiones anglo-francesas. En 1882 Gran Bretaña ocupa unilateralmente Egipto ante las protestas de Francia y Rusia. Un año antes Francia había convertido a Túnez en un protectorado y avanzaba sobre el Magreb. En 1898 ingleses al mando del general Kitchener y franceses al mando del general Marchand se enfrentan en Fachoda (Sudán). La guerra parece inminente pero, finalmente, ante la mediación de Rusia, Francia decide reconocer la presencia británica en Sudán a cambio de tener las manos libres en Marruecos. Por esa razón en la Conferencia de Algeciras de 1906 Francia y España se repartieron Marruecos sin que Londres moviera un dedo.
 En 1884-85 la Conferencia de Berlín, presidida por Bismarck, constituyó el primer reparto formal de África. Gran Bretaña lograba un triunfo relativo al otorgársele a Bélgica y Portugal (dos Estados aliados) sendos territorios. Alemania obtenía amplias ventajas.
 En 1901 estallaba la más sangrienta de las Guerras Bóers sudafricanas. Inglaterra movilizó un ejército de 200.000 soldados dirigidos por el general Kitchener (el conquistador de Sudán) y lord Roberts (héroe de la guerra de Afganistán). Tristemente célebre por la utilización de campos de concentración la guerra de los Bóers minó el prestigio británico. A la vez consolidó el Imperio, a un costo realmente elevado. Fue el corolario, un tanto triste, de la Era de la Reina Victoria.

 LA REINA DE CORAZONES

 Alejandrina Victoria Hannover asumió el poder el 20 de junio de 1837. Tenía entonces 18 años de edad. Su reinado ocupó sesenta y cuatro gloriosos años de la historia británica: murió el 22 de enero de 1901. Había sucedido a su tío Guillermo IV, aficionado a la Marina y algo distanciado del protocolo de la Corte. Tanto la jóven reina como su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo, impusieron un estilo de vida austero y redujeron al mínimo los ceremoniales de la Corte. Su actitud contribuyó a sanear la un tanto desprestigiada institución monárquica, elevándola a la categoría de símbolo de una nación identificada con los valores de una estricta moral (la “moral victoriana”).
  Su ministro predilecto fue Dizzi (Disraeli), y hay quien aventura que no simpatizaba con los ministros whigs. Participó activamente en la política del Imperio pero sin forzar resoluciones parlamentarias. Más bien prefería enviar notas a sus ministros redactadas como sugerencias.
 La estricta moral anglicana defendida por Victoria fue resistida por algunos elementos de la intelectualidad británica. Oscar Wilde la consideraba hipócrita. Pagó sus escándalos y rebeldías con dos años de cárcel. Por su parte Lewis Carrol, en su obra “Alicia en el País de las Maravillas”, desliza una sutil crítica a la “Reina de Corazones”, soberana de un mundo donde todo se trastoca, descrita como “llena de furia ciega” y pronta a ejecutar a quien la contradiga.

 
CRONOLOGÍA

PRIMERA PARTE:
LA HEGEMONÍA LIBERAL BRITÁNICA Y EL IMPERIALISMO FRANCÉS (SIGLO XIX)

ANTECEDENTES

1066 Hastings. Guillermo duque de Normandía se hace coronar Rey de Inglaterra en Westminster.
987-1328 Dinastía Capeto unifica Francia.
1339-1453: Guerra de los Cien Años
1470-1530: Movimiento de “Enclosures”
1530: Enrique VIII se proclama cabeza de la Iglesia de Inglaterra
1558-1603: Período isabelino
1563: Publicación de “El Libro de los Mártires” de John Foxe
1599: Inicio de la Dinastía Borbón: Enrique IV
1601: Constitución de la Compañía de las Indias Orientales
1611: Creación del Banco de Londres
1624-1642: Período de Richelieu
1540-1640: Antecedentes de la revolución industrial (J. U. Nef; citado por Vivián Trías en “EL Imperialismo Británico en la Cuenca del Plata”; citado en “La transición del feudalismo al capitalismo”,Ed. Ciencia Nueva, Madrid, 1968, autores: P.M.Sweezy, Maurice Dobb, M. Hilton, G. Lefebvre, K. T. Takahaushi y C. Hill).
1648-1660: Período puritano (Cromwell)
1651: Actas de Navegación de Cromwell
1652-1674: Guerras anglo-holandesas
1660: Fundación de la Real Academia para el Progreso de la Ciencia Natural Mediante La Experimentación
1660-1662: “Ensayos sobre el gobierno civil” de John Locke
1661-1683: Período de Colbert
1685: Revocación del Edicto de Nantes
1688-89: “Revolución Gloriosa”
1689: “Bill of Rights” y “Toleration Act”
1689-1697: Guerra del Palatinado o de la Liga de Augsburgo
1694: Creación del Banco de Inglaterra y el Ministerio de Comercio (Board of Trade)
1700-1713: Guerra de Sucesión Española
1707: Union Act. Surge el Reino Unido de Gran Bretaña
1703: Tratado de Methuen entre Gran Bretaña y Portugal
1713: Tratados de Utrecht
1739: Guerra del Asiento o “de la Oreja de Jenkins”
1740-1748: Guerra de Sucesión Austríaca
1751: Comienza a publicarse la “Enciclopedia”
1751-1757: Robert Clive conquista Bengala
1756-1763: Guerra de los Siete Años
1765: J. Hargreaves inventa el torno de hilar
1769: Primera patente de la máquina de vapor de James Watt
1776: Independencia de los Estados Unidos de América.
Adam Smith (1723-1790) publica su “Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”
1780: Se publica por primera vez el periódico “Times” de Londres
1783: Paz de París. Crisis del Primer Imperio Británico
1784: E. Cartwright crea el telar mecánico
1789: Estalla la Revolución Francesa
1796: Inglaterra ingresa en la coalición contra el Directorio francés
1800: A. Volta inventa la pila eléctrica
1801: Creación del Colonial Office, como parte del Ministerio de Guerra británico
1806: Abolición del tráfico de esclavos por el parlamento inglés.
1814: Primera locomotora de G. Stephenson

LA AMENAZA DE NAPOLEÓN Y LA POLÍTICA INGLESA EN SUDAMÉRICA

1798-1799: Campaña de Egipto de Napoleón Bonaparte
1799: Segunda coalición contra Francia (Gran Bretaña, Austria, Rusia y Turquía)
Golpe de Estado de Napoleón
1800: Batalla de Marengo
1802: Paz de Amiens franco-británica
1803: Gran Bretaña declara la guerra a Francia
1805: Tercera Coalición contra Francia (Gran Bretaña, Austria, Nápoles y Suecia). Batallas de Trafalgar y Austerlitz.
1806: Viraje diplomático de Gran Bretaña: aproximación a Francia y neutralidad
Decreto de Berlín (21 de Noviembre): bloqueo continental a Gran Bretaña
Sir Home Popham ocupa El Cabo de Buena Esperanza
1806-1807: Intentos fracasados de ocupar el Río de la Plata
1807: Memorándum de Lord Castlereagh
Decreto de Milán: se agravan las condiciones del bloqueo a Gran Bretaña
1809: Quinta Coalición anglo-austríaca contra Francia
1810: Tratados anglo-portugueses. Control británico sobre Brasil
Paz de Viena. Rusia rompe el bloqueo continental
1811: Crisis económica en Inglaterra
1812: Guerra anglo-norteamericana
          Séptima coalición anglo-rusa
1813: Séptima Coalición (Gran Bretaña, Prusia, Austria, Suecia, Rusia). Derrota de Napoleón
1810-14: violencia campesina en Inglaterra
1814: Abdicación de Napoleón y retirada a la isla de Elba
1815: Los Cien Días. Waterloo.

EL IMPERIALISMO LIBERAL BRITÁNICO Y LA FRANCIA POST REVOLUCIONARIA

1814-1815: Congreso de Viena
1815: Se forma la Cuádruple Alianza: Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia
1818: Francia se integra a la Cuádruple: surge la Quíntuple Alianza
1807-1834: Proceso legislativo británico de supresión de la esclavitud
1821: Robert Peel reforma el Código Civil inglés
1817-1835: leyes británicas de prohibición del tráfico negrero
1822: Francia interviene en España para restaurar el absolutismo de Fernando VII
1822: Nuevo brote de violencia del proletariado agrícola inglés
1825: Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado por Gran Bretaña con el gobierno de Buenos Aires
1825-28: Mediación británica en el proceso independentista oriental
1826: Protocolo de San Petersburgo. Gran Bretaña y Rusia se comprometen a lograr la    independencia griega
1827: Tratado de Londres. Francia adhiere al protocolo ruso-británico
1829: Ley que habilita a los católicos a tener espacio en el Parlamento
1830: Empieza la ocupación francesa de Argel. Levantamiento de París
1830: Asume el poder en Francia Luis Felipe de Orleans
1830-36: Independencia de Bélgica con apoyo anglo-francés. Cuádruple Alianza entre Gran Bretaña, Francia y los regímenes liberales de España y Portugal (triunfantes en las Guerras Carlistas)
1832: Ley de reforma de la Cámara de los Comunes
1833: Ocupación de las Malvinas
1837 (20 de junio): Alejandrina Victoria sucede a Guillermo IV Hannover en el trono británico
1838-40: Bloqueo francés contra Rosas
1839: Ocupación británica de Adén
1842: Tratado de Nankín: fin de la Guerra del Opio.
1842: Francia incorpora Tahití
1843: Tratado de Bogue anglo-chino
1845: Sanción del “bill Aberdeen”. Inglaterra contra los esclavistas
1845-50: Bloqueo anglo-francés en el Río de la Plata
1846: Se suprime la ley del trigo
1846-48: gran alzamiento del proletariado agrícola inglés
1847: Ley de las diez horas para el trabajo de niños y mujeres en Inglaterra
1848: Revolución de París. Luis Napoleón presidente de Francia
1849: Supresión total de las Leyes de Navegación de Cromwell
1851: Golpe de Estado de Luis Napoleón
1852: El “income tax”(impuesto a las utilidades) en Gran Bretaña
1852: Proclamación del II Imperio en Francia
1854: Guerra de Crimea
1856: Ley sobre las Sociedades Anónimas en Gran Bretaña
1857-59: Aplastamiento de la Rebelión de los Cipayos
1858: Expedición franco-inglesa en Extremo Oriente: tratado de Tien-Tsin
1858: La India bajo administración directa de la Corona británica
1859: Guerra de Italia. Ocupación francesa de Saigón
1858: Se habilita a los judíos a ingresar al Parlamento británico
1860: Tratado de Comercio franco-inglés
1860: Guerra contra China
1862: Intervención francesa en México
1863: Protectorado francés en Camboya
1864: Reunión de Saint Martin Hall, Londres. Inicio de la Primera Internacional
1870: Guerra franco-prusiana. Caída de Napoleón III. Se proclama la República
1871: La Comuna de París
1873-1895: La Gran Depresión
1878: Estatuto General de las leyes sociales sobre fábricas en Gran Bretaña
1875: Ley de Sanidad Pública (Gran Bretaña)
1877: La reina Victoria Emperatriz de la India
1878: Ocupación británica de Chipre
1879: Expansión francesa en el Sudán
1880-81: Primera guerra anglo-bóer
1882: Control británico de Egipto y Suez
1884-85: Congreso de Berlín. Guerra franco-china
1885: Todos los hombres quedan habilitados para sufragar en Gran Bretaña
1893: Tratado defensivo franco-ruso
1889: Fundación de la Sociedad Fabiana
1899-1902: II Guerra de los Bóers
1894-1914: Affaire Dreyfuss en Francia
1900: Acuerdo colonial franco-italiano. Exposición de París
1900: Constitución oficial del Partido Laborista británico y la federación general de las Trade Union
1901(22 enero): muere la Reina Victoria
1900-01: Guerra de los Bóxers
1902: Acuerdo secreto de neutralidad franco-italiano
1904: Tratado anglo-francés
1905: Fundación del Partido Socialista de Francia
1906: Ley de las diez horas laborales en Francia
1906: Conferencia de Algeciras
1906: Convención de Ginebra
1907: Convención de La Haya
1907: Acuerdo colonial anglo-ruso
1909: Ley de Pensiones a la Vejez en Gran Bretaña
1911: Ley de Seguros Nacionales en Gran Bretaña
1912: Entente anglo-francesa de protección mutua
1912-13: Conferencia de Londres
1914: Gran Bretaña reconoce la independencia de Afganistán. Convención naval anglo-rusa
1914: Asesinato del archiduque heredero al trono austríaco en Sarajevo
 
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